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¿Cómo afecta realidad virtual inmersiva al sesgo racial implícito?

En el nuevo experimento, las 92 mujeres participantes —todas blancas— debían encarnar un cuerpo virtual blanco o negro. Con ese cuerpo, tenían que enfrentar tres situaciones con distinta carga emotiva en una calle virtual y rodeadas de peatones.

En el nuevo experimento, las 92 mujeres participantes —todas blancas— debían encarnar un cuerpo virtual blanco o negro. Con ese cuerpo, tenían que enfrentar tres situaciones con distinta carga emotiva en una calle virtual y rodeadas de peatones.

En el experimento en que la actitud de los peatones era neutral o positiva, se repitieron los resultados que ya se habían producido en estudios anteriores y el sesgo racial implícito de los que estaban en un cuerpo virtual negro disminuyó. En cambio, aumentó el sesgo implícito de las personas que encarnaban un cuerpo negro en un entorno hostil.

En el experimento en que la actitud de los peatones era neutral o positiva, se repitieron los resultados que ya se habían producido en estudios anteriores y el sesgo racial implícito de los que estaban en un cuerpo virtual negro disminuyó. En cambio, aumentó el sesgo implícito de las personas que encarnaban un cuerpo negro en un entorno hostil.

17/12/2020

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El concepto de sesgo racial implícito se refiere a los comportamientos y prejuicios inconscientes hacia personas de otras razas, incluso cuando la actitud explícita no es prejuiciosa. Diferentes trabajos han demostrado que estos prejuicios se reducen en personas blancas después de ponerse en la piel de una persona negra en un entorno de realidad virtual. Ahora, un estudio realizado por investigadores del Grupo de Investigación Event Lab y del Instituto de Neurociencias (UBNeuro) de la UB matiza esos resultados y demuestra que, cuando el cambio de piel se da en un ambiente virtual hostil, el sesgo de los participantes aumenta e incluso también se reduce la ilusión de encarnar el cuerpo virtual. Los investigadores explican que el entorno negativo impide la formación de nuevas asociaciones positivas con el nuevo cuerpo virtual, y que la angustia conduce al rechazo de este avatar. Estos resultados, publicados en la revista  Royal Society Open Science, desafían la visión de la realidad virtual como máquina de empatía y pueden tener implicaciones en la forma en que se use la realidad virtual para reducir los sesgos implícitos.

 

El estudio está liderado por Mel Slater, investigador del UBNeuro y codirector de Event Lab. La primera autora es la investigadora posdoctoral Domna Banakou, junto a los investigadores de la UB Alejandro Beacci, Solène Neyret, Marta Blasco Oliver y Sofía Seinfeld (IDIBAPS).

Reacción contra un entorno hostil

La realidad virtual inmersiva es una tecnología que nos permite adoptar un cuerpo virtual diferente del nuestro, llamado avatar. Este efecto se consigue mediante un casco y un traje de realidad virtual con el que podemos sincronizar los movimientos de nuestro cuerpo real con el del cuerpo virtual.

Muchos estudios previos han demostrado que normalmente podemos tener la ilusión de que ese avatar es nuestro, aunque sabemos que no lo es. A este fenómeno se lo conoce como ilusión de propiedad corporal (body ownership ilusion), y sorprendentemente se da tanto si encarnamos el cuerpo virtual de una persona blanca como si es el de una persona negra.

Un resultado interesante de este cambio de cuerpo, replicado en diversos estudios, es que después de unos minutos encarnando un cuerpo virtual negro, se reduce el sesgo racial implícito hacia las personas negras. Incluso se ha observado que este efecto puede durar semanas después de la experiencia. En este nuevo trabajo, los investigadores modificaron el entorno de este experimento clásico y encontraron excepciones interesantes a los resultados anteriores. «En los experimentos anteriores no pasaba nada especial durante la exposición a la realidad virtual. De hecho, los participantes consideraban que era una situación emocionalmente neutra o positiva. La novedad ahora ha sido que añadimos un entorno negativo», explica Slater.

En el nuevo experimento, las 92 mujeres participantes —todas blancas— debían encarnar un cuerpo virtual blanco o negro. Con ese cuerpo, tenían que enfrentar tres situaciones con distinta carga emotiva en una calle virtual y rodeadas de peatones. En una de esas situaciones, la actitud de la multitud era hostil (por ejemplo, los peatones les giraban la cara o las miraban despectivamente); en otra, la multitud era neutral (los peatones no actuaban de modo particular), y en una tercera, la actitud de los peatones era positiva hacia las participantes (por ejemplo, las miraban con una expresión agradable y asentían con la cabeza).

Todo ello provocó sensaciones negativas, neutrales y positivas en las participantes. Así, en el experimento en que la actitud de los peatones era neutral o positiva, se repitieron los resultados que ya se habían producido en estudios anteriores: las participantes mantenían el mismo nivel de ilusión de propiedad corporal, ya fuera en un cuerpo blanco o negro, y el sesgo racial implícito de los que estaban en un cuerpo virtual negro disminuyó.

En cambio, si la multitud se comportaba negativamente, esta ilusión de propiedad corporal disminuía. «Es como si la participante sintiera que eso no le puede estar pasando, por lo que ese cuerpo no puede ser suyo», subraya Slater. Además, aumentó el sesgo implícito de las personas que encarnaban un cuerpo negro en un entorno hostil. Según el investigador, «ese hecho puede deberse a que los sentimientos negativos no permiten formar nuevos aprendizajes o nuevas asociaciones entre el nuevo cuerpo y los atributos positivos».

Un enfoque contraproducente

Estos resultados inclinan a la precaución a la hora de ver la realidad virtual como una máquina de empatía, es decir, como un mecanismo capaz de aumentar la empatía hacia grupos desfavorecidos o minorías discriminadas poniendo a las personas en la situación de estos. «El problema es que el típico enfoque de la máquina de empatía consiste en poner a personas en la piel de un grupo racial externo, y dentro de ese cuerpo, someterlas a varias indignidades con la esperanza de que eso haga aumentar su empatía hacia los miembros del colectivo en cuestión. Lo que vemos es que este enfoque puede ser contraproducente. Si las personas se sienten mal durante la experiencia, eso podría empeorar las cosas», añade Slater.

A pesar de estos resultados, el nuevo estudio continúa evidenciando la utilidad de la realidad virtual inmersiva contra el sesgo racial implícito. «Nuestros descubrimientos muestran que reducir el sesgo racial implícito mediante la encarnación de un cuerpo virtual funciona cuando la situación es neutra o conlleva sentimientos positivos. Este resultado se ha dado muchas veces, incluso en este nuevo estudio. Por lo tanto, ponerse en el cuerpo de un grupo externo, pero en una situación social positiva, es una forma de reducir el sesgo. Además, se ha observado que el contacto social positivo con humanos virtuales que representan otro grupo externo también mejora las relaciones positivas», concluye Slater.

Artículo de referencia:

Banakou, D.; Beacco, A.; Neyret, S.; Blasco-Oliver, M.; Seinfeld, S., y Slater, M. «Virtual body ownership and its consequences for implicit racial bias are dependent on social context». Royal Society Open Science, 7: 201848, 2020. Doi: https://doi.org/10.1098/rsos.201848

 

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