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Christian Felber: «Recortar en tiempos de crisis es letal»

Christian Felber.

Christian Felber.

Imagen de la conferencia que impartió el pasado 11 de abril, en el Paraninfo de la UB.

Imagen de la conferencia que impartió el pasado 11 de abril, en el Paraninfo de la UB.

06/05/2013

Entrevistes

Economía y sentido común son dos conceptos que pueden y deben estar relacionados. Al menos así lo cree Christian Felber, que entreteje su discurso sobre la economía del bien común (EBC) de forma clara, precisa y convincente.

Nacido en Salzburgo en 1972, este profesor de economía, disciplina que imparte en la Universidad de Viena, demuestra sus buenas dotes de comunicador en cada una de las intervenciones que realiza, lo que le valió en 2010 el reconocimiento de la Asociación Austriaca de Relaciones Públicas. El pasado 11 de abril, Felber estuvo en la Universidad de Barcelona, donde explicó en un Paraninfo totalmente abarrotado su visión acerca de los problemas que atenazan la economía mundial.

Consciente de que visitaba uno de los países más azotados por la coyuntura económica, Felber desnudó el fracaso de las políticas de reactivación de la Unión Europea y puso el euro en el epicentro del terremoto.

 

¿Cómo podría definir en pocas palabras la EBC?

La esencia del modelo es la resolución de la contradicción entre los valores negativos del mercado —egoísmo, desconsideración, avidez, avaricia, irresponsabilidad— y los valores que permiten florecer nuestras relaciones humanas y ecológicas. Estos últimos valores son universales y forman parte de nuestras constituciones: dignidad,solidaridad, justicia, democracia. Los valores económicos, en cambio, no son constitucionales. La EBC propone resolver esta contradicción cambiando las dos principales reglas legales que guían el comportamiento de los actores económicos —afán de lucroy competencia— por otras dos: contribución al bien común y cooperación.

En este modelo, el éxito económico ya no se mide con indicadores monetarios (el dinero solo es el medio), sino según el objetivo del bien común. El Producto Interior Bruto (PIB) es relevado por el Producto del BienComún (PBC) en el nivel de la economía nacional,y el balance financiero por el balance del Bien Común en el nivel de la empresa. Cuanto más cooperativa, solidaria, ecológica y democráticamente se organicen y comporten las empresas, mayor será su éxito. Las compañías más éticas serán las más exitosas; mientras que las más desconsideradas fracasarán. De esta forma, las leyes del mercado por fin estarán en concordancia con los valores de la sociedad.
 

En su nuevo libro, Salvemos el Euro, comenta que la crisis de la moneda única puede poner en peligro, en última instancia, la paz social y la democracia de los países comunitarios.

Es más que obvio. Ahorrar y recortar en épocas de recesión es letal para la economía. No se logra la disminución del déficit y de la deuda, sino un aumento desbocado. Los recortes en los gastos del estado aumentan las cifras de paro, tanto en el sector público como en el privado. Entonces, los costes derivados de los subsidios de desempleo aumentan, el déficit crece y con él la deuda. El aumento de la deuda incrementa el coste de la misma, lo que conduce a nuevos recortes… Estamos ante un círculo vicioso, una espiral hacia abajo.

Si la estrategia de austeridad y recortes continúa en vez de apostar por gravar las grandes fortunas y pagar así la deuda pública y estimular la inversión, la crisis se irá profundizando, y también las tensiones sociales. Ya se observan amagos de revueltas en Grecia, Portugal o España.

 

El sistema financiero de Chipre se ha derrumbado, la economía española retrocederá un 1,4%, la deuda pública de Italia se sitúa en el 130,4% de su PIB. ¿Tenemos motivos para ser optimistas?

De momento, muy pocos. Mi pronóstico es que el Mecanismo de Estabilidad Europeo (MEDE) se agotará pronto y que lo van a duplicar. Pero esto tampoco será suficiente. Consideremos el caso de España. La tasa de morosidad de los créditos está alcanzando el 12%. En 2007, en «tiempos de paz», se encontraba en el 1%. Si continúa la recesión algunos años más, se acercará al 20 o incluso al 30%. El 30% equivaldría a más de 500.000 millones de euros. Si un volumen de créditos de este tamaño falla, el Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria (FROB) se romperá, al igual que pasará con el MEDE. La duplicación del MEDE, por otra parte, ya no se podrá justificar políticamente en los países acreedores. Y tampoco será suficiente: ya es tarde.

Sería mucho más justo declarar la insolvencia de los estados, algo imposible por la existencia de los bancos sistémicos. Imagínese: España añade los 500.000 millones a la deuda pública que ya tiene y entra en insolvencia. Hará falta una quita de la deuda de al menos el 50%, más o menos 750.000 millones de euros. Esto arrasaría a todos los bancos sistémicos de Europa: conduciría a una fusión de núcleo financiera.

Sin embargo, existen alternativas. La riqueza privada supera cinco veces la deuda pública en la zona euro. Con un impuesto del 2% sobre estas fortunas se podría salir de la crisis: un 1% para repagar la deuda pública y reducirla a la mitad en 10 años; el otro 1% para estimular la inversión pública y crear empleo. Yo propongo cuatro impuestos más a nivel comunitario: sobre las rentas del capital, sobre los beneficios de las sociedades del capital, sobre las transacciones financieras y sobre los tipos máximos del IRPF. En todos los demás impuestos, los estados nacionales pueden mantener su autonomía fiscal completamente. Pero un mercado común sin coordinación en aquellos impuestos donde hay competencia fiscal es como jugar al fútbol permitiendo faltas.

