El empoderamiento femenino no debería ser un acto de rebeldía sino una expresión orgánica de igualdad: Claudia Pinto abre una nueva puerta al cine negro, con los matices esenciales de la sociedad actual. “Es una película que denuncia cosas”: Ana Wagener y Tamara Casellas en Morir no siempre sale bien
Morir no siempre sale bien es una comedia negra dirigida por Claudia Pinto, que tras su paso por el pasado BCN Film Fest, se estrena en las salas españolas este 26 de junio. Esta es una propuesta que atraviesa múltiples capas, entrelazando diversos temas y perspectivas, que enriquecen tanto a la oferta en la industria cinematográfica, como a la frescura del espectador.
La naturalidad aplicada al tratamiento de cada personaje deja mucho que decir, sobre todo en una actualidad en la que todavía se lucha para que las mujeres ocupen su sitio bajo una mirada equitativa e igualitaria. Dos de sus protagonistas nos cuentan qué ha significado para ellas formar parte de este proyecto. Ana Wagener como Inés y Tamara Casellas como Rosario.
Para Ana Wagner esta experiencia le ha permitido la oportunidad de hacer parte de “una película que le da espacio al personaje femenino. A las madres, a las hijas. Reivindica el derecho a la protesta, al pataleo y a la acción.”
Nos recuerda la figura que siempre es capaz de adoptar una madre: la madre coraje. Aquellas que cuando las cosas se ponen mal, y son mujeres que van para adelante con lo que sea.
“Tiene algo muy atractivo, sobre todo en el mundo de hoy, en el que todavía se está luchando por que se les dé un sitio y se les mire como iguales.”
También, Wagener rescata de la interpretación de su personaje la autoconfianza y determinación. Ya que, en casos en los que se está sola, la única posibilidad es confiar en lo que se tiene de una misma.
La historia plantea una situación límite y tensa, que relaciona las decisiones y sus consecuencias de dos familias. Con dinámicas contrarias, paralelas y en circunstancias completamente diferentes, en las que las relaciones de poder, la clase social y la influencia se involucran entre sí. Por esto, es aún más interesante la manera en la que las mujeres se posicionan dentro del argumento, y son las agentes de las situaciones.
En el caso de Tamara Casellas, el personaje que ha interpretado le ha recordado la importancia de luchar por sus propias causas, pero con los valores en alto y sin la necesidad de pisotear a nadie. “A veces hay que tomar decisiones desesperadas, pero hay que ser capaz de hacerlo.”
“No tener miedo a ponerte en tu sitio; a tomar las riendas”
La propuesta de presentar y desarrollar la historia desde una posición en la que es normal y natural que las figuras femeninas, en este caso, las que son parte de una familia, e incluso la sostienen, es un hecho fundamental para avanzar hacia una sociedad donde el empoderamiento femenino no sea un acto de rebeldía sino una expresión orgánica de igualdad. Ya que, como apuntaba Simone de Beauvoir, no se nace mujer, sino que se llega a serlo. Las capacidades de roles hacen parte del constructivismo social patriarcal, por lo que vale la pena el espacio para su reconstrucción. Al desvincular el concepto de empoderamiento de la necesidad de romper estereotipos, y en lugar entenderlo como una realidad inherente, nos permite construir las bases de una convivencia igualitaria y cotidiana.
“Es una película que denuncia cosas”, dice Wagener. Y así lo confirmó el público del BCN Film Fest, que durante el coloquio de la proyección le brindó un recibimiento cálido y agradable. Es una obra con un hilo narrativo basado en paralelismos y complementos; un retrato de la sociedad actual. Mediante situaciones que exponen la brecha entre la realidad y la manera en que nos posicionamos ante ella, el texto interroga los límites de una estructura sistemática que reduce la existencia a dicotomías inapelables: pobre o rico, bueno o malo muerto o vivo.