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Voces de una guerra

Voces de una guerra

Katerina, Olga y Olena sufren en la distancia el conflicto que vive su país

En un discurso televisado el 21 de febrero, Vladimir Putin cargó contra Lenin y su política de permitir la posible escisión de repúblicas de la URSS, y calificó de hermanos a rusos y ucranianos. El lenguaje no es inocente. Tampoco lo fue considerar la guerra contra Ucrania «una operación de desnazificación». Lo cierto es que, desde el inicio de las hostilidades el 24 de febrero, según Naciones Unidas han muerto más de doscientos civiles y han huido más de dos millones de ucranianos. Según el Gobierno ucraniano, existen 2.000 víctimas civiles.

«Putin ha dicho que somos hermanos, pero ahora está bombardeando ciudades. Es incomprensible»

Katerina Hryhoryeva nos confiesa que no había tenido nunca tantas ganas de volver a casa. «Soy de Poltava, una ciudad muy cerca de Kiev. A pesar de que he vivido los últimos diez años en la capital, mi corazón está en mi ciudad, ya que es donde viven mi familia y mis amigos. Cuando vives en otro país y no puedes ayudar a la gente que quieres, te sientes muy impotente y eso es terrible», afirma Katerina. «Necesitamos toda la ayuda internacional posible; yo tengo la suerte de estar en un lugar seguro, pero mi gente está sufriendo», añade.

Katerina estudió el máster de Gestión de Actividades Socioculturales en la Universidad Nacional de Cultura y Artes de Kiiv. Ahora está cursando el segundo año del máster de Internacionalización: Aspectos Económicos, Empresariales y Jurídico-políticos, de la Facultad de Economía y Empresa de la UB. Sus planes de futuro pasaban por volver a Ucrania cuando terminara los estudios en la Universidad de Barcelona: «Quiero a mi país y quiero contribuir a su desarrollo, pero ya veremos cómo evoluciona la situación», se plantea.

Este sentimiento de desesperación lo comparte Olga Olina, estudiante del máster de Lingüística Histórica de la Universidad Humboldt de Berlín, que ahora realiza una estancia Erasmus en la Universidad de Barcelona. A pesar de que vive en Alemania con su marido, no puede olvidarse de su país de origen, con el que mantiene fuertes lazos: «Mi familia tiene la suerte de ser de la parte más occidental de Ucrania. Muchos familiares ya no están en el país, excepto los miembros de mayor edad, como mi abuela, que no quieren irse bajo ninguna circunstancia».

«Estamos viendo una invasión a gran escala. Los ucranianos queremos paz y lo que tenemos es todo lo contrario. Putin ha dicho que somos hermanos, también ha hablado de una misión de mantenimiento de la paz, pero ahora está bombardeando ciudades. Es incomprensible», añade Olina.

El punto de vista de Olena Vasylets, profesora asociada de la Facultad de Filología y Comunicación de la UB, no es muy distinto al de sus compatriotas. «Desde hace días, mis padres, mi hermana y su marido están atrincherados en casa. Pasan mucho miedo porque viven en un séptimo piso y cuando hay bombardeos no pueden bajar al refugio antiaéreo, ya que mi madre no puede moverse».

¿Un punto sin retorno?

Vasylets se graduó en 1997 en la ciudad de Zaporiyia, que está muy cerca de Dnipró, una zona muy industrializada con una planta nuclear que abastece a toda la región. El máster y el doctorado en Lingüística Aplicada los cursó en la Universidad de Barcelona, ​​donde actualmente es profesora del Departamento de Lenguas y Literaturas Modernas y de Estudios Ingleses. A la hora de atribuir responsabilidades, lo tiene claro: «Hemos llegado aquí por los intereses geopolíticos y, sobre todo, por la deriva autoritaria que sufre Rusia desde la llegada de Putin al poder (1999). La población rusa ha perdido las libertades individuales a cambio de obtener bienestar económico». Los resultados son ahora evidentes.

