{"id":7712,"date":"2026-04-13T22:32:15","date_gmt":"2026-04-13T20:32:15","guid":{"rendered":"https:\/\/www.ub.edu\/revistaangle\/?p=7712"},"modified":"2026-04-13T23:57:19","modified_gmt":"2026-04-13T21:57:19","slug":"por-que-american-psycho-es-mas-relevante-que-nunca","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.ub.edu\/revistaangle\/2026\/04\/13\/por-que-american-psycho-es-mas-relevante-que-nunca\/","title":{"rendered":"\u00bfPor qu\u00e9 American Psycho es m\u00e1s relevante que nunca?"},"content":{"rendered":"\n<p><\/p>\n\n\n\n<h5 class=\"wp-block-heading\">Una cr\u00edtica de American Psycho de Bret Easton Ellis<\/h5>\n\n\n\n<p>Una chica rubia inmaculada dice con una voz susurrante que nos mostrar\u00e1 su rutina dermatol\u00f3gica diaria. Comienza a mostrarnos producto tras producto, los cuales aplica sobre su piel con una precisi\u00f3n quir\u00fargica. En lo que describe como una ma\u00f1ana normal, utiliza m\u00e1s de diez frascos. Contin\u00fao haciendo scroll. Un chico joven con el cabello cortado en capas explica, como si de un documental del National Geographic se tratase, c\u00f3mo perciben los humanos la belleza. Medidas, simetr\u00eda, distancia entre los ojos, una mand\u00edbula como la de Sylvester Stallone. M\u00e1s scroll. Otro chico joven. Habla del <em>looksmaxxing<\/em> mientras se golpea la cara con un martillo. Creo que ya es demasiado internet por hoy.<\/p>\n\n\n\n<p>Aparto el m\u00f3vil y pienso en Patrick Bateman.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image size-large\"><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" width=\"1024\" height=\"661\" src=\"https:\/\/www.ub.edu\/revistaangle\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/Disseny-sense-titol-4-1024x661.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-7713\" srcset=\"https:\/\/www.ub.edu\/revistaangle\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/Disseny-sense-titol-4-1024x661.jpg 1024w, https:\/\/www.ub.edu\/revistaangle\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/Disseny-sense-titol-4-300x194.jpg 300w, https:\/\/www.ub.edu\/revistaangle\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/Disseny-sense-titol-4-768x496.jpg 768w, https:\/\/www.ub.edu\/revistaangle\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/Disseny-sense-titol-4.jpg 1440w\" sizes=\"(max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><figcaption class=\"wp-element-caption\">Patrick Bateman en su oficina. Fuente: Meditations in an Emergency<\/figcaption><\/figure>\n\n\n\n<p>Bret Easton Ellis public\u00f3 American Psycho en 1991, despu\u00e9s de que Simon &amp; Schuster cancelara el contrato a pocos meses del lanzamiento. Los empleados de la editorial se hab\u00edan quejado del manuscrito. Grupos feministas organizaron protestas. En Australia se prohibi\u00f3 su venta a menores de dieciocho a\u00f1os (restricci\u00f3n que se mantuvo hasta 2019). Todo esto antes de que casi nadie lo hubiera le\u00eddo. Era, en cierto sentido, la recepci\u00f3n perfecta para un libro sobre c\u00f3mo el esc\u00e1ndalo y el espect\u00e1culo han reemplazado al contenido.<\/p>\n\n\n\n<p>Ellis ten\u00eda poco m\u00e1s de veinte a\u00f1os cuando empez\u00f3 a escribirlo y ya era una figura del circuito literario neoyorquino. Es un dato importante: no escrib\u00eda como un outsider, American Psycho tambi\u00e9n era parte de su realidad. No por nada ha dicho que se trata de su obra m\u00e1s autobiogr\u00e1fica.