The Painter’s Room se adentra a Kærshovedgård, una antigua prisión cuyo uso actual no dista de su pasado represivo.
En The Painter’s Room, la directora catalana Maria Colomer Canyelles se adentra en Kærshovedgård, un centro de deportación danés, y se convierte en la primera cineasta en registrar la vida de sus habitantes.
Hygge, según Wikipedia, se refiere a “una experiencia cotidiana agradable y muy valorada, de seguridad, igualdad, integridad personal y flujo social espontáneo”. Sin embargo, lejos de esa imagen asociada al bienestar danés, existe otra realidad menos visible.
El documental The Painter’s Room, nominado a un Goya 2026, sigue las historias de Artin, un culturista iraní, y de Jahan, un hombre kurdo que da sus primeros pasos en el arte. Ambos sobreviven en una suerte de limbo burocrático, atrapados en la espera interminable de una resolución sobre sus solicitudes de asilo. Mientras la familia de Artin reside legalmente en Dinamarca tras haber obtenido el asilo, la solicitud de Jahan ha sido rechazada en reiteradas ocasiones a lo largo de los años.

La situación de los habitantes del centro es extremadamente compleja. Aunque el lugar puede parecer apacible a primera vista, la vida en Kærshovedgård está lejos de serlo. Sin medios de transporte y con el pueblo más cercano a doce kilómetros, una distancia que debe recorrerse a pie en el frío nórdico, sin posibilidad de trabajar y, en muchos casos, sin ingresos ni pensión alguna, las únicas alternativas parecen ser la fuga o una espera indefinida marcada por la inercia. La comida y la ropa, siempre de segunda mano, escasean, y el hacinamiento es moneda corriente. Cabe señalar que en estos centros no solo viven solicitantes de asilo, sino que también son enviados criminales considerados peligrosos.
Durante sus 23 minutos y 35 segundos, The Painter’s Room les devuelve, al menos simbólicamente, la dignidad a quienes han sido reducidos a la espera. Las imágenes que registran la naturaleza que rodea al centro lo dejan claro: hay un mundo ahí afuera que no parece ser para quienes no tienen papeles. Tomas estáticas de rejas frente a los árboles, animales pastando libremente, el edificio y sus mecanismos de seguridad. El título tampoco es casual: la habitación es el espacio donde fluye la creatividad, un refugio personal construido frente a la imposibilidad. La necesidad de un lugar propio, como la habitación propia de Virginia Woolf, atraviesa el documental de principio a fin.

El retrato que construye Maria Colomer puede resultar, por momentos, ligeramente idealizado; sin embargo, se trata de una decisión estética consciente que busca rescatar la humanidad frente a la deshumanización ejercida por el Estado danés. Pero, ¿qué puede narrarse de una vida en pausa? Las entrevistas revelan la resiliencia de los refugiados, quienes intentan sostener la esperanza y proyectar un futuro en un lugar donde el tiempo parece haberse detenido.
SINOPSIS:
En medio de la idílica Dinamarca se encuentra Kærshovedgård, una antigua prisión que ahora se utiliza como centro de deportación. Entre los residentes se encuentran Artin, un joven culturista iraní, y Jahan, un hombre kurdo que recientemente ha descubierto su pasión por la pintura. En una situación hostil y desoladora, Artin y Jahan buscan maneras de traer esperanza a sus vidas y a las personas que los rodean. (MoreThanFilms)
Ficha técnica:
Título original: The Painter’s Room
Título en inglés: The Painter’s Room
Una película de: Maria Colomer
Año: 2024
Países de producción: España, Dinamarca
Duración: 22 minutos
Idiomas: en kurdo, farsi, danés, inglés
Productoras: Boogaloo Films (España), GotFat Productions (Dinamarca)
Etiquetas: Documental, Derechos humanos, Cortometraje