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Peter Wagner: «Otras sociedades pueden enseñar a los europeos que son necesarios mayores esfuerzos y más creatividad para afrontar la situación global»

«Para la investigación que he estado haciendo y para lo que quiero hacer en el futuro, es importante tener un marco en que, en primer lugar, la sociología sea más abierta que en otros sitios; y esto pasa en la Universidad de Barcelona»

«Para la investigación que he estado haciendo y para lo que quiero hacer en el futuro, es importante tener un marco en que, en primer lugar, la sociología sea más abierta que en otros sitios; y esto pasa en la Universidad de Barcelona»

«Necesitamos que se abra un nuevo debate sobre la relación de la sociología, que se situaría en el centro, con el pensamiento individualista económico, por un lado, y el pensamiento político e institucional, por el otro»

«Necesitamos que se abra un nuevo debate sobre la relación de la sociología, que se situaría en el centro, con el pensamiento individualista económico, por un lado, y el pensamiento político e institucional, por el otro»

17/01/2011

El profesor Peter Wagner ha elegido la UB para desarrollar su investigación, concretamente el Departamento de Teoría Sociológica, Filosofía del Derecho y Metodología de las Ciencias Sociales, en la Facultad de Economía y Empresa. Este investigador ICREA dirige en la UB el proyecto Trayectorias de modernidad: comparación de las variedades europeas y no europeas (TRAMOD), por el que ha recibido una advanced grant del Consejo Europeo de Investigación. Wagner ha centrado su investigación en la sociología histórica y la política comparativa, la teoría social y política, y la sociología de las ciencias sociales, áreas en las que se ha forjado un reconocimiento internacional. Su acercamiento desde la teoría social y la política a la teoría de la modernidad —que es su trabajo más citado— combina el análisis institucional con el enfoque interpretativo de las formas de conocimiento de las sociedades modernas. Recientemente, ha analizado el proceso de integración europeo mediante el estudio de las transformaciones institucionales de las sociedades europeas de los dos últimos siglos, así como las transformaciones en la conciencia europea. A raíz de este trabajo, ha publicado el libro Modernity as experience and interpretation: a new sociology of modernity (Cambridge, Polity, 2008).

¿Qué le impulsó a venir a Barcelona y, en concreto, a la UB para desarrollar su investigación en sociología?

 
La primera vez que oí hablar del ICREA pensé que era un excelente instrumento para iniciativas científicas, pero en aquel momento yo estaba en otra situación. Más adelante, pensé que podía ser una manera de venir a Barcelona, y así fue. En cuanto a la Universidad de Barcelona, conocía a algunas personas aquí, me gustaba su trabajo y manteníamos contacto professional. Además, para la investigación que he estado haciendo y para lo que quiero hacer en el futuro, es importante tener un marco en que, en primer lugar, la sociología sea más abierta que en otros sitios; y esto pasa en la Universidad de Barcelona, en comparación con otras universidades, en general, de Cataluña, España o Europa. Es decir, es necesaria una sociología abierta a cuestiones teóricas y a cuestiones históricas, y eso ahora no siempre se da: la sociología se ha profesionalizado demasiado en muchos sitios, y se ha cerrado un poco a ciertos aspectos. Pero aquí sigue abierta. Ésa es mi primera razón. La otra ―que quizá se refiera más en general a Barcelona y también a España― es que mi investigación actual es una especie de sociología global, con la mirada puesta en las sociedades europeas en comparación con las no europeas, y para investigar eso necesito un contexto cosmopolita. Por ejemplo, voy a investigar sobre países latinoamericanos, y estar en Barcelona es muy adecuado, mucho que mejor que en otros lugares de Europa.
 
Llegué en verano y de momento todo es nuevo, pero por ahora las experiencias están siendo muy positivas. He venido con un proyecto de investigación que implicará contratar a investigadores, poner en marcha colaboraciones de investigación, contar con ciertos requisitos espaciales y estructurales, y aún lo estamos poniendo en marcha. Pero todo está yendo bastante rápido, o sea que estoy muy contento.
 
¿En qué momento se encuentra su proyecto de investigación?
 
Estamos en una fase inicial. El proyecto empezó en julio y es relativamente grande e importante: durará cinco años e implicará a diez o doce investigadores. Hasta ahora hemos dedicado buena parte del tiempo a seleccionar a los investigadores de doctorado y de posdoctorado que trabajarán con nosotros. De hecho, ahora empiezan a llegar, de modo que estamos en fase de montaje, la fase anterior al inicio real de la investigación. Al principio de todo.
 
Usted dedica parte importante de su proyecto de investigación al estudio de las sociedades de Sudáfrica y Brasil. ¿Por qué estas dos sociedades en concreto?
 
La cuestión básica que me interesa, en las condiciones globales actuales, es si las sociedades siguen teniendo la posibilidad de desarrollar su propia convivencia; si todo acaba pareciéndose; si vivimos todos en unas sociedades democráticas de mercado que son muy similares, como piensan muchos de mis colegas. Personalmente, creo que no es así: aún tenemos sociedades distintas y tomamos decisiones diferentes sobre la convivencia. Para investigarlo, en trabajos anteriores me he basado en las sociedades europeas y norteamericanas, comparándolas, pero quería ampliar más el ámbito de estudio, más allá de occidente. En concreto, quería estudiar sociedades en que se esté trabajando en ese sentido, en que haya un debate abierto sobre lo que les caracteriza, cuáles son sus experiencias y cómo pueden sacar el máximo provecho de ello.
 
