Arte desde la organización vecinal en el Kasal de Joves de Roquetes

Introducción
Este proyecto se sitúa en el Kasal de Joves de Roquetes, un espacio autogestionado por jóvenes en el distrito de Nou Barris, en la periferia de Barcelona. Se trata de un lugar construido desde la organización juvenil y vecinal, donde la cultura, la política y la vida comunitaria conviven y se entrelazan en el día a día.
En este contexto, la producción artística no se entiende como una práctica individual ni únicamente estética, sino como una herramienta colectiva que surge de las necesidades, inquietudes y luchas del propio territorio. El arte funciona aquí como un dispositivo de expresión política y como una forma de construir imaginarios compartidos desde dentro de la comunidad.
El proyecto parte de esta base y se plantea no como la producción de una pieza cerrada, sino como la generación de un proceso artístico colaborativo. Se centra en diseñar, activar y acompañar una dinámica comunitaria desde dentro del Kasal, poniendo el foco en las relaciones, los encuentros, las decisiones compartidas y las formas de participación que hacen posible la creación.
Roquetes, como muchos barrios de Nou Barris, es un territorio atravesado por una fuerte tradición de lucha vecinal y autogestión. Ante la ausencia histórica de recursos institucionales, ha sido la propia comunidad la que ha generado sus espacios, sus redes y sus formas de representación. En este sentido, el Kasal se configura como uno de estos lugares clave: un espacio donde las jóvenes no solo habitan, sino que construyen colectivamente tanto el lugar como su discurso político.
Desde esta posición, el proyecto entiende el arte como una práctica situada, inseparable de su contexto, que no se impone desde fuera sino que emerge desde dentro, a partir de la implicación directa en la vida cotidiana del espacio.
Así, el proyecto consiste en generar, acompañar y documentar un proceso artístico que empieza en pintar un mural dentro del Kasal, donde el valor principal no reside únicamente en el resultado final, sino en el propio proceso de construcción compartida.
Objetivos
El objetivo principal del proyecto es desarrollar un proceso artístico comunitario dentro del Kasal de Joves de Roquetes que permita generar una obra colectiva representativa del espacio y de las personas que lo habitan.
Como objetivos específicos se plantean:
— Fomentar la participación activa de las jóvenes, entendiendo el proceso creativo como un espacio de encuentro, implicación y construcción compartida.
— Generar un espacio de expresión donde puedan emerger discursos propios vinculados a la experiencia del barrio, el Kasal y las realidades que atraviesan a quienes lo habitan.
— Explorar el mural no solo como soporte artístico, sino como herramienta de representación colectiva, apropiación del espacio y visibilización de identidades y luchas.
— Poner en valor el proceso por encima del resultado final, atendiendo a las dinámicas, vínculos, cuidados y decisiones que se generan durante el desarrollo del proyecto.
— Documentar el proceso como parte fundamental de la práctica, entendiendo la autoedición no solo como un registro, sino como un dispositivo de memoria y difusión accesible.
— Traducir el proceso a distintos soportes que funcionen como dispositivos de memoria y herramientas de difusión dentro y fuera del Kasal.
— Reforzar el vínculo entre práctica artística y territorio, situando la creación como una herramienta de lectura, construcción y transformación de la realidad local.
Metodología
La metodología de este proyecto se construye desde una práctica situada, colectiva y procesual, vinculada de forma directa al contexto social y político del Kasal de Joves de Roquetes. El proyecto no se plantea como una intervención externa, sino como un trabajo desarrollado desde dentro del propio espacio, a partir de una presencia sostenida que combina la observación participante con la implicación activa en sus dinámicas cotidianas. Este posicionamiento metodológico sitúa la toma de decisiones en un plano colectivo, donde los aspectos formales y conceptuales no se definen de antemano, sino que emergen progresivamente del diálogo, la experiencia compartida y el contacto continuado con el contexto, las personas y las prácticas existentes. En este sentido, el proyecto desplaza el foco de la obra final hacia el valor del proceso, priorizando la escucha activa, la construcción de vínculos y el reconocimiento de las tensiones, necesidades y preocupaciones compartidas por quienes habitan el espacio.
El trabajo se inscribe en una genealogía local mediante la consulta directa de los materiales previos del Kasal, como su archivo gráfico, cartelería y memoria visual, poniéndolos en diálogo con referentes de las prácticas artísticas comunitarias y la gráfica de resistencia. Estos materiales no operan como modelos a reproducir, sino como herramientas para entender el proyecto dentro de una continuidad de prácticas colectivas y de autoorganización en el territorio.
