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Yvonne Blake: «Hay que trabajar duro y aceptar los retos, aunque sean difíciles, porque no se aprende tomando siempre el camino fácil»

Yvonne Blake (Manchester, 1940) es una grande del diseño de vestuario. Ha trabajado en títulos tan destacados com <i>Fahrenheit 451</i>, <i>Jesucristo Superstar</i>, <i>Robin y Marian</i> o <i>Superman</i>.

Yvonne Blake (Manchester, 1940) es una grande del diseño de vestuario. Ha trabajado en títulos tan destacados com Fahrenheit 451, Jesucristo Superstar, Robin y Marian o Superman.

A lo largo de su carrera ha sido galardonada con importantes premios, como un Óscar, cuatro Goyas y el Premio Nacional de Cinematografía.

A lo largo de su carrera ha sido galardonada con importantes premios, como un Óscar, cuatro Goyas y el Premio Nacional de Cinematografía.

Blake visitó la UB con motivo de la exposición «L’experiència màgica del cinema», que acoge el Edificio Histórico de la Universidad.

Blake visitó la UB con motivo de la exposición «L’experiència màgica del cinema», que acoge el Edificio Histórico de la Universidad.

«Tengo 73 años, pero quiero mantenerme activa mientras pueda».

«Tengo 73 años, pero quiero mantenerme activa mientras pueda».

09/12/2013

Entrevistes

Yvonne Blake (Manchester, 1940) es una grande del diseño de vestuario. Se formó en el Regional College of Art & Design de Manchester y empezó su carrera en la casa de vestuario Bermans & Nathans, que colaboraba con la mítica productora de cine de terror Hammer Films. Ha trabajado en más de cincuenta películas a las órdenes de directores como François Truffaut, Richard Donner, Paul Verhoeven o Milos Forman, y también con españoles como Gonzalo Suárez o Vicente Aranda. A lo largo de su trayectoria ha vestido a grandes estrellas, como Marlon Brando, Audrey Hepburn, Ava Gardner, Robert de Niro, Sean Connery o Elisabeth Taylor. En 1971 ganó un Óscar con Nicolás y Alejandra, de Franklin J. Schaffner, y cinco años más tarde volvió a ser candidata a la estatuilla con Los cuatro mosqueteros, de Richard Lester. Además, ha sido cuatro veces candidata a los Premios de Cine de la Academia Británica (BAFTA) —una por Jesucristo Superstar— y dos a los Emmy. También ha ganado cuatro Goyas por Remando al viento, Canción de cuna, Carmen y El Puente de San Luis Rey. Entre los últimos premios que ha recibido, están la Medalla de Oro al Mérito en el Trabajo en 2011 y el Premio Nacional de Cinematografía en 2012.
 
El pasado 21 de noviembre, Yvonne Blake visitó la UB para participar en una mesa redonda sobre cine, dentro de las actividades programadas con motivo de la exposición «L’experiència màgica del cinema», que acoge el Edificio Histórico de la Universidad. En ese acto fue nombrada patrona de honor de la Fundación Aula de Cine Colección Josep M. Queraltó.
 

A lo largo de su carrera ha sido galardonada con importantes premios, como un Óscar y cuatro Goyas. El más reciente de ellos ha sido el Premio Nacional de Cinematografía 2012, que recibió por «convertir el vestuario en uno de los aspectos más valiosos de las numerosas películas en las que ha participado». ¿Qué significó para usted este premio?

Es el que más ilusión me ha hecho recibir. Aunque no nací aquí, llevo más años en España que en mi propio país. Así que ganar este reconocimiento nacional ha significado mucho para mí. Me hace sentir muy querida en España por la profesión, por los miembros de la Academia de Cine y otros figurinistas. Además, fue una sorpresa. No podía creerlo. Porque no trabajo para obtener premios; nunca los espero, pero cuando llegan, es fantástico.
 

Es, hasta el momento, la única mujer técnica en recibir este galardón.