Es el caso de Sudáfrica tras el apartheid: la idea de nuevas formas de convivir, para la población africana blanca y negra, y la formación de una nueva sociedad tras la opresión del apartheid. En Brasil tenemos también algo similar en el sentido de que es una sociedad que durante mucho tiempo ha estado gobernada por una pequeña élite de industriales y terratenientes, pero en los últimos años la participación pública se ha ampliado rápidamente: hay un concepto muy vivo de ciudadanía y están aflorando iniciativas en ese sentido. Además, hay algo muy característico en cómo ven los brasileños su sociedad. Son dos casos relacionados con la idea de que sí hay pluralidad en la organización de las sociedades modernas.
 
En su investigación, habla del concepto creatividad colectiva. ¿Cómo lo aplicaría en el caso de Europa? ¿Cree que tenemos creatividad colectiva para responder a los retos que tenemos por delante? ¿Cómo nos posicionamos en ese sentido en comparación con las sociedades de otros continentes?
 
Empezaré por referirme al concepto, que creo que es importante para mi trabajo por razones de contraste. En muchas de las ciencias sociales, ahora se tiende a pensar más en las personas y menos en los colectivos, y más en términos de racionalidad que en términos de creatividad; me refiero a la elección racional de la economía pero también de la sociología y otras ciencias. Desde mi punto de vista, es una óptica muy limitada del mundo social y del ser humano: es posible que seamos más individualistas y más racionales (o no), pero la imaginación creativa y el deseo de hacer cosas juntos siguen siendo significativos. Por eso creo que este término es importante, y por eso quiero estudiar los colectivos, como grandes sociedades, y el desarrollo creativo de las soluciones que aplican a los problemas que van teniendo.
 
En Europa, creo que las naciones siempre han sido, en general, el colectivo más importante, pero el siglo pasado conoció la construcción de Europa en el nuevo contexto global, en el marco posterior a la II Guerra Mundial y, ante todo, en el contexto del socialismo y la globalización, creo que los europeos han intentado actuar de forma creativa, encontrando soluciones colectivas a sus problemas. Se trata de un proceso que ya he estudiado y que tiene numerosos puntos débiles, pero en muchos sentidos ha sido interesante y relevante en el contexto global.
 
Quizá sea cierto que el relativo éxito de este proceso en Europa sólo se ha conseguido porque las sociedades europeas en general son relativamente ricas en comparación con el resto del mundo y porque relativamente, también, cuentan con democracias bien asentadas. Es posible que sólo se pueda lograr ese desarrollo en esas condiciones. Por mi parte, no tiene por qué ser así. En primer lugar ―y Brasil y Sudáfrica probablemente son los mejores ejemplos en ese sentido― ésas quizá no siempre sean las mejores condiciones para entender la propia realidad; es posible que haya otros elementos más importantes, en concreto el contexto de los problemas históricos y la fuerte voluntad colectiva de afrotar esos problemas, lo que ahora encontramos más en Brasil o Sudáfrica que en Europa. En segundo lugar, también puede suceder que Europa y los europeos estén tan convencidos de sus propias instituciones y sus soluciones históricas, que crean que pueden seguir viviendo del mismo modo, quizá con pequeñas adaptaciones. Dado el actual contexto globalizado, quizá esto sea insuficiente, y otras sociedades pueden enseñar a los europeos que son necesarios mayores esfuerzos y más creatividad para afrontar la situación global.
 
¿Cuáles son los principales retos actuales de la sociología como disciplina?
 
Entre las ciencias sociales, la sociología ha sido la disciplina que ha trabajado con lo que se ha llamado conceptos colectivos, como por ejemplo, sociedad, clase, nación y estado. Se trata de conceptos básicos para la sociología, y muchos están inmersos ahora en un fuerte debate. Me refiero al declive de la identidad nacional, de la clase trabajadora o de la conciencia de clase en general, lo cual se puede demostrar empíricamente. Ahora bien, uno de los principales problemas de la sociología es cómo afrontar esta situación sin recurrir al individualismo y al racionalismo como se ha hecho en economía, y sin limitarse al simple conocimiento del estado y sus instituciones.
 
Los sociólogos deben dirigir una nueva mirada a lo que les es específico: las relaciones entre seres humanos, las relaciones sociales y las configuraciones sociales, que no son ni imperialistas ni racionalistas, ni simplemente institucionales y legales. Necesitamos que se abra un nuevo debate sobre la relación de la sociología, que se situaría en el centro, con el pensamiento individualista económico, por un lado, y el pensamiento político e institucional, por el otro. Esto es muy difícil en el contexto de la globalización, pero es necesario desarrollar nuevas herramientas de este tipo.
 
Lo que pretendo con el estudio de distintas sociedades del mundo es intentar desarrollar el tipo de sociología interesada por la colectividad, sin pensar que las naciones, los estados y las clases son coherentes y que siempre estarán ahí. Parto de la base de que son lugares en que existe la comunicación. Ésa es mi respuesta si me pregunta sobre un reto futuro de la sociología. No es que crea que todo el mundo tenga que tratarlo del mismo modo, pero la sociología debería entender que está en un momento importante de su historia y que debe encontrar sus propias respuestas, que no son ni las de las ciencias económicas ni las de la ciencia política.
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