Barcelona ante el futuro

Salvador Rueda: “Habrá más de 500 supermanzanas”

Salvador Rueda, considerado como el “padre de la supermanzana”, asegura que habrá más de 500 en la ciudad de Barcelona. Es biólogo de formación, pero se ha dedicado toda la vida al urbanismo táctico. Fue director de la Agencia de Ecología Urbana de Barcelona y es el impulsor de múltiples programas de renovación urbana y planes de gestión de residuos. En la actualidad, dirige la Fundación de Ecología Urbana y Territorial. 

Salvador Rueda en su despacho del Ayuntamiento de Barcelona (Foto: Ayuntamiento de Barcelona)

ISABEL CARRILLO DE ALBORNOZ

P. ¿Cómo surgió la idea de la supermanzana?

R. Yo me imaginé las supermanzanas hace 34 años. En un principio, el objetivo era reducir el ruido en la ciudad. La gente se ha dado cuenta a raíz del confinamiento de lo importante y valioso que es el silencio, pero antes de la pandemia la gente no se daba cuenta de lo nocivo que es el ruido y su impacto en la calidad de vida de las personas. Esa era mi idea inicial, después me fui dando cuenta de lo importante que es vivir en un espacio con menos contaminación y con más espacios verdes, y que era un proyecto que podía solucionar muchos más problemas, y no solamente el ruido. 

P. Así que más de 30 años después, se concretan los dos primeros proyectos de supermanzana en Barcelona. ¿Poblenou y Sant Antoni son como usted se había imaginado en un principio?

R. No, las supermanzanas del Poblenou y de Sant Antoni no están acabadas todavía. Es como lo que llaman ahora la nueva “supermanzana” del Eixample. No es una supermanzana, pero es un buen comienzo. Pacificar algunos de los ejes como la calle de Consell de Cent me parece necesario y ya permite paliar con parte del problema, pero queda mucho trabajo que hacer para atajar con la contaminación ambiental, el ruido y todo lo que conlleva que una ciudad esté repleta de coches. 

P. Hablando de ruido, ¿ha pensado en otras soluciones para mejorar este aspecto que no sean tan drásticas como la supermanzana?

R. El ruido lo genera el automóvil, así que todas las soluciones que vayan encaminadas a reducir el flujo de tráfico tendrán una repercusión en este sentido. Hay que tener en cuenta que el ruido tiene un comportamiento muy especial, puesto que aunque tú redujeras a la mitad la cantidad de coches en una calle, la reducción sería solamente de unos 3 decibelios. Es un tema muy peliagudo, y la supermanzana es la única solución que permite reducir más del 70% del ruido. 

P. A parte del ruido, ¿cómo mejora la supermanzana la calidad de vida de las personas?

R. Uno de los elementos es el ruido, pero hay muchos elementos de mejora gracias a la supermanzana. La contaminación atmosférica mejora, los accidentes mortales o graves se reducen a 0. El paisaje urbano se multiplica, las posibilidades de contacto social aumentan, ya que se multiplican los usos del espacio público. Hoy en día, los niños no pueden jugar en la calle, los ancianos no pueden estar en medio de la calle con el ruido infernal que provocan los coches, la gente no puede hacer deporte al aire libre. La supermanzana cambia radicalmente lo que se puede hacer al aire libre. 

P. El Ayuntamiento ha puesto sobre la mesa otros proyectos de supermanzanas en Barcelona –como la de Horta, la de Sant Gervasi o la de Sagrera–, ¿funcionarán igual que las del Poblenou y Sant Antoni?

R. Yo no he visto el diseño, pero todo lo que sea la pacificación del espacio público, que es lo que pretenden hacer con estos proyectos, va bien y está bien encaminado. Hay que ver cuál es la dimensión de la transformación, hasta ahora han sido demasiado prudentes para lo que se nos viene encima con el cambio climático. 

P. Cambiando un poco de tema, ¿cómo valora los proyectos complementarios de urbanismo táctico que está poniendo en marcha el Ayuntamiento? 

R. Todo lo que vaya dirigido a mejorar la calidad de vida de la gente está bien encaminado y en consonancia con el proyecto de las supermanzanas. No sé de ningún proyecto del Ayuntamiento que no tenga esa peculiaridad. La razón por la que no se concretan más supermanzanas es porque el gobierno tiene un cierto reparo en tomar decisiones tan drásticas. 

P. En un futuro, ¿podemos imaginar que toda Barcelona se transforme en una gran supermanzana como propone el Ayuntamiento? 

R. La supermanzana es una red. Siguiendo este modelo, Barcelona sería la adición de más de 500 supermanzanas. Nuestro sistema sanguíneo no se compone de una sola arteria, está irrigado. La idea de Barcelona como una gran supermanzana es una imagen muy acertada y una gran idea de marketing por parte del Ayuntamiento, pero no hay que perder de vista que es una red. En esa red tienen que haber ejes principales por los que puedan llegar las mercancías, los servicios médicos y todo lo que necesitamos como sociedad. La adición de cientos de supermanzanas hace que todo cambie pero que no se rompa nada. 

P. Uno de los artículos de la Revista BCN NY trata de urbanismo táctico con perspectiva de género. ¿Cómo ha integrado esta perspectiva en los planes urbanos?

R. Yo creo que lo que pretende la supermanzana es que la calle se llene de vida. Los espejos son las propias personas, que son las que controlan el espacio. Cuando nosotros tenemos un escenario de espacio público vacío se generan situaciones de incertidumbre y de temor. Cuando hay un exceso de ocupación del espacio público, como por ejemplo una feria, ahí se ponen las botas los que son amigos de lo ajeno. Los dos extremos son malos, así que tenemos que encontrar equilibrios, como todo en la ciudad. La ciudad es un sistema de proporciones. En el caso de la supermanzana, aporta que los espejos sean los ojos de los demás. Se multiplica el número de actividades de proximidad, que son las que controlan la calle.

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