
12 pedagogas catalanas que cambiaron la educación
Hay nombres que no aparecen en los libros de texto, pero que están presentes en cada aula bien iluminada, en cada patio donde se juega con libertad, en cada maestra que mira a sus estudiantes con la convicción de que aprender es un acto profundamente humano. Son los nombres de mujeres que, a lo largo del siglo XX y hasta nuestros días, decidieron que la educación podía —y debía— ser diferente. Y lo cambiaron todo.
Fundesplai Món Escolar acaba de publicar una guía que recoge las trayectorias de 12 mujeres pedagogas catalanas cuya influencia sigue viva en las escuelas, en las escoles bressol, en los espacios familiares y en las aulas de todo el territorio. Es, además de un documento de divulgación, un recordatorio de que la historia de la educación tiene muchas más voces de las que suelen escucharse.
Una historia que se escribió en los márgenes
Durante décadas, las aportaciones de las mujeres a la pedagogía quedaron relegadas a un segundo plano. Sus ideas circulaban en voz baja, de maestra en maestra, pero rara vez alcanzaban el reconocimiento que merecían. Y sin embargo, eran ellas quienes sostenían las aulas, quienes innovaban en silencio, quienes se atrevían a imaginar una educación que pusiera al niño y a la niña en el centro.
Estas doce mujeres son una pequeña muestra. Detrás de cada una de ellas hay generaciones de educadoras que también apostaron por una escuela más justa, más abierta, más viva. Conocerlas es, en cierto modo, conocer también a todas las que vinieron antes y después.
Doce nombres, doce legados
La guía nos invita a recorrer doce historias diferentes, pero unidas por un mismo hilo conductor: la convicción de que la educación es una herramienta de transformación social. Desde la defensa de la enseñanza en catalán hasta la renovación pedagógica, desde la pequeña infancia hasta la participación infantil, cada una de ellas abrió un camino que hoy seguimos transitando.
Todas ellas, cada una desde su momento histórico y desde su campo de acción, compartieron una misma certeza: los niños y las niñas no son recipientes vacíos que hay que llenar de contenidos. Son sujetos activos, curiosos, capaces. Y la escuela debe estar a la altura de esa capacidad.
Rosa Sensat defendió una educación igualitaria cuando la desigualdad era la norma. Maria Antònia Canals convirtió las matemáticas en algo tangible, manipulable, cercano a la vida real. Carme Cols nos recordó que el aprendizaje no ocurre solo entre cuatro paredes, sino también en el barro, entre los árboles, bajo la lluvia. Ana María Novella puso palabras a algo que muchas ya intuían: que sus estudiantes tienen derecho, además, a que que se les escuche y a participar activamente en las decisiones que les afectan.
Y así, una tras otra, construyeron un modelo educativo que hoy reconocemos como propio, aunque no siempre sepamos quién lo imaginó primero.
Una mirada de cerca: Anna Forés y la resiliencia como motor educativo
Entre las doce pedagogas de la guía hay una que nos habla de manera especialmente directa al presente: Anna Forés Miravalles, directora de la Cátedra de Neuroeducación UB-EDU1st.
Su trayectoria se ha centrado en tres grandes ejes: la resiliencia, entendida como la capacidad de superar adversidades y crecer a partir de ellas; la neuroeducación, que integra los avances de la neurociencia en la práctica del aula; y una visión global de la persona, que tiene en cuenta las dimensiones emocional, social y cognitiva del aprendizaje.
Lo que hace singular a Anna Forés dentro del panorama pedagógico es que su trabajo no se queda en la teoría. Desde sus inicios ha mostrado una preocupación social y comunitaria, que se refleja en su investigación sobre resiliencia, educación social y acompañamiento de colectivos vulnerables, así como en su participación en grupos de investigación, dirección de congresos internacionales y en la formación a docentes en varios países.
En un mundo en el que los niños y las niñas se enfrentan a retos cada vez más complejos, el pensamiento de Anna Forés nos recuerda algo esencial: aprender y crecer es un derecho y una capacidad de todos y todas. Y la escuela tiene la responsabilidad —y el privilegio— de ser el espacio donde eso ocurra.

Un legado que sigue vivo
Lo más emocionante de esta guía no es solo que recupera el pasado: es que lo conecta con el presente. Cada una de estas mujeres plantó una semilla que sigue creciendo. Sus metodologías, sus principios, su manera de entender la relación entre educadora e infancia, están presentes hoy en las aulas de infantil, en los espacios de juego libre, en los proyectos de aprendizaje por descubrimiento, en la mirada de tantas maestras que, sin saberlo tal vez, son herederas directas de su trabajo.
Reconocerlas es una forma de entender mejor qué queremos para la educación del futuro. Porque para saber hacia dónde vamos, necesitamos saber quiénes nos abrieron el camino.
Descárgate la guía
Tanto si eres docente, educadora, madre, padre o simplemente alguien que cree que la educación importa, esta guía tiene algo que ofrecerte. Es un punto de partida para conocer, reflexionar y, quizás, descubrir en estas doce trayectorias algo que resuene con tu propia forma de entender la infancia y el aprendizaje.
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