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Ayuda durante la COVID-19

COVID-19: Trabajo y desigualdades

La pandemia ha acelerado cambios en las formas de trabajar y ha puesto en evidencia sesgos de género en el mundo laboral.

La pandemia de COVID-19 ha motivado una crisis económica, tal como explicamos en un reportaje anterior, que se manifiesta en el mercado de trabajo. Ha provocado cambios en la manera de trabajar y ha causado más paro sobre todo en determinados grupos de trabajadores, con toda la problemática social que ello conlleva.

Las personas con niveles más bajos de educación han sufrido más las consecuencias de la pandemia.

La catedrática de Sociología Marta Soler explica que la situación de pandemia ha acelerado cambios en las formas de trabajo que ya se estaban dando: «Se exige cada vez más el dominio de las herramientas en línea, incluidas plataformas digitales y redes sociales, y cómo aplicarlas para que funcionen y aporten mejoras». Según Raúl Ramos, catedrático de la Facultad de Economía y Empresa, «se ha establecido una nueva organización del trabajo que, en algunos sectores, como el de las finanzas, continuará después de la pandemia, y en otros, aunque se recupere la presencialidad, también se mantendrán algunos de los cambios en la manera de trabajar surgidos durante el confinamiento».

En todo caso, la gran consecuencia negativa de la COVID-19 ha sido el paro. «El confinamiento durante el primer estado de alarma y las medidas para contener la pandemia tuvieron efectos dramáticos en el mercado de trabajo: en España, un 8 % de la población se quedó en el paro y un 17 % se quedó sin trabajo temporalmente debido a los expedientes de regulación temporal de empleo (ERTE)», señala la profesora Lidia Farré. Los ERTE, que son una nueva herramienta en políticas de empleo utilizada por primera vez en esta crisis, «han permitido que el paro no haya crecido tanto si se compara con crisis anteriores, pero aun así ha habido un gran número de contratos temporales que no se han renovado», explica Raúl Ramos.

Así pues, el paro ha afectado más a los colectivos con más incidencia de contratos temporales, como por ejemplo los jóvenes y los trabajadores inmigrantes. Según la Encuesta de población activa, la tasa de desempleo para las personas de menos de 25 años se situó a finales de 2020 casi en un 40 %, lo que supone casi tres veces la tasa de desempleo global, cuando normalmente esta ratio suele doblar dicha tasa. De hecho, mientras que la ocupación en Cataluña cayó un 4 % entre el cuarto trimestre de 2019 y el cuarto trimestre de 2020, esta caída fue del 37,4 % para las personas de entre 16 y 19 años, y del 11,4 % para las que tienen entre 20 y 24 años.

La profesora Judit Vall destaca las desigualdades entre grupos de trabajadores respecto a las consecuencias de la pandemia: «Algunas personas han sufrido más intensamente los efectos de la reducción de la demanda en sus sectores, así como las restricciones de movilidad. A escala sectorial, los trabajadores del sector servicios, donde predomina un trato muy cercano con el cliente, han tenido menos oportunidades de desarrollar sus tareas a través del teletrabajo». Además, aquí también influye el factor de la temporalidad: «El sector servicios tiene una alta incidencia de contratación temporal y eso se ha traducido en que muchos de sus trabajadores no se han podido mantener en la situación de ERTE durante todos los meses de pandemia y han acabado perdiendo el trabajo y engordando las listas del desempleo».

Además de las diferencias por sectores, la pandemia ha hecho que se refuercen las desigualdades, por ejemplo, según el nivel educativo. «Las personas con un nivel de educación más bajo llevan a cabo tareas más manuales y, por tanto, tienen más dificultades para convertirse al teletrabajo. En consecuencia, ha habido mayor pérdida de puestos de trabajo entre estos colectivos. Y los que han conseguido mantener el trabajo presencial, porque son trabajadores esenciales, han estado más expuestos al riesgo de contagio por el virus. Por lo tanto, más desigualdades en términos laborales, y también en términos de salud», apunta Judit Vall.


Investigadores de la Facultad de Economía y Empresa de la UB
De izquierda a derecha, Elisabet Almeda, Marta Soler, Judit Vall y Raúl Ramos.


Género, trabajo y pandemia

«A raíz de la pandemia, las mujeres dedican más tiempo a las tareas domésticas y el cuidado de niños, debido a las restricciones en las actividades académicas, las extraescolares y los servicios no esenciales». Así introduce Lidia Farré el tema de la desigualdad de trabajo y género durante la COVID-19. Y continúa: «Este incremento de la dedicación de la mujer al trabajo no remunerado puede tener efectos perversos en su desarrollo personal a largo plazo».

«La COVID-19 ha hecho que aumenten las desigualdades sociales en general, pero especialmente las desigualdades de género, las cuales todavía se acentúan más si también tenemos en cuenta la clase social, la comunidad a la que se pertenece, la nacionalidad, la etnia, la edad o la identidad de género y sexual», que son variables que pueden incrementar aún más la vulnerabilidad de las mujeres en el periodo de pandemia, según señala Elisabet Almeda, catedrática de Sociología. «Las mujeres están ocupadas mayoritariamente en el sector servicios, y muchas de ellas específicamente en los sectores considerados esenciales, lo que hace que estén más cerca de las consecuencias negativas de la pandemia, como la muerte, el cansancio, el estrés o la apatía», alerta la investigadora.

Ejemplos de estos trabajos son los de cuidado, de asistencia, de limpieza o de higiene, «trabajos feminizados de siempre que no están valorados económica y salarialmente como tocaría, aunque en pandemia se ha visto cuál es su importancia y prioridad», afirma Almeda. «Definitivamente, la pandemia pone de relieve la importancia de los cuidados para la sostenibilidad de la vida y la poca visibilidad que todavía tiene este sector en nuestras economías», concluye. Ante ello, se necesitan «políticas públicas feministas que pongan en el centro la vida y el cuidado de las personas, que apoyen, valoren y compensen económicamente, de una vez por todas, los trabajos relacionados con esa labor».

Sobre este papel que pueden tener las políticas públicas en la sociedad post-COVID-19, la catedrática Marta Soler afirma que «la situación de pandemia, y la crisis económica que se deriva de ella, ha traído un aumento de las desigualdades, pero a la vez una mayor sensibilidad social que generará más apoyo a los programas para superarlas».

Economía en pandemia
Teletrabajo
El paro ha afectado más a los colectivos con contratos temporales