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Maria Jose Masanet: «Algunas series de televisión recrean mitos románticos que a menudo enmascaran y justifican la violencia de género»

Maria Jose Masanet es experta en educación mediática, adolescencia y juventud, perspectiva de género y representación de la sexualidad y la relación amorosa en los medios de comunicación.

Maria Jose Masanet es experta en educación mediática, adolescencia y juventud, perspectiva de género y representación de la sexualidad y la relación amorosa en los medios de comunicación.

En la serie <i>Física o Química</i> aparecía una relación de violencia de género protagonizada por los personajes Gorka y Ruth.

En la serie Física o Química aparecía una relación de violencia de género protagonizada por los personajes Gorka y Ruth.

En <i>El Barco</i>, Ainhoa y Ulises protagonizaban un amor prohibido.

En El Barco, Ainhoa y Ulises protagonizaban un amor prohibido.

10/03/2020

Entrevistes

Maria Jose Masanet (1986, La Vall d’Ebo, Alicante) es doctora en Comunicación Social por la UPF. Actualmente es profesora lectora Serra Húnter en la Facultad de Información y Medios Audiovisuales de la UB y centra su investigación en la educación mediática, las narrativas transmedia, la adolescencia y juventud, las series de televisión, la perspectiva de género y la representación de la sexualidad y la relación amorosa en los medios de comunicación. Este pasado mes de febrero, Masanet tuvo la oportunidad de compartir sus investigaciones con adolescentes en varios institutos de Galicia, donde ha impartido charlas que se desprenden de la línea de investigación iniciada con su tesis doctoral, «Representació mediàtica i interpretació adolescent de la sexualitat i la relació amorosa a la ficció seriada», y que ha continuado explorando en los últimos años a través de distintas publicaciones.

 

¿Cuál era el objetivo de su tesis?
Me centré en analizar las series para adolescentes de producción española se estaban consumiendo en ese momento: Física o Química, Los Protegidos y El Barco. Estaba especialmente preocupada por analizar productos mediáticos consumidos por adolescentes, y las teen series eran la estrella.

¿Y a qué conclusiones llegó?
Encontré representaciones muy diversas, desde la relación de violencia de género protagonizada por Gorka y Ruth en Física o Química hasta los amores prohibidos de Sandra y Culebra en Los Protegidos y de Ainhoa y Ulises en El Barco. El elemento clave que más me llamó la atención fue la idealización del amor romántico que se desprendía de las representaciones de las series y de los comentarios que los adolescentes hacían en los foros de fans. Las series seguían representando argumentos universales como el amor imposible de Romeo y Julieta o el amor redentor de la Bella y la Bestia. Argumentos que se han ido modernizando y actualizando, pero que siguen reivindicando mitos románticos como los del amor verdadero predestinado, el poder del amor o que amar es sufrir. Mitos que, de hecho, a menudo enmascaran y justifican la violencia de género.

Observó, además, que ciertos estereotipos comportan diferencias de género.
Ese es, desde mi punto de vista, uno de los elementos más interesantes que se desprenden de la tesis: la idealización romántica se presenta como femenina y el estereotipo sexual como masculino. Muchas series adolescentes acaban representando arquetipos femeninos y masculinos. A las chicas se les asigna el papel de cuidadoras y responsables, y a los chicos, el de rebeldes irresponsables. De hecho, son las chicas las que hablan el lenguaje del amor con los chicos y les enseñan a amar. Y, si lo consiguen, los convierten en príncipes. De esta forma es como se reivindica el mito romántico del poder del amor que, incluso, cambia a las personas. Y, lo que es peor: si en algún caso las chicas adoptaban el papel que teóricamente pertenece a los chicos (rebelión, irresponsabilidad, etc.), la audiencia las criticaba, reforzando de esta manera los estereotipos de género y la violencia contra las mujeres.

¿Por qué la ficción presenta relaciones amorosas y sexuales tan poco realistas?
Son series para adolescentes. La adolescencia se caracteriza por la construcción de la identidad. Es en esta etapa de la vida cuando se hacen necesarios los referentes para construirse a uno mismo. Muchas veces esos referentes acaban siendo estereotipos que, de hecho, están muy presentes en nuestra sociedad y resultan fáciles de identificar y compartir. Los arquetipos de la chica responsable y del malote con buen fondo se convierten en modelos aspiracionales o de identificación con los que crecemos. Modelos fácilmente identificables para la mayor parte de los adolescentes y que, en un principio, serían fáciles de adoptar porque sabemos cómo funcionan, aunque luego resultan muy duros y frustrantes. Estos mismos arquetipos de mujer y hombre acaban representando unas relaciones amorosas mitificadas que a menudo incorporan violencias y control.

