Eugenia Ladra (1992, Uruguay) ha publicado su primera novela Carnada de la mano de la Editorial Tránsito. Una novela sobre las violencias en sus múltiples expresiones. Carnada es más que el relato de un pueblo perdido de la mano de Dios, es un relato universalista que nos hace reflexionar sobre cómo nos relacionamos. Desde la revista Angle la entrevistamos para meternos un poco más en las vísceras de esta historia.
¿Dónde queda Paso Chico, si es que queda en algún lugar?
Paso Chico es un pueblo ficticio, es un pueblo que no existe. No está en el mapa de Uruguay, pero podría ser cualquier lugar de Uruguay. Si bien nunca se menciona que este pueblo está en Uruguay, hay algunas coordenadas, como por ejemplo el mate. Hay pistas que hacen que podamos ubicarlo como en alguna zona de Uruguay o incluso en alguna zona de Argentina. Porque la verdad es que Paso Chico está muy basado en Punta Gorda, es un lugar muy cerca de Nueva Palmira, que fue donde yo me crié.
Punta Gorda es un lugar bastante natural. Es muy impactante. Es todo un barranco. Vos ves el río desde muy alto y podés bajar a la playa. Hay varias playas, algunas más a la vista, otras más escondidas. Muchos pescadores, mucho barco de carga que pasa por el puerto de Palmira. Pasan sorprendentemente cerca de la orilla, como nunca había visto en otro lugar. Y bueno, es un pequeño pueblo de pescadores, por un lado, y un pueblo rico de argentinos que vienen a construir sus casas por el otro.
Hay una zona muy rica, y otra zona que es más popular donde viven pescadores que tienen sus canoas muy cerca de la orilla. Cuando yo era adolescente iba mucho ahí porque era como un lugar donde podías ir con tus amigos, con tu novio. Que salías como del pueblo. Era muy interesante porque tenía toda esa naturaleza muy presente, muy salvaje. También había otro pueblo al que podías ir y ser como una suerte de extranjera aunque vivieras a 10 kilómetros. Obviamente en ese momento no pensaba: “Ah, mirá, este espacio me va a servir como un universo literario” pero sí me empezó a pasar que al empezar a escribir me di cuenta que había muchas cosas que situaba allí. Al principio de una forma totalmente inconsciente y después algo más consciente. De hecho hay un cuento en La Naturaleza de la Muerte (Fardo, 2018) que se titula “Río Blanco” y está totalmente situado allí. Me acuerdo que cuando escribí ese cuento me encantó escribir desde ese espacio físico. Cómo decir: construyo algo pero basado en esto que conozco y que entiendo, cómo son las sensaciones físicas, cómo se percibe el entorno. Tener ese lugar más calado me ayudó a construir después el resto del pueblo. Entonces, si bien Paso Chico no existe, este lugar, este barranco de Punta Gorda, crea los cimientos para después construir Paso Chico, que es un pueblo que tiene un poco más de complejidad y en donde puedo hablar un poco más de lo que realmente me interesa hablar. No me interesaba marcar un lugar particular, pero sí me interesaba dar a entender que era un espacio aislado, una comunidad aislada. Hay una intención de hablar de algo muy local para mostrar algo mucho más universal y sentía que, si le ponía nombre, si lo llevaba a un terreno delimitado, iba también a delimitar el análisis de lo que se propone en Carnada. Entonces, me divertía y también me daba mucha libertad ponerle un nombre y poder usar ciertas características existentes, pero agregar un poco lo que yo quisiera y lo que le sirviera al relato.
Cuando leí Carnada me dio la impresión de que Paso Chico está muy definido por sus personajes, casi más que por la geografía.
Sí. Yo me lo imagino como algo muy teatral. En la literatura uno tiene libertad total porque el recurso es el lenguaje. Podés hacer lo que quieras, no necesitas ningún presupuesto ni nada por el estilo. Tenés una libertad sin límites. Además, justamente me interesaba trabajar con la austeridad. Decir: “Bueno, son pocos personajes”.
Los que no son personajes diferenciados pertenecen a masas de personajes, como las veteranas del pueblo o los pescadores. Generar esos bloques que hablan un poco de los diferentes grupos de personas que hay por fuera de los personajes principales. Por ejemplo, los cuatro personajes que le pegan a Recio, que usan máscaras.
