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Alícia Adserà: «Creo que la mejor política para aumentar la tasa de natalidad es ofrecer trabajo. Trabajo estable»

Alícia Adserà.

Alícia Adserà.

22/11/2017

Entrevistes

Alícia Adserà es profesora en la Escuela Woodrow Wilson de Políticas Públicas y Asuntos Internacionales y la Oficina de Investigación sobre Población de la Universidad de Princeton (Estados Unidos). También es miembro del Centro para la Investigación y el Análisis de la Migración en el University College de Londres. Su investigación se centra, entre otros temas, en el estudio de las decisiones sobre la natalidad en las familias y en el impacto de las circunstancias económicas en la decisión de tener hijos. El pasado octubre, Adserà fue la ponente invitada a la inauguración del instituto de investigación de la UB Barcelona Economics Analysis Team (BEAT), con una conferencia titulada «Education and fertility in a context of rising inequality»

Respecto a la conferencia impartida en la inauguración del BEAT, quería preguntarle sobre la relación entre el nivel de estudios de las mujeres y el número de hijos que tienen.

La relación entre los estudios y la natalidad ha sido negativa desde el siglo XIX. Con ello quiero decir que las mujeres con menos estudios tienen más hijos que las que tienen más estudios. Lo que pasa ahora es que, de algún modo, esa relación se está nivelando: esas diferencias en el nivel de formación han disminuido. Y lo han hecho más rápidamente en algunos lugares que en otros. Algunas de estas tendencias están conducidas por dos factores: uno de ellos es que cada vez hay más mujeres con estudios. Por ejemplo, la mayoría de mujeres en Estados Unidos tiene estudios superiores —algunas veces no finalizados— y en algunos países europeos esta cantidad también está creciendo: en los países nórdicos la cifra supera el 50 %. El segundo factor está relacionado con las condiciones económicas, que determinan algunos de estos patrones y afectan especialmente a las personas con una formación básica o media.

¿Cómo se relaciona esto con otros factores, como los nuevos modelos de familia, familias monoparentales, familias que se han reestructurado?

Ahora tenemos más hijos extramatrimoniales, en algunos casos de madres solteras y en otros de parejas no casadas, lo que depende del país. En algunos países, el primer hijo nace de una pareja no casada, sobre todo en países nórdicos, donde —curiosamente— estas parejas se casan después del primer hijo y antes del segundo. En otros países, esta dinámica está más dominada por padres solteros, por ejemplo en Estados Unidos, donde esa tendencia es muy común. El fenómeno está relacionado negativamente con el nivel de estudios. En Estados Unidos, quien no tiene estudios, o los tiene muy básicos, es quien más tiende a tener hijos mientras convive con la pareja. En Europa eso no pasa tanto: al principio, esa situación surgió entre la gente con más estudios, sobre todo en Francia; pero se ha ido nivelando lentamente y ahora es más probable ver un niño en una familia monoparental si la madre tiene menos estudiós.

En casos como Cataluña, con una tasa de fertilidad baja, ¿hasta qué punto se puede modificar la recesión de la natalidad con políticas públicas, y hacia dónde deberían ir esas políticas?

 

Esa es la pregunta del millón. Históricamente, las políticas públicas nunca han tenido éxito; por eso digo que es la pregunta del millón. Ofrecer puericultura es muy importante, pero si te fijas, por ejemplo, en el caso de España, cuando preguntas a la gente por qué no ha tenido más hijos, los problemas relacionados con el cuidado de los niños no son uno de los aspectos que destaquen más en las encuestas. La decisión está más relacionada con un trabajo estable y con la incertidumbre. Creo que la mejor política para aumentar la natalidad sería ofrecer trabajo. Trabajo estable. Claro que eso es fácil de decir y difícil de hacer. Creo que los cambios de turno y sobre todo el tipo de contrato para las mujeres durante el periodo de maternidad son importantes, así como evitar la discriminación y ofrecer el permiso de paternidad también a los pedres.

Aparte de los estudios sobre natalidad, ¿cuáles son sus líneas de investigación?

Las migraciones. Intento descubrir los principales motivos y los principales factores que hacen que la gente se vaya a ciertos destinos, e intento analizar las condiciones de los lugares de origen y de destino. En concreto, trabajo en el campo de las lenguas: estoy observando la distancia lingüística entre el lugar de origen y de destino. Aquí es necesario tener en cuenta diversos factores, como las condiciones históricas, la distancia, las diferencias en el paro, si la gente continúa marchándose a lugares donde la lengua es relativamente similar... También estoy trabajando en las guerras y la violencia como creadoras de flujos de migración, no solo hacia países ricos, sino también a países pobres en muchos casos, países de los alrededores. Las guerras étnicas son las que provocan estos flujos, sobre todo. A una escala más micro, también trabajo sobre la adaptación de los inmigrantes a los países de acogida, sobre el trabajo que hacen, el tipo de habilidades que utilizan para acceder al mercado laboral y la posibilidad o no de quedar estancados en sus primeros empleos, que requieren competencias más bajas.

En el ámbito de las migraciones, a la hora de elegir el país de destino, ¿hasta qué punto influyen factores culturales, como la llengua?

La diferencia de ingresos y el trabajo son los factores que llevan a la gente a irse a determinados lugares: comparan los ingresos per cápita del lugar de origen y de destino, y eso es normalmente lo que cuenta. Por su parte, la lengua es importante, y no solo la lengua, sino la comunidad lingüística de destino. Esto es muy interesante: si los inmigrantes coinciden con otras comunidades que hablan su misma lengua, por ejemplo, puede ser bueno para ellos, sobre todo para aquellos con una formación baja. Pero a la vez puede ser una trampa para algunos, cuando entran en determinados barrios muy cerrados, donde la gente trabaja y vive sin hablar la lengua local. Para quienes tienen estudios superiores, esto no supone el mismo problema, porque suelen aprender la lengua más rápidamente, y en algunos casos ya llegan con la lengua aprendida, sobre todo a los países de la OCDE, donde por ejemplo el inglés o el francés son la lengua del Trabajo.

Como investigadora que trabaja en Estados Unidos, ¿qué le parecen iniciativas como la del BEAT?

Creo que es una buena idea, es un modelo que funciona en muchos lugares. Por ejemplo, en la Universidad de Princeton, donde trabajo, y sobre todo en la Escuela Woodrow Wilson de Políticas Públicas y Asuntos Internacionales, que es una combinación de gente de varios campos de la economía, la política, la sociología, la biología o la física. Tenemos centros parecidos a este instituto. Y esa es una buena manera de crear sinergies.

 
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