La diferencia de ser mujer

Investigación y enseñanza de la historia

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El orden simbólico de la madre en las Cartas de Estefania de RequesensMargarida González Betlinski.

Introducción

Para realizar la historia de los tiempos recientes contamos con fuentes que las mismas personas que la protagonizaron nos suministran, son las fuentes orales, directas o indirectas, que nos permiten conocer, a través de la palabra, las vidas de las mujeres y de los hombres y su manera de entender el mundo. Cuando nos alejamos en el tiempo, tenemos que buscar las palabras en la literatura, en documentación administrativa o privada y más raramente en escritos personales, de modo que a menudo resulta difícil averiguar el significado que tienen estas palabras, qué quieren decir con respecto a la manera de vivir el mundo.

Tenemos que comprender la importancia de las cartas de Estefania dentro del contexto de la realidad histórica, la que comprende lo que es privado, la que no excluye a las mujeres considerando que su vida no tiene más importancia que la perpetuación del patriarcado.

La lengua de relación y el orden simbólico

Dice Luisa Muraro, en su obra El orden simbólico de la madre, que la madre nos enseña a hablar y muchas otras cosas que pertenecen a los fundamentos de la civilización humana. Con estos aprendizajes nos es transmitido el orden simbólico de la madre; la lengua tiene una función simbólica que nos permite interpretar lo que es real. Las reglas de la lengua materna nacen de la necesidad de mediación, son las que impone la madre para que podamos volver a comunicarnos con ella compartiendo su experiencia con el mