
Entre libros y conversaciones que continúan
Hay conversaciones que no terminan cuando alguien se levanta de la mesa. Permanecen suspendidas en el aire, vuelven días después en forma de recuerdo y siguen creciendo cada vez que alguien añade una nueva historia. Con los libros ocurre algo parecido: un título lleva a otro, una frase despierta una memoria y una recomendación acaba convirtiéndose en un vínculo inesperado entre personas.
Después de la primera sobremesa de Sant Jordi, quedaron muchas páginas abiertas. Más libros esperando ser nombrados, más primeras frases capaces de detenernos y más emociones asociadas al momento exacto en que una historia llegó a nuestras manos.
Porque no recordamos únicamente lo que leemos. Recordamos quién nos regaló ese libro, dónde estábamos cuando lo abrimos por primera vez o qué sentimos al reconocer algo de nosotros mismos entre sus páginas. La lectura deja huella no solo por lo que cuenta, sino por el modo en que se entrelaza con nuestra experiencia.
En esta segunda parte volvemos a sentarnos alrededor de la mesa para seguir compartiendo lecturas, palabras y emociones. Una nueva sobremesa literaria donde cada recomendación es también una pequeña forma de encuentro.
Libros que despiertan emociones

David Bueno eligió Batec de paraules. Poesia lírica completa, de Joana Raspall.
Compartió los versos de entrada al poemario:
“No sé quin nom donar-me: [No sé qué nombre darme:]
¿matriu, gresol, vas, tomba, [¿matriz, crisol, vasija, tumba,]
pou sense fons o riu… [pozo sin fondo o río…]
o somni?» [o sueño?]
La emoción que señala es la ilusión.
Laia Lluch habló de La verdad sobre el caso Harry Quebert, de Joël Dicker.
La primera frase que citó sitúa al lector de inmediato en una escena reconocible y casi cinematográfica:
“Todo el mundo hablaba del libro. Ya no podía pasear tranquilo por las calles de Nueva York, no podía hacer jogging por Central Park sin que me reconocieran y exclamaran: «¡Es Goldman, el escritor!»”
Sintió alegría y dibujó una sonrisa amplia, porque venía de terminar otro libro del mismo autor que la había atrapado mucho.


José Carlos Ángel recibió El muro de la ignorancia. Que nos impide comprender el mundo que nos rodea, de Takeshi Yoro.
Seleccionó un párrafo que explica el título elegido:
“En otras palabras, uno acabará cerrando el paso a aquello que no está en disposición de aprender por iniciativa propia. Esa barrera levantada, por falta de aptitud o de motivación, entre el mundo y uno mismo, que impide ver lo que hay al otro lado, es —en una de sus acepciones— lo que he llamado «muro de la ignorancia».”
Sintió sorpresa porque desconocía al autor japonés … ¡y era un libro con 6 millones de lectores!
Esther Hierro compartió La ciudad de las luces muertas, de David Uclés.
El párrafo que abre el libro es:
“El fin del mundo lo pilló en el cruce de la Quinta con la Cincuenta y siete. Venía de intentar leer bajo la sombra de uno de los cerezos más negros de Central Park, entre la laguna y el zoo. Tenía previsto pasar cuatro días en la ciudad, dos de ellos en el parque, leyendo. Era una de sus escapadas por placer, pues vivía en Los Ángeles.”
Se despertaron ilusión y curiosidad, porque sigue al autor en redes y le parece una persona muy especial. Además de alegría y fascinación.


Iolanda Nieves compartió El vuelo de la cometa, de Laetitia Colombani.
Eligió un primer párrafo muy literario y evocador:
“Léna despierta con una sensación extraña, una mariposa desconocida en el estómago. El sol apenas asoma sobre Mahabalipuram, pero en la cabaña adyacente a la escuela ya hace calor. Según las previsiones, a lo largo del día podrían alcanzarse los cuarenta grados. Léna no ha querido aire acondicionado: las viviendas del barrio no lo tienen, ¿por qué iba a tenerlo la suya?”
Su emoción fue la curiosidad y la sorpresa de leer en la primera página una ciudad que le traía muy buenos recuerdos.
Ferran Trinidad recibió Respira. La nueva ciencia de un arte olvidado, de James Nestor.
El libro se inicia con una inscripción sobre piedra de los tiempos de la dinastía Zhou (500 adC):
“Al transportar el aliento, la inhalación debe ser plena. Cuando es plena, tiene gran capacidad. Cuando tiene gran capacidad, puede extenderse. […] El poder secreto de la Providencia circula por arriba. El poder secreto de la Tierra circula por abajo. El que siga esto vivirá. El que actúe en su contra perecerá.”
Al leerla, soltó un suspiro, de esos de “ostras… a ver si realmente nos volvemos mucho más conscientes de nuestra propia respiración».


Núria Serrat compartió La escuela del alma. De la forma de educar a la manera de vivir, de Josep Mª Esquirol.
“Hay casa porque hay intemperie. Y la intemperie pide amparo.
Hay escuela porque hay mundo. Y el mundo pide atención.
Hay casa y hay escuela porque, en el amparo y en la atención, cada uno puede hacer camino y madurar, para dar fruto.
¿Qué tipo de fruto? Más casa y más mundo.”
La emoción que describe combina curiosidad y desasosiego, porque leer a Esquirol exige atención y abre preguntas profundas.
Gloria Eguaras presentó Valerosas 2: Mujeres que solo hacen lo que ellas quieren, de Pénélope Bagieu.
Es un libro de viñetas que empieza con una escena donde se ve a una niña y podemos leer:
“1947. El 29 de agosto, en Boston, nace una niña que no es como las demás: Mary Temple Grandin.
No sonríe. No ríe. Grita cuando intentan llevarla en brazos.”
Su emoción fue la sorpresa de recibir un libro ilustrado precioso.

Los libros que permanecen
Quizá eso sea lo más valioso de los libros compartidos: que continúan acompañándonos mucho después de cerrar la última página. Algunas frases regresan en momentos inesperados; ciertas historias se quedan viviendo dentro de nosotros y otras terminan formando parte de nuestras conversaciones cotidianas.
En esta nueva sobremesa de Sant Jordi vuelven a aparecer la ilusión, la curiosidad, la nostalgia, la admiración y el entusiasmo. Emociones distintas unidas por algo común: el deseo de compartir aquello que nos ha conmovido.
Y todavía quedan más voces, más lecturas y más recuerdos esperando su momento. Porque las buenas conversaciones —como los buenos libros— nunca se agotan del todo, simplemente continúan en la siguiente página.
Si te apetece, esta sobremesa sigue abierta para ti: cuéntanos qué libro te regalaron, cuál fue su primera frase y qué emoción te acompañó al recibirlo.