Una obra más del puto Chéjov, un clásico que nunca decepciona

“Podeis hacer una obra más del puto Chéjov” dice Kostantin enfadado parando su performance, así empieza La Gavina un clásico adaptado para inaugurar la temporada del Teatre Lliure haciendo un statement claro sobre lo viejo y lo nuevo, lo clásico y lo contemporáneo.

Manrique trae una mirada libre del clásico convirtiéndolo en una experiencia extrasensorial donde el olor de la barbacoa y el antimosquitos llega a la última fila, donde los cambios de escena son poéticos, donde la banda sonora acompaña estas transiciones de un teatro más moderno en las que el público puede ver a los técnicos entrar al escenario y donde en la pantalla unos visuales nos cuentan lo que no vemos y nos enseñan este lago que en escena es algo tan abstracto como un fondo negro.

Su director y ahora director del Teatre Lliure nos insiste en la idea de este lago, “un llac que aconsegueix encantar tothom que s’hi acosta”, en la idea de este como espejo y en la idea de profundizar en sus aguas que es lo que para el director sus personajes están haciendo. Es de hecho esta metáfora de un lago la que le roba protagonismo a la de la propia Gaviota que frente a las otras Gaviotas que se están haciendo esta temporada en otros teatros pasa a ser un personaje secundario.

Los protagonistas de la obra La Gavina / Fuente: Teatre Lliure / Autora: Marta Mas

Trabajar con un equipo ya conocido ha sido probablemente un acierto para inaugurar temporada y no tomar riesgos, Manrique ya fue todo un éxito en el Teatre Lliure con la obra les Tres Germanes de Chéjov que igual que la gavina fue adapatada por Cristina Genebat y Marc Artigau.

En cuanto al casting los perfiles son muy acertados y se consigue este aire de realismo, la adaptación a las expresiones modernas y la interpretación de sus actores hacen la obra mucho más cercana haciendo que el público encuentre más similitudes con su realidad.

El monólogo final de Nina interpretada por Daniela Brown deja al público emocionado y durante el viaje que de la obra conseguimos entender a todos sus personajes y ver un poquito de nosotros mismos en cada uno de ellos, tal vez aquellos que quedan menos trabajados son el de Xavier Ricart y el de Marc Bosch.

La forma en la que nos enseñan el suicidio es interesante pero se esperaba algo más abstracto o más en la linea del resto de la obra, toda la historia esta muy bien construida pero por querer seguir las lineas del clásico el desenlace es abrupto y no acaba de resolver esta tensión que se ha ido costruyendo tan bien durante el resto de la obra, dejando un poco de mal sabor de boca.

La Gavina es una de esas obras que te acompañan al salir del teatro, que te despiertan la sensibilidad y que te hacen comparar tu mundo con la ficción que acabas de ver. Manrique se proponía en el proyecto que presentó para dirigir el teatro crear un teatro de calidad, que conecte con el público y que cree un paralelismo entre los clásico y lo contemporáneo, y con el opening de la temporada lo ha conseguido.

Imagen destacada: Las actrices y actores de la Gavina posando junto a su director / Fuente: Teatre Lliure /Autora: Marta Mas

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