Sí, por eso estoy muy orgullosa de haberlo recibido. Porque creo que, de alguna manera, he abierto una puerta para otras mujeres técnicas, como montadoras, directoras de cámara, etc. Eso es lo que más valoro del premio: lo que puede significar para otras mujeres. Porque nosotras, en el cine, trabajamos tan bien como los hombres; somos igual de talentosas. Pero siempre hemos tenido menos reconocimiento. Aunque, personalmente, en mi trabajo nunca he sufrido por ser mujer, sé que directoras y productoras sí lo sufren: ganan menos que los hombres y tienen menos posibilidades de dirigir una película. No se las toma tan en serio. Es una lucha continua que tenemos que hacer.
 

Retrocedamos a sus inicios. Empezó su carrera en la casa de vestuario Bermans & Nathans, colaboradora de la productora de cine de terror Hammer Films, reconocida por títulos como Drácula, La Momia y Frankenstein. ¿Qué recuerda de aquella experiencia?

Empecé mi carrera muy joven. Con dieciséis años gané una beca para estudiar Bellas Artes en Manchester. Pero un par de años después, me aburrí y me fui a Londres con mi portafolio debajo del brazo. Fue entonces cuando encontré trabajo en Bermans. Empecé como ayudante de Cynthia Tingey, la diseñadora estable de Bermans y creadora del vestuario de las estrellas de cine. Después, ella se casó con un multimillonario y empezó a trabajar menos: viajaba más con su marido y me pasaba trabajos que a ella no le apetecía tanto hacer. Entonces comencé a trabajar en varias películas para Hammer Films, haciendo ropa para las protagonistas. Trabajé en el vestuario de La sombra del gato y de El terror de los Tongs, entre otras. También hice trajes para Margaret Rutherford, una actriz británica muy famosa que hizo varias comedias inglesas.
 
Trabajar en Bermans fue la educación más maravillosa que uno pueda tener. Porque, aparte de diseñar y trabajar con Cynthia Tingey, que era muy buena figurinista, también ayudé al gran diseñador Cecil Beaton —que estaba preparando el vestuario de My Fair Lady en el Covent Garden. Aprendí mucho en los cuatro años que estuve en Bermans. Y después me ofrecieron hacer la serie de televisión Ricardo Corazón de León. Fueron años muy interesantes. Es una lástima que este tipo de aprendizaje ya no exista.
 

Y en 1966, con tan solo veintidós años, debuta como diseñadora de vestuario en la película La venus de la ira, vistiendo a Sofía Loren. La actriz italiana encabeza el listado de grandes intérpretes con los que ha trabajado: Elizabeth Taylor, Audrey Hepburn, Sean Connery, Marlon Brando o Ava Gardner han lucido sus diseños. ¿Quién le causó mayor impacto?

Yo creo que el que más me sorprendió fue Marlon Brando; porque era una estrella tan grande, pero al conocerle era tan normal, tan humilde, tan adorable y generoso, que me dejó pasmada. Me acuerdo de su primera prueba de vestuario (el traje también estaba hecho por Bermans). Le puse el traje con alfileres. Él ni tan solo quiso verse en el espejo, solo me preguntó si me gustaba a mí. Le contesté que sí y entonces dijo: «Pues a mí me va a encantar». Me impresionó muchísimo lo poco vanidoso que era. Además, nos reíamos mucho. Recuerdo que me decía que tenía muchos problemas para recordar los diálogos y me explicaba que tenía que leerlos en un teleprompter, escribirlos en su mano e incluso en la frente de la actriz con la que actuaba. Me reía mucho con él.
 

Coincidió con Marlon Brando en la película Superman (1978), de Richard Donner. De hecho, usted es la creadora del mítico traje de Superman que todos tenemos grabado en la memoria. ¿Cómo fue la experiencia?

El traje de Superman ya estaba creado para el cómic y de allí no podía cambiarlo. Estaba prohibido. Lo que intenté fue hacer un traje, en la medida de lo posible, lo más atractivo para el actor y lo más correcto para los fans de Superman. Yo no era especialmente una gran fan; pero sí tenía que reproducir un traje que no pareciera ridículo, sino que resultara completamente creíble y masculino, no como el de un bailarín de ballet. Así pues, procuré  que no se vieran las costuras, o al menos que se apreciaran lo mínimo. Para ello utilizamos velcro, algo muy nuevo en esa época; como también la licra. De hecho, utilizamos una de las primeras licras del mercado. Fue una época muy innovadora y muy interesante. Teníamos la emoción de hacer cosas que nosotros pensábamos que eran muy nuevas. Ahora esas cosas son muy fáciles; pero en nuestra época, que era predigital, fue todo muy nuevo.
 