Después, a nivel espacial, jugar con pocos espacios. Tener algunas casas de personajes marcadas: la canchita, el río, el puerto. Trabajar desde la austeridad y pensarlo mucho como si todo pudiera suceder, como en una obra de teatro. A mí me gustaba pensarlo así. Porque justamente, los temas de los que pretendo hablar en Carnada son ciertas violencias y la naturalización de esas violencias. Es algo que pasa en la sociedad en general, pasa en una ciudad gigante, pasa en un pueblo chico, pasa en todo lo que hay en el medio. Pero lo que me permitía Paso Chico era, con pocos elementos, dejar más en evidencia estos temas.
Sentía que si le añadía muchos más personajes, me iba a ser inmanejable, porque es la primera vez que escribo algo de largo aliento también, entonces tenía que entender un poco mis propias limitaciones. Pero también, aparte de ese manejo como más literario, estaba esta cuestión de: “Bueno, con pocos personajes, lo que yo quiero contar va a parecer como mucho más claro sin necesidad de que yo lo esté nombrando y señalando todo el tiempo”
Buscaba trabajar con la colaboración del lector. Entonces sí, funciona un poco como un ecosistema que bien podría agrandarse. Podría nutrirse de más personajes, podría expandirse en el espacio y demás, pero yo creo que de la misma forma se puede contar esto pequeñito y…tiene su funcionamiento, como en esas famas austeras.

La frase dice: “pueblo chico, infierno grande”. ¿Qué dirías si lo cambiamos por “Paso Chico, infierno grande”?
La naturalización de la violencia, se puede hablar de la misma en muchísimos espacios, es decir que no es algo que solo se refiere a comunidades chicas o pueblos chicos, pero yo sentía que si trabajaba con una comunidad que estaba un poco más aislada, todo eso se iba a intensificar muchísimo.
Hay varios factores. Primero hay una cuestión de cómo todo funciona según las reglas que ellos mismos generan. Nadie los está mirando. No hay un estado pendiente de lo que está pasando ahí, cuidando…No hay ningún tipo de organización de nada, más que la de ellos mismos y la de sus propios rituales y formas de entender el mundo. Entonces, eso me permitía plantear una comunidad y ver cómo esa comunidad se relaciona consigo misma. Cómo sus integrantes se relacionan con sí mismos según una visión mayor. Ahí es donde empiezan a sucederse algunas violencias puntuales. Igualmente, hay violencias más explícitas en el relato, como por ejemplo, cuando Marga mata a un perro. Nadie se sorprende mucho por esa situación. O cuando llega Recio al pueblo y le dan lo que ellos llaman esa bienvenida, que es una paliza. Funciona como una especie de espectáculo para el pueblo. Todo eso son violencias sumamente explícitas a las que simplemente le cambian el nombre o las minimizan para hacer funcionar el pueblo de una forma, como un entretenimiento. Las dos de hecho son entretenimiento. Se dan también violencias mucho más implícitas y que se necesitan completar con el lector. Tienen que ver con por ejemplo violencia más de índole sexual, como puede ser la Marga, la de Recio, también la de Marga hacia Recio, cuando Recio se queda en la casa de ella. Como dice en el texto, le hurga la boca porque ni siquiera es como un beso, porque un beso es recíproco. Es más cómo este cuerpo que está ahí y que ella desea, que investiga y hurga. No se habla de consentimiento, no se habla de absolutamente nada. No me interesaba hablar de eso explícitamente tampoco, pero sí me parecía que es un análisis que se da posterior a la lectura.
La telenovela, que está tan presente en el relato, resuena mucho con las adolescencias latinas, donde la presencia de la misma era como un choque de autos: uno no quiere mirar realmente, pero tampoco puede dejar de hacerlo. Con una pre adolescencia en el interior de Uruguay, ¿qué fue edificante en ese aspecto para vos?
Yo miraba mucho Pasión de Gavilanes, que fue tan edificante para mí como para el personaje principal. Claro, tenés 12, 11 años y estás ahí viendo cómo se chuponean unos actores con gorros de vaquero y por un lado, es una situación súper ajena a tu realidad y por otro lado se entremete de formas como muy raras. Creo que se convierte en la educación sentimental del personaje. O al menos en su caso funciona como eso porque no tiene nada más allá de las conversaciones puntuales con Olga. No hay un intercambio sobre lo que a ella le pasa. Y está en un momento, que todos lo hemos vivido, cuando tenés ese quiebre entre que sos una niña y pasás a ser una adolescente. Hay deseo en la infancia también, pero en la adolescencia empezás a tener un deseo mucho más desbordante, empezás a ver a las personas desde otro lugar. Y también las personas te empiezan a ver a vos desde otro lugar, te dejan de ver como una niña y eso también te marca mucho, te convertís en un objeto de deseo.
