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Carpeta cerrada

Carpeta cerrada

La comunidad UB destaca los aspectos más positivos y las necesidades de mejora del curso 2021-2022 con la mirada puesta en septiembre

Con la llegada del mes de agosto, la Universidad de Barcelona cerrará oficialmente la carpeta del curso 2021-2022. Aunque la sensación de inercia puede parecer inevitable –sesiones de bienvenida, semestres, exámenes y actividades que se encadenan en el tiempo anualmente–, para la comunidad UB cada curso es diferente y único. El eje de 2021-2022 ha sido la recuperación de la vida universitaria. Personal docente e investigador, estudiantes y personal de administración y servicios coinciden en destacar la vuelta a la presencialidad como el hito más importante.

La comunidad UB destaca los aspectos más positivos y las necesidades de mejora del curso 2021-2022 con la mirada puesta en septiembre

«El hecho de volver a vernos las caras ha sido vital tanto para nosotros, los profesores, como para los alumnos. Habíamos echado de menos un contacto más directo con los estudiantes. Hemos recuperado dinámicas previas y hemos vuelto a empezar proyectos de innovación docente que requerían presencialidad. Los alumnos, por su parte, han podido experimentar al 100 % lo que significa ser universitario», afirma Raúl Ramos, vicerrector de Política de Internacionalización y catedrático de la Facultad de Economía y Empresa de la UB.

Para Mariona Tomàs, profesora agregada de Ciencia Política de la Facultad de Derecho, «el curso ha sido muy positivo por el hecho de poder hacer todas las clases presenciales». «El último tramo, ya sin mascarilla, fue especialmente satisfactorio», afirma. Una opinión que comparte Imad Benhessou, que ha cursado primero de Medicina en el Campus Clínico: «Este año ha sido enriquecedor y muy especial. He aprendido muchísimo y he podido conocer a mucha gente, una experiencia que en línea no habría sido la misma».

A nivel académico, la pandemia no ha tenido un impacto negativo en el acceso a la Universidad. Según los datos estadísticos de la Universidad de Barcelona, el interés por cursar un grado universitario no solo se ha mantenido, sino que se ha incrementado. Así lo constata Antoni Forés, director del Área de Apoyo Académico-docente: «Para el curso 2022-2023, la UB es, un año más, la universidad catalana más solicitada en primera opción. Concretamente, ha sido elegida primera opción por 18.802 estudiantes, lo que supone un incremento del 5,59 % respecto al año pasado».

El rector de la Universidad de Barcelona, Joan Guàrdia, comparte la satisfacción por la recuperación de una «cierta normalidad», pero advierte que la pandemia ha cambiado los usos y hábitos de la Universidad de Barcelona: «Estamos todavía en una situación de vigilancia sanitaria y hemos tenido que acostumbrarnos a nuevas tipologías de trabajo, docencia y espacios compartidos».

¿Objetivos alcanzados?

Durante el curso 2021-2022, han pasado por las aulas de la Universidad de Barcelona 41.403 alumnos de grado, 5.318 de máster y 5.007 de doctorado, de los cuales unos 14.500 han vivido su primera experiencia en la UB. Nuevas caras, nuevas experiencias, nuevos sueños. La exigencia de la comunidad UB para intentar estar a la altura de las expectativas es máxima.

Un objetivo íntimamente vinculado a una de las demandas constantes del sistema universitario catalán en los últimos años: la necesidad de una financiación justa. «Otro aspecto muy destacable de este curso ha sido el aumento del presupuesto de la Generalitat de Cataluña», reconoce el rector, quien puntualiza que este incremento ha sido en partidas finalistas. «Hemos podido resolver temas como el Plan de inversiones universitarias, en el que la UB ha hecho una inversión notable, pero todavía necesitamos resolver aspectos estructurales del presupuesto en partidas no finalistas», comenta Guàrdia.