<\/p>\n\n\n\n<p>Patrick Bateman trabaja en fusiones y adquisiciones en Wall Street, vive en un apartamento de lujo en el Upper West Side y dedica p\u00e1rrafos enteros (p\u00e1ginas enteras, a veces) a describir las marcas de ropa que llevan \u00e9l y sus colegas, Valentino, Armani, Brooks Brothers. Tambi\u00e9n mata gente, aunque eso Ellis lo narra con exactamente el mismo tono de inventario, la misma cadencia, el mismo nivel de detalle. La equiparaci\u00f3n es el gesto literario m\u00e1s radical del libro: en el universo de Bateman, elegir el restaurante correcto y cometer un asesinato ocupan el mismo espacio moral. Todo cabe en la lista. Todo es un rengl\u00f3n m\u00e1s en un <em>to do<\/em> infinito.<\/p>\n\n\n\n<p>Las listas son el recurso formal central de American Psycho. Listas de marcas, listas de platos con sus guarniciones, listas del equipamiento de sonido con especificaciones t\u00e9cnicas. Y, sobre todo, la rutina de belleza matutina de Bateman: exfoliante facial, t\u00f3nico sin alcohol, hidratante con filtro solar, contorno de ojos, mascarilla de algas. P\u00e1ginas enteras. En 1991 eso sonaba a parodia. Hoy suena a tutorial. La chica del principio de este texto y Patrick Bateman comparten algo m\u00e1s que la cantidad de productos: comparten la l\u00f3gica. El cuerpo como proyecto, la belleza como problema t\u00e9cnico con soluci\u00f3n t\u00e9cnica, la identidad como resultado de aplicar los pasos correctos en el orden correcto.<\/p>\n\n\n\n<p>El <em>looksmaxxing<\/em> (ese t\u00e9rmino nacido en los foros m\u00e1s sombr\u00edos de internet para denominar a la optimizaci\u00f3n f\u00edsica total, que puede incluir desde rutinas de <em>skincare<\/em> hasta cirug\u00edas de maxilar o el recientemente viral <em>bone smashing,<\/em> que consiste literalmente en golpearse la cara para estimular el crecimiento \u00f3seo) es esta misma idea llevada a su conclusi\u00f3n m\u00e1s extrema. Es la consecuencia de una cultura que lleva d\u00e9cadas dici\u00e9ndonos que el cuerpo es algo que se trabaja y se mejora. La cultura de la optimizaci\u00f3n, como si de sistemas operativos se tratase. Ellis lo describi\u00f3 hace treinta y cinco a\u00f1os con un personaje que todos entend\u00edan como un monstruo. En alg\u00fan momento del camino perdimos esa distancia y el monstruo se convirti\u00f3 en referente.<\/p>\n\n\n\n<p>Lo interesante es que la l\u00f3gica del <em>looksmaxxing<\/em> no se limita a los foros de <em>incels<\/em> ni a los casos m\u00e1s extremos. Se ha colado en la realidad de formas mucho m\u00e1s sutiles. La industria del <em>skincare <\/em>femenino ha construido en la \u00faltima d\u00e9cada un aparato de complejidad creciente y bastante dif\u00edcil de justificar: rutinas de quince o veinte pasos que incorporan t\u00f3nicos, esencias, ampollas, s\u00e9rum de vitamina C, niacinamida, retinol en distintas concentraciones, \u00e1cido hialur\u00f3nico, SPF, base, fijador. Rutinas de <em>skincare<\/em> para ni\u00f1os, botox preventivo. Nuevamente: la lista es infinita. El gasto mensual de muchas j\u00f3venes en estos productos equivale a una parte sustancial de su sueldo. Nadie lo llama optimizaci\u00f3n f\u00edsica porque suena a autocuidado, a bienestar, a quererse. Pero la promesa que hay debajo es exactamente la misma que la del marketing de perfumes en los a\u00f1os cincuenta: si compras esto, ser\u00e1s aceptada, incluso amada. La diferencia es que ahora el ritual tiene veinte pasos y un tutorial en YouTube lleno de comentarios alimentando al monstruo.