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M. Carme Verdaguer: «En un momento de crisis económica la solución para algunas empresas puede ser incrementar la innovación a través de la colaboración con la universidad»

Nuestro reto es que investigadores que no han colaborado nunca con empresas o instituciones lo hagan

Nuestro reto es que investigadores que no han colaborado nunca con empresas o instituciones lo hagan

Ahora que ya tenemos más experiencia, probablemente somos más exigentes y más rigurosos a la hora de valorar qué proyecto tiene sentido que vaya encaminado hacia la creación de una empresa

Ahora que ya tenemos más experiencia, probablemente somos más exigentes y más rigurosos a la hora de valorar qué proyecto tiene sentido que vaya encaminado hacia la creación de una empresa

Es importante que se produzca un reconocimiento en la carrera académica de los investigadores activos en la tercera misión de la universidad

Es importante que se produzca un reconocimiento en la carrera académica de los investigadores activos en la tercera misión de la universidad

10/01/2011

M. Carme Verdaguer es directora general de la Fundación Bosch i Gimpera (FBG), la entidad del Grupo UB destinada a la transferencia del conocimiento. Actualmente, la FBG apoya a los investigadores de la UB que colaboran con empresas e instituciones o que quieren transferir su investigación mediante patentes u otros mecanismos. Asimismo, presta ayuda a empresas creadas a partir de la comercialización de resultados de investigación.

Con una Ingeniera Química por el Instituto Químico de Sarrià (Universidad Ramon Llull) y un máster en Dirección y Administración de Empresas (MBA) por la Universidad de California-Los Ángeles (UCLA), Carme Verdaguer ha trabajado como investigadora en el Departamento de Química Biológica de la Facultad de Medicina de la UCLA, así como en el departamento de síntesis de una empresa de productos intermedios para la industria farmacéutica en Cataluña. Posteriormente, ha continuado su trayectoria profesional en los campos de la transferencia de tecnología, de la colaboración universidad-empresa y de la gestión universitaria.

El año pasado la Fundación Bosch i Gimpera gestionó 832 contratos universidad-empresa. ¿Cómo valora esta cifra? ¿Cuáles son los sectores más consolidados en la colaboración universidad-empresa y cuáles son los emergentes?

Creo que los 832 contratos son un dato bastante relevante. Ahora bien, aspiramos a superarlo y mejorarlo, ya que disponemos de margen para lograrlo y estamos diseñando programas que nos ayudarán a incrementar esos datos de contratación, tanto en lo referente al volumen y número de contratos, como al importe total contratado, que es muy significativo.
Cabe decir que estos últimos años nos encontramos en una situación económica muy compleja que ha afectado a la colaboración universidad-empresa. Hay empresas que tienen problemas serios de continuidad y en estos momentos su prioridad no es la colaboración con la universidad. Sin embargo, también vemos que, en un momento de crisis económica, incrementar la innovación, a través de la colaboración con la universidad, puede ser la solución para algunas empresas.
Estoy pensando sobre todo en pequeñas y medianas empresas, para las que hemos puesto en marcha programas específicos que ayuden a mejorar su competitividad y crecimiento gracias a la innovación. Hemos iniciado un programa de dinamización de la innovación en la empresa, mediante el cual formamos a titulados de la UB en gestión de la innovación. Posteriormente, estos estudiantes hacen prácticas y se incorporan a pequeñas y medianas empresas justamente para desarrollar proyectos de innovación.
Hay muchas cosas por hacer y por mejorar en la relación universidad-empresa y estamos trabajando en esta línea. Hay investigadores de la UB que, desde sus grupos de investigación, poseen una larga trayectoria de colaboración con empresas y, lógicamente, trabajamos mucho con ellos y les brindamos apoyo. Nuestro reto, aun así, es que investigadores que no han colaborado nunca con empresas o instituciones lo hagan. Por este motivo, promovemos la transferencia de conocimiento desde las humanidades y las ciencias sociales, en las que pensamos que hay un gran potencial.
 
El año pasado la Agencia de Valorización y Comercialización de los Resultados de la Investigación (AVCRI) se integró en la FBG. ¿Qué servicios se ofrecen actualmente a los investigadores desde el Área de Valorización y Licencias de la Fundación?
 
La integración de la AVCRI en la FBG ha permitido agrupar las funciones de transferencia de conocimiento e innovación en una única institución y, de este modo, aprovechar las sinergias entre la FBG y la AVCRI para agilizar y potenciar el apoyo activo a los investigadores de la UB en todas las modalidades de transferencia de conocimiento y tecnología.
El servicio que ofrecemos, que es lo que inicialmente proporcionaba la AVCRI, comienza cuando un investigador tiene un resultado de investigación que cree que se podría proteger, tanto por la vía de las patentes como por otras modalidades de propiedad industrial e intelectual. El requisito es que debe tratarse de un resultado nuevo, que se pueda aplicar y que además tenga interés comercial. Es muy importante que el investigador se dirija a nosotros antes de publicar o divulgar la investigación, por ejemplo, a través de una presentación en un congreso. Junto con el Centro de Patentes de la UB, analizamos si el resultado se puede proteger, como patente, como registro de software, etc. También elaboramos un primer estudio de mercado para evaluar si puede tener un interés comercial.
Una vez protegido el resultado de la investigación, realizamos actuaciones para su transferencia. Somos muy proactivos a la hora de identificar empresas que puedan estar interesadas. Estamos suscritos a diferentes bases de datos internacionales y tenemos en cuenta el mercado global.
 