Me parece muy preocupante.
Es cierto, sin embargo, que en los últimos años también hemos visto evolucionar los personajes de las series adolescentes, seguramente debido al auge del feminismo y la concienciación social en torno a la igualdad. Ahora también encontramos personajes femeninos independientes y fuertes, chicas seguras de sí mismas que viven su sexualidad con libertad y valentía. Personajes atractivos para la audiencia que, de hecho, reivindica esos atributos. Los personajes masculinos también han evolucionado y empiezan a mostrar sentimientos y emociones, alejándose del arquetipo del malote. Series como Física o Química ya presentaban personajes más complejos y menos estereotipados, como Yoli y Paula. Pero a pesar de romper con los arquetipos, los mitos románticos perviven.

¿Qué mitos siguen más vigentes en pleno siglo XXI?
Me atrevería a decir que todos. Mitos como los del poder del amor, la entrega total del amor, el amor verdadero predestinado, el amor a primera vista o el de que amar es sufrir siguen teniendo mucho predicamento mediático. Hemos crecido con esos mitos y los identificamos como parte esencial del amor romántico.

Póngame un ejemplo concreto.
Desde pequeños nos enseñan que debemos buscar nuestra media naranja y que solo existe una. Eso supone que si encontramos una media naranja que es un maltratador, nos sea muy difícil separarnos de él. Por un lado, como el amor lo puede todo y el amor cambia a las personas, pensaremos que debemos ser capaces de cambiar a ese maltratador, de convertir a la bestia en príncipe. El problema es que las personas no cambian por amor y el maltratador no dejará de serlo por más amor que le mostremos. Eso acaba generando mucha frustración, también para la mujer que piensa que no ha conseguido cambiar al otro con su amor. Por otra parte, nos encontramos con que, en teoría, solo hay una media naranja para cada uno y, por tanto, si la perdemos nos quedaremos solos. Ese mensaje es muy peligroso, porque nos da a entender que no somos personas completas sin el otro. Es necesario deconstruir ese mito.

A hombres y mujeres, ¿nos educan de forma distinta?
Absolutamente. Desde que nacemos, nos hablan de forma diferente, nos visten de forma diferente, nos compran juguetes diferentes... Incluso tenemos que oler diferente. Los desodorantes de chicas son de flores y los de chicos parecen ambientadores de coche. Todas estas diferencias, obviamente, acaban repercutiendo en la manera en que mujeres y hombres ven el mundo y, por supuesto, en las relaciones amorosas que mantienen. Parece ser que somos las mujeres quienes hablamos el lenguaje del amor, de la intimidad, de la comprensión y, además, que nosotras tenemos que enseñar a los hombres a hablar ese lenguaje. Somos las mujeres quienes estamos preocupadas por las relaciones amorosas y parece ser que los hombres lo están únicamente por las sexuales, o eso es lo que nos enseñan. Evidentemente, todo eso promueve que esperemos cosas distintas de nuestras relaciones y que ocupemos roles diferentes dentro de ellas. Las chicas consumen productos vinculados a aspectos más íntimos, sentimentales y emotivos, y los chicos, a la acción, la violencia y el humor. ¿Es casualidad? La narrativa amorosa no se explica del mismo modo a hombres y mujeres, y en los medios tampoco se representa de la misma forma. Tanto hombres como mujeres queremos vivir relaciones afectivas, pero la realidad es que parece que somos las mujeres quienes entendemos y sabemos cómo trabajar los sentimientos, las emociones...