<\/p>\n\n\n\n<p>Bateman tambi\u00e9n es, y esto se comenta menos, una figura profundamente representativa de lo que hoy llamamos masculinidad alfa. Su mundo entero es una competici\u00f3n de estatus permanente y cuantificable: la tarjeta de visita perfecta como arma, el restaurante imposible de conseguir como criterio de val\u00eda, la conversaci\u00f3n con sus colegas como guerra de posicionamiento en la que nadie escucha porque todos est\u00e1n demasiado ocupados vigilando qui\u00e9n lleva mejor traje. Los personajes masculinos del libro son intercambiables (se confunden sus nombres constantemente, un gag que Ellis sostiene durante toda la novela) porque en un universo donde todos llevan los mismos trajes y repiten las mismas frases hechas, la individualidad colapsa. Esta din\u00e1mica (el valor del hombre como algo demostrable y jer\u00e1rquico) es exactamente la que articula hoy toda una industria de gur\u00fas del desarrollo personal masculino, de canales que ense\u00f1an a proyectar confianza, a dominar el lenguaje corporal, a <em>maximizar<\/em> el atractivo. Bateman, de ser contempor\u00e1neo, habr\u00eda suscrito este vocabulario sin ning\u00fan problema.<\/p>\n\n\n\n<p>Y luego est\u00e1 el fen\u00f3meno quiz\u00e1s m\u00e1s impactante: lo que ha pasado con la recepci\u00f3n del propio libro. <em>American Psycho<\/em> es hoy un cl\u00e1sico estudiado en universidades, pero es tambi\u00e9n una fuente inagotable de memes en los que Bateman aparece como figura <em>cool<\/em>. Un modelo de autodisciplina, de ambici\u00f3n sin disculpas, de hombre que no se deja llevar por las emociones. La adaptaci\u00f3n cinematogr\u00e1fica de Mary Harron (2000), con un Christian Bale que entendi\u00f3 perfectamente el componente de comedia negra, ayud\u00f3 a popularizar esta lectura. La s\u00e1tira se convirti\u00f3 en su propio objeto de admiraci\u00f3n. Ellis escribi\u00f3 un monstruo y el algoritmo lo convirti\u00f3 en <em>influencer<\/em>. Hay algo muy <em>Batemaniano <\/em>en este fen\u00f3meno, la forma perfecta, el contenido vac\u00edo.<\/p>\n\n\n\n<p>El mundo f\u00edsico que habita Bateman tambi\u00e9n ha envejecido hacia adelante. Sus apartamentos, restaurantes y oficinas son lugares perfectamente dise\u00f1ados y sin ning\u00fan car\u00e1cter particular. La decoraci\u00f3n siempre correcta: m\u00ednima, cara, intercambiable. \u00bfVerdad que se parece a muchos pisos de influencers que vemos por redes? Ellis buscaba que la decoraci\u00f3n representase el vac\u00edo interior del personaje. En su casa no hay retratos de familiares, no hay arte especialmente expresivo, todo tiene una etiqueta con un precio caro y eso es lo \u00fanico que representa, su estatus. Hoy, es la est\u00e9tica dominante. Los algoritmos de Instagram han propagado un \u00fanico ideal visual que ha suprimido la rareza y el regionalismo: paredes blancas, madera clara, mesas de m\u00e1rmol. Podr\u00edas estar en un apartamento de Barcelona, de Berl\u00edn o de Nueva York y no saberlo. El lujo contempor\u00e1neo tampoco vende objetos: vende reconocimiento. El logo repetido hasta la saturaci\u00f3n en un bolso de Louis Vuitton no pretende ser hermoso en ning\u00fan sentido cl\u00e1sico. Pretende ser legible, es decir, pretende se\u00f1alar el estatus de quien lo lleva. La marca como identidad, el logo como yo. Ellis presentaba esto como horror, como falta de sustancia, hoy en d\u00eda