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M. Rosa Vives: «El estudio de los doce grabados de Goya conservados en Vilanova ha tenido recompensa»

Maria Rosa Vives es catedrática de Pintura y Grabado de la Facultad de Bellas Artes de la UB.

Maria Rosa Vives es catedrática de Pintura y Grabado de la Facultad de Bellas Artes de la UB.

La clave del estudio es el grabado número 2: <i>Disparate de miedo</i>, que presenta una raya accidental. Foto: Consejo Comarcal del Garraf

La clave del estudio es el grabado número 2: Disparate de miedo, que presenta una raya accidental. Foto: Consejo Comarcal del Garraf

20/08/2013

Entrevistes

La catedrática de Pintura y Grabado de la Facultad de Bellas Artes de la UB Maria Rosa Vives es la autora del estudio que ha concluido que los doce grabados atribuidos a Francisco de Goya (1746-1828), ocultos durante más de un siglo en la Masía de En Cabanyes, en Vilanova i la Geltrú (Garraf), son auténticos y, además, excepcionales.

M. Rosa Vives (Manresa, 1949) es doctora en Bellas Artes (especialidad de Pintura y diploma de Grabado y Estampación) y licenciada en Historia del Arte por la UB. Además de impartir docencia, ha dirigido y ha colaborado en proyectos de investigación competitivos relacionados con la experimentación artística, en concreto en el ámbito de la obra gráfica. Sus publicaciones de historia y teoría del arte, especialmente sobre el grabado, constituyen importantes obras de referencia.

En paralelo, ha expuesto su obra artística, de pintura y grabado, en diferentes muestras. Recientemente ha ingresado en la Real Academia Catalana de Bellas Artes de Sant Jordi como académica de número electa vinculada a la sección de Pintura.

 
Durante más de un siglo se había dudado si los doce grabados de la Masía de En Cabanyes eran verdaderamente obra de Goya. ¿Por qué se ha decidido llevar a cabo ahora el trabajo de autenticación y catalogación?

Ha sido gracias a la iniciativa de Francesc Xavier Puig Rovira, un gran amante del arte que conoce muy bien la Masía de en Cabanyes y todo el arte de Vilanova. Hacía mucho tiempo que veía estos grabados y sospechaba que podían ser auténticos; algunos estaban colgados por parejas en la biblioteca de la Masía, y el resto estaban guardados en el almacén. También fue determinante la visita a la Masía de Francesc Fontbona, que es un gran historiador del arte catalán. Fue él quien sugirió que yo los tenía que ver como experta en temas de grabado.
Y efectivamente, el Sr. Puig Rovira vino a mi despacho con fotografías de las estampas que estaban colgadas. Cuando las vi, sin embargo, me enfrié un poco: la primera impresión no fue muy buena.

Y es que presentan la particularidad de que los márgenes están cortados, cuando en las estampas antiguas, sobre todo a partir del siglo XVIII, es muy importante que el margen de papel esté entero. Con los márgenes cortados, disminuye mucho la valoración de las piezas.

Pero fue a la Masía...

Sí, por la confianza que tengo en estas dos personas y por el material que pude ver en el despacho. En la Masía desenmarcamos los grabados. Al sacarlos del vidrio sí que me di cuenta de que tenían muy buena calidad. Por el vigor de los trazos, ¿sabes? Un grabado es como un billete de banco. Cuando tienes un billete de banco nuevo, pasas la mano sobre él y es táctil; después se va desgastando y aquella tinta se va aplanando. Pues bien, los grabados también presentan una textura táctil y visual de la que, si estás acostumbrado a observar este tipo de obras, te das cuenta enseguida. Las estampas de Vilanova eran, pues, unas pruebas diferentes de las ediciones normales, porque tenían más vigor. El papel, además, era de muy buena calidad y estaba en buen estado de conservación.

Otra particularidad es que hay tres o cuatro que tienen unos toques de temple blanco en puntos estratégicos. A priori, el hecho de que una estampa impresa esté retocada con un medio gráfico diferente, con pintura o carboncillo, si está hecho de manera no intencionada, también es un detrimento extraordinario de la pieza. Pero en este caso los toques son muy estratégicos, en puntos que tienen que resaltar los blancos dentro del claroscuro. Por lo tanto se trataba de una cuestión diferente: un efecto añadido. De hecho, no conozco ninguna estampa de Goya que presente estos retoques blancos. Era, pues, un tema a estudiar.
 
A partir de aquí, ¿cómo se desarrolló la investigación?

Este primer viaje fue en el mes de septiembre. Después de esto, me facilitaron buenas fotografías para observar pieza por pieza, por parcelas, todas las diferencias, comparando y trabajando fotográficamente desde la Universidad.

El primer paso fue estudiar el papel de los grabados. Por la filigrana del papel descubrí que el material procedía de una fábrica que fue propiedad de José García Oseñalde, que en 1847 compra un molino papelero en la provincia de Guadalajara. Este hecho nos situaba los datos cronológicos.

Por otra parte, hay un grabado que también es la clave, que es el que más me llamó la atención para dedicarme a esta investigación seriamente. Podríamos decir que fue el detonante. Se trata del disparate número 2, Disparate de miedo, que presenta una raya. Este pequeño detalle permite situar las estampas de la Masía entre las pruebas de estado que conserva la Biblioteca Nacional de España y la primera edición de 1864. En las pruebas de estado que hizo el mismo Goya para ir organizando la composición, esta raya no sale; porque es como un arañazo que se hizo posteriormente, como un accidente. Y después, en la primera edición, se intenta borrar y la raya se vuelve blanca. Por lo tanto, sabemos que esta estampa va entremedias. Además, resulta que tiene la misma tinta, el mismo papel, el mismo cortado de márgenes que el resto de estampas de la Masía..., son todas iguales. Están hechas, pues, en la misma tirada.

