La historia viviente
A principios de la década de los noventa descubrí a Margarita Porete (y a Luisa Muraro) en una conferencia de Luisa Muraro en la Facultad de Geografía e Historia de la Universidad de Barcelona. De la conferencia no recuerdo nada salvo que fue nombrada una mujer de Hainaut, llamada Margarita, que había escrito un libro y muerto por su causa. Hay ocasiones en que las cosas se saben con el corazón más que con la mente; y yo supe en aquel momento que allí había algo decisivo para mí. Ese fue mi primer contacto con la mística medieval. Le siguió un cambio radical de mis líneas de investigación, y la lectura, traducción al español y edición del Espejo de las almas simples de Margarita Porete, que se publicó por primera vez en el año 1995.Yo hablaba por entonces mucho de Margarita y también de otras mujeres que, como descubrí, habían escrito sobre sus experiencias espirituales en los últimos siglos de la Edad Media. Me sorprendía que nadie me hubiera hablado antes de ellas; a penas sí recordaba haber oído, cuando estudiaba historia en los setenta, mencionar a Hildegarda. Introduje a estas autoras en el aula y en mis conversaciones con el alumnado y también con mis amistades. Un día me sugirieron que escribiera un libro. No quise hacerlo sola. De ahí nació La mirada interior un libro escrito junto con Victoria Cirlot dedicado a ocho escritoras místicas de la Edad Media. Una de ellas era Beatriz de Nazaret.
La figura de esta monja cisterciense de la primera mitad del siglo XIII me interesó especialmente. Me llamó la atención sobre todo el fuerte contraste entre el pequeño tratado que conservamos de ella y la vida escrita tras su muerte por un capellán del monasterio, elaborada, en el decir del autor, sobre la base de obras de ella. Quise acercarme bien, minuciosamente, al texto de este tratado. Para mí, acercarme a un texto es en primer término traducirlo, ponerlo en palabras de mi propia lengua. Tenía por entonces un amigo que sabía lo suficiente para ayudarme en las dificultades del neerlandés medieval, Alejandro Pérez Vidal. El revisó el texto que publiqué entonces y que hoy presento con las pocas modificaciones a las que me han llevado la experiencia de los años y los nuevos conocimientos.
Beatriz se merece más estudios de los que ha recibido, aun si no puede decirse que sean pocos. En todo caso, darla a conocer en español, con los límites de quien no es una especialista en ella, me ha parecido un objetivo suficiente como para proponer la inclusión de los Siete modos de amor en la Biblioteca Virtual de Investigación.
