Rigoberta Bandini ha vuelto, tras casi tres años de pausa, con un álbum que nos lleva por una montaña rusa de emociones.
La catalana se despedía hace tres años en su último concierto de la gira de La Emperatriz, donde nos decía que nos dejaba una larga temporada, que en algún momento volvería, no sabía cuando, pero volvería. Y al fin, hace unos meses a sus fieles seguidoras les empezaron a llegar unas cartas al correo que empezaban con un “Queridas amigas”. Se trataba de una newsletter al puro estilo Sex At The City que le sirvió a la artista para presentarnos su nuevo álbum. Así que cuando las fans abrieron la newsletter en la que se presentaba la canción Si Muriera Mañana supieron que Rigoberta Bandini estaba de vuelta.
Desde su fracaso -o victoria depende de cómo lo veamos- en el Benidorm Fest en 2022 donde Ay Mamá quedó en un segundo puesto que dividió a los seguidores de Eurovisión España, Rigoberta se ha consolidado como una de las voces más singulares del pop español contemporáneo. Sus letras son sinceras, pizpiretas y juguetonas, y ha tenido grandes éxitos como Perra o In spain we call it soledad que han dejado el listón muy alto.
Todos hemos observado el release de Jesucrista Superstar, expectantes de con qué nos sorprendería este nuevo álbum, y aunque todavía pueda no parecernos tan icónico o provocador como estamos acostumbrados con Rigoberta Bandini, la compositora trae estribillos que no nos podemos quitar de la cabeza como el Amore Amore Amore Amore Amore Amore… Si bien todavía estamos procesando toda la información -de un disco que se ha arriesgado en plena era digital, cuando nuestra atención es la de un pez, a presentarnos 22 canciones-, una vez lo hayamos digerido descubriremos que Rigoberta trae letras tan reales que escuecen y que nos van a acompañar el resto del año.
Musicalmente hablando este nuevo trabajo enseña una evolución artística y retrata las ganas de experimentar de la artista. El álbum oscila entre sintetizadores ochenteros, guiños al pop barroco y estructuras más clásicas, pero lo hace con una fluidez que evita la dispersión. Rigoberta deja clara sus referencias en la entrevista que ha tenido con La Pija y La Quinqui, pero para quien no lo haya visto no les costará detectarlas, ya que las canciones nos evocan al universo sonoro de Mecano, tanto por los teclados brillantes como por ese dramatismo pop que se mezcla con lo cotidiano, lo confesional y lo teatral. Se aprecia también cierta influencia de la primera Alaska, en la forma de narrar emociones intensas con una voz que juega entre lo frágil y lo rotundo. Y sin duda uno de sus favoritos: Julio Iglesias, pero esto no es algo nuevo.

El ritmo del disco es una montaña rusa emocional. Durante la escucha del álbum pasaremos por distintas fases y emociones: la del carpe diem que habla del miedo a la muerte; a la de una canción infantil que habla de seguir conduciendo con los airbags activados y el coche magullado; al recuerdo de un amor adolescente; o a quejarnos de la vida adulta, hasta simplemente acabar pensando en un plato de espaguetis al sol.
Rigoberta, como siempre, nos regala su ironía y sarcasmo usados de un modo tan inocente y amoroso que nos hacen abrazar a nuestra niña interior. Nos lleva a lo más absurdo como una pulga en un sofá o los milagros después de un after, para plasmar en su música este cansancio existencial que tenemos todas.
Lejos de intentar encajar en la dinámica del “single viral”, Jesucrista Superstar se plantea como una obra total, donde cada canción encuentra su lugar en un recorrido narrativo.
Y sin duda más allá de lo musical la campaña de marketing del disco se merece una mención, al puro estilo Brat de Charlie XCX, el equipo de Rigoberta Bandini se centró en generar una conexión directa y casi epistolar con su público, apelando al boca a boca digital y a la nostalgia millennial, una campaña que ha calado en la generación Z y que ha sabido mantenerse fiel a su estilo cercano e irónico.
En conclusión, tal vez este álbum no nos ha llegado como algo tan provocador como fue en su momento Ay mamà, se aleja de la comodidad de los éxitos anteriores para ofrecer una propuesta más compleja y personal, consolidando su posición como una de las artistas más interesantes y valientes de su generación. Pero sin duda lo que queda claro con este álbum es que Rigoberta tiene la capacidad de con su música hacernos sentir el cariño y la caricia de una amiga que escucha tus problem