 

Apoya como solución establecer un impuesto sobre las transacciones financieras. Ha habido múltiples intentos de aprobar a nivel europeo la implantación de la llamada  tasa Tobin sin éxito. ¿Por qué se trata de un tema tabú?

El movimiento Attac, del que soy cofundador en Austria, empezó a reivindicar este impuesto en 1998. Al principio nos tacharon de locos y utópicos, como siempre. Pero este año, once países han decidido la implementación de este impuesto, lo que es un éxito notable desde nuestro punto de vista. Sin embargo, lo que la Comisión Europea está proponiendo no es ni la mitad de lo que reivindicamos nosotros. Según cálculos de los dos institutos de investigación económica más renombrados de Viena, un impuesto serio implementado por toda la UE permitiría a las arcas públicas ingresar unos 300.000 millones de euros al año. Con estas cantidades sí se puede repagar la deuda y crear empleo para acabar con la crisis.

La mayor resistencia contra este impuesto proviene de la City de Londres y el gobierno del Reino Unido. Yo haría lo siguiente: vincular la libre circulación de capitales a la cooperación fiscal. Si Londres decide no cooperar en términos fiscales, se acaba el mercado común con este país. Donde hay un espacio común, deben existir reglas comunes. Si los vecinos europeos compartieran estos valores, el Reino Unido no se lo pensaría dos veces y cooperaría; porque tiene mucho más que perder que los demás: el acceso gratuito a los mercados financieros internacionales. Hay que entender que el libre movimiento de capitales es un instrumento político que se debe conceder según el grado de cooperación fiscal y regulatoria. Al final, es una cuestión de confianza entre países.

 

Afirma que la EBC es un movimiento que debe propagarse de «abajo arriba». Paralelamente, parece que las sociedades occidentales están sufriendo una crisis de legitimidad de los sistemas y partidos políticos. ¿Cómo puede el ciudadano recuperar el protagonismo?

Aspirando a la democracia real y a la verdadera soberanía. La raíz latina de soberano quiere decir ‘por encima de todo’. El pueblo soberano debe estar por encima del gobierno, del parlamento y de la Constitución. El pueblo soberano debería escribir la Constitución que define las reglas de juego. Los representantes tienen que cumplir con estas reglas. En cada momento, el pueblo debe tener el derecho de parar, corregir y complementar a sus representantes. Los ciudadanos deben tener el derecho de promulgar una ley a través de la  democracia directa. Y también de elegir una asamblea económica o monetaria para crear el orden económico y monetario que les convenga, que esté en congruencia con sus intereses, necesidades y valores. Creo que está llegando una segunda ola de Ilustración que mejorará los mecanismos democráticos. La primera ola nos hizo saborear lo que podría ser una democracia de verdad. Pero el plato principal aún está por cocinar. Y los cocineros  tenemos que ser nosotros mismos. 

 

¿Qué sinergias se pueden generar entre la EBC y la Universidad de Barcelona?

Son muchas: la UB puede fomentar la EBC en la investigación, enseñanza, aplicación y difusión pública. Aplicación puede significar que implemente el balance del bien común tal y como otras instituciones educativas ya lo están haciendo.

En segundo lugar, puede tejer una red de cooperación de universidades en España para aunar fuerzas y crear sinergias.

Y en tercero, puede participar en proyectos y cooperaciones internacionales. Cada día estamos en contacto con más universidades. Un ejemplo son las de Mannheim o Salzburgo. Sería interesante desarrollar el PBC, que relevaría al PIB como indicador de éxito de una economía nacional. Otro proyecto valioso puede ser el estudio multidisciplinario de la imagen del ser humano capitalista, el Homo oeconomicus; preguntándonos a la vez qué potencial del Homo reciprocans, ecológico, intuitivo y espiritual llevamos dentro sin desarrollar por el hecho de no prestarle atención.

 

¿Cómo puede ayudar la educación superior a construir esta alternativa social que representa la EBC?

Puede ayudar en muchos niveles: a través de la docencia, como ya están haciendo algunas universidades, a través de la investigación, etc. Pero también en cuanto a la posibilidad de financiar los bienes comunes y públicos. Como hemos visto, abunda la riqueza: en vez de recortar y empeorar los servicios, los países afluyentes están en condiciones de financiar un sistema educativo de libre acceso y alta calidad. ¿En qué deberíamos invertir si no es en la educación?

También pueden colaborar a través de su aplicación: pueden hacer el balance del bien común en los centros educativos.

Su papel también es importante en la toma de partido por la democracia, a través de la reivindicación de una convención sobre la educación. En esta, los implicados —alumnos, estudiantes, padres, profesores— podrían diseñar juntos el sistema educativo que les convenga, incluyendo el tema de la financiación. Seguro que el resultado será mejor que cuando el gobierno lo determina todo.

Esto alimentará a su vez los movimientos de ciudadanos a favor de más democracia, cuyo fin supremo puede ser un proceso constitucional desde abajo. Una constitución escrita por el pueblo soberano contendrá seguramente el derecho de convocar asambleas diferentes: para la economía, para el sistema monetario, para la educación o para los medios de comunicación. De esta forma, el sistema educativo en general, y la educación superior en especial, serán beneficiados por el espíritu democrático que ellos mismos incitan.

Y si adoptamos todos un espíritu de democracia, de autodeterminación y de libertad, seremos capaces de dotarnos de un sistema económico que se corresponda con nuestros valores y nuestras necesidades.

 

Enlace a la conferencia sobre la EBC que impartió Christian Felber el día 11 de abril en el Paraninfo de la UB.

 

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