ojo.vago_mira.lento

Alicia Martínez

1. Idea / Punto de partida

Ideación

El punto de partida de este proyecto es una pregunta sencilla y que me planteo desde hace un tiempo: ¿somos todavía capaces de pararnos a mirar despacio? Vivimos en un entorno de sobreestimulación visual donde la imagen se consume de manera automática y compulsiva, y donde el algoritmo ha colonizado incluso nuestra manera de percibir. Frente a eso, ojo.vago_mira.lento propone un ejercicio de resistencia pequeño y concreto: un libro de artista que, por su propia materialidad, obliga a desacelerar la mirada.

El título condensa una paradoja: el ojo contemporáneo es vago, no por su acepción médica, sino porque ha sido sobreentrenado para el consumo rápido. Hay que esforzarse para ver bien y por ende llegar a la calma. Hay que entrenar al ojo para que sea lento. 

La grafía del título —ojo.vago_mira.lento— imita la estructura de un nombre de usuario, con los puntos y guiones bajos propios del lenguaje de las plataformas digitales y las redes sociales. Hay una crítica y una paradoja concentradas en esta elección: el libro que reivindica la lentitud y la desconexión se presenta con la sintaxis visual del sistema que critica. Es un guiño irónico que opera antes de que el libro se abra, recordando que no hay afuera limpio desde el que hablar. La única ruptura cromática de todo el objeto —el rojo de la palabra lento— cae exactamente sobre la instrucción de uso del libro. El resto es blanco, gris y bastante silencio.

Antecedentes propios y referentes

Este proyecto tiene raíces en una inquietud personal que ha atravesado varios trabajos anteriores a lo largo de la carrera, donde la silla como símbolo de la quietud y el reposo ha aparecido de manera recurrente. En este trabajo ese símbolo no desaparece sino que se convierte en marco: el tramado de sillas en la portada y contraportada contiene todo lo que el libro quiere decir antes de que se abra.

Entre los referentes que inspiran este trabajo destaca especialmente el cine de Chantal Akerman, cuya película Jeanne Dielman, 23 quai du Commerce, 1080 Bruxelles (1975) propone una experiencia del tiempo radicalmente opuesta a la del consumo audiovisual convencional: los planos duran lo que las acciones duran, sin elipsis, sin atajos. Esa manera de entender el tiempo como contenido y no solo como soporte es la que este libro intenta trasladar al formato editorial. También dialoga con la instalación 24 HRS in Photos (2011) de Erik Kessels, que al imprimir un millón de fotografías en una galería hace visible de manera física la paradoja de nuestra época: nunca habíamos producido tantas imágenes y nunca habíamos mirado tan poco.

Perspectiva y narrativa

El libro no sigue una narrativa convencional ni una lógica algorítmica. No hay un mensaje exacto que transmitir ni una historia que contar: hay una experiencia que construir. La propuesta es la de un entrenamiento visual y cognitivo que se desarrolla página a página, a través de la alternancia entre imágenes, espacios en blanco, papel vegetal y palabras propias. El imaginario que se despliega es el de lo cotidiano: espacios de ocio, interiores domésticos, exteriores encontrados sin haberlos buscado. Momentos en los que el tiempo se detuvo.

Recursos y herramientas

Los recursos conceptuales del proyecto son la fotografía como práctica lenta, el libro de artista como soporte físico que resiste la velocidad digital, y el papel vegetal como material que introduce fragilidad y transparencia en la relación entre páginas. Las herramientas materiales son la cámara analógica y digital, y Adobe InDesign para la maquetación. La herramienta metodológica principal es el archivo: imágenes acumuladas a lo largo del tiempo sin un plan de producción previo, revisadas y secuenciadas en un proceso de selección orgánico.

Por qué

Porque quiero hacer una crítica al sistema desde adentro, desde la imagen y desde el cuerpo, sin pretender estar fuera de él. Y porque creo que el libro de artista es el soporte más honesto para esa crítica: un objeto que no puede hacerse scroll, que no tiene autoplay, que espera.

 

2. Formalización / Producción

Metodología de trabajo

El proceso ha sido orgánico desde el principio. No hubo un plan de producción cerrado ni una idea completamente definida antes de empezar: el proyecto fue tomando forma a medida que el archivo fotográfico se revisaba, se seleccionaba y se secuenciaba. La maquetación ha atravesado varias versiones muy distintas entre sí —con estructuras, ritmos y proporciones diferentes— hasta dar con la que coincidía con lo que el título y el concepto pedían.

