Entrevistas simuladas
Diagnóstico diferencial de los trastornos de la conducta alimentaria
                                                                                 

¡Correcto!



Algunos de los más importantes indicadores de peor pronóstico son: una marcada insatisfacción con la imagen corporal, importantes desajustes sociales, sentimientos de no poder controlar la alimentación, uso de laxantes y edad de inicio temprana. La paciente no cumple la mayoría de dichos indicadores, pues, por ejemplo, sólo manifiesta sentimientos de descontrol referidos a la ingesta de alimentos durante los atracones y esto, por otra parte, es un criterio fundamental para el diagnóstico de la bulimia nerviosa, ya que es característica definitoria del atracón. Además, tiene un buen apoyo social, derivado de su familia, con la que habita. De igual forma, no hace uso de laxantes y la edad de inicio del trastorno de sitúa en los 25 años, no en la adolescencia, lo cual sí supondría una edad de inicio temprana. Por lo que se refiere a la imagen corporal, la joven manifiesta cierta preocupación por su cuerpo después de los atracones. Sin embargo, éste no es el único motivo con el que justifica la realización de conductas compensatorias. No parece, por tanto, que haya una importante insatisfacción, sino más bien cierta preocupación. De todos modos, este aspecto debe ser tenido en cuenta a la hora de plantear el tratamiento, con la posible inclusión de estrategias para tratar distorsiones en la imagen corporal. 

En el caso de la bulimia nerviosa, la alteración de la conducta alimentaria persiste al menos durante varios años en un alto porcentaje de muestras clínicas. Su curso puede ser crónico o intermitente, con períodos de remisión que se alternan con atracones. La mayor parte de las estadísticas realizadas en torno a su pronóstico reflejan que alrededor del 40-50% de los casos superan el trastorno. Los principales indicadores de buen pronóstico, algunos de los cuales manifiesta la paciente, son por ejemplo: un diagnóstico precoz (recordemos que la joven lleva en torno a nueve meses de evolución del trastorno) y no comorbilidad con otros trastornos psiquiátricos (aunque habría que realizar una exploración psicopatológica más extensa, la paciente no parece tener otros trastornos asociados). Sin embargo, en la bulimia nerviosa, la frecuencia de síntomas depresivos y de trastornos del estado de ánimo, especialmente, el trastorno distímico y el depresivo mayor, es bastante alta. La paciente, en cambio, parece no poseer una sintomatología destacable. De igual manera, un tratamiento precoz también es indicador de mejor pronóstico.

Otro aspecto de buen pronóstico que encontramos en la paciente es la falta de historia previa de anorexia nerviosa. Igualmente, tampoco parece que exista comorbilidad con algún trastorno de la personalidad, ya que eso empeoraría el pronóstico. Pese a ello, entre un tercio y la mitad de los individuos con bulimia nerviosa tienen rasgos de personalidad que cumplen los criterios diagnósticos para uno o más trastornos de la personalidad, en la mayoría de los casos trastorno límite de la personalidad. De hecho, la presencia de psicopatología inespecífica derivada del descontrol impulsivo puede verse con frecuencia en los trastornos de la conducta alimentaria, sobre todo en pacientes con bulimia. Las alteraciones más frecuentes son: el alcoholismo, las drogodependencias, intentos de suicidio, autoagresiones, cleptomanía y promiscuidad sexual. Si la alteración de la conducta alimentaria se encuentra en el marco de un fallo más general en el control de los impulsos, el individuo tendrá peor pronóstico.



Asignatura   Psicología patológica