Skip to main content
150

El Edificio Histórico celebra 150 años

La sede de la UB es uno de los edificios más emblemáticos de la ciudad y ha sido testigo de los principales eventos históricos del país

Tras el regreso —largamente esperado y demandado— de la Universidad a la capital de Cataluña en 1837, la construcción del edificio representaba la concreción del anhelo de devolver la Universidad a la ciudad tras el aniquilamiento que significó el Decreto de Nueva Planta y demostraba el compromiso firme que la enseñanza superior debía tener en Barcelona, y por extensión en el país, como una de las estructuras necesarias e imprescindibles de una sociedad que iniciaba el camino hacia la modernidad.

«La construcción del Edificio Histórico expresa la continuidad de un proyecto y la apuesta por la modernidad»

Este año se cumplen 150 años de la inauguración del Edificio Histórico de la Universidad de Barcelona. Un hito muy significativo, ya que después del retorno —largamente esperado y demandado— de la Universidad a la capital catalana, en 1837, la construcción del edificio representaba la concreción del anhelo de devolver la universidad a la ciudad después de la aniquilación que significó el Decreto de Nueva Planta y demostraba el compromiso firme que la enseñanza superior debía tener en Barcelona, y por extensión en el país, como una de las estructuras necesarias e imprescindibles de una sociedad que iniciaba el camino hacia la modernidad.

El Edificio Histórico ocupa un lugar relevante en el marco de los edificios emblemáticos de la ciudad, pero durante toda su historia se ha centrado sobre todo en el ámbito universitario. Este aniversario quiere significar también la apertura definitiva del edificio en la ciudad y en el país.

Históricamente, es uno de los primeros edificios construidos fuera de las murallas, e inaugura el Eixample. Para el arquitecto Jordi Rogent, bisnieto de Elies Rogent, el arquitecto del Edificio Histórico, gran conocedor de la obra de su bisabuelo, la ubicación actual se decidió «tras el intento fracasado de ubicar el nuevo edificio de la Universidad Literaria en el solar del convento del Carmen, en el Raval, producto del derribo del edificio que la Universidad había ocupado cuando regresó a Barcelona, y en un momento en que Barcelona estaba decidiendo cómo sería el Eixample, quedó claro que el nuevo edificio debía estar fuera de la ciudad consolidada». Lo que poca gente sabe es que hubo tres propuestas de ubicación distintas: «el arquitecto municipal Francesc Daniel i Molina la proponía cerca del actual parque de la Ciutadella; Ildefons Cerdà, cerca de la plaza de las Glòries, y Elies Rogent, en el cruce entre la Gran Via y el paseo de Gràcia”. Por último, se decidió ubicarla donde está ahora porque eran terrenos propiedad del Estado, lo que abarataba y facilitaba la operación. Además, «se construía una gran plaza en frente que la acercaba a la ciudad de ese momento, y que «inauguraba» el Eixample».

Para Rogent, «la posición, alineada con la calle más ancha del Eixample y abierta a la plaza que le ligaba con la ciudad del momento, pero que no coincide con la cuadrícula de Cerdà, ayuda a tener la sensación de no formar parte del skyline de la ciudad».

Desde el punto de vista arquitectónico, «Rogent plantea un edificio simétrico, con los espacios laterales destinados a estudios diferentes y un vestíbulo en la zona central, con gran relevancia tanto en superficie —accesos, conexión con el jardín posterior, distribución hacia las zonas de estudio y las más representativas y de administración— como formal —es por dónde entrarán los profesores y los visitantes esporádicos—. Diseña una retícula de espacios conectados entre sí en ambos sentidos, una solución muy similar a la del vestíbulo de la Biblioteca Estatal de Baviera en Múnich, que había visitado en 1855. Pero la aportación que hace Rogent a la formalización de este espacio es la colocación de columnas frente a los cuatro extremos de los pilares cruciformes que sostienen las bóvedas en lo que creo que es una reinterpretación de los pilares de la nave de la iglesia de Sant Pere de Rodes, que conocía desde los primeros años cincuenta y que representaba uno de los momentos importantes de la historia de la arquitectura catalana».

