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M.ª Dolors Tapias, decana de la Facultad de Bellas Artes: «Queremos ganar visibilidad dentro de la Universidad y de la sociedad»

M.ª Dolors Tapias es decana de Bellas Artes desde hace algo más de un año. Antes, fue jefa de estudios de la Facultad y directora del Departamento de Diseño e Imagen.

M.ª Dolors Tapias es decana de Bellas Artes desde hace algo más de un año. Antes, fue jefa de estudios de la Facultad y directora del Departamento de Diseño e Imagen.

«Un objetivo importante es redefinir, en la medida de lo posible, los planes de estudios actuales. Hacerlos más dinámicos y recuperar la especificidad que tenían.»

«Un objetivo importante es redefinir, en la medida de lo posible, los planes de estudios actuales. Hacerlos más dinámicos y recuperar la especificidad que tenían.»

«También trabajamos para dar luz a los proyectos de los alumnos y facilitarles los contactos con los espacios de creación de la ciudad».

«También trabajamos para dar luz a los proyectos de los alumnos y facilitarles los contactos con los espacios de creación de la ciudad».

20/12/2017

Entrevistes

La trayectoria de M.ª Dolors Tapias siempre ha estado muy vinculada a la Facultad de Bellas Artes. Doctora en Bellas Artes por la Universidad de Barcelona, ​​Tapias es profesora de esta Universidad desde 1986. Ha impartido docencia en los programas de doctorado de Arte y Tecnología de la Imagen; Arte, Territorio y Cultura de los Media, e Investigación en Diseño. Actualmente, es docente del máster de Producciones Artísticas e Investigación. Además, es miembro del Grupo de Investigación Consolidado de Historia del Arte y del Diseño Contemporáneo (GRACMON), e investigadora en proyectos sobre el diseño y la ciudad de Barcelona, ​​y sobre la creación artística en torno al territorio y el paisaje. Ha desplegado líneas de investigación en el ámbito de la creación artística y la fotografía. Dentro de la Facultad de Bellas Artes, ha ocupado los cargos de jefa de estudios de la licenciatura de Bellas Artes (1993-1998) y de directora del Departamento de Diseño e Imagen (2004-2012). Hace poco más de un año, tomó posesión del cargo de decana de la citada Facultad. Hablamos con ella de los objetivos de futuro que se ha marcado y de cómo ha evolucionado el centro, ahora que en 2018 celebrará cuarenta años de su creación.

 

¿Por qué decidió presentarse como decana de la Facultad de Bellas Artes?

Terminé la carrera de Bellas Artes en 1984 y empecé a ejercer como profesora en abril de 1986. Siempre he estado muy vinculada a la Universidad y he colaborado en su funcionamiento. De hecho, en la época en que era estudiante, ya era claustral, y lo he sido siempre salvo un período de cuatro años. En la Facultad fui jefa de estudios durante cinco años, justo cuando se pusieron en marcha lo que llamábamos los nuevos planes de estudios. Y después he estado ocho años siendo directora del Departamento de Diseño e Imagen. Ya había decidido que mi tarea había terminado aquí, pero ante los retos de futuro, pensé que era mucho mejor tener una actitud activa y terminar mi dedicación a la Universidad trabajando por el futuro de la Facultad.

 

¿A qué retos de futuro se refiere?

Hay varios. Un primer objetivo muy importante es redefinir, en la medida de lo posible, los planes de estudios actuales. Antes de Bolonia, éramos una Facultad con unas metodologías y dinámicas distintas, teníamos una relación muy directa con el alumnado, trabajábamos muy estrechamente con él, la evaluación era continuada... Y después de Bolonia, hemos sufrido consecuencias: todo lo que era particular en nuestras dinámicas ha quedado como desdibujado. Hemos perdido ese interés por el estudiante o esa relación con él. Me parecía fundamental recuperar eso: tener unos estudiantes activos, unos estudiantes que participan, que están interesados ​​en el desarrollo de los estudios, pero sobre todo que tienen algo que decir y aportar.

Otra cuestión en la que me parece que también hay que trabajar es en ganar visibilidad dentro de la Universidad y de la sociedad. Es importante que, en las cuestiones de tipo cultural y artístico, la presencia de la Facultad sea mucho más cercana. Está claro que nuestros estudiantes se relacionan, pero me refiero a la relación de la Facultad con la sociedad, es decir, a potenciar la dinamización y la transferencia que se hace desde el entorno universitario. Por ejemplo: cada año hacemos una exposición que se llama «Sense títol», que es una muestra de los mejores trabajos de los alumnos que acaban de graduarse. El primer año vinieron aquí galeristas, directores de museos... y la Facultad se llenó de todos los actores más relevantes del mundo de la creación en Barcelona. Eso ha ido perdiendo fuerza y ​​lo tenemos que volver a recuperar. En este sentido, ya hemos empezado a trabajar para que lo que se expone aquí se exponga también en la ciudad, aprovechando otras actividades de eco cultural. El objetivo es dar luz a los trabajos de los alumnos y facilitarles los contactos con los espacios de creación de la ciudad. Esta es la línea que estamos siguiendo.

