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La contaminación de los ríos favorece la presencia del gusano ancla en los peces de agua dulce

El gusano ancla tiene una distribución casi mundial y su dispersión se asocia a las actividades recreativas en ríos y al comercio internacional de peces para la acuicultura. Foto: Servicio Geológico de los Estados Unidos

El gusano ancla tiene una distribución casi mundial y su dispersión se asocia a las actividades recreativas en ríos y al comercio internacional de peces para la acuicultura. Foto: Servicio Geológico de los Estados Unidos

El nuevo trabajo evalúa los factores asociados a los episodios de parasitismo del gusano ancla en diecinueve especies de peces.

El nuevo trabajo evalúa los factores asociados a los episodios de parasitismo del gusano ancla en diecinueve especies de peces.

17/06/2019

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Las aguas mal depuradas que llegan a los ríos y la escorrentía de zonas agrícolas pueden potenciar la expansión del gusano ancla —una especie exótica que parasita peces de agua dulce— en la red fluvial peninsular. Así se desprende de un nuevo trabajo en el que participan los expertos Alberto Maceda Veiga, del Instituto de Investigación de la Biodiversidad de la Universidad de Barcelona (IRBio), y Adolfo de Sostoa, de la Facultad de Biología y del IRBio.

 

En el artículo, publicado en la revista International Journal for Parasitology, también participan Ralph Mac Nally (Universidad de Canberra, Australia), Andy J. Green (Estación Biológica de Doñana, EBD-CSIC), y Robert Poulin (Universidad de Otago, Nueva Zelanda).

 

Gusano ancla: un crustáceo invasivo que llegó del continente asiático

El gusano ancla (Lernaea cyprinacea) es una especie invasora de origen asiático que afecta a peces de agua dulce —ciprínidos y salmónidos, en especial— y causa también muchas pérdidas económicas en piscifactorías. En la Península, este crustáceo copépodo se identificó por primera vez en 1973 en el río Esla, en la provincia de León. Hoy en día, el gusano ancla tiene una distribución casi mundial y su dispersión se asocia a las actividades recreativas en ríos y al comercio internacional de peces para la acuicultura.

«La fauna parasitaria —nativa y exótica— que afecta a los peces de los ríos peninsulares es todavía bastante desconocida, en especial la de los ciprínidos, la familia de peces más común en la Península y el continente europeo», explica Alberto Maceda, miembro del IRBio y del EBD-CSIC.

«Los peces de agua dulce son uno de los grupos animales más amenazados del mundo —continúa— y unos de los factores que podrían explicarlo es su vulnerabilidad creciente ante los patógenos que perturban los ecosistemas naturales».

El nuevo trabajo evalúa los factores asociados a los episodios de parasitismo del L. cyprinacea en diecinueve especies de peces (carpa, trucha común, anguila, barbo de montaña, gambusia, etc.). En concreto, los expertos analizan cómo afectan los cambios de la calidad del agua y del hábitat natural en la dispersión del gusano ancla en cuencas hidrográficas del nordeste peninsular —en Cataluña, el río Ebro y el Garona— afectadas por factores de estrés ambiental comunes a buena parte de los sistemas fluviales de todo el mundo.

El cambio climático, ¿favorecedor del gusano ancla?


El gusano ancla está presente en todas las regiones hidrográficas analizadas, a excepción de las cuencas del Ridaura, el Sènia, el Garó y el Foix en Cataluña.

 

La contaminación por nutrientes y la alta conductividad del agua —por las aguas residuales vertidas sin depurar— son factores que fomentan los casos de parasitismo del gusano ancla en la red fluvial, detallan los expertos.

Los contaminantes medioambientales pueden afectar al sistema inmunitario de los peces autóctonos y hacerlos más sensibles a las infecciones parasitarias. Cuando el parásito es tolerante a los tóxicos, se beneficia de la situación e parasita los peces con las defensas debilitadas. «Aún es más grave si el parásito es un organismo exótico y el sistema inmunitario de los peces nativos no ha coevolucionado con la especie introducida. Entonces, las infecciones pueden tener efectos catastróficos», alerta Alberto Maceda.

Los peces de río que muestran tasas más altas de infección parasitaria corresponden a cinco especies nativas: el barbo colirrojo (Barbus haasi), el barbo de Graells (Luciobarbus graellsii), la madrilla (Parachondrostoma miegii) y el bagre (Squalius laietanus). Entre los peces más afectados por el gusano, también destacan la carpa (Cyprinus carpio) y la perca sol (Lepomis gibbosus), que son especies exóticas.

El tamaño de los peces y la ubicación del tramo fluvial son factores que también intervienen para potenciar la presencia de este parásito generalista, que suele encontrarse en las zonas más bajas del curso fluvial, donde las temperaturas son más cálidas que en las cabeceras.

«Sin embargo, el hecho de encontrar también el gusano ancla en truchas —de aguas más frías— nos hace reflexionar sobre el impacto potencial del cambio climático en la expansión de esta especie invasora», advierte Maceda.

La Directiva marco del agua: proteger la biodiversidad de los sistemas fluviales

La prevención es decisiva para evitar la dispersión del gusano ancla en la red hidrológica peninsular, alertan los expertos. Es habitual que los casos de parasitismo causados por este agente infeccioso puedan pasar desapercibidos —con porcentajes de infección muy bajos— a excepción de los brotes epidémicos inesperados, que pueden causar una mortalidad masiva de peces. «Una vez llegados a ese límite, será demasiado tarde para actuar y no se podrá hacer nada para salvar la población de peces», alerta Maceda.

En el futuro, para detener la expansión del gusano parásito en la red fluvial será decisivo mejorar el estado medioambiental de los ríos, evitar el traslado de peces —pueden ser vectores del parásito entre distintos tramos—, y desinfectar las aguas de las empresas.

«Ante esta situación de amenaza, lo que haría falta es hacer cumplir sin excepción la Directiva marco del agua (EU 2000) en todos los tramos fluviales, y no solo pensando en el impacto del gusano parásito, sino en el beneficio de los ríos en general, de los ecosistemas naturales y del conjunto de la sociedad», concluyen Alberto Maceda y Adolfo de Sostoa.

 

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