Por otra parte, en estos 150 años la historia del Edificio Histórico ha estado muy vinculada a los eventos del país. Una de las personas que conoce mejor este tema es el catedrático de la Facultad de Geografía e Historia Francesc Gracia, coautor de La Universitat de Barcelona. Libertas perfundet omnia luce (1450). Según Gracia, «la elección de la situación del edificio de la Universidad no fue casual. Marcaba el nuevo límite de la ciudad de Barcelona una vez derribadas las murallas y su situación estratégica permitía controlar las calles de enlace entre la ciudad vieja y el Eixample. Por esa razón será utilizada como punto fuerte en los movimientos políticos a lo largo del siglo XX». Desde el punto de vista simbólico, «el relato histórico en el apoyo de la monarquía borbónica necesitaba evidenciar los poderes del Estado y sus referentes culturales en Cataluña. Como Barcelona no disponía ni de biblioteca provincial ni de un museo arqueológico, el edificio de la Universidad —con un lenguaje arquitectónico que evocaba un cuartel cerrado y fortificado—, su profesorado y sus enseñanzas quedaron como el principal referente de la cultura española hasta finales de los años setenta, con clara vocación elitista. La UB tuvo un papel decisivo en el proceso de estructuración del poder de la monarquía alfonsina en Catalunya, tanto de forma práctica como ideológica y visual».

En cuanto al edificio como epicentro y caja de resonancia de los movimientos políticos y sociales, «siempre ha sido un referente en las luchas políticas y sociales en Catalunya y, por extensión, en todo el Estado», en palabras de Gracia. «En la documentación gráfica correspondiente a principios del siglo XX—prosigue Gracia—, vemos indefectiblemente la presencia del Edificio Histórico en los actos más solemnes, ya sea con la monarquía borbónica o con la Segunda República, junto a los gobernadores militares y los cabecillas de la Iglesia católica, hecho que destaca el binomio entre espada y religión como representación de los poderes reales del Estado en Cataluña y la Universidad». Esta exhibición del poder del Estado sobre la Universidad ha provocado tensiones, que han hecho que «el edificio haya sido el centro de acciones políticas. Las huelgas estudiantiles fueron frecuentes en la década de 1910-1920 y aumentaron a lo largo de la dictadura de Primo de Rivera, que destituyó a profesores y decanos a voluntad. En julio de 1936, una parte de las tropas sublevadas se atrincheraron en la Universidad y abrieron fuego contra los civiles armados que se posicionaron al inicio de la calle Pelayo y junto al mar de la plaza. Durante la Guerra Civil se destaca el uso de los laboratorios y dependencias para contribuir al esfuerzo de guerra; la apertura de un refugio antiaéreo que conectaba con la línea del metro y los bombardeos del año 1938 que afectaron al edificio. La etapa franquista vivió también las luchas políticas en la Universidad. Las entradas de los miembros de la policía eran constantes y actuaban con la ayuda de los miembros del SEO, que campaban por todo el edificio denunciando catalanistas y opositores. También tenemos elementos oscuros en nuestro pasado: los durísimos períodos rectorales de Gómez del Campillo —admirador de los nazis—, Luño Peña —conocido con el mote de Puño y Leña por su brutal represión— o García Valdecasas ya en el tardofranquismo».



