
Ver con la mente lo que aún no está delante de los ojos
En la Antigua Roma, Marco Tulio Cicerón describía la imaginación como el arte de ver con la mente aquello que aún no aparece ante los ojos. La idea atravesó siglos de pensamiento y ocupó un lugar central en la reflexión filosófica. Para Platón, la imaginación conectaba el mundo sensible con el universo de las Ideas. Aristóteles, en De Anima, la situó en el corazón de la vida mental al afirmar que el alma piensa mediante imágenes. Más adelante, Avicena la entendió como una facultad capaz de integrar los sentidos con el intelecto.
Durante el Renacimiento, Leonardo da Vinci la llamó “la mano del espíritu”, una fuerza creadora que hacía posible concebir máquinas, formas y soluciones inéditas. Siglos después, Immanuel Kant la definió como una capacidad imprescindible para la percepción y el conocimiento.
Hoy, la neurociencia muestra/confirma que no se trataba de una simple metáfora: cuando imaginamos, el cerebro simula experiencias con una precisión sorprendentemente cercana a la percepción real.
Cuando imaginar activa el cerebro
Imaginar moviliza una compleja red cerebral donde cooperan memoria, percepción, lenguaje, atención y funciones ejecutivas. El cerebro reutiliza experiencias previas, recuerdos, sonidos, imágenes y emociones para construir escenas internas con enorme riqueza sensorial. Gracias a ello podemos escuchar mentalmente la voz de una persona conocida, anticipar una conversación importante o representar con claridad el recorrido hacia un lugar nuevo.
Lejos de ser una actividad abstracta, la imaginación constituye una simulación cerebral de gran precisión. Cuando una persona imagina una escena, muchas de las áreas neuronales implicadas en la percepción real participan también en ese proceso interno. El cerebro recrea experiencias con recursos similares a los que emplea al vivirlas directamente.
Antonio Damasio y la simulación interna
Antonio Damasio, en El error de Descartes, explica este fenómeno mediante la idea de simulación somática. Según su planteamiento, el cerebro reactiva circuitos perceptivos y emocionales asociados a experiencias reales mientras las regiones prefrontales organizan y supervisan el proceso. De esta manera, la mente puede ensayar situaciones, valorar consecuencias y preparar respuestas futuras.
En la misma línea, Emilia Redolar señala que imaginar también pone en marcha circuitos sensoriales y motores. Esa activación permite practicar acciones internamente, afinar movimientos y fortalecer rutas neuronales vinculadas al aprendizaje.
El entrenamiento invisible de los grandes deportistas
Las investigaciones con resonancia magnética funcional muestran que la visualización mental activa áreas cerebrales relacionadas con el movimiento y la percepción. Por esa razón, numerosos deportistas de élite incorporan ejercicios de imaginación a sus rutinas. Antes de competir, representan mentalmente un salto, un lanzamiento o una secuencia técnica completa, reproduciendo en su mente la experiencia con notable detalle.
Este tipo de práctica favorece la precisión, mejora la coordinación y agiliza la toma de decisiones. Cuando la visualización acompaña al entrenamiento físico, el rendimiento suele potenciarse gracias a la preparación neuronal previa. No es solo concentración, es entrenamiento cerebral. De hecho, la práctica imaginada puede mejorar el rendimiento motor, la precisión y la toma de decisiones, especialmente cuando se combina con la práctica física.
Steven Pinker y el simulador de posibilidades
Steven Pinker, en Cómo funciona la mente, compara la imaginación con un simulador de vuelo. La metáfora resulta especialmente valiosa porque muestra cómo la mente ensaya escenarios antes de actuar. Al imaginar, una persona puede prever dificultades en un trayecto, resolver mentalmente un problema complejo o prepararse emocionalmente para una conversación relevante.
La imaginación también cumple una función decisiva en la regulación emocional. Representar una escena serena, recordar un lugar reconfortante o visualizar un resultado deseado puede influir en el estado interno y orientar la conducta hacia metas concretas.
La capacidad que amplía lo posible
Desde una perspectiva evolutiva, imaginar ofrece una enorme ventaja adaptativa. Permite explorar alternativas, anticipar consecuencias y generar soluciones innovadoras antes de intervenir en el entorno. Gracias a esta facultad, el ser humano proyecta objetivos, diseña estrategias y amplía continuamente su repertorio de respuestas.
Imaginar ensancha el horizonte mental. Enriquece lo que sabemos, fortalece lo que aprendemos y multiplica aquello que sentimos alcanzable. En este sentido, imaginar es una forma de pensamiento flexible que amplía lo que sabemos y lo que creemos posible.
La imaginación infantil también protege la salud mental
La evidencia científica reciente refuerza todavía más el valor de la imaginación en la infancia. Un reciente estudio longitudinal australiano con 1.426 niños, publicado por Fotini Vasilopoulos y colaboradores (2026), encontró que quienes mostraban mayor capacidad de juego simbólico entre los 2 y 3 años presentaban después, en educación infantil y primeros cursos de primaria, menos dificultades emocionales y conductuales. El efecto se mantenía incluso al considerar variables como el nivel socioeconómico, el lenguaje, la salud mental materna o la calidad del vínculo afectivo.
En términos prácticos, cuando un niño imagina, representa roles, transforma objetos y crea mundos posibles mientras juega, también está entrenando recursos psicológicos profundamente ligados al bienestar futuro. La imaginación aparece así como una inversión temprana en salud mental.
Cuando cerramos los ojos
Cada imagen mental deja una huella en el cerebro. Refuerza conexiones, organiza circuitos y prepara futuras acciones. Por eso la imaginación representa una de las herramientas más poderosas del desarrollo humano.
Cuando cerramos los ojos, comienza muchas veces el primer paso de toda creación. En ese espacio interior nacen ideas, decisiones y caminos que después toman forma en el mundo.
Una invitación final
Dedica hoy unos minutos a imaginar con claridad aquello que deseas construir, aprender o transformar. Tu cerebro empieza a prepararse en el instante en que lo visualizas. ¿Qué futuro quieres comenzar a diseñar hoy?
Referencias
Aristóteles. (2014). Acerca del alma (De Anima). Gredos.
Damasio, A. (1994). El error de Descartes. Crítica.
Pinker, S. (1997). Cómo funciona la mente. Destino.
Redolar, E. (2014). Neurociencia cognitiva. Editorial Médica Panamericana.
Vasilopoulos, F., Grummitt, L., Bailey, S., Birrell, L., Dumontheil, I., Francis, G., … & Barrett, E. L. (2026). Longitudinal Evidence of the Relationship Between Pretend Play and Mental Health in the Early Years. Early Childhood Education Journal, 1-11.