Todos esos cambios en el caso de Marga no se acompañan de una educación, de una escucha o de un diálogo. Suceden y ella está haciendo lo que puede con eso porque tampoco está muy acostumbrada a hablar de lo que le pasa. Recibe un par de advertencias de Olga (o de consejos de Olga) pero no mucho más que eso. Entonces empieza a haber un correlato entre la telenovela que ella mira y lo que respecta a Recio. Es bastante sutil, pero hay un correlato entre lo que está pasando en Paso Chico, digamos, y lo que está pasando en la telenovela.
Y sí, yo creo que ha sido muy edificante para nosotros. Si en tu casa estaba la tele prendida, seguramente se miraron este tipo de telenovelas. No sé ahora cómo será, pero al menos entonces, así era.
La carnada puede entenderse como un sinónimo de engaño, es un señuelo. ¿Quién o qué identificás como la carnada en el relato?
Todos los personajes son carnada. Me interesaba mucho no señalar una víctima total y absoluta en el relato sino que fuera como una especie de silla donde van desfilando y se van sentando diferentes personajes en diferentes momentos. El señuelo un poco funciona como ese pueblo. El infierno ahí es Paso Chico, entonces quienes habitan Paso Chico en algún momento pasan un por ese lugar de víctima. Creo que obviamente en el texto sigue a Marga y se conoce de primera mano su historia, pero con los pocos elementos que tenemos de los otros personajes sabemos que todos han estado un poco en ese lugar en diferentes momentos de su vida. Y eso intenta imitar la realidad, para no pensar en términos tan absolutos como: “hay solo una víctima y esa víctima es siempre víctima y nunca fue victimario”.
Se trata de pensarlo con un poco más de complejidad. Es una de las tantas víctimas que tiene ese pueblo o esa sociedad o esa forma de relacionarse porque pasa por equis abusos, por equis violencias pero también ella es perpetuadora de esas violencias en el sentido de que es una hija de ese pueblo. Me parecía interesante marcar el comienzo del libro con ella ejerciendo esa violencia y me parecía interesante también que esa violencia se perpetuara hacia Recio aunque luego él actuara incluso peor. Me pareció interesante mostrar a una gurisa de 13 años como un actor de esa violencia, como una perpetuadora de la misma. Entonces yo creo que sí, ella es una de esas víctimas, pero también pasan todos los personajes por ahí. Es como una silla en la que está un rato uno, se levanta, pasa otro… siempre me lo imaginé así. No como una cosa estática, sino imitando un poco cómo funciona la realidad.
En la revista “El Asombrario”, la escritora Sonia Fides afirma que la novela parece escrita con el estómago. ¿Qué me dirías al respecto?
Entiendo por qué lo dice. Si tuviera que elegir una parte del cuerpo, diría que está escrito con la lengua. Por dos razones, por un lado, porque Carnada tiene una preocupación con el lenguaje. Del trabajo con el lenguaje, del trabajo con la palabra, con lo local, con la oralidad, hay mucho recurso ahí metido y sostenido por el lenguaje. Siento que si a Carnada le sacás ese recurso, la trama de Carnada no es tan interesante. Es algo que estoy contando, pero para mí está lejísimos de ser lo central en el libro. Sí me parece mucho más interesante como poder decirte, está escrito de esta forma, utiliza este lenguaje, estos recursos en relación al lenguaje, o en relación al narrador. Está escrito con la lengua en un sentido muy literal, por una preocupación por el lenguaje, y en un sentido más metafórico porque creo que si pienso como en el momento en el que está retratado, no ese verano en el que Marga cumple 13 años, que encuentra su despertar sexual y que hay violencias que están muy relacionadas con las violencias sexuales y demás, la lengua se vuelve como un símbolo muy importante. Desde el deseo, desde la violencia…hay mucho chuponeo, ¿no? Es como esa forma de vincularse, creo que está muy presente. Es una de las partes del cuerpo para mí como más presentes en el libro, en todo el correr del libro.
Entiendo igualmente lo del estómago, creo que habla como de una cuestión más visceral, sí, lo tiene, pero, elegiría más la lengua.