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La inhumación de perros fue un ritual funerario habitual de las poblaciones neolíticas del noreste de la península ibérica hace unos 6.000 años

Principales yacimientos arqueológicos y necrópolis de Cataluña con enterramientos de perros.

Principales yacimientos arqueológicos y necrópolis de Cataluña con enterramientos de perros.

Arriba: restos de perro adulto en conexión anatómica parcial, hallados en La Serreta. Abajo: perro en conexión anatómica situado entre esqueletos humanos, de la necrópolis Bòbila Madurell.

Arriba: restos de perro adulto en conexión anatómica parcial, hallados en La Serreta. Abajo: perro en conexión anatómica situado entre esqueletos humanos, de la necrópolis Bòbila Madurell.

13/02/2019

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Coincidiendo con el establecimiento de la cultura de los sepulcros de fosa (4200-3600 aC), proveniente del sur de Europa, en el noreste de la península ibérica, las comunidades neolíticas de esta zona iniciaron una actividad ceremonial relacionada con el sacrificio y la inhumación de perros. El elevado número de casos registrados en Cataluña indica que fue una práctica generalizada y evidencia la relación estrecha que existió entre estos animales y los humanos, que los enterraban junto a ellos y los alimentaban con una dieta muy similar a la suya.

Así concluye una investigación liderada por la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB) y la Universidad de Barcelona (UB) que aporta datos nuevos para describir e interpretar la presencia de perros en espacios sagrados y funerarios del Neolítico medio en la península ibérica. El estudio, que se ha publicado en Journal of Archaeological Science: Reports, profundiza en la relación de los humanos con estos animales.

En el trabajo se han estudiado los restos de veintiséis ejemplares de perros encontrados en estructuras funerarias de cuatro yacimientos y necrópolis de la provincia de Barcelona. Además, se ha hecho el análisis isotópico de dieciocho de ellos para establecer si la relación con sus probables propietarios comportaba otros aspectos, como el control de la dieta.

Los perros tenían entre un mes y seis años, con predominio de ejemplares de entre doce y dieciocho meses, y eran de tamaño homogéneo, entre los 40 y los 50 centímetros de altura en la cruz. Mayoritariamente fueron enterrados en tumbas circulares, junto con los humanos o entre ellos, aunque también se han encontrado separados en tumbas cercanas y, en un caso, a la entrada de la cámara mortuoria. Los esqueletos estaban semicompletos y en conexión anatómica —solo uno de ellos estaba completo, junto a un niño—, sin fracturas o marcas de manipulación para la evisceración o el desollado, ni indicios de presencia de depredadores.

«La selección de cachorros y ejemplares jóvenes hasta un año sugiere una intencionalidad en el sacrificio. Aunque se podría pensar en un consumo humano, el hecho de que los enterraran junto a los humanos o cerca de ellos apunta a un depósito intencionado y una relación directa con la muerte y el ritual funerario», explica Silvia Albizuri, investigadora del Seminario de Estudios e Investigaciones Prehistóricas (SERP) de la UB y primera firmante del artículo. «Esta hipótesis es consistente, además, con el hecho de encontrarse en una zona de influencia cultural que confiere un valor simbólico al perro en este periodo, como es el sur de Francia o el norte de Italia».

Dieta rica en cereales y verduras, gestionada por los humanos

El estudio isotópico de los restos y su comparación con los de los humanos y otros herbívoros de los yacimientos indica que la dieta de la mayoría de los ejemplares era mixta y muy parecida a la humana, con una elevada presencia de cereales, como el trigo, y de verduras. En dos cachorros y dos adultos, la alimentación fue predominantemente vegetariana, y en pocos casos fue rica en proteína animal.

«Estos datos reflejan una convivencia muy estrecha entre perros y humanos y, muy probablemente, la preparación específica de su alimentación, que se hace evidente en los casos de una dieta únicamente vegetal. Posiblemente lo harían para liberarlos del tiempo que deberían haber dedicado a obtener alimento y así controlar mejor su rendimiento en las tareas de vigilancia. Esta gestión también explicaría la homogeneidad del tamaño de los ejemplares», indica Eulalia Subirà, del Grupo de Investigación en Antropología Biológica (GREAB) de la UAB.

 

Unos animales poco estudiados

La presencia de perros en estructuras prehistóricas de desecho no es habitual, lo que los convierte en una especie doméstica poco conocida. Más escasa todavía es su presencia en tumbas. Por todo ello se puede considerar excepcional la aparición de esqueletos en conexión anatómica, como los analizados en este trabajo.

En la península ibérica se han encontrado casos más antiguos de enterramientos individuales aislados, pero solo con posterioridad se han documentado como una práctica generalizada relacionada con el ritual funerario. Dicho ritual se extendió y se prolongó durante un centenar de años, hasta la Edad de Hierro.

Tampoco son abundantes los estudios sobre la alimentación de estos animales, con algunos casos de dietas mixtas identificados en Francia, Anatolia y China. «Recientemente se ha visto que los perros tienen diez genes con una función clave para digerir almidón y grasa, lo que les haría asimilar los carbohidratos con más eficiencia que su ancestro, el lobo. Nuestro estudio ayuda a concluir que durante el Neolítico se incluyeron varios vegetales en su alimentación», señala Eulàlia Subirà.

Por otra parte, la investigación permite reforzar la idea de que los perros jugaron un papel muy importante en la economía de las poblaciones neolíticas, guardando rebaños o vigilando los asentamientos. Quizá esa relación vital los convirtió en compañeros también en la muerte, o bien en símbolos en los rituales funerarios, concluyen los investigadores en el artículo.

El equipo de investigación que ha realizado el estudio está formado por los arqueozoólogos Silvia Albizuri, Jordi Nadal (ambos del SERP-UB) y Patrícia Martín (IPHES y SERP-UB); los arqueólogos Juan Francisco Gibaja (Institución Milà i Fontanals, IMF-CSIC); Araceli Martín Cólliga (Servicio de Arqueología y Paleontología de Cataluña), Xavier Esteve y Xavier Oms (ambos del SERP-UB) y Miquel Martí y Roser Pou, y los biólogos Eulàlia Subirà y Diego López Onaindia (UAB).

 

Artículo de referencia:

Albizuri, S.; Nadal, J.; Martín, P.; Gibaja, J. F.; Martín Cólliga, A.; Esteve, X.; Oms, X.; Martí, M.; Pou, R.; López-Onaindia; D., Subirà, M. E. «Dogs in funerary contexts during the Middle Neolithic in the northeastern Iberian Peninsula (5th–early 4th millennium BCE)». Journal of Archaeological Science: Reports, abril de 2019.

 

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