Y todo esto se sabe a partir de un detalle que aparentemente podría parecer insignificante, como es una raya...

En estas particularidades se encuentra la rareza de esta colección. Por un lado, la falta de márgenes desmerece los grabados. Por otro, hay esos otros elementos que lo equilibran. De hecho, el estudio se basa sobre todo en la observación de estos detalles.

¿Por qué cree que los márgenes estaban cortados?

Pienso que los grabados que se conservan en la Masía son realmente pruebas de ensayo. Las pruebas de ensayo son las que se hacen para tantear el tipo de papel, tinta, etc., antes de la tirada definitiva. Son pocas y raras. Refuerza esta idea el hecho de que, aparte de estar cortadas, las doce estampas presentan agujeros. La hipótesis que propongo es que fueron cortadas en el mismo taller, colgadas en una pared, y que servían de referente para la primera tirada.

¿Dónde se situarían estos grabados en el conjunto de la obra de Goya?

Las estampas de Vilanova pertenecen a la última serie de grabados que hizo Goya y que se titula Los Disparates, también llamada Los Proverbios. La serie completa consta de veintidós grabados: dieciocho planchas originales son propiedad de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando (el Museo del Prado conserva la mayoría de los dibujos preparatorios que presentan variaciones considerables en relación con los grabados), y cuatro más pasaron por manos particulares hasta que en el verano de 2011 las adquirió el Museo del Louvre.

Es la serie más compleja. Primero, porque Goya la deja abandonada al exiliarse a Francia y, por lo tanto, no sabemos realmente cómo la quería acabar. Tampoco tenemos ningún documento escrito que explique su significado. Solo en trece de las estampas hay título manuscrito, y todos empiezan con la palabra disparate; de aquí viene el nombre de la serie. No obstante, la primera edición se publicó con el título Los Proverbios; porque la Calcografía Nacional, al adquirir las planchas, entendió que las imágenes hacían referencia a diferentes proverbios de la lengua castellana.

Por otro lado, iconográficamente son muy difíciles de interpretar. Presentan un mundo onírico, de una imaginación desbordante. Corresponden también al momento de las pinturas negras de Goya. Pero a la vez son como una conclusión, una compilación de toda su iconografía. Encontramos muchos elementos que vuelan, animales antropomórficos, figuras encapuchadas, caras monstruosas, gente que grita, dolor, pero también elementos burlescos, grotescos... Cada uno de ellos es de una riqueza extraordinaria.
 
¿Se sabe cuándo hizo Goya esta serie?

Se calcula que fue entre 1815 y 1824, que es cuando marcha al exilio y las planchas se quedan aquí. Se piensa que empieza en 1815 porque se publica la serie anterior, Tauromaquia, en 1816, y en una de las pruebas de papel, en la otra cara, hay impresa una prueba de estado del disparate número 13, Modo de volar. Por otro lado, las planchas tienen la misma medida y son de la misma calidad que las de la Tauromaquia. O sea que pertenecen al mismo lote de cobre. Por lo tanto, la cronología es 1815-1824.
 
Hay autores que también han dicho que se trata de una serie inacabada; porque ninguno de estos grabados está datado. Tampoco consta la numeración. En la primera edición todavía no están los números; posteriormente la Calcografía se los pone. Por lo tanto, tampoco sabemos el orden exacto que Goya les quería dar, ni si seguían una narración gráfica o no. Todo ello es muy misterioso.

Y dentro de la serie Los Disparates, las estampas de Vilanova ¿a qué corresponden exactamente?

Concretamente son pruebas de ensayo póstumas, anteriores a la primera edición de la serie de dieciocho estampas que la Real Academia de San Fernando hace en 1864. Cronológicamente se sitúan entre 1848 y 1863 (Goya había muerto mucho antes, en 1828) y forman parte del legado que la familia Cabanyes dejó a la Masía.

Fíjate en que hablamos de una serie de dieciocho grabados, pero en Vilanova solo se han encontrado doce. ¿Qué se ha hecho de los seis que faltan? A mí me extraña mucho porque se ve una serie muy completa. Algún día quizás saldrán a la luz...

¿Cómo llegaron los grabados a la Masía?

Hay una hipótesis: podría ser que los trajera de Madrid Joaquim Cabanyes, que era militar y también pintor. Había estado en la Academia de Alcalá de Henares como militar. Por lo tanto, frecuentaba Madrid y, por otro lado, estaba muy relacionado con el mundo del arte.

Lo que encontramos al desenmarcarlos, que fue muy emocionante, es que detrás de los marcos de papel, a manera de protección, había una hoja de La Vanguardia del 2 de septiembre de 1895. Esto nos sirve para situarnos cronológicamente. Efectivamente, hace más de cien años que estos grabados están en la Masía.

¿Cuál es la importancia de este hallazgo dentro de la obra de Goya?

Las particularidades que comentábamos antes hacen que estas pruebas sean muy diferentes de las colecciones que conocemos hasta ahora. Son, pues, obras únicas que presentan algunos detalles inéditos. Destacan por la excepcionalidad de su rareza y aportan un alto valor documental para el estudio de la obra gráfica de Goya. Nos ayudan a comprender mejor el proceso de impresión y los avatares que siguió esta serie. Todo ello ha supuesto una investigación apasionante. Podríamos decir, como resumen, que el estudio de los doce grabados de Goya conservados en Vilanova ha tenido recompensa.

¿Y ahora, qué?

Mi investigación prácticamente se ha acabado y se ha de publicar. Los grabados se están restaurando para exponerlos al público en el Centro de Interpretación del Romanticismo Manuel de Cabanyes, situado en la misma Masía.
 

 

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