La definición del imaginario y de las decisiones formales se realiza a través de un grupo de trabajo abierto, compuesto por miembros de la gestora y participantes de talleres. Este grupo se articula mediante sesiones de discusión colectiva, en las que se debaten referencias, conceptos, formatos y modos de hacer. Estas sesiones funcionan como espacios de toma de decisiones compartidas, donde el proyecto se va ajustando de manera progresiva.
Para facilitar la participación de personas con distintos niveles de experiencia, se diseñan dispositivos de mediación gráfica específicos. Estos consisten en octavillas abiertas y plantillas iconográficas que recogen elementos vinculados al Kasal (arquitectura, escenas colectivas, manifestaciones, conciertos, figuras humanas). A través de estos materiales, las participantes pueden dibujar, intervenir o escribir, generando un conjunto de aportaciones que se incorporan directamente al proceso de diseño.
El desarrollo formal del proyecto se concreta en jornadas de producción colectiva, donde la ejecución del mural se plantea como un espacio abierto de trabajo. Estas jornadas permiten trasladar al espacio físico las decisiones previas y, al mismo tiempo, mantener el carácter participativo del proceso, integrando nuevas aportaciones durante la propia realización.
Paralelamente, el proyecto se expande hacia otros soportes a partir del material generado. En concreto, se desarrolla una línea de producción gráfica en formato textil mediante serigrafía, aplicada a pañuelos vinculados a la Festa Major. Este traslado de soportes se realiza reutilizando y adaptando los elementos gráficos producidos colectivamente, asegurando la coherencia entre los distintos formatos.
La documentación se integra como una herramienta metodológica transversal a todo el proceso. Se lleva a cabo mediante el registro fotográfico y audiovisual de las sesiones de trabajo, la escritura de campo derivada de la observación participante, la recogida de conversaciones informales y la catalogación sistemática de los materiales generados (bocetos, pruebas, plantillas y aportaciones de las participantes). Este archivo no solo permite reconstruir el proceso, sino que también se utiliza activamente en las fases de revisión, difusión y autoedición del proyecto.
Contexto
Para poder entender el funcionamiento del proyecto, hay que tener en cuenta el contexto político y social en el que se sitúa.
El Barrio de Roquetes: Un territorio de autoconstrucción y resistencia popular
El barrio de Roquetes, situado en la periferia de Barcelona, en el distrito de Nou Barris, es un territorio cuya identidad está profundamente ligada a la lucha vecinal y a la supervivencia colectiva. Como barrio, su historia es relativamente reciente, ya que seencuentra sobre un terreno rocoso y con fuertes pendientes que históricamente dificultaron su urbanización.
Hasta mediados del siglo XX, Roquetes era una zona montañosa con presencia de bosques, viñedos y algunas casas de veraneo aisladas. Sin embargo, a partir de la década de 1950, en el contexto de la posguerra, se produce un punto de inflexión con la llegada masiva de población trabajadora migrante procedente de distintas zonas del Estado español . Ante el abandono institucional y la ausencia total de políticas públicas de vivienda, el vecindario se vio obligado a autoconstruir sus propias casas. (Plataforma d’Entitats de Roquetes, 2026)
Este proceso no fue individual, sino profundamente colectivo: las casas se levantaban en una sola noche; antes de que amaneciera tenían que tener techo, porque si no, las derribaban. El techo se convertía así en una forma de resistencia material y legal frente al desalojo.
Durante los años 60, la precariedad era estructural: sin luz, sin agua, sin calles asfaltadas, sin alcantarillado. Ante esta situación, el propio vecindario empezó a urbanizar el barrio. Es lo que se conocía como “urbanizar en domingo”: en sus días de descanso, los vecinos y vecinas construían colectivamente infraestructuras básicas como el alcantarillado o la canalización del agua corriente (Arévalo Pujol, 2018).
La identidad combativa del barrio se reforzó en los años 70 con acciones directas que evidencian que en Roquetes nada ha sido regalado. Hitos como el secuestro del autobús de la línea 11 en 1974 fueron necesarios para forzar la llegada del transporte público a las cotas más altas del barrio. Asimismo, la ocupación y sabotaje de la planta asfáltica el 1977, donde alrededor de 200 personas inutilizaron las instalaciones, culminó en la creación del actual Ateneu Popular de Nou Barris, transformando un foco de contaminación en un referente de gestión comunitaria y cultura popular.
