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Dani Cortijo: «En plena era de la comunicación 2.0, los estudiosos no nos podemos permitir el lujo de seguir pensando sólo en el autoconsumo»

En el ciclo Paseos con historia de Alumni UB, el historiador Dani Cortijo nos descubre la historia de la ciudad de Barcelona, lejos de los tópicos turísticos.

En el ciclo Paseos con historia de Alumni UB, el historiador Dani Cortijo nos descubre la historia de la ciudad de Barcelona, lejos de los tópicos turísticos.

La ciudad esconde rincones que a menudo pasan desapercibidos, como es el caso de la Colegiata de Santa Ana, un oasis de tranquilidad al lado de Plaza Cataluña.

La ciudad esconde rincones que a menudo pasan desapercibidos, como es el caso de la Colegiata de Santa Ana, un oasis de tranquilidad al lado de Plaza Cataluña.

Cortijo nos muestra un tramo de la antigua muralla romana, oculto en el interior de una tienda de la calle del Call.

Cortijo nos muestra un tramo de la antigua muralla romana, oculto en el interior de una tienda de la calle del Call.

16/05/2011

Entrevistes

Dani Cortijo es licenciado en Historia por la Universidad de Barcelona. Ha publicado varios artículos, recogidos en el libro 1001 días que cambiaron el mundo, y ha colaborado en la obra Història de l’esperanto als Països Catalans. Recull d’articles. Además, es el autor de Historias de la historia de Barcelona, del cual se han vendido más de 6.000 ejemplares. Este libro nace a partir de su blog, Altres Barcelones, ganador de los Premios Blogs Cataluña 2009, en la categoría de Cultura, donde ofrece una nueva visión de la ciudad a través de las diferentes partes de su historia.
 
Cortijo es también el creador de la red Barcelonasfera, el directorio de blogs sobre Barcelona y sus antiguas villas. Con otros jóvenes historiadores, ha puesto en marcha el proyecto HistoTube, que tiene como objetivo poner al alcance de docentes, alumnos y personas interesadas en la historia y en el patrimonio catalanes, una selección de los vídeos que se pueden encontrar en la red sobre esta temática.
 
Recientemente, ha iniciado una colaboración con el Círculo de Humanidades Alumni UB para llevar a cabo un ciclo de rutas cuyo objetivo es dar a conocer la historia de la ciudad de Barcelona lejos de tópicos turísticos. El ciclo, denominado Paseos con historia, se estrenó el 5 de marzo con la ruta histórica «La invención del barrio Gótico» y colgó el cartel de completo. La segunda ruta, «El Raval: el barrio proscrito», tuvo lugar el 3 de abril y repitió el éxito de asistencia, hasta el punto de que la convocatoria se amplió a tres turnos. Bajo la guía del historiador Dani Cortijo, el ciclo Paseos con historia de Alumni UB quiere desvelar ocultos pedacitos del pasado esparcidos por la ciudad.
 
Bloguero, escritor, guía... ¿Cómo y cuándo empezó esta aventura?
Para entenderlo habría que remontarse a quinto de primaria. Entonces, cuando todo el mundo quería ser astronauta o futbolista, yo ya tenía claro que quería dedicarme a la historia; aunque fue en el instituto cuando empecé a sentir una envidia sana por mis profesores. Me imaginaba ante una pizarra intentando convencer a la audiencia de la importancia de conocer nuestro pasado.
 
El primer año de carrera ya decidí que, además de estudiar, tenía que empezar a adquirir experiencia como docente y trabajé en varias empresas como guía histórico para escuelas e institutos. Fue entonces cuando, siguiendo el ejemplo de los profesores que había tenido, empecé a coleccionar anécdotas históricas que me ayudaran a captar la atención y a ilustrar lo que explicaba. Cuando me di cuenta, ya tenía una carpeta entera de apuntes y, yendo por la calle con amigos, no podía evitar contar historias. Descubrí que también les gustaba a los adultos y lo compartí en Internet. Con el tiempo, Altres Barcelones logró un éxito inesperado, y los Premios Blogs me abrieron las puertas a radios, televisiones y al mundo editorial.
 