La estabilización del personal de administración y servicios de la UB ha sido otra de las prioridades de este curso. «En el Consejo de Gobierno de la UB se ha escuchado por primera vez la expresión “momento histórico”», comenta el rector para indicar la trascendencia de la medida. «El número de plazas convocadas y la reducción drástica de la temporalidad son dos grandes noticias para la institución», afirma.

Sin embargo, Guàrdia reconoce que existe margen de mejora en algunos aspectos, como en el rejuvenecimiento de la plantilla del personal docente e investigador. «Hemos dado algunos pasos en esta línea, por ejemplo, con el aumento de sueldo del profesorado asociado, con la convocatoria de plazas de promoción para estabilizar al profesorado asociado acreditado o con los procesos de regularización de los Ramón y Cajal, entre otras medidas», destaca el rector.

El esfuerzo de la comunidad universitaria para abordar los retos de su labor se valora con matices distintos según los diferentes colectivos que la integran. Al respecto, Benhessou aporta la visión fresca del estudiante que acaba de iniciar su periplo universitario: «Lo que más destaco es haber coincidido con gente abierta, amable e inteligente, de la que he aprendido muchas cosas», dice. Del profesorado destaca su especialización y la «transmisión correcta de los conocimientos». Sin embargo, como áreas de mejora, indica que normalmente existe poco personal administrativo, lo que «dificulta resolver correctamente las incidencias que se producen durante el curso».

Hacia una revolución digital

Es un hecho que las nuevas tecnologías han penetrado en todas las dimensiones de la universidad. La pandemia ha acelerado un proceso irreversible: la digitalización de la educación universitaria. El vicerrector de Transformación Digital, Xavier Triadó, reconoce que la universidad, líder en muchos aspectos, todavía no ha sabido reflejar correctamente este cambio. «La pandemia ha abierto unas posibilidades que aún no hemos aprovechado: la convivencia entre la presencialidad y la virtualidad para añadir valor, no porque una modalidad sustituya a otra», dice Triadó. «Con la covid —afirma—, hemos aprendido que hay otras formas de hacer las cosas, con mayor eficiencia y con la misma intensidad. La tendencia de futuro, en instituciones como la nuestra, será combinar la presencialidad con la reflexión sobre esta presencialidad y su preparación, es decir, menos horas de clase presencial y mayor trabajo preparatorio telemático, por ejemplo».

Según un reciente estudio hecho en universidades irlandesas, el 44 % de los estudiantes consideran que su formato ideal de formación consistiría en recursos en línea y tutoriales, mientras que el 56 % elegiría discusiones en el campus, en clases presenciales. Triadó cree que el sentimiento del alumnado de la UB va en esa línea. Imad Benhessou piensa que las herramientas digitales son un buen recurso para complementar la docencia, «pero convendría que su uso se ajustara al tipo de asignatura y a la forma de explicar de cada profesor, para evitar excesos innecesarios». «Todo lo que permita añadir una vertiente práctica a las asignaturas teóricas enriquece la docencia», añade.


Estudiantes


Por su parte, Mariona Tomàs considera que uno de los aprendizajes que deja la covid y, por tanto, la docencia en línea es la necesidad de reforzar «la variedad en las actividades de aprendizaje». «Virtualmente, mantener la atención de los alumnos es más difícil. Por tanto, nos vimos forzados a innovar para captarla. Intenté que trabajaran las actividades previamente, para después ponerlas en común con el grupo. Cuando hemos vuelto a la presencialidad, he incorporado esta práctica al aula. Ha sido una experiencia positiva», afirma la profesora de la Facultad de Derecho. En el libro Propuestas sobre la docencia del Derecho después de la pandemia. Ponencias de la Jornada sobre experiencias docentes en la Facultad de Derecho de la Universidad de Barcelona en tiempos de COVID-19, publicado por la Facultad de Derecho, la profesora Tomàs detalla algunas de las herramientas que utilizó para la docencia virtual.