Uno de los principales mitos del amor romántico es que el amor duele, que amar es sufrir o que los que se pelean se desean. Eso blanquea la violencia de género. ¿Nadie se da cuenta de ello?
Es muy peligroso, porque se está reivindicando el conflicto dentro de la relación. Se entiende que, para que haya pasión, debe haber conflicto y, en algunos casos, incluso violencia. En ese sentido, no son pocas las series adolescentes en que los personajes de la narrativa romántica se conocen y construyen su relación a partir de la pelea. Por ejemplo, en Los Protegidos, los personajes de Sandra y Culebra todavía no se han hablado y ella ya le ha pegado a él con una bolsa porque piensa que va a atracarla. Y con esa primera escena, la audiencia ya identifica que hay tensión o pelea amorosa y que acabarán siendo la pareja protagonista de la serie. Más grave es el caso de Ainhoa y Ulises en El Barco. A Ainhoa le quitan la parte de arriba del bikini y ella piensa que ha sido Ulises. La serie presenta esa agresión sexual seguida de una escena de pasión amorosa, dando un mensaje muy peligroso. La agresión viene acompañada de sexualidad. Podríamos hablar, en este caso, de cultura de la violación. Exactamente lo mismo que pasa con Julia e Iván en El Internado. Después de una discusión, él le pone la mano a ella en el culo y Julia le pide que no la toque, pero él le dice que no va a parar y, a continuación, comienza la pasión. En este caso, el no se convierte en .

¿La pregunta era si el mito de que amar es sufrir blanquea la violencia? Desde mi punto de vista, sí. ¿Nadie se da cuenta de ello? Seguramente sí, pero es muy estructural. Hay que hacer mucho trabajo para deconstruir todas las diferencias con las que crecemos.

Estamos viviendo un momento de auge de los movimientos feministas. Pero los casos de violencia de género y las agresiones sexuales aumentan. ¿No es contradictorio?
No dispongo de datos en ese sentido, pero yo pienso que más que aumentar, se están visibilizando. El problema es que antes muchas agresiones o violencias no se denunciaban. Ahora empiezan a denunciarse más, pero todavía es difícil porque continuamos revictimizando a la víctima, la seguimos convirtiendo en culpable de la violencia que ha sufrido y eso dificulta mucho que la mujer denuncie. Las series de televisión han tendido a hacer una representación muy mala de la violación, por ejemplo. En Física o Química un chico viola a Yoli y no hay denuncia: el chico sigue yendo al mismo instituto que la chica. En 13 reasons why se viola a varias chicas y en el juicio el chico sale absuelto. ¿Qué mensaje damos? ¿Que será un proceso de estigmatización y revictimización durísimo y que después no habrá condena?

¿Por qué cuesta tanto terminar con el patriarcado y el machismo?
Porque es estructural y está muy asentado. Pero yo pienso que vamos por el buen camino. Hay mucha gente que cree en la necesidad de cambio e igualdad y trabaja para hacerlos posibles. Algo que me llama mucho la atención es la reacción que encuentro ahora en casos puntuales, cuando trabajo sobre la violencia de género con adolescentes y jóvenes. Me encuentro con reticencia e incomodidad por parte de algunas personas, en muchos casos hombres.

¿Les molesta que se trabaje para erradicar la violencia de género?
Sí, a algunas personas sí. La pregunta sería, ¿por qué no se sienten cómodos? Yo hablo de igualdad, ¿qué les molesta? Pienso que esa incomodidad nace cuando se sacude un poco la estructura. Antes éramos pocas las personas que hablábamos de desigualdad, feminismo, violencia de género, etc. Ahora cada vez somos más y estamos convencidas. Solo hay que ir a las manifestaciones del día de la mujer y ver cómo han cambiado las cosas en pocos años. Antes se hacía una charla sobre género puntual y ahí quedaba todo. Ahora empezamos a intervenir cuando hay un comentario machista porque nos molesta y queremos que cambie todo, queremos modificar la estructura. Y cuando la estructura se ve peligrar, en algunos casos, aparecen la incomodidad y la resistencia.

En esas charlas en los institutos, ¿a qué conclusiones ha llegado como fruto de la interacción con los estudiantes?
Que en algunos institutos se está haciendo mucho trabajo y muy bueno. Hay un profesorado muy implicado con la perspectiva de género y que la introduce día a día en su trabajo. También encuentro una adolescencia más implicada y sensibilizada que quiere romper con los estereotipos y arquetipos que, de hecho, generan mucha frustración y malestar.

¿Cree que las cosas empiezan a cambiar, aunque sea de forma muy tímida?
Sí. Pienso que con las nuevas generaciones se está trabajando mucho más y hay mayor sensibilización. Existe la preocupación por trabajar sobre la violencia de género y la igualdad. Ahora bien, no podemos bajar la guardia porque, cuando lo hacemos, vemos como todo lo conseguido en materia de igualdad comienza a retroceder.  

 

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