The Monstrous-Feminine

Analizar los orígenes culturales e históricos que han hecho que la forma femenina se perciba como monstruosa en nuestro imaginario colectivo.
Desde pequeña me ha acompañado la fascinación persistente por lo tenebroso, lo macabro, lo extraño. Las cosas que se hacen a escondidas. Las canciones tristes. Siempre he tenido presente esta sensación aguda de justicia —que se le podría otorgar a mi signo zodiacal o al hecho de descubrir demasiado pequeña cómo se veían las injusticias—. Los abusos del poder. Las limitaciones de mi cuerpo femenino. Los usos de este. Las funciones fundamentales y vitales. Los deseos que las personas proyectaban sobre él. Lo que se terminó convirtiendo en una desconexión de mi conciencia y mi corporalidad. Mi mente, cambiante y a veces cruel, sadometizaba mi cuerpo. El que era mi acompañante favorito y mi peor enemigo. Odié mucho a los hombres. Me encerré en mi feminidad. Solo me rodeaba de mujeres. Me gustaba la idea de ser una mujer malvada. Había algo profundamente seductor en aquella idea. En convertirme en una bruja incluso. Ser una figura temida. Una justiciera a mis ojos. Me reconcilié con mi cuerpo y finalmente con la masculinidad (en pequeñas dosis). Reconocí haber continuado y perpetuado el ciclo de violencia hacia mi cuerpo y dejé de castigar a mi muslo derecho. Me convertí en una feminista enfadada. Leí a Silvia Federici, a Simone de Beauvoir, escuché mucho a Florence + The Machine. Desarrollé un gusto particular por el cine de terror. Abrace todo lo abyecto de la experiencia femenina y nuestros cuerpos cambiantes, impredecibles, desbordantes. Y entonces entendí el vínculo que unía a las mujeres y los monstruos.
*“…amo a una gran cantidad de escritoras mujeres, y esto quizá porque las mujeres entienden el miedo de una manera diferente. No porque estén en un mayor peligro, sino porque el discurso sobre la mujer es que debe ser protegida —aunque es un discurso falso—, entonces cuando se encuentra a la intemperie está desprevenida y sin armas. Y porque la mujer entiende la muerte a su manera: algo muere dentro de las mujeres todos los meses. La mujer siente a su cuerpo como grotesco. La mujer carga con los secretos de las familias, como carga con la reproducción. Por supuesto que entiende perfectamente lo que es ser una tierra maldita.”
Tres eran las palabras que constantemente se repetían en mis proyectos y a lo largo de mi carrera universitaria. El ensayo de Julia Kristeva —Powers of Horror: An Essay on Abjection (1980)—, las películas de David Cronenberg y Florence + The Machine. Y de aquí nació mi proyecto para el trabajo de final de grado: Desmitificando el cuerpo femenino a través del cine y la literatura de terror.
Para esta asignatura me he propuesto centrarme en las representaciones de la figura femenina dentro del folklore y la literatura. Y cómo en estos géneros también se han perpetuado los mismos estereotipos. Cómo lo femenino se ha vuelto sinónimo de lo monstruoso. Como retratan el cuerpo femenino natural y sus funciones como algo inherentemente monstruoso. Esto contrasta fuertemente con las historias protagonizadas por hombres, que tienden a explorar los límites del cuerpo a través de mutaciones o alteraciones externas. El body horror masculino suele requerir que ocurra algo extraordinario: un hombre debe ser infectado, mutado o transformado por fuerzas externas. En cambio, el cuerpo de la mujer a menudo se presenta como inherentemente horrífico simplemente por existir y funcionar como la naturaleza lo ha previsto.