 

¿Qué puntos fuertes cree que tiene la Facultad y que deben potenciarse?

Desde la Facultad se ha generado lo que podríamos llamar un itinerario de reconocimiento dentro del mundo del arte. Cuando hablamos de la Facultad, no podemos hablar solo del espacio de Bellas Artes y de la creación artística, porque también tenemos vinculadas dos enseñanzas más: Conservación y Restauración, y Diseño. De hecho, desde 1978 —cuando la Escuela Superior de Artes de Sant Jordi pasó a la UB como facultad—, la labor que se ha realizado en todas las enseñanzas es muy importante, porque ha generado un espacio de investigación que no se produce desde otros lugares, incluso a escala europea.

Otro valor destacable es que, desde la creación de la Facultad, hemos conseguido generar un circuito de premios que están reconocidos por la sociedad. Por ejemplo, los premios de la Fundación Guasch Coranty: tanto las Becas para la creación artística, que se convocan cada año, como el Premio de Pintura Internacional Guasch Coranty, que es bienal y tiene muy buen reconocimiento dentro de la ciudad, en el Estado y fuera del Estado.

 

¿Y las debilidades?

He empezado a hablar de las debilidades en cuanto a la estructura del plan de estudios actual. Es excesivamente generalista, pero ese no es un problema aquí, sino en toda España. Otros aspectos que necesitan mejorar son las condiciones laborales de nuestro profesorado y la adecuación de los espacios a las necesidades que tenemos y que van cambiando.

 

En 2018 la Facultad de Bellas Artes celebra cuarenta años. Usted, que conoce bien la Facultad desde los inicios, ¿podría explicarnos cómo ha evolucionado el centro en estos años?

Han cambiado muchas cosas y he tenido la oportunidad de vivirlas todas desde dentro. Empecé a ser estudiante de la Facultad en 1979, el segundo año de pertenecer a la Universidad de Barcelona. Nuestra incorporación al mundo universitario fue muy estimulante, sobre todo por la posibilidad de integrar el debate en los procesos de creación, la producción artística, en general. Eso ha ido pasando por momentos más brillantes y momentos más opacos. Yo diría que ahora estamos en un final de recorrido en el que creo que toca replantear cuál debe ser el futuro. Porque, como he dicho antes, hemos ido perdiendo presencia o especificidad en nuestros planes de estudios. Y empezamos justamente con planes muy diversos, con muchas opciones, que los hacían muy enriquecedores para el alumnado y también para el profesorado. Creo que tenemos que recuperar esa especificidad y debemos tener unos planes de estudios más dinámicos. Y estos cuarenta años, en el fondo, nos permitirán reflexionar sobre ello. Al menos es lo que espero, que podamos pensar cómo afrontamos el futuro con este bagaje.

 

Por último, el día de su toma posesión manifestaba que uno de sus objetivos era la futura creación de un campus de las artes. ¿En qué punto se encuentra ese proyecto?

Ese, más que un objetivo, es un deseo. A mí lo que me gustaría es que pudiéramos crear un campus de las artes. En estos momentos, los centros que nos dedicamos a las artes estamos dispersos por el territorio, y además pertenecemos a distintas universidades. Sin embargo, hemos empezado a hacer reuniones de trabajo y actividades entre diferentes centros, como el Instituto del Teatro, la Escuela Superior de Música de Cataluña (ESMUC) o la Escuela Superior de Cine y Audiovisuales de Cataluña (ESCAC ), para facilitar que algunos estudiantes que están interesados ​​en estas líneas puedan encontrar una vía de salida. Pero, sobre todo, para que podamos hacer actividades más generales que sean útiles e importantes en el desarrollo de los distintos centros. Por lo tanto, es un proyecto casi casi de ensueño, que tiene dificultades territoriales y económicas, pero que no debemos perder de vista. Y tenemos que ir creando todo el espacio para poder llegar. No sé si llegaremos; quizás las generaciones posteriores, pero como mínimo tenemos que iniciar todo lo que sería la actuación conjunta.
 

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