Primera estación de conocimiento: El contexto evolutivo de nuestra esencia

Sentimientos homeostáticos: el diálogo entre cuerpo y cerebro

No iremos muy atrás en el tiempo, solo lo necesario para darnos cuenta de que inicialmente nuestra supervivencia fue el ámbito principal de trabajo de nuestro sistema vital, y hablo de sistema vital porque aquí tanto influyó el cerebro como el cuerpo.

Antonio Damasio en su último libro, La inteligencia natural y la lógica de la consciencia, define los sentimientos homeostáticos como base principal de nuestra conciencia y considera y cita textualmente “que se parecen más a conversaciones bidireccionales entre cuerpo y cerebro que a telegramas que envía el cuerpo de forma unidireccional al cerebro”. Sobrevivir era la prioridad y poco a poco se fueron especializando de forma exquisita los sentidos e incorporando su saber a ese cometido. Nos podíamos mover, pudimos desplazarnos, nuestra vista nos permitía orientar nuestro desplazamiento, seleccionar qué tocar, oler, saborear, escuchar y afloró nuestro mundo emocional. Podíamos sorprendernos, tener curiosidad para descubrir y emocionarnos ante la belleza. Surgió el deseo, y fuimos selectivos en orientar nuestras preferencias. No estábamos solos, éramos seres sociales y aprendimos los límites entre lo propio y lo ajeno. A partir de aquí, nuestro cerebro social fue desarrollándose y, junto al pensamiento y razonamiento, consiguió ser aún más capaz y adquirir nuevos aprendizajes. Con ellos creció exponencialmente y se generó la diversidad de culturas.

Plasticidad neural y adaptación

Todos y cada uno de estos aspectos mencionados de nuestra esencia son importantes. Debemos atenderlos. Si descuidamos alguno de ellos, nuestro equilibrio personal lo acusa. Sin embargo, es necesario añadir a ese contexto evolutivo otras “singularidades” muy relevantes que nos son propias, de más reciente conocimiento y que nos permiten inferir la complejidad que nos caracteriza.

Nuestro cerebro se considera, a día de hoy, un “metasistema”. No tiene tres dimensiones, sino cinco. La cuarta dimensión es la capacidad plástica neural que abarca a todos los niveles organizativos del sistema nervioso. Desde el nivel molecular, celular, sináptico, hasta la capacidad estructural más amplia y funcional. Y en consecuencia, amplía la capacidad adaptativa de nuestro sistema nervioso y facilita la flexibilidad cognitivo-emocional y de comportamiento. La quinta dimensión es consecuencia de esta cuarta citada. Esta capacidad plástica conlleva una variabilidad interpersonal. ¡Tenemos un cerebro exclusivo que cambia con cada experiencia, tanto si queremos como si no! Esta variedad interpersonal fue reforzada por la aportación que realizó el neurocirujano Hugues Duffau —que realiza neurocirugía “despierta cognitiva” y mapeo cognitivo-emocional—, y que gracias a su observación y experiencia fue capaz de demostrar que nuestro cerebro no se organiza de la misma forma en cada uno de nosotros, sino que tenemos estructuras organizadas y distribuidas funcionalmente de forma exclusiva. Esto le permitía establecer un mapa funcional exclusivo de cada paciente, para seleccionar de forma más fiable las zonas a respetar ante la resección de tumores cerebrales y así poder mantener, en lo posible, las funciones prioritarias intactas.

El cuerpo como interfaz entre el mundo y el cerebro

Si cambia la estructura, cambia la función en consecuencia. Por lo tanto, podemos decir que cerebro y mente son únicas, exclusivas e intransferibles en cada individuo.

Pero además debemos prestar atención a que nuestro cerebro está en constante multitarea. Ya hemos mencionado que sufre una constante transformación y esto comporta añadir que, aunque intentemos entenderlo, lo estudiamos de forma fragmentada y, al hacerlo, no percibimos absolutamente toda la realidad de nuestro órgano rector.

Y por si fuera poco, sabemos que el cuerpo es interfaz entre el mundo y nuestro cerebro. Y el conocimiento que aporta va a ser determinante en los resultados y podrá ayudarnos a envejecer de un modo saludable. De todos es conocido que determinados hábitos son buenos para cuidarnos y en futuras entradas vamos a nombrarlos y revisar algunos aspectos importantes.

El ámbito cognitivo-emocional sin duda lo es. Nuestro sueño reparador, el ejercicio, nuestra alimentación o nuestras relaciones sociales son ámbitos fundamentales a tener en cuenta. Veremos cómo a lo largo del camino que realizaremos van apareciendo las justificaciones.

Mirar el origen para comprender el presente

Con esta primera estación cerramos una mirada necesaria al contexto evolutivo que nos constituye. En la próxima entrada continuaremos el recorrido con la segunda estación, donde nos detendremos en el papel del movimiento y la posición corporal como base del aprendizaje, la regulación emocional y la salud.

En la próxima entrada, avanzaremos hacia la segunda estación de conocimiento.

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