No se trata de ver ladrar al perro

1895. La llegada del tren. Hermanos Lumière. Este fue el primer visionado en la historia de una película cinematográfica, donde el público pensaba que estaba a punto de ser arrollado por un tren. Despertó algo en ellos que no se había experimentado con anterioridad. Ahí comenzó el deseo de la inmersión en términos contemporáneos.

Las exposiciones inmersivas son una consecuencia del avance tecnológico aplicado al ámbito cultural museístico que ha despertado gran interés en el público desde 2011. Barcelona ya ha presentado varias, especialmente de la mano del Centro de Artes Digitales IDEAL, en Poblenou. Pero ahora sorprende el Centre d’Art Amatller con Univers Goya, entre la llum i la foscor, desde el 27 de febrero de 2025. Se trata de una exposición que explora la vida y obra del pintor, Francisco de Goya, desde una mirada digitalizada. Como explica el propio centro: “los recursos expositivos quieren acercar a todos al mundo de Goya, tanto desde un punto de vista personal y humano como artístico e histórico”. 

Esta exposición hace un repaso general – muy conseguido – de la vida personal y profesional de Goya y cómo influyó en su obra y etapas pictóricas. Mezcla la exhibición de elementos domésticos de la época (sillones, caballetes o sombreros) con la recreación de espacios como la habitación privada de Manuel Godoy y la proyección de pinturas del co-protagonista de la exposición – la otra protagonista es la tecnología –. Eso sí, si alguien asiste buscando alguna obra original, este no es su lugar.

GOYA / Font: Centre d’Art Amatller 2025

Como formato introductorio a la obra de uno de los artistas españoles más importantes de la historia, puede valer. Como un elemento de entretenimiento y ocio, puede valer. Pero, ¿cuál es la necesidad de crear una exposición basada en el movimiento pictórico? ¿Se trata solamente de crear un punto de partida para que aquellos no familiarizados con el arte puedan acceder a museos y exposiciones tradicionales? ¿O es que los comisarios creen que el público se aburrirá con la estaticidad? ¿Es realmente indispensable ver ladrar al Perro semihundido? ¿Ya no nos basta con la sola imagen? 

Esa necesidad imperante que tiene el público por dejar de ser un mero observador y pasar a formar parte de la obra, a sumergirse en ella, es lo que está matando el espíritu de la contemplación. Como se ve en la pieza de Fran Aleu expuesta en Universo Goya: un generador de IA que representaba la imagen del espectador como un cuadro de la época oscura de Goya, una obra que, tristemente, generaba gran interés entre el público. Parece que ahora se necesita estar en todo, que no basta con la mirada para sentir. Se necesita oír, oler, tocar, entrar. Ser el centro de atención. La imaginación ya no es una opción, o eso parece según los números. Aún se desconoce la cifra de asistentes a Universo Goya, pero se sabe que IDEAL aguardó entre 2020 y 2022 a más de 400.000 visitantes, según MagmaCultura, empresa que gestiona la actividad del centro. Cabe preguntarse también si esto parte de un egocentrismo espectatorial que dictamina los gustos e incluso la mirada hacia las artes. Los libros, las películas, incluso los cuadros, todas las artes cuentan historias, por minúsculas que sean. Siempre hay un relato acompañando a la técnica. El artista cuenta con que estas historias puedan repercutir en el espectador. Por ello, es curiosa el ansia que despierta una sala donde proyectan imágenes en movimiento en las cuatro paredes, o unas gafas de realidad virtual que enseñaban las figuras más destacadas de Goya superpuestas en un espacio flotante casi sin sentido. ¿Un cuadro ya no provoca emoción? Eso parece que quieren decir los organizadores de las exposiciones inmersivas, que hablan de “reinventar el museo”, como si esta institución ya quedase “desfasada”. 

GOYA / Font: Centre d’Art Amatller 2025

Es comprensible y es evidente que las instituciones culturales tradicionales deben tomar una dirección firme para continuar con su función educacional, de conservación y de difusión cultural. Implementar la tecnología es útil e incluso necesario para conseguirlo, así se ha visto en época pandémica, donde museos y galerías tuvieron que innovar para continuar con su función social. O en la digitalización de las obras como método archivístico y que ayuda a la restauración y conservación de materiales tanto pictóricos como audiovisuales. Pero ello no significa que el implemento de la tecnología sea la única manera que se tiene de disfrutar y aprender del arte. 

Da la impresión que se necesitan demasiados estímulos para generar emoción en el espectador. Pero no se puede caer en eso. El límite es lo que da significación a una obra, lo que no se ve. Si se comienza a dar todo mascado, el público se duerme. Comenzará a pedir simples copias reinventadas por la tecnología que ya no tendrán alma. La magia de lo único desaparecerá, como ya se vio en la época del pop art, y con ello, el espíritu crítico. Quizá Goya no se merecía esto. 

Imagen destacada: GOYA / Font: Ajuntament de Barcelona 2025
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