En este sentido, Roquetes no es un escenario pasivo, sino un agente vivo atravesado por la memoria. El barrio se define a través de un barrionalismo que toma la calle como espacio político y la organización comunitaria como base de la vida cotidiana.
Como explica Arévalo Pujol (2018) como resultado de las movilizaciones, reivindicaciones, organización vecinal y de una necesidad sentida de falta de espacios culturales, deportivos, o en definitiva, un espacio donde los y las jóvenes pudieran pasar su tiempo libre y de ocio de una manera alternativa y asequible, surgió el primer Casal de Jóvenes de Roquetes.
2. El Kasal de Joves de Roquetes (KJR): Escuela de participación y gestión cívica
El Kasal de Joves de Roquetes (KJR) es un equipamiento público fundamental para la vida comunitaria del barrio. Su origen se remonta a 1976, cuando un grupo de jóvenes vinculados a la Juventud Obrera Cristiana (JOC) y la Asociación de Vecinos y Vecinas de Roquetes (AVVR) constituyeron el grupo "La Casilla". Este colectivo ocupó inicialmente una barraca en la calle Flamarió, trasladándose posteriormente a locales alquilados en la calle Vidal i Guasch durante los años 80. (Arévalo Pujol, 2018)
Desde 1999, el Kasal se reubicó en sus actuales instalaciones: las dos últimas plantas del edificio de la antigua Escuela Ton i Guida (Vidal i Guasch, 16), un espacio que simboliza el relleu generacional de los movimientos asociativos. El KJR es hoy un referente del modelo de gestión cívica en Barcelona, que consiste en la gestión directa de un equipamiento municipal por parte de una entidad sin ánimo de lucro, en este caso la Associació Juvenil Sociocultural Roket Project, que desde el año 1992 contamos con un convenio de gestión cívica. (Associació Juvenil Sociocultural Roket Project, 2014)
El Kasal no funciona únicamente como un contenedor cultural, sino que opera desde una lógica comunitaria que pone en el centro los cuidados, la implicación y la corresponsabilidad. A menudo se habla de una “lógica de familia”, no en un sentido cerrado o privado, sino como una forma de sostener el espacio desde los vínculos, los afectos y la continuidad.
Se configura como una escuela de participación democrática, donde el objetivo no es solo ofrecer actividades, sino generar procesos de empoderamiento que permitan a la juventud ser sujeto activo y crítico dentro de su contexto. Su estructura se basa en una gestora asamblearia semanal, donde colectivos y jóvenes individuales deciden colectivamente sobre la programación y el funcionamiento del espacio (Associació Juvenil Sociocultural Roket Project, 2014).
De este modo, el Kasal no solo produce actividades, sino que genera formas de hacer, de relacionarse y de sostener lo común.
El Kasal en la red del barrio: un archivo vivo de memoria
Hoy en día, el KJR no es un espacio aislado, sino una pieza completamente integrada en la trama asociativa de Roquetes, que trabaja desde una mirada comunitaria y en relación constante con el territorio. Participa en mesas de trabajo socioeducativas (como la Taula de Franja) y en eventos comunitarios como el Festival de Sopes del Món o la Fiesta Mayor.
Con un núcleo de gestión de entre 15 y 20 jóvenes y una participación continuada de alrededor de un centenar de personas, el Kasal sigue siendo un espacio donde se aprenden y se practican formas de sostener la vida desde los cuidados colectivos.
En este sentido, el Kasal se configura como un archivo vivo de memoria: un lugar donde pintar un mural o editar un fanzine no son meros actos estéticos, sino dispositivos de autorepresentación y producción de relato. Prácticas que permiten sostener la memoria del barrio, activar vínculos y generar formas de resistencia frente al desarraigo, la gentrificación y la desposesión de la memoria popular.
En definitiva, contextualizar el KJR es entenderlo no solo como un equipamiento, sino como una infraestructura política cotidiana desde la que se siguen tejiendo resistencias.
Proceso de creación
El punto de partida del proyecto se situó en la reactivación del Archivo Gráfico del Kasal de Joves de Roquetes (1992-1998) y otros materiales de archivo del Kasal .Un primer paso importante fue la activación del archivo gráfico del Kasal a través de un mural-collage comunitario durante la calçotada reivindicativa de 2026. Este primer acercamiento a la creación colectiva permitió poner en valor la memoria gráfica del espacio, generar un encuentro intergeneracional y abrir una reflexión compartida sobre la identidad del proyecto y sus futuros posibles. No se trata solo de mirar atrás, sino de usar el archivo como herramienta para pensar el presente.