«Este año, hemos puesto fundamentos después de analizar el estado de la digitalización de la UB. Hemos realizado alguna acción, como la campaña de phishing ético para detectar vulnerabilidades. Y hasta diciembre de 2023 pondremos al alcance de la comunidad universitaria herramientas para mejorar en competencias digitales», destaca Triadó.

La universidad, frente a la guerra

El 24 de febrero de este año, Rusia cumplió con la amenaza de atacar a Ucrania e inició un conflicto que dura hasta el día de hoy y que, según datos del ACNUR, ha causado más de 5,6 millones de refugiados y más de 7,1 millones de desplazados dentro del país. Una emergencia humanitaria ante la que la UB ha ofrecido una respuesta sólida: un programa de apoyo para la comunidad universitaria ucraniana.

Un mes después del inicio de las hostilidades, la UB recibía a los catedráticos Oleksandr Martynenko y Maryna Martynenko, lo que suponía el punto de partida de una de las acciones más destacadas de este programa: la acogida temporal de personal docente e investigador de Ucrania. El vicerrector Ramos explica que actualmente la UB acoge a catorce profesores de ese país: «Rápidamente y gracias a la colaboración y el apoyo de la Fundación Solidaridad UB, la Universidad de Barcelona fue capaz de poner en marcha un programa de acogida temporal para PDI y también un curso de transición en la Universidad para alumnos ucranianos. Pese a la desgracia, la valoración que hacemos de estas acciones es positiva». «El próximo curso podremos establecer vínculos con las universidades de Ucrania de una manera mucho más sólida, y sobre todo cooperar remotamente para ayudar a quienes no han podido salir del país», concluye.

Trabajando por la igualdad de género

Las políticas de igualdad han sido una de las grandes protagonistas del curso 2021-2022. El 13 de mayo, el Consejo de Gobierno de la Universidad aprobó el nuevo protocolo contra el acoso, y reforzó así el compromiso de la UB contra esta lacra. El nuevo documento mejora la atención jurídica y psicológica a las víctimas y simplifica el procedimiento de denuncia para hacerlo más eficiente.

La vicerrectora de Igualdad y Género de la UB, Montserrat Puig, destaca también como medidas implementadas este curso el inicio de la diagnosis del Plan de igualdad, la prueba piloto de la adaptación de lavabos al uso de copas menstruales o la encuesta de detección de necesidades de bienestar y conciliación en las facultades.

De cara al curso 2022-2023, Puig establece la incorporación de los ODS a la docencia y la investigación y el fomento del bienestar emocional de los estudiantes como ejes clave.

Mirando al futuro

De cara al curso 2022-2023, el rector establece tres prioridades: «En primer lugar, empezaremos a hacer realidad todos los proyectos de UniDigital, que nos permitirán acelerar la digitalización. Por otro lado, será el curso en el que empezaremos a programar la inversión en mobiliario de la UB para paliar algunas carencias claras. Y, en tercer lugar, destaco la implementación del nuevo decreto de las enseñanzas universitarias, que es una gran oportunidad para regularizar nuestra oferta y mejorar la construcción de los planes de estudios».

Por último, durante el último trimestre del año 2022, los esfuerzos también se centrarán en fomentar la participación del alumnado en el funcionamiento de la Universidad: «Es un aspecto clave y estratégico. Es necesario que nos abramos y nos expliquemos para que los estudiantes quieran involucrarse en la dinámica de su universidad», concluye el rector.

Joan Guàrdia, rector de la Universidad de Barcelona.
Montserrat Puig, vicerrectora de Igualdad y Género de la UB.
Xavier Triadó, vicerrector de Transformación Digital.
Recibimiento de los catedráticos Oleksandr y Maryna Martynenko.
Mariona Tomàs, profesora agregada de Ciencia Política de la Facultad de Derecho.
Imad Benhessou, estudiante de Medicina en el Campus Clínico.