¿Cuál cree que ha sido la clave del éxito? ¿La historia interesa?
Sí, yo creo que la historia interesa, y cada vez más. Eso sí, quienes no interesamos somos los historiadores. Si echamos un vistazo a los libros más vendidos de no ficción, a menudo, encontramos muchos de temática histórica. Desgraciadamente, ¿en qué proporción los han escrito historiadores? Y aún es más grave cuando hablamos de revistas o de programas de radio de temática histórica: ¿cuántos están conducidos por historiadores?
 
Los historiadores de carrera a menudo hemos pecado de una cierta endogamia informativa. Creamos contenidos de historiadores y para historiadores. Pero a la hora de la verdad, debemos ser conscientes de que nuestros estudios pierden buena parte de la razón de ser si no somos capaces de transmitirlos a una ciudadanía que, de hecho, pide historia y quiere consumir historia. Si nosotros mismos no difundimos la historia de una manera clara y atractiva, otros colectivos profesionales, menos instruidos en la materia, lo harán por nosotros.
 
Mi proyecto, como ya he dicho, nació precisamente de la voluntad didáctica de intentar convencer de la utilidad de esta disciplina a las personas no interesadas en la historia, y hacerlo con ejemplos cercanos. Esta proximidad, creo, ha sido la clave de su buena acogida. La gente me puede encontrar en Facebook, en mi blog, en Twitter, pero también en charlas abiertas, rutas o actos vecinales. Esto es lo que yo llamo historia de trinchera, estoy donde sea necesario con la misión de defender el patrimonio, de difundir el conocimiento histórico y de estar abierto a todos.
 
¿Cómo surgió la idea de colaborar con el Círculo de Humanidades Alumni UB para iniciar el ciclo de rutas Paseos con historia?
Hablando con algunos de los historiadores que forman parte del Círculo llegamos a la conclusión de que, realmente, y en tiempos de crisis más que nunca, teníamos una necesidad imperiosa de reinventar nuestra profesión y pasar a ser una parte activa en el terreno de la difusión, un espacio hasta ahora demasiado abandonado. Les hablé de mi proyecto y les gustó. Pensamos que poner en marcha una serie de actividades como éstas, en relación con profesionales de otras facultades, como Filosofía o Geografía, nos ayudaría a empezar a abrir camino en este sentido. En plena era de la comunicación 2.0, los estudiosos no nos podemos permitir el lujo de seguir pensando sólo en el autoconsumo. Muchos de nosotros formamos parte de lo que ya se empieza a llamar generación perdida. Somos jóvenes válidos y formados, con ganas de trabajar y con un futuro laboral muy incierto, pero como humanistas que somos, creemos que nuestra tarea es primordial para el conjunto de la sociedad y no nos queremos quedar de brazos cruzados mientras todo se derrumba. ¿Una generación perdida? Eso ya lo veremos...
 
Debe de ser una de las personas que más conoce la historia de la ciudad. ¿De dónde salen todas estas historias?
Por desgracia, y eso lo podrán corroborar mis colegas de profesión, las historias no salen, las tienes que sacar tú y, a menudo, no es nada fácil. Son horas de archivo, de entrevistas, de vaciados y de contraste de fuentes. Desde primero de carrera, cuando empecé a coleccionar historias para hacer más atractivos los itinerarios históricos para alumnos, hasta ahora, he llegado a llenar muchas estanterías de libros antiguos y modernos sobre temática barcelonesa, hasta el punto de tener un problema real de espacio. Siempre he trabajado sin apoyo institucional, sin ningún tipo de beca y por libre, invirtiendo buena parte de mi poco tiempo libre en estas cosas.
 
¿Cuál ha sido la historia que más le ha gustado de las que ha investigado?
Hace unos tres años conocí la existencia de una pintada de la guerra civil en la Barceloneta. Unas letras borrosas recordaban que la calle de Sant Miquel se había llamado Miquel Pedrola en honor a un joven del barrio que había muerto los primeros meses de la guerra civil. Con el tiempo, el franquismo hizo desaparecer aquel vestigio bajo una capa de pintura, pero investigando llegué a identificar a Miquel Pedrola. Leí memorias de otras personas que se referían a él y pude entrevistar in extremis a gente que lo había conocido. Después de un año de insistencia con la Administración —incluyendo una recogida de firmas y todo—, y con el apoyo de la Asociación de Vecinos de la Ostia, conseguimos que se restaurara la pintada. Una vez logrado esto, convencimos a Paisaje Urbano para poner una placa explicativa y preparamos un homenaje.
 