Constitución del grupo motor y debates conceptuales
A partir de ahí, se lanza una convocatoria abierta que da lugar a la creación de un grupo motor, formado por personas de la gestora y participantes de distintos talleres. Esta combinación resulta clave, ya que permite articular diferentes niveles de implicación dentro del espacio y cruzar miradas diversas.
El grupo no se plantea como un espacio cerrado de decisión, sino como un lugar de construcción colectiva. Las primeras sesiones no buscan concretar una imagen final, sino abrir debate: qué queremos representar, desde dónde lo hacemos y a quién interpela.
Las decisiones no aparecen de forma rápida, sino que se van sedimentando a través del diálogo y de dinámicas que intentan romper jerarquías en la participación. Hay un intento consciente de generar condiciones para que todas las voces puedan formar parte del proceso.
Durante estos encuentros empiezan a aparecer temas recurrentes como la memoria vecinal, la autoconstrucción del barrio, las redes de apoyo, los cuidados o las luchas actuales. A partir de ahí, surge la necesidad de pensar el mural en relación con el tiempo. Se decide trabajar desde el pasado, entendiendo que el Kasal y el barrio no pueden separarse de su historia; desde el presente, preguntándonos quiénes somos ahora y qué nos atraviesa; y desde el futuro, como un espacio de proyección y deseo colectivo.
Sin embargo, también aparece el rechazo a representar estos tiempos como una línea cronológica cerrada. Se entiende que no son etapas aisladas, sino procesos que se entrelazan: muchas luchas, como la de la vivienda o la organización vecinal, han cambiado con el tiempo, pero siguen estando presentes. Todo continúa, aunque de formas distintas.
En este contexto, la idea del mural como autorretrato colectivo desde el pasado, presente y futuro es una herramienta que permite sostener e integrar todas estas capas. Más que seleccionar unos temas concretos, se van reconociendo como partes de un mismo relato compartido, construido desde la experiencia colectiva del Kasal.
Apertura a la participación
Aunque el grupo motor sostiene el proceso, aparece rápidamente una necesidad clara: abrirlo. El Kasal es un espacio habitado por muchas personas, y el objetivo era generar un proceso artístico que pudiera representarlas a todas.
Pero abrir el proceso también implica asumir una dificultad: no todo el mundo puede ni quiere participar de la misma manera. Hay tiempos, implicaciones y formas de estar muy distintas.
A partir de esto, decidimos diseñar dispositivos que permitan participar sin necesidad de una presencia constante. Surgen así las octavillas participativas, donde se explica que se está desarrollando un proceso artístico para representar el Kasal y el barrio desde dentro, recogiendo aquello que atraviesa a quienes lo habitan.
Las octavillas funcionan como una herramienta flexible: permiten dibujar, escribir o proponer sin necesidad de asistir a sesiones ni tener habilidades técnicas. Se diseñan distintos formatos: algunas completamente abiertas y otras con pequeñas guías que ayudan a romper el bloqueo del “no saber dibujar”.
Por ejemplo: “dibuja a quién te gustaría ver en una ventana, en un banco, en un concierto o en una manifestación”. Este tipo de propuestas no solo facilita la participación, sino que también orienta el imaginario sin cerrarlo. A través de estas herramientas, vecinas y jóvenes van dejando trazos, palabras y gestos que amplían el proyecto aportando más miradas y voces.
Jornadas de pintura comunitaria en el Kasal
La imagen del mural no parte de un diseño cerrado, sino de una acumulación de materiales, decisiones y pruebas.Se combinan aportaciones del grupo motor con materiales recogidos en las octavillas, generando una composición que mantiene la pluralidad de trazos, lenguajes y miradas. El mural no funciona como una imagen limpia o unificada, sino como un ensamblaje que hace visible el propio proceso.
Las jornadas de pintura activaron el espacio de otra manera. Aunque el grupo motor habia sido el núcleo, en el momento de pintar se abrió mucho más: mucha gente del Kasal se fue sumando, desde distintas formas de habitar el espacio y con diferentes niveles de implicación.
Se generó un espacio realmente abierto, donde la pintura funcionaba como punto de encuentro entre personas que normalmente no coinciden tanto. Más que un momento centrado en hacer el mural, fue un momento de cruce, de relación y de estar juntas dentro del Kasal.