es aspiraci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Todo esto conecta con algo que la novela plantea de fondo y que resulta cada vez m\u00e1s dif\u00edcil de ignorar: la pregunta sobre qu\u00e9 queda del yo cuando se retiran las capas de consumo. Bateman no sabe qui\u00e9n es fuera de lo que lleva puesto, de d\u00f3nde cena, qu\u00e9 tarjeta de visita saca. Sus intentos de confesi\u00f3n (hay varios a lo largo del libro, no solo el final, y bastante m\u00e1s claros en la pel\u00edcula) siempre fracasan, no porque nadie le crea sino porque nadie le escucha, porque en su entorno la informaci\u00f3n personal no circula, solo circulan se\u00f1ales de estatus. El cap\u00edtulo final, en el que confiesa expl\u00edcitamente y recibe como respuesta una correcci\u00f3n menor sobre una reserva de restaurante, puede leerse como el momento en el que Ellis abandona cualquier pretensi\u00f3n de que el libro tenga resoluci\u00f3n. No hay catarsis, ni consecuencias. Hay una frase escrita en una pared: <strong><em>THIS IS NOT AN EXIT<\/em>.<\/strong> Que sea tambi\u00e9n la frase con la que cierra la novela es accidental.<\/p>\n\n\n\n<p>Hay una cr\u00edtica leg\u00edtima que hacerle al libro y es que las escenas de violencia extrema (especialmente las dirigidas contra mujeres) no ofrecen distancia emocional. Ellis las narra con la misma frialdad con la que narra todo lo dem\u00e1s, y esa equiparaci\u00f3n, que es su apuesta formal m\u00e1s arriesgada, tiene un coste real para muchos lectores. La cr\u00edtica feminista que recibi\u00f3 el libro no estaba equivocada, se\u00f1alaba algo verdadero sobre la posici\u00f3n desde la que fue escrito. Que la novela tenga ambici\u00f3n cr\u00edtica genuina no anula esa incomodidad. Ambas cosas son ciertas al mismo tiempo, y cualquier lectura honesta del libro tiene que sostener esa tensi\u00f3n sin resolverla f\u00e1cilmente hacia ninguno de los dos lados.<\/p>\n\n\n\n<p>Y sin embargo, <em>American Psycho<\/em> sigue siendo una de las novelas m\u00e1s l\u00facidas sobre el capitalismo de consumo escritas en las \u00faltimas d\u00e9cadas. Se inscribe en una tradici\u00f3n que va del g\u00f3tico americano de Poe a la s\u00e1tira feroz de Swift, pasando por la metaficci\u00f3n posmoderna de DeLillo (con quien Ellis comparte la obsesi\u00f3n por la marca y el ruido blanco del consumo), pero la lleva a un lugar donde ninguno de ellos hab\u00eda llegado: el vac\u00edo total como principio constructivo. Un libro sobre la nada construido formalmente sobre la nada, sin desarrollo de personaje, sin arco emocional, sin epifan\u00eda. Bateman al final es exactamente igual que al principio. Eso, en t\u00e9rminos literarios, es una decisi\u00f3n muy dif\u00edcil de sostener.<\/p>\n\n\n\n<p>Leer <em>American Psycho<\/em> en 2026 no es leer sobre los a\u00f1os ochenta. Es leer sobre ahora, con la sensaci\u00f3n desagradable de que Ellis sab\u00eda exactamente ad\u00f3nde \u00edbamos. El <em>looksmaxxing<\/em>, los hombres alfa, las rutinas de belleza de veinte pasos, la nueva <em>logoman\u00eda<\/em> de las marcas, los interiores cl\u00f3nicos de <em>Airbnb<\/em>, los <em>feeds<\/em> de Instagram como inventario de estatus: todo esto es Bateman. El libro funcionaba porque el lector sab\u00eda que era un monstruo. El problema de nuestro presente es que hemos perdido esa distancia. Los chicos que aprenden a golpearse la cara para mejorar su estructura \u00f3sea no leen sus acciones como horror; las leen como optimizaci\u00f3n racional. Las influencers que aplican catorce productos sobre su piel no hacen una performance ir\u00f3nica sobre el vac\u00edo del consumo; hacen tutoriales de autocuidado. La forma se mantiene, pero no as\u00ed el marco interpretativo. Y es dif\u00edcil situar ese cambio en el tiempo, ni explicar exactamente c\u00f3mo pas\u00f3.