
Un encuentro para pensar la inclusión desde otra mirada
El encuentro Tsundoku dedicado a Neuropedagogía y DUA 3.0 se convirtió en un espacio de reflexión compartida sobre cómo diseñamos hoy nuestras aulas, nuestras propuestas educativas y nuestras maneras de acompañar el aprendizaje.
De la mano de Coral Elizondo, la conversación abrió caminos de reflexión sobre inclusión, neurodiversidad, evaluación, ética y Diseño Universal para el Aprendizaje. El diálogo puso en el centro preguntas necesarias para quienes entienden la educación como un espacio donde todas las personas puedan aprender, participar y sentirse parte de la comunidad.
A lo largo del encuentro aparecieron cuestiones especialmente relevantes: qué significa construir “suelos bajos, techos altos y paredes anchas”, cómo reconocer los sesgos presentes en las aulas o cómo generar experiencias educativas verdaderamente inclusivas y respetuosas con la diversidad.
Y precisamente ahí es donde el libro adquiere toda su fuerza.
Un libro que amplía la mirada educativa
Neuropedagogía y DUA 3.0 propone una reflexión profunda sobre el aprendizaje, la diversidad y el papel de quienes educan. Coral Elizondo conecta neuropedagogía, DUA y neuroeducación para ayudar a construir entornos de aprendizaje más flexibles, accesibles y humanos.
Desde las primeras páginas emerge una idea esencial: la diversidad forma parte de la realidad natural de cualquier aula y, por tanto, toda experiencia educativa puede diseñarse pensando en ella desde el inicio.
El libro invita a repensar la educación de un modo más consciente y más conectado.
Suelos bajos, techos altos y paredes anchas
Esta metáfora es uno de los conceptos centrales de la obra, una imagen que sintetiza de manera brillante una educación pensada para todas las personas.
Los suelos bajos representan el acceso y la participación. Los techos altos hablan de expectativas elevadas y de la importancia de ofrecer retos significativos. Y las paredes anchas simbolizan la diversidad de caminos posibles para aprender, participar y demostrar lo aprendido.
La propuesta plantea una educación más rica y flexible, capaz de reconocer que cada individuo aprende de manera diferente y necesita oportunidades variadas para avanzar.
Algunas de las preguntas que dejó el encuentro
Uno de los elementos más valiosos del encuentro fue la riqueza de preguntas que desde el Club de Lectura Tsundoku propusieron sus integrantes. Cuestiones orientadas a seguir pensando colectivamente la educación y a profundizar en aspectos esenciales de la práctica docente.
Aparecieron reflexiones sobre los sesgos presentes en muchas aulas y sobre cómo ampliar nuestra conciencia profesional para identificar determinadas miradas o expectativas que condicionan el aprendizaje. Asimismo, surgió una conversación especialmente interesante sobre neurodivergencia y neurotipicidad, explorando cómo interactúan las características individuales y el entorno educativo.
La evaluación ocupó también un lugar central. El encuentro abrió preguntas sobre qué significa evaluar desde el DUA, cómo construir procesos de evaluación inclusivos y rigurosos, y de qué manera compatibilizar las exigencias institucionales con un enfoque más personalizado y competencial del aprendizaje.
La dimensión ética de la neuroeducación generó igualmente un diálogo especialmente enriquecedor. ¿Qué aporta la mirada ética a las decisiones pedagógicas? ¿Cómo construir prácticas coherentes con una educación centrada en la dignidad, la participación y la equidad?
Apareció, además, un tema especialmente cercano para muchos y muchas docentes: cómo empezar. El libro ofrece un abanico amplio de posibilidades, estrategias y ejemplos que permiten avanzar progresivamente hacia aulas más inclusivas y accesibles.
La dimensión humana de educar
Hablar de inclusión implica mirar al alumnado desde la posibilidad, la participación y el reconocimiento. Supone diseñar experiencias que favorezcan la pertenencia, la autonomía y el aprendizaje compartido.
A lo largo del diálogo aparecieron ideas especialmente potentes: “la diferencia es contemplada como lo natural”, “la autonomía crece cuando siembras y ofreces andamiaje” o “movilizamos funciones ejecutivas cuando hacemos pensar”.
Estas expresiones resumen muy bien el espíritu del libro: una educación donde aprender significa también sentirse acompañado, reconocido y capaz.
Un libro necesario para quienes educan
Neuropedagogía y DUA 3.0 ofrece una mirada más consciente, fundamentada y humana sobre la educación. El libro conecta ciencia, práctica educativa y equidad para ayudar a construir contextos de aprendizaje donde la diversidad encuentre espacio y valor.
Quizá por eso el encuentro Tsundoku generó una conversación tan rica: porque la obra invita a replantear cómo entendemos el aprendizaje, la participación y la inclusión educativa.
En un momento en el que muchas escuelas buscan formas más humanas de acompañar a sus alumnos y alumnas personas, propuestas como esta ayudan a recordar algo esencial: educar significa crear espacios donde cada persona pueda desarrollarse, aprender y sentirse parte de la comunidad.
Y tal vez la pregunta más importante que deja abierta tanto el libro como la conversación compartida sea esta:
¿Estamos construyendo escuelas donde todas las personas puedan realmente sentirse parte?