Registrar
Desde el inicio, el proyecto incorpora un trabajo constante de documentación: fotografías, vídeos, anotaciones y recopilación de materiales. Este registro no tiene únicamente una función descriptiva, sino que forma parte del propio proyecto.
Documentar es una forma de reconocer el proceso como valor central, y también de generar un archivo que pueda ser reutilizado por el propio Kasal. En contextos como Roquetes, donde la memoria comunitaria ha sido históricamente invisibilizada, este gesto adquiere una dimensión política.
Collage con las octavillas
A partir del trabajo con las octavillas, se identifica una potencia gráfica y discursiva que va más allá del mural. Los materiales recogidos no funcionan únicamente como herramienta de participación, sino también como archivo vivo de imaginarios, deseos y tensiones del Kasal y del barrio. Esta constatación abre una nueva línea de trabajo: trasladar estos materiales a estampación con serigrafia.
Inicialmente se plantea trabajar sobre papel y desarrollar cartelería, pero el propio contexto del Kasal, con una fuerte tradición de serigrafía textil, hace que el proyecto se desplace hacia el textil. Este cambio no es solo técnico, sino también situado: trabajar sobre textil conecta con una práctica histórica del espacio, donde la serigrafía ha sido una herramienta recurrente de expresión política, comunicación y construcción colectiva.
La extensión al territorio aparece como una necesidad: que aquello que se ha generado colectivamente pueda circular, hacerse visible y ocupar el espacio público. Entonces pensamos que tendría sentido llevarlo fuera del kasal.
Desde esta idea se encuentra una posibilidad concreta en la comisión de Fiesta Mayor. En una conversación con una compañera de la comisión, se comenta que hace tiempo se había planteado la idea de hacer “banderas de Fiesta Mayor” para los balcones del barrio, pero que finalmente no se pudo llevar a cabo por falta de tiempo y recursos.
A partir de esta conversación, se traslada la propuesta a la gestora del Kasal: retomar esa idea desde el propio espacio juvenil, produciendo banderolas serigrafiadas para intervenir el espacio público durante la fiesta mayor, ya que este año de forma excepcional montamos todas las entidades fiesta en la misma plaza. La propuesta es bien recibida y se decide volver a la comisión para plantearla colectivamente, asumiendo desde el Kasal la fuerza y la producción del proceso.
Este año, además, el contexto de las fiestas es inusual. Debido a las obras en la plaza de Les Roquetes, todas los agentes del barrio comparten por primera vez el mismo espacio. Esta coincidencia genera una situación nueva de convivencia entre entidades, ampliando la presencia juvenil en un entorno que históricamente no ha tienido mucha representación. Ya que las Fiestas generales y las fiestas jovenes coexisten y entonces no era facil acceder mutuamente. En este contexto, intervenir el espacio de esta manera cobra aún más sentido.
Después de llevarlo a la comisión se acepta la iniciativa y se acuerda trabajar con un formato de banderolas para el anfiteatro durante la Fiesta Mayor.
Para definir el formato de las banderolas, se trabaja a partir del material disponible en la tienda Marín i Carbonell, proveedor habitual de la Asociación de Vecinas. La decisión del tamaño se adapta a las condiciones del material: tela de 1,50 m de ancho, que se corta en piezas de 50 cm para optimizar su uso.
Los colores se acuerdaron colectivamente en la comisión de Fiesta Mayor, manteniendo la lógica de decisión compartida que atraviesa todo el proyecto. Finalmente se seleccionan el lila, el rosa y el amarillo.
Para los colores, se prepararon varias propuestas que se llevaron a votación en la comisión de fiesta mayor, manteniendo así la decisión de forma colectiva.
Una vez recibidas las telas, se organiza una jornada de corte en el Kasal junto a vecinas de la Asociación de Vecinas cortamos todas las telas y las preparamos para poder estamparlas posteriormente. En este espacio se cortan las piezas en triángulos, activando nuevamente una lógica de aprendizaje compartido entre generaciones.
El proceso de estampación se abre también a la participación. Se preparan las pantallas de serigrafia y se lanza una convocatoria abierta para que cualquier persona interesada pueda participar en el estampado.
Las pañoletas funcionan como extensión del proceso: una forma de trasladar al espacio público las voces, imaginarios y trazos que han surgido dentro del Kasal, activando una continuidad entre creación, barrio y territorio.
A partir del desarrollo del proyecto surge la necesidad de generar una edición que recoja y condense el material producido a lo largo de todo el proceso. En este contexto aparece la idea de intervenir una bandeja de pintor, entendida como un dispositivo de trabajo y de archivo en sí mismo, que permite reunir y organizar físicamente los distintos materiales generados.
