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Clamor por la paz

La UB se moviliza por Ucrania

El rector reclama acciones urgentes para hacer frente a las consecuencias de la guerra

La universidad debe estar presente cuando la sociedad la necesita. Así lo apuntó el rector de la UB, Joan Guàrdia: «No solo estamos para comprender el mundo, sino también para transformarlo». Este fue el corolario de un acto que sirvió para mostrar el apoyo de la comunidad UB a la población de Ucrania frente a la cruenta invasión rusa.

«Vamos hacia un enfrentamiento de civilizaciones, las que defienden la tradición frente a la decadente cultura occidental»

Una vez más, el Paraninfo fue el escenario solemne de la movilización de la UB en favor de la paz, la democracia y el respeto a los derechos humanos. Ahora con Ucrania y en el pasado con Irak, Yemen, Palestina o el Sáhara. «Ante la oscuridad de la guerra, la universidad debe ser un faro de esperanza y un espacio en el que la ciencia vuelva a demostrar que otro mundo es posible», afirmó Guàrdia. Un deseo compartido por todos los que estaban presentes.

El acto empezó con un riguroso minuto de silencio en homenaje a las víctimas del conflicto. A continuación, el periodista de TV3, Manel Alías, y el profesor de Derecho de la UB, Josep Baqués, participaron en la mesa redonda «El relato de la paz». Alías, un excelente conocedor de la idiosincrasia rusa —su experiencia tras más de siete años como corresponsal está recogida en el oportuno libro Rússia, l’escenari més gran del món (Ara Llibres, 2021)—, atribuyó la responsabilidad del conflicto al presidente de Rusia, Vladimir Putin: «Putin se ha ido calentando y ha ido acumulando rencor. Nadie podía imaginar un ataque de estas características contra Ucrania». Por su parte, Baqués pidió que se entendiera el conflicto desde una perspectiva geopolítica: «Putin sabe que, históricamente, todas las amenazas para Rusia han llegado por el pasillo que atraviesa Ucrania. Esto no va del Donbass, sino del acercamiento de la esfera de la OTAN a fronteras rusas».

Más allá de denunciar la deriva represiva del régimen ruso, que está cerrando los pocos medios de comunicación libres que quedaban en el país, Alías considera que Ucrania puede suponer el fin de Putin: «Una parte importante de la población rusa no quiere revivir lo que supuso la Unión Soviética. Sobre todo, las capas de menor edad. No sé hasta qué punto podrá controlar eso». «Este conflicto frena las tendencias de la globalización y articula el mundo en torno a dos ejes: el liberal-democrático y uno más heterogéneo», pronosticó Baqués, quien advirtió del riesgo de «mirarse demasiado el ombligo», en referencia a Occidente: «Treinta y cinco países, que suman más de la mitad de la población mundial, se abstuvieron en la votación de condena de Naciones Unidas. Ya lo advirtió Dugin, ideólogo de Putin: vamos hacia un enfrentamiento de civilizaciones, las que defienden la tradición frente a la decadente cultura occidental».

Construir la paz

¿Se puede construir la paz en un escenario como el de Ucrania? Esta fue la cuestión abordada en la segunda mesa, en la que participaron Sonia Andolz, profesora de la UB y directora general de la Administración de Seguridad de la Generalitat, y Xavier López, director de la Fundación Solidaridad UB.

La respuesta de Andolz fue contundente: «No puede construirse la paz cuando hay un conflicto abierto como el de Ucrania. Siempre es la última etapa del proceso y requiere un alto el fuego mantenido que garantice una paz estable». López vio problemático el deterioro de la confianza entre ambas partes, no solo entre Rusia y Ucrania, sino entre Rusia y los países occidentales: «Costará muchos años llegar a un escenario de construcción de la paz».

Respecto al papel de la OTAN, López lamentó que, a principios de la década de los 90, no se aprovechara el fin de la Unión Soviética para repensar el rol de esta organización. En este sentido, manifestó «dudas serias» ante la apuesta por «estructuras militares» en lugar de «estructuras de seguridad más colectivas y no binarias». Andolz recogió el guante y puso como ejemplo la colaboración existente en la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE), en la que confluyen Estados Unidos, países de la Unión Europea y Rusia. «Sería más lógica una alianza de seguridad europea», concluyó.

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Las consecuencias del conflicto

Cèlia Cernadas, periodista de Catalunya Ràdio, inició la tercera mesa, «El camino de la resistencia a la paz», explicando sus recientes vivencias en Ucrania. Según Cernadas, la apuesta de Ucrania por acercarse a la UE hizo saltar las alarmas de Moscú, que siempre ha sido incapaz de entender la independencia de sus antiguas repúblicas. «La mayor parte de la población ucraniana no esperaba esta invasión. Los cogió desprevenidos, al igual que a Occidente». Cernadas explicó también el éxito de la estrategia del presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, de movilizar a la población, y advirtió de la magnitud del drama humanitario de la guerra. «Según el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), cerca de 2,5 millones de personas han huido del país. Es un éxodo brutal».

Por su parte, la profesora de la Facultad de Economía y Empresa Aurèlia Mañé se mostró escéptica respecto a los efectos a corto plazo de las sanciones energéticas impuestas a Rusia. «Si se cierra el grifo al gas ruso, los países del centro y del este de Europa pueden verse muy afectados y no sé si los costes sociales que eso puede generar serían asumibles», afirmó. «Este puede ser un buen momento para repensar la estrategia energética de Europa, pero debe tenerse en cuenta que los efectos serán a medio y largo plazo, no inmediatos», concluyó Mañé.

El dolor de la guerra

Alina Sokulska y Alina Fesenko, investigadoras predoctorales de la Universidad de Barcelona, ​​han vivido el inicio de las hostilidades contra su país desde la distancia. «Es importante que Europa no se quede en silencio. No puede haber diplomacia con Rusia», dijo Sokulska. Además, aclaró: «Estamos ante una agresión, y no ante un conflicto». Por su parte, Fesenko lamentó que «las decisiones tomadas por las altas esferas políticas del Kremlin» hayan afectado a tantas vidas, «no solo en Ucrania, sino también en Rusia». Ambas agradecieron las muestras de apoyo recibidas por la comunidad UB.

Las universidades, espacios de paz

Cerró el acto el rector con la lectura del comunicado «Les universitats, espais de pau, democràcia i drets humans». Guàrdia reclamó «acciones contundentes» para ayudar a los universitarios ucranianos y lanzó una propuesta resumida en cinco puntos para materializar dicho apoyo: una mesa permanente de respuesta; un presupuesto especial que permita acoger a estudiantes y trabajadores ucranianos; una universidad en línea para «mantener el tono académico»; el establecimiento de mecanismos de acogida, y la facilitación de los trámites de residencia.

Guàrdia se comprometió a hacer llegar esta hoja de ruta al Departamento de Investigación y Universidades de la Generalitat, al Ministerio de Universidades, a la Conferencia de Rectores de las Universidades Españolas (CRUE) y a la Liga de Universidades Europeas de Investigación (LERU).

La interpretación con violonchelo del Cant dels ocells puso punto y final a un acto que combinó reflexión académica con emotividad y solidaridad, y en el que se lamentó que, una vez más, la razón de la fuerza se imponga a la fuerza de la razón y del diálogo.

Más fotos en el Flickr de la UB.

El rector reclamó «acciones contundentes» para ayudar a los universitarios ucranianos.
Alina Sokulska y Alina Fesenko, investigadoras predoctorales de la UB, explicaron cómo viven el conflicto desde la distancia.
El acto tuvo lugar en el Paraninfo de la Universidad de Barcelona.