La estructura final se organiza en torno a una lógica de ajuste óptico progresivo: las primeras páginas presentan una imágen subrevelada, casi evanescentes, que obligan al ojo a esforzarse para encontrar algo. A medida que avanza el libro la imágen gana cuerpo y contraste, y el papel vegetal va apareciendo con mayor frecuencia, introduciendo una capa de fragilidad que invita a afinar la atención. Las palabras propias —impresas siempre sobre vegetal— actúan como anclajes conceptuales en momentos clave del recorrido: lento casi al inicio, una frase en el primer tercio, masticar exactamente en el centro del libro.

El tratamiento del tiempo y la imagen es el eje formal del libro. Las fotografías no documentan ni narran: contemplan. Y esa contemplación se construye a través de tres mecanismos que trabajan juntos. Primero, la escala: la alternancia entre planos abiertos —donde el ojo descansa sobre una escena completa— y planos cerrados —donde el detalle ocupa el primer plano y el contexto se opaca detrás— genera una atención variable que nunca se instala en un único modo de mirar. Segundo, el blanco y negro: sin color el ojo trabaja exclusivamente con la luz, la textura y la composición, lo que ralentiza la percepción y obliga a un mayor esfuerzo. Tercero, el vegetal: su transparencia no superpone ni oculta sino que vela, haciendo visible la fragilidad de los momentos que las imágenes recogen y recordando que para ver lo que hay detrás hay que tomarse el tiempo de mirar.

Adaptación al proceso e imprevistos

Una de las decisiones más significativas que emergió durante el proceso y que no estaba prevista desde el inicio es la posibilidad de recorrer el libro en ambas direcciones. Al trabajar con la maquetación me di cuenta de que el libro podía funcionar igual de bien al revés: en la dirección convencional la mirada se entrena y se abre; en la dirección inversa esa mirada ya ejercitada recorre el mismo camino con más densidad, solidificando lo aprendido. Ninguna dirección es incorrecta. Eso refuerza la ausencia de imposición narrativa que es central en el proyecto.

Otra variación respecto a la idea inicial fue la decisión de que la silla no apareciera en el interior del libro sino únicamente en la portada y contraportada como tramado. En versiones anteriores de la maquetación la silla tenía más presencia interior, pero el resultado final es más limpio y más coherente: el símbolo contiene el libro desde fuera, como un marco, y dentro solo hay lo que ese símbolo evoca.

El formato físico definitivo es 195 x 137,4 mm, ligeramente más pequeño que A5 horizontal, con 104 páginas, encuadernación encolada y de tapa blanda. El papel interior es blanco, con algo de textura y poco gramaje, lo que crea una tensión interesante: un libro ligero y de páginas fáciles de pasar invita físicamente a la velocidad, pero su contenido propone exactamente lo contrario.

 

3. Conclusiones

Autoevaluación

Estoy contenta con el resultado. Es mi primer libro de artista y creo que he sabido llevarlo a mi terreno: el objeto final se parece a lo que quería decir, la forma y el contenido hablan el mismo idioma. El proceso me ha enseñado cosas concretas sobre cómo se construye el ritmo en un libro, sobre cuánto puede aguantar el silencio antes de volverse vacío, sobre cuándo el vegetal añade y cuándo distrae. Todo es mejorable, pero este es un punto de partida sólido.

Lo más valioso del proceso ha sido encontrarme a mí misma en él. En trabajos anteriores había decisiones que tomaba sin saber del todo por qué. Este proyecto me ha obligado a indagar más hondo, y lo que he encontrado es que todo tenía una raíz en algo de interés genuinamente personal. A veces solo hace falta cavar un poco para descubrir que lo que una lleva haciendo por intuición tiene nombre, tiene referentes, tiene un lugar en una conversación más amplia.

Líneas abiertas y desarrollos futuros

Este trabajo abre varias direcciones posibles. La más evidente sería explorar el mismo concepto en otros soportes: una instalación en la que el tiempo de exposición estuviera de alguna manera regulado, o una pieza audiovisual que trabajara con la misma lógica de ajuste óptico progresivo pero en el tiempo fílmico, más cercana al punto de partida emocional del que todo esto nació.

También queda abierta la pregunta por la recepción: cómo personas distintas se relacionan con el objeto, a qué velocidad lo recorren, si lo leen al revés, si vuelven. El libro propone una experiencia pero no puede controlar cómo se vive, y esa zona de indeterminación es exactamente donde reside lo más interesante.

La pregunta de fondo sigue abierta: si es posible construir desde la práctica artística dispositivos que produzcan genuinamente otro tipo de atención. No tengo respuesta. Pero me parece una pregunta que vale la pena seguir haciendo.

 

Link a video del libro completo digitalizado:

https://drive.google.com/file/d/1rBr9T9z8rUTQTglsaGktS198kRjthtLw/view?usp=sharing

 

Imatges: 
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