La intervención del objeto se construye directamente a partir de lo que va ocurriendo en el proyecto. La bandeja se adapta para funcionar como un sistema de almacenamiento dividido en dos espacios con usos diferenciados: la cubeta honda se destina a recoger el material más directo del proceso, como las pañoletas serigrafiadas y la recopilación de las octavillas; mientras que la rampa estriada, originalmente pensada para escurrir la pintura, se reutiliza como soporte para la publicación autoeditada. De este modo, cada parte del objeto se activa como una capa distinta del proceso.
La elección de trabajar con este objeto va más allá de una lógica de reutilización. Se vincula con la identidad política y material del Kasal y del barrio de Roquetes. En un territorio construido históricamente desde la autoconstrucción y el trabajo colectivo, la bandeja de pintor remite directamente al trabajo manual que ha configurado el espacio. Su uso establece un diálogo entre la práctica artística y las formas de producción material de la periferia, entendiendo que las herramientas con las que se construye el entorno son también herramientas para construir relato.
Además, responde a una intención muy clara de cuidar e intervenir la memoria del propio espacio desde sus propias prácticas. Históricamente, en los archivadores antiguos del Kasal vimos que la propia gente guardaba carpesanos de eventos o excursiones, y que además de poner imágenes, escribían mensajes, descripciones u opiniones debajo de ellas de puño y letra. La intención de hacer esta bandeja es reapropiarse también de esa idea de guardar, archivar y cuidar lo ocurrido. Es transformar un útil de trabajo manual cotidiano en un dispositivo de autorrepresentación que le da valor a todo el proceso y nos representa a todas.
Descripción de la obra final
Como resultado de este proceso, la obra final se articula como un conjunto de piezas que no funcionan como objetos cerrados, sino como restos activos del proceso colectivo desarrollado en el Kasal de Joves de Roquetes. Se entienden como diferentes formas de seguir trabajando con la misma materia: la memoria del Kasal, las voces que lo habitan y todo lo construido colectivamente.
La pieza principal es una bandeja de pintor utilizada como contenedor del proceso. Un objeto inicialmente vinculado al trabajo del mural que aquí se resignifica como soporte y archivo de lo generado. La bandeja organiza el material en dos espacios diferenciados que estructuran la relación entre lo acumulado y lo registrado.
En la cubeta profunda se conserva el material físico más directo del proceso: los pañuelos serigrafiadas junto con una recopilación encuadernada de todas las octavillas originales realizadas por las vecinas y participantes del Kasal. Este conjunto funciona como depósito de la producción colectiva, donde se materializan las aportaciones gráficas y textuales surgidas durante el desarrollo del proyecto.
En la rampa estriada, concebida originalmente para escurrir el exceso de pintura del rodillo, se sitúa la autoedición del proyecto. Esta publicación toma forma de relatoría gráfica y recoge el proceso desde dentro: imágenes del desarrollo del mural, escaneos de esbozos, anotaciones, decisiones de trabajo, conversaciones y materiales intermedios que normalmente quedan fuera del resultado final. A ello se suman intervenciones manuscritas realizadas por jóvenes del Kasal, que introducen comentarios, reflexiones y lecturas propias sobre el proceso, desplazando la autoría única hacia una construcción compartida.
La autoedición no funciona como un documento externo que explica el proyecto, sino como una pieza más del mismo sistema de trabajo. Igual que el mural o las octavillas, forma parte de la misma lógica de producción basada en lo colectivo, lo cotidiano y lo procesual.
Los pañuelos serigrafiadas se presentan además como instalación en el espacio expositivo. Aunque fueron concebidas para su activación en el anfiteatro de Roquetes durante la Fiesta Mayor, aquí se reubican como un gesto de desplazamiento que señala su origen. Su disposición evoca el contexto para el que fueron creadas, funcionando como recordatorio de su dimensión situada.
No operan como elementos decorativos, sino como extensiones del espacio público dentro del contexto expositivo. Su sentido no reside únicamente en el objeto, sino en la relación con el lugar y con la comunidad que las activa.
En conjunto, la bandeja, la autoedición y los pañuelos no se presentan como piezas independientes, sino como diferentes materializaciones de un mismo proceso. Todas remiten a una misma idea: un trabajo colectivo que no se centra en la producción de una imagen final, sino en las formas de construirla, compartirla y mantenerla activa dentro y fuera del Kasal.