Lejos de los eventos que han vinculado el edificio a la realidad política y social, a lo largo de sus 150 años de historia, la sede central de la UB se ha consolidado también como una potente fuente de inspiración de los mundos de la ficción literaria. Para la profesora de la Facultad de Filología y Comunicación Gemma Márquez, el edificio es muy propicio a situar todo tipo de relatos: «Los espacios más mundanos, como los patios o el bar, han dado pie a escenas cotidianas de tipo realista, mientras que la Biblioteca de Letras, por ejemplo, ha servido para historias donde son clave el misterio y la revelación de secretos. Esto último, por cierto, no es de extrañar: el Edificio Histórico tiene rincones fascinantes, como la sección de hebreo de la Biblioteca de Letras, donde tan pronto se podría aparecer el rabino Loew como la profesora McGonagall. Si a esto le añadimos que, según la hora del día, la fisonomía de las facultades cambia notablemente, el edificio se convierte en un catálogo de escenarios que espolea la fabulación en todas las direcciones». En este sentido, existe otro aspecto que le convierte en fuente de creación literaria: la historia que se ha vivido en ella. Hay que tener en cuenta la singularidad del momento vital en el que la mayoría de escritores ha pasado por la Universidad: la juventud, una fase de descubrimiento y expectativas todavía no clausuradas y la reflexión que provoca el paso de tiempo: desde el intento de captar aquella vitalidad sin la interferencia del desencanto, como hacen Joan Maragall, Carmen Laforet o Montserrat Roig, hasta el tono elegíaco de Maria Àngels Anglada, nutrido por la conciencia plena de la pérdida. También existe la evocación crítica de Pla o el orgullo reivindicativo de quien participó en iniciativas políticas decisivas, como es el caso de Maria Aurèlia Capmany o Teresa Pàmies en las Jornadas Catalanas de la Mujer».

Por último, damos la palabra al vicerrector de Patrimonio y Actividades Culturales y profesor en la Facultad de Geografía e Historia, Agustí Alcoberro, que es el artífice de la iniciativa para celebrar este 150 aniversario. «El 1 de octubre de 1872 se leyó la primera lección inaugural en el Edificio Histórico. Esto significa que hace 150 años que la Universidad de Barcelona está en la plaza de la Universidad. La nuestra es una institución que nació en 1450. Tenemos más de cinco siglos de historia, pero sufrimos una terrible censura en 1714, cuando, debido a la victoria borbónica sobre Cataluña, la Universidad fue desterrada en Cervera durante más de un siglo. La construcción del Edificio Histórico, a partir del año 1863, expresa la continuidad de un proyecto, a la vez que la apuesta por la modernidad, ya que fue el primer edificio público construido en el Eixample. Estos dos ejes, continuidad y cambio, historia y futuro, son la razón de ser de la institución universitaria. La universidad preserva y transmite el saber colectivo, a la vez que busca e innova», manifiesta el vicerrector. A su juicio, el motivo de celebración de este aniversario es «dedicarlo a toda la comunidad universitaria: nos interesan las vivencias de todas las generaciones de estudiantes, profesores y personal no docente. Y también, sobre todo, apostar por la apertura de la Universidad en la ciudad y en el país. Ésta es la Universidad de Barcelona, cabeza y casa de Cataluña y capital de la Europa mediterránea».

<b>Francesc Gracia</b>, catedrático de la Facultad de Geografía e Historia
<b>Gemma Márquez</b>, profesora de la Facultad de Filologia y Comunicación
<b>Agustí Alcoberro</b> vicerrector de Patrimonio y Actividades Culturales
<b>Jordi Rogent</b>, arquitecto
<b>Maria Elena Maseras </b>(1853-1905) fue la primera mujer de España que se matriculó en esta universidad, concretamente en Medicina, el curso 1872-73. Fue indicativo de los cambios sociales que vivió el nacimiento del Edificio Histórico.
<i><b>Merlí</i></b>. Aunque el edificio ha sido escenario de varias producciones cinematográficas a lo largo de su historia, la serie <i>Merlí. Sapere aude </i>ha dado un gran empujón a la visibilidad del Edificio Histórico.
<b>Personalidades.</b> Aparte del conocido premio Nobel Santiago Ramón y Cajal, la gran mayoría de los representantes más destacados de la cultura y ciencia catalanas han pasado por las aulas del Edificio Histórico. El pasado año, con motivo del 30 aniversario de la muerte de Montserrat Roig, un espacio del Jardín del Edificio Histórico fue bautizado con su nombre.