
Una distinción con significado
Hace unos días, la Dra. Anna Forés recibió una distinción de la Universidad Bernardo O’Higgins de Chile, en el marco del Tercer Congreso Internacional SOLFAM, celebrado en Santiago de Chile. El reconocimiento, entregado como “Distinción a la Trayectoria Profesional”, tuvo lugar durante un encuentro centrado en “La evolución de la terapia sistémica en contextos latinoamericanos”.
Desde la Cátedra, esta noticia nos llena de alegría y de sentido. Tanto por el reconocimiento institucional en sí, como porque reconoce una trayectoria profundamente comprometida con las personas, los vínculos y la transformación educativa. Quienes compartimos espacios de trabajo, reflexión y aprendizaje con Anna sabemos que detrás de cada conferencia, cada libro y cada proyecto existe una mirada coherente, cercana y profundamente humana sobre la educación y el acompañamiento.
Mucho más que un reconocimiento académico
El trabajo de Anna Forés lleva años contribuyendo a abrir conversaciones necesarias sobre resiliencia, neuroeducación, bienestar y educación emocional. Pero quizá uno de sus aportes más valiosos ha sido ayudar a construir una manera distinta de entender el aprendizaje y las relaciones humanas: una mirada que pone en el centro la posibilidad, la esperanza, el cuidado y la capacidad de las personas para seguir creciendo incluso en contextos complejos.
Y precisamente ahí es donde la aportación de Anna adquiere una relevancia especial. Su trabajo transmite conocimiento al mismo tiempo que genera conexión, inspira reflexión y ayuda a construir espacios donde pensar la educación desde una dimensión más humana, más consciente y más integradora.
Un reconocimiento que compartimos
Desde la cátedra celebramos este reconocimiento. Porque quienes forman parte de ella saben que los proyectos verdaderamente significativos no se sostienen únicamente sobre ideas brillantes, sino sobre personas capaces de crear comunidad, acompañar procesos y abrir caminos para otros.
Los congresos terminan. Las ceremonias concluyen. Los reconocimientos encuentran su lugar en una estantería. Pero lo que permanece es mucho más importante: la huella que una persona deja en quienes comparten el camino con ella.
Y esa huella, sin duda, merece ser celebrada.