Otra de las áreas de la FBG es la de Creación de Empresas. En un momento de crisis como el actual parece que las personas puedan estar tentadas a buscar la seguridad por encima de otras prioridades. ¿Cómo afecta esto al espíritu emprendedor?
 
Aquí el espíritu emprendedor aún se tiene que trabajar mucho. Hace tiempo que llevamos a cabo iniciativas en esta línea, en colaboración con la Cátedra de Emprendimiento de la UB y con el apoyo del Banco Santander. Pero a partir de experiencias de otros países —sobre todo de países nórdicos—, creo que esta sensibilización se debería empezar antes, porque al llegar a la universidad a veces ya es demasiado tarde. Hay programas de países escandinavos que empiezan en primaria.
Impartiendo sesiones en cursos de creación de empresas, participando en jornadas y, sobre todo, hablando con estudiantes, me he dado cuenta de que, desgraciadamente, son muy pocos los que se plantean crear una empresa como primera opción profesional. Para incentivarlo, hay que hablar con los investigadores, con los grupos de investigación, con gente que está haciendo el doctorado o estancias posdoctorales, etc. Son personas que pueden generar resultados de investigación que podrían ser la base para la creación de una empresa, aunque a veces no estén en disposición de llevarlo a cabo o no dispongan del espíritu emprendedor para decir: «Lo lideramos nosotros».
De hecho, se da el caso de personas emprendedoras que sí quieren poner en marcha nuevos proyectos empresariales y están buscando estos resultados de investigación que serían la base de sus iniciativas. Poner en contacto a unos y otros también forma parte de nuestro trabajo.
Lo que notamos como efecto de la crisis es que resulta más difícil encontrar financiación para estas nuevas empresas, lo cual obviamente dificulta que se puedan crear, puesto que las empresas de nueva creación son más vulnerables a la crisis.
Por otra parte, hace unos diez años el Gobierno de la Generalitat puso en marcha políticas activas para apoyar la creación de empresas, y de hecho se crearon muchas. Ahora que ya tenemos más experiencia, probablemente somos más exigentes y más rigurosos a la hora de valorar qué proyecto tiene sentido que vaya encaminado hacia la creación de una empresa.
 
¿Qué opinión tiene del papel de las universidades en el desarrollo de la economía catalana? En relación con la transferencia de conocimiento e innovación, somos líderes en el Estado, pero a escala europea vamos rezagados...
 
La tercera misión de las universidades es algo relativamente nuevo en nuestro entorno, pero en las universidades catalanas está bien asumido. Ahora bien, es cierto que en comparación con universidades europeas y americanas, vamos claramente rezagados. Los resultados de la transferencia de conocimiento no son inmediatos, son a medio y largo plazo.
Por ejemplo, si analizamos los beneficios económicos derivados de un contrato de licencia, la universidad no empieza a cobrar cánones de una licencia hasta que la empresa licenciada comercializa el producto desarrollado a partir de una tecnología de la UB. Desde que se licencia hasta que se desarrolla el producto —y hasta que se comercializa— pueden pasar años. En el sector farmacéutico, por ejemplo, pueden ser bastantes años.
En la UB, y también en la mayoría de universidades españolas, este parámetro es aún muy bajo, comparado con otras universidades europeas y americanas que hace mucho más tiempo que potencian esta modalidad de transferencia. Para empezar a transferir debemos tener una cartera de patentes fuerte. Y una vez transferido ese conocimiento, es cuando vienen los beneficios económicos.
Sucede lo mismo con la creación de empresas. A veces se han valorado indicadores cuantitativos como el número de empresas creadas, pero lo que interesa es que estas empresas crezcan, se consoliden y creen puestos de trabajo. De este modo, también generan beneficios para los accionistas, entre ellos la UB, que participa en el accionariado de estas empresas derivadas de la tecnología desarrollada en la propia universidad.
 
Ahora que tenemos un nuevo Gobierno de la Generalitat, ¿cuál sería su mensaje para los responsables de las políticas relativas a la transferencia de conocimiento?
 
Les pediría que estudien bien lo que ya existe, lo que se está realizando y ha funcionado bien, porque a veces el peligro en una nueva etapa es empezar de nuevo sin tener en cuenta iniciativas positivas que ya funcionan.
Otra cosa que hemos reclamado muchas veces desde las universidades y los centros públicos de investigación es que, a la hora de diseñar nuevas iniciativas y nuevos programas, se tenga en cuenta a los actores, es decir, que se nos tenga en cuenta a nosotros. A menudo, se nos presenta el programa acabado y con un lacito, y  ya no estamos a tiempo de hacer aportaciones basadas en nuestra experiencia real, unas aportaciones que serían útiles.
También les pediría que destinasen recursos sabiendo que no obtendrán nunca resultados inmediatos, sin ser tampoco un cheque en blanco: deben exigirse resultados.
Y finalmente, un último apunte. Es importante que se produzca un reconocimiento en la carrera académica de los investigadores activos en esa tercera misión. La reciente resolución de la Comisión Nacional Evaluadora de la Actividad Investigadora (CNEAI), por la que se establece un nuevo campo relativo a la transferencia de conocimiento e innovación en la evaluación de la actividad investigadora, es un paso importante en esta dirección.
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