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Joan Vilà i Valentí: «Debería haber una especie de pedagogía del político desde el punto de vista de la ciencia geográfica»

Joan Vilà i Valentí.

Joan Vilà i Valentí.

17/12/2012

Entrevistes

El catedrático emérito de la UB Joan Vilà i Valentí (Sallent, Bages, 1925) es considerado uno de los geógrafos españoles más importantes del siglo XX y ha alcanzado una proyección internacional relevante. Es licenciado en Historia en la UB y doctorado también por esta Universidad. En 1958 obtuvo la plaza de catedrático en la Universidad de Murcia y en 1965 se convirtió en catedrático de la UB. Creó el Departamento de Geografía de la UB y fue el fundador, en 1967, de la Revista de Geografía. En 1968 publicó su obra más conocida, La península Ibérica. En 1971 ingresó en la Real Academia de Buenas Letras de Barcelona​​ y en 1980 accedió a la vicepresidencia de la Unión Geográfica Internacional, cargo que ocupó hasta 1988. En 1994 recibió la Cruz de Sant Jordi.

 

Este texto es una recopilación de extractos de la conversación que Joan Vilà i Valentí mantuvo con el catedrático de Geografía Física de la UB Javier Martín Vide, dentro de la colección de vídeos titulada 15 minutos con... que se publican en la web de la UB. Puede verse la conversación en este enlace. 

Enseñanza secundaria

        
Creo que en aquel entonces los estudios de bachillerato eran realmente importantes para nosotros. Duraban siete años: los empezabas cuando tenías diez u once años y los acababas cuando tenías diecisiete o dieciocho. Y si el profesorado era bueno, el bachillerato podía ser muy importante para la vida. Profesores interesantes tuve tres o cuatro, dos de los cuales me influyeron especialmente: el de filosofía, Joaquim Carreras Artau, que después fue catedrático en la Universidad de Barcelona, ​​y el de lengua y literatura, Guillermo Díaz-Plaja. Sus clases definieron mi vocación y lo que haría después del bachillerato.
 
La universidad de la posguerra
 
Entré en la Universidad de Barcelona en 1942. En 1946 ya existía el FUC, el Frente Universitario Catalán. Lo formaban muy pocos, pero había gente como Jordi Carbonell, que después ha sido político.
 
Cuando era estudiante tuve algunos profesores muy destacados. De historia, que es lo que yo hice, recuerdo a Alberto del Castillo y Lluís Pericot, ambos discípulos de Bosch i Gimpera. Con posterioridad a la licenciatura, tuve la suerte de conocer a un catedrático de Historia excepcional: Jaume Vicens Vives. Era un hombre que te explicaba una historia viva, interesante, bien interpretada, quizá interpretada de una manera un tanto extraña pero a fondo, y con todos aquellos detalles que pudieran ser significativos.
 
Los estudios duraban cuatro años. Los dos primeros eran los denominados cursos comunes, en los que estudiabas un poco de todo. La geografía la explicaban los historiadores, por lo que noté una carencia: no se daba importancia a esta disciplina, que como ciencia puede ser tan interesante como la historia o como cualquier otra enseñanza. Y de ahí que, cuando tuve la posibilidad, creé aquí, en la Universidad de Barcelona, ​​la primera licenciatura de Geografía de todas las universidades españolas.
 
Inicios en la geografía
 
En la Facultad de Ciencias había un catedrático, Lluís Solé Sabarís, que era geólogo y geógrafo a la vez. Me invitó a unos cursos que hizo en Jaca en 1946, el año en que yo había acabado la licenciatura. Allí entré en contacto con un grupo de profesores españoles y extranjeros que me permitieron conocer la geografía del momento.
 
Solé Sabarís me dio una beca —en una época en la que había muy pocas— para ir tres años a Francia. La geografía francesa era de las más avanzadas y tuve la oportunidad de estudiar en Burdeos con el profesor Louis Papy, uno de los cinco o seis geógrafos más destacados de Francia en aquella época. Una vez presentada la tesis en Madrid, mi misión pretendía ser la de geógrafo, y crear en las universidades españolas cátedras de Geografía, y de una geografía moderna como la que había visto en Francia.
 
Comarcas, territorio y población
 
Los geógrafos catalanes escogimos entonces —y yo fui uno de los iniciadores— las comarcas. Estudiar una comarca a fondo es una aportación importante para la geografía contemporánea y para el propio país. Lo que hace el geógrafo interesa a la gente, interesa a la sociedad, si pone en relación el territorio y la población que vive en él: la población podrá hacer ciertas cosas gracias a este territorio, y tendrá unas dificultades también debido a este territorio, de manera que entre territorio y población se establecen unas relaciones muy extrañas.
 
Catedrático en la Universidad de Barcelona
 
Volví a la UB con dos geógrafos de Murcia, Horacio Capel y Luis Miguel Albentosa, y allí me encontré con tres o cuatro estudiantes que, por una u otra razón, habían intentado hacer geografía, y les dirigí la tesis.
 
Lo que intentamos es crear unos equipos que sean capaces de trabajar por sí solos y, si es posible, trabajar colectivamente. La geografía la puede hacer una persona sola, pero para una geografía que quiera estudiar una comarca, un país, conviene un trabajo colectivo. El geógrafo nunca debe perder la idea global de que está trabajando con el mundo natural, físico, en conexión con el mundo humano. Eso es típico del geógrafo, que tendrá que buscar especialistas de varias materias (geólogos, climatólogos, botánicos, economistas, demógrafos, etc.). Pero estos especialistas nos sirven solo para facilitarnos datos que puedan interesarnos de cada disciplina en relación con las demás.
 
Publicaciones: Revista de Geografía y La península Ibérica
 
 
Me pareció importante poder contar, además de con los libros y otras publicaciones, con la Revista de Geografía para publicar algunos trabajos breves.
 
En cuanto a La península Ibérica,este surgió al darme cuenta de que en el extranjero no había ningún libro breve de geografía sobre España y Portugal en un momento en el que ambos países empezaban a interesar a Francia, Alemania, Inglaterra, etc. como posibles estados con los que se tendría relación dentro de la Unión Europea. El libro pretendía ofrecer una visión relativamente sencilla de la Península desde el punto de vista de la geografía actual. Tuvo un éxito extraordinario: se publicó en castellano en 1968 y, inmediatamente, en francés e italiano. Es un libro que rápidamente fue conocido. En ese momento ya había mucha gente, tanto del mundo de la política como del mundo cultural internacional, interesada en conocer mejor qué era aquel mundo del sur, del Mediterráneo, para ellos tan lejano, y que en buena parte todavía hoy resulta bastante lejano.
 
Geografía y política
 
Sigo presentando la geografía como un análisis científico, serio. Pero diría que los estudios de geografía, los estudios científicos bien hechos, pueden intentar que las conclusiones inicien lo que podríamos denominar una política para el país. Es decir, una geografía aplicada (los ingleses hablan mucho de ella, una applied geography), en la que llegas a ciertas conclusiones tras establecer relaciones geográficas, y le dices al político: «Mire, si usted quiere conseguir tal cosa, debe conseguir tal otra y tal otra, y establecer tal relación, y que esta relación se establezca de esa manera». Creo que eso es aplicable a la política. Es interesante que el político lo sepa. Debería haber, y en parte la hay, una especie de pedagogía del político desde el punto de vista de la ciencia geográfica.
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