¿Y cómo reaccionó la familia?
Con la aparición de la noticia en los medios, la familia de Miquel Pedrola se puso en contacto conmigo, notablemente emocionada. No sabían nada de la pintada, pero yo tampoco sabía nada de la hija póstuma de Pedrola con María Valero, una militante de la que Pedrola estaba enamorado según había leído en unas memorias. A partir de entonces, con la ayuda de la familia y los vecinos de la Barceloneta, nos pusimos a buscar a la hija de Pedrola por vía diplomática. Finalmente, fue ella misma quien, a través de una historiadora francesa con quien yo había contactado, envió un correo electrónico desde Francia.
 
Dos semanas más tarde, los principales implicados en este asunto acompañamos a la hija del miliciano hasta el frente de Aragón, siguiendo los últimos pasos de su padre. Una vez allí, nos dirigimos al edificio donde Miquel Pedrola había protagonizado su último combate. Allí le pude explicar qué había pasado en los últimos momentos de vida de su padre. A petición de los vecinos, se le hizo una fiesta de bienvenida en la Barceloneta. Aquel día fue un mar de lágrimas y emociones. La Barceloneta había recuperado su pasado, una familia separada por la guerra se había reencontrado y una hija había descubierto la historia de su padre. Nunca me había pasado algo tan bonito...
 
A través de su blog, de su libro y, ahora, del ciclo de rutas históricas para Alumni UB, podemos descubrir lugares absolutamente desconocidos para la mayoría de barceloneses. ¿Mirando encontramos historia?
Siempre he dicho que las paredes hablan sólo si se las sabe escuchar. Y, precisamente, el trabajo de los historiadores es encontrar la manera de conseguir que las piedras, los edificios, los yacimientos y los documentos nos digan algo que podamos entender y nos expliquen su pasado. Una vez lo hemos descubierto, creo que nuestra obligación es transmitirlo a la sociedad por todos los medios posibles, evitando al máximo los intermediarios y haciéndolo de manera directa para que no se pierda la esencia.
 
¿Los barceloneses no conocen su propia historia?
Algunos sí y otros no. Y cuando digo que no conocen su propia historia no lo digo sólo como barceloneses, sino en general, como personas. Sin ir más lejos, muchos desconocen a qué se dedicaban sus antepasados, dónde vivían, qué hacían... del mismo modo que muchas veces ignoramos la historia del edificio donde vivimos. Por ejemplo, ¿os habéis planteado alguna vez cuántas cosas deben de haber pasado en vuestra casa? ¿Quién vivía antes allí? ¿Sucedieron allí cosas importantes?
 
El otro día me sorprendí llamando a un timbre de un piso del Eixample para preguntar a sus vecinos si tenían alguna información sobre un crimen que se había cometido allí en 1916. Nadie tenía ni idea y se sorprendieron cuando les mostré unas fotocopias de la hemeroteca. Pero al igual que muchas personas ignoran su historia, a veces la gente esconde verdaderos tesoros del pasado que no se pueden encontrar en los archivos... Por eso, soy un firme defensor de pisar el terreno y hacer historia de trinchera.
 
Cuéntenos alguna historia de las que cuenta en las rutas.
La actual plaza de Sant Felip Neri es uno de los casos más flagrantes de manipulación arquitectónica de la historia. Tras un grave bombardeo en 1938, la plaza quedó totalmente destruida. Sólo la iglesia, en cuyo interior había muerto una veintena de niños, quedó entera. El franquismo se encargó de borrar la memoria de estos hechos reconstruyendo la plaza y trasladando antiguos edificios piedra a piedra. Aunque, todavía hoy, una pared medianera detrás del edificio del antiguo gremio de zapateros nos confiesa que aquella plaza, aparentemente inmune al paso del tiempo, ha tenido un pasado trágico.
 
¿Cuáles son sus proyectos de futuro?
Mis proyectos de futuro siguen siendo los mismos que antes de empezar la carrera: conseguir una plaza como profesor de Sociales en secundaria y seguir, como siempre, dedicando mi tiempo libre a los proyectos que ya tengo en marcha.
 
Por último, dénos tres motivos para animar a la gente a inscribirse a las rutas del ciclo Paseos con historia de Alumni UB.
Primero, redescubrir la historia de la ciudad con otros ojos. Segundo, conocer otros profesionales que han estudiado en la UB y, tercero, intercambiar puntos de vista y proyectos con gente de otras disciplinas.
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