Últimamente oímos hablar de Educación Financiera cada vez con mayor frecuencia. Es una buena noticia, porque se trata de un área de mucha importancia tanto para el individuo como para las sociedades en su conjunto y no goza, por ahora, de una especial presencia en los planes de estudio ni, sobre todo, de una alta consideración entre el público. La última Global Money Week llevó por título Habla de dinero: es de buena educación, un lema muy oportuno para romper tabúes y apartar viejos prejuicios sobre el dinero y nuestra relación con él.
La importancia de la Educación Financiera ha sido tratada en numerosos estudios y artículos, tanto en lo tocante a la vida personal (independencia, seguridad, bienestar) como a lo colectivo (reducción de desigualdades sociales, estabilidad del sistema financiero, resiliencia frente a crisis globales). Es por ello que me gustaría utilizar estas líneas para, no tanto para continuar hablando de los beneficios que reporta el contar con una ciudadanía educada en esta materia y capaz de tomar decisiones informadas y responsables, como para recordar cómo hemos llegado hasta aquí, hasta este momento en que la Fundación ICO colabora con el Observatorio de los Sistemas Europeos de Previsión Social para hablar de Educación Financiera. ¿Qué nos ha unido?
El Plan de Educación Financiera ha sido la herramienta clave para que muchas instituciones hayamos “abrazado” esta causa. El PEF, creado en 2008 gracias a la iniciativa de la Comisión Nacional del Mercardo de Valores y el Banco de España, a los que más tarde se sumó el Ministerio de Economía, conforma una estructura de gran valor bajo la que las demás instituciones y actores interesados, públicos y privados, académicos y profesionales, grandes y pequeños en personal y recursos, de cualquier Comunidad Autónoma y sector, encuentran la información y el apoyo necesario para seguir trabajando en sus iniciativas de Educación Financiera.
Las entidades que formamos parte del Plan no nos dedicamos de forma exclusiva a la Educación Financiera y, sin embargo, todas hemos considerado importante dedicar parte de nuestro tiempo y recursos a esta materia: el PEF nos conecta con lo que ocurre en las organizaciones supranacionales de las que no formamos parte directamente, aporta información sobre las tendencias, recopila datos sobre todas las actividades que desarrollamos, nos incentiva a actuar y, lo que es casi más importante hoy en día, nos permite, en cada una de las Asambleas que organiza, sentarnos unos al lado de otros, conocernos, escucharnos y, finalmente, colaborar.
Es de esta forma como la Fundación ICO está trabajando, con convicción, rigor e interés por sumar fuerzas. Su acuerdo con la Universitat de Barcelona (también miembro del PEF) ha dado lugar al Curso de Educación financiera para profesorado de primaria (ya en su V edición) y al manual Educación financiera: un kit para el aula de primaria. Así mismo, sus proyectos de fomento del emprendimiento con la Fundación Nantik Lum y con la Fundación Afi (ambas, parte del PEF), enfocados a colectivos jóvenes y, en muchos casos, en riesgo de exclusión, nacen de las posibilidades de cooperación y de las interacciones a que da pie el Plan.
En definitiva, el PEF ha logrado algo difícil en un ámbito que, por lo amplio y variado, podría tender fácilmente a la dispersión, y lo ha hecho manteniendo una autoridad reconocida por todos los miembros que se basa, no en el control de las actividades, sino en la orientación y apoyo que aporta y en su capacidad para generar conocimiento y alianzas. Reconocemos su gran valor. ¡Larga vida al Plan de Educación financiera!