<\/p>\n\n\n\n<p>Hay un mecanismo concreto en todo esto que <em>American Psycho<\/em> describe con m\u00e1s precisi\u00f3n que cualquier ensayo de sociolog\u00eda: la disociaci\u00f3n. Bateman es capaz de compartimentar su vida de una manera que, le\u00edda cl\u00ednicamente, remite a los rasgos del trastorno de personalidad antisocial. No siente culpa ni conecta sus actos con sus consecuencias. Vive en una superficie tan pulida que nada penetra. Y esto, que en 1991 era la caracterizaci\u00f3n de un psic\u00f3pata, describe con bastante exactitud algo que hoy se premia socialmente. La capacidad de no afectarse, de no implicarse emocionalmente con lo que se consume. Recuerda a estas ofertas laborales que piden gente \u201ccon alta capacidad para trabajar bajo estr\u00e9s\u201d. Resuena tambi\u00e9n a nuestros h\u00e1bitos de consumo. Como por ejemplo el comprar ropa fabricada en condiciones inhumanas sin que eso interfiera con el placer de recibirla.<\/p>\n\n\n\n<p>El consumo desmedido requiere una cierta psicopat\u00eda funcional para sostenerse. No la variante cinematogr\u00e1fica, con violencia expl\u00edcita y ausencia total de empat\u00eda, sino una versi\u00f3n m\u00e1s cotidiana y m\u00e1s dif\u00edcil de detectar: la habilidad de mantener dos realidades paralelas sin que interfieran entre s\u00ed. S\u00e9 que este bolso lo ha cosido alguien en condiciones que no elegir\u00eda para nadie que conozca y lo compro igualmente. S\u00e9 que este vuelo <em>low cost <\/em>contribuye a algo que me preocupa en abstracto, y lo compro de todas formas. Es una disociaci\u00f3n entrenada, y,&nbsp; la cultura del consumo lleva d\u00e9cadas perfeccionando las t\u00e9cnicas para entrenarla.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image size-large\"><img decoding=\"async\" width=\"1024\" height=\"661\" data-src=\"https:\/\/www.ub.edu\/revistaangle\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/Disseny-sense-titol-6-1024x661.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-7717 lazyload\" data-srcset=\"https:\/\/www.ub.edu\/revistaangle\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/Disseny-sense-titol-6-1024x661.jpg 1024w, https:\/\/www.ub.edu\/revistaangle\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/Disseny-sense-titol-6-300x194.jpg 300w, https:\/\/www.ub.edu\/revistaangle\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/Disseny-sense-titol-6-768x496.jpg 768w, https:\/\/www.ub.edu\/revistaangle\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/Disseny-sense-titol-6.jpg 1440w\" data-sizes=\"(max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" src=\"data:image\/svg+xml;base64,PHN2ZyB3aWR0aD0iMSIgaGVpZ2h0PSIxIiB4bWxucz0iaHR0cDovL3d3dy53My5vcmcvMjAwMC9zdmciPjwvc3ZnPg==\" style=\"--smush-placeholder-width: 1024px; --smush-placeholder-aspect-ratio: 1024\/661;\" \/><figcaption class=\"wp-element-caption\">Patrick Bateman en su ic\u00f3nico chubasquero transparente. Fuente: Film-resenzionen.de<\/figcaption><\/figure>\n\n\n\n<p>La gran aportaci\u00f3n de Ellis, vista desde aqu\u00ed, es haber tomado esa disociaci\u00f3n y