Hryhoryeva recuerda dolida el día que empezó la guerra: «Lo primero que hice cuando me desperté fue leer un mensaje de mi madre. Me decía que había empezado la guerra y que no volviera a Ucrania. Quería tomar un vuelo y volver rápidamente a mi país. Fue como una pesadilla», explica la estudiante. «Rusia —prosigue— no tenía ninguna justificación para atacarnos y lo ha hecho. En un mundo donde la gente se esfuerza por vivir mejor, una guerra representa volver al pasado. Me siento profundamente agredida».

También se muestra escéptica sobre las negociaciones de paz que se están llevando a cabo en Bielorrusia, puesto que este país apoya «la agresión rusa». «El primer paso es que el ejército ruso se retire de nuestro país y deje de bombardear a la gente», afirma.

El hipotético ingreso de Ucrania en la OTAN es una excusa. Eso es lo que cree Olga Olina, que denuncia la campaña de distorsión puesta en marcha por Putin para atemorizar a su población, a la que define como «el antihéroe de la modernidad». Aunque nos confiesa que no entiende a los políticos rusos, cree que la mayor parte de la población rusa no quiere la guerra, al igual que los ucranianos, que tampoco la quieren. «Rusia es un país sin libertades al que deseo que llegue el viento del cambio», piensa, coincidiendo con Vasylets.


Voces de una guerra
Planta nuclear de Zaporiyia


¿Una salida pacífica?

«Yo confío en que las negociaciones entre Rusia y Ucrania lleguen a buen puerto. El primer paso es la retirada de las tropas rusas. Creo que las sanciones funcionarán muy bien, porque afectan a la población rusa y, sobre todo, a los oligarcas más cercanos a Putin. A ellos les interesan el dinero y los negocios. Ahora han quedado muy tocados», dice Olena. «La gente de mi edad recuerda perfectamente lo que supuso la Unión Soviética y el aislamiento que significó. La gente no querrá volver a vivir eso».

La profesora considera vitales las manifestaciones que se están viendo estos días en Rusia para rechazar la agresión contra Ucrania: «Lo único que puede salvarnos es la disidencia interna, que los rusos salgan masivamente a protestar contra su presidente. Agradeceríamos ese coraje por parte de los rusos», asegura.

En cuanto al papel de la Unión Europea, Olga, Katerina y Olena tienen posiciones ambivalentes. «Valoro positivamente toda la ayuda militar y humanitaria que nos está ofreciendo la UE, así como las sanciones impuestas a Rusia, pero creo que no ha actuado con agilidad. Cada minuto supone un riesgo de perder vidas humanas», dice Katerina. «Creo que lo único que puede funcionar es que el pueblo ruso proteste contra las acciones de su presidente y de su gobierno que, de hecho, lo empobrecerán y lo dejarán aislado. Tengo esperanzas en eso».

Por su parte, Olga Olina se muestra decepcionada no solo con el rol que ha asumido la UE, sino también con Estados Unidos y la OTAN: «En 2014, Putin anexionó Crimea a Rusia y nadie reaccionó de forma contundente. Él es muy consciente de ello y por eso se ha decidido a invadirnos».

«Putin quería utilizar Ucrania para atemorizar a Europa y ha conseguido todo lo contrario. Lo ha calculado mal», añade Vasylets.

El legendario periodista polaco Ryszard Kapuscinski describe de forma brillante en la obra El Imperio la fase crepuscular de la Unión Soviética: el derrumbe. En uno de los pasajes, escribe: «El futuro de Ucrania tomará dos direcciones. La primera será sus relaciones con Rusia y la segunda, con Europa y el mundo. Si dichas relaciones se desarrollan de una manera satisfactoria, Ucrania tendrá ante sí unas oportunidades inmensas». El libro se publicó en 1993.

Las oportunidades que auguraba Kapuscinski ahora pasan por conseguir el fin del conflicto bélico y por un deseo: entrar en la Unión Europea. «Para nosotros es sinónimo de libertad y representaría una gran victoria», concluye Olena Vasylets.

Olena Vasylets.
Katerina Hryhoryeva.