¿Qué supuso para su carrera su trabajo en Superman?

Para mí era una película más. Ahora es cuando se ha convertido en un mito, en una película clásica; pero por aquel entonces yo no tenía ni idea de que eso iba a pasar.
 

Lleva más de cinco décadas en el cine y ha trabajado con grandes directores. Desde François Truffaut en Fahrenheit 451 a Los tres mosqueteros de Richard Lester y su secuela, pasando por Nicolás y Alejandra de Franklin J. Schaffner, que le valió el Óscar. Sin olvidar a Gonzalo Suárez y Vicente Aranda, entre muchos otros. Entre todos los trabajos que ha realizado, ¿de cuál se siente más orgullosa?

Yo creo que, en cuanto a vestuario, lo mejor que he hecho son Los fantasmas de Goya (2006), porque el resultado me parece muy realista. También es bastante reciente. Siempre pienso que uno mejora con los años; sientes más tranquilidad, porque tienes más control sobre lo que haces que cuando eres muy joven. Yo he sufrido horriblemente trabajando de joven por tener mucha inseguridad. Tengo inseguridad todavía, pero es diferente. Ahora me organizo de otra manera, y lo disfruto más. Especialmente en esta película. Fue una gozada trabajar con Milos Forman, porque es un gran director. Ese ha sido probablemente el trabajo del que más orgullosa me siento. Porque muchas veces veo películas que he hecho hace cuarenta años y a mí me parecen muy pasadas de moda, como Nicolás y Alejandra (1971). Es que no me gusta: no me gusta el vestuario, no me gustan los decorados…
 

Pero precisamente ganó el Oscar por esa película…

Lo sé, pero no es mi mejor trabajo ni muchísimo menos.
 

¿Y cómo es el proceso de creación? ¿Dónde busca la inspiración?

Normalmente siempre es lo mismo: me mandan un guión para ver si me interesa o no, lo leo varias veces, tengo reuniones con el director para hablar del análisis de los personajes y busco documentación de diversas formas. Si es una película de época, busco la inspiración en museos; también tengo muchos libros de arte en casa, de todas las épocas. Visito mucho, por ejemplo, el Museo del Prado o el Museo del Traje, acompañada de un pequeño cuaderno donde anoto detalles de cosas que me parecen interesantes, especiales, no muy vistas en trajes de época. Siempre busco algo nuevo, un poco diferente, si es posible. En cambio, vestir a gente actual me parece mucho más difícil, y lo disfruto menos. Y es que, contrariamente a lo que mucha gente piensa, es mucho más fácil hacer una película de época que una actual.
 

¿Qué prepara actualmente?

He colaborado en dos cortos para ayudar a directores jóvenes. También tengo otro par de proyectos posibles para el año que viene (aunque no tienen luz verde todavía), y la oportunidad de hacer una obra de teatro pequeña, pero interesante, off Broadway. Además, el año pasado trabajé en un musical teatral muy ambicioso titulado El último jinete, que se estrenó en Madrid, y ahora existe la posibilidad de llevarlo a Londres. Tengo 73 años, pero quiero mantenerme activa mientras pueda.
 

En su profesión, ha llegado a lo más alto. ¿Qué consejo daría a las nuevas generaciones?

Tener mucho entusiasmo y ganas de trabajar. No te dan nada si no lo trabajas. Hay que trabajar duro y aceptar los retos, aunque sean difíciles, porque no se aprende tomando siempre el camino fácil. Y también mirar, utilizar los ojos. Ir a ver mucho cine, ver museos, exposiciones: cualquier cosa visual te vale, te puede inspirar. Hay que saber mirar y después utilizar lo que ves.
 
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