haberla empujado hasta el extremo para que fuera visible. Bateman no es una anomal\u00eda: es una exageraci\u00f3n. Un experimento, \u00bfqu\u00e9 pasa si alguien vive la l\u00f3gica del consumo sin ning\u00fan freno interno, sin ninguna capa de racionalizaci\u00f3n que suavice las aristas? Lo que pasa, dice Ellis, es Bateman. Lo que pasa es que la violencia y el s\u00e9rum facial tienen la misma textura narrativa porque en ese mundo, en el fondo, la tienen. El horror del libro no es que Bateman sea un asesino cruel. El horror es que, antes de matar, Bateman es perfectamente reconocible. Es alguien que podr\u00edamos haber sentado a nuestro lado en una cena sin que nada llamara la atenci\u00f3n. Alguien que habla de lo mismo de lo que hablamos todos: de trabajo, de restaurantes, de ropa, de dinero.<\/p>\n\n\n\n<p>Zygmunt Bauman, en <em>Vida de consumo<\/em>, describi\u00f3 la sociedad contempor\u00e1nea como una en la que los individuos han dejado de ser ciudadanos para convertirse en consumidores: sujetos cuya identidad, valor social y sentido de pertenencia est\u00e1n mediados por el mercado. Eso implica tambi\u00e9n una cierta educaci\u00f3n sentimental y una cierta falta de empat\u00eda con quienes componen nuestro entorno. Estamos aislados, por voluntad propia. Aprendemos a relacionarnos con los objetos de una manera que luego trasladamos a las personas: como cosas que se eligen, se usan, se descartan cuando dejan de cumplir su funci\u00f3n o aparece una versi\u00f3n m\u00e1s nueva. Las aplicaciones de citas han hecho visible este mecanismo de una manera que antes permanec\u00eda m\u00e1s oculta (el scroll de perfiles como cat\u00e1logo, el match como adquisici\u00f3n, el ghosting como devoluci\u00f3n sin recibo), pero la l\u00f3gica no es nueva. Es la misma l\u00f3gica que Bateman aplica a todo: personas, objetos, experiencias. Todo tiene el mismo peso. Todo es reemplazable.<\/p>\n\n\n\n<p>Nadie est\u00e1 diciendo que seamos asesinos en serie. Pero s\u00ed que el sistema en el que vivimos nos ha ense\u00f1ado, con mucha paciencia y mucha publicidad, a comportarnos de maneras que, en un contexto distinto, llamar\u00edamos preocupantes. A desconectarnos del origen de lo que consumimos. A medir el valor de las cosas (y de las personas) por su utilidad inmediata. A priorizar la apariencia sobre el contenido, la se\u00f1al sobre la sustancia, el logo sobre el objeto. A construir identidades que son b\u00e1sicamente listas de consumo. Bateman hace todo esto. Y Ellis lo sab\u00eda, y por eso Bateman no es un alien ca\u00eddo de otro planeta sino alguien que trabaja en una oficina, va al gimnasio, cena bien y lleva buenos zapatos. La pregunta inc\u00f3moda que plantea el libro, y que treinta y cinco a\u00f1os despu\u00e9s sigue sin respuesta, es cu\u00e1nto de eso reconocemos en nosotros mismos si miramos con cuidado, si dejamos de hacer memes, si nos quitamos la mascarilla facial. En palabras de Ellis:<em> \u00bfes la maldad algo que haces o algo que eres? <\/em>En fin, todo esto son cavilaciones, porque <em>this is not an exit.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Una cr\u00edtica de American Psycho de Bret Easton Ellis Una chica rubia inmaculada dice con una voz susurrante que nos mostrar\u00e1 su rutina dermatol\u00f3gica diaria. Comienza a mostrarnos producto tras producto, los cuales aplica sobre su piel con una precisi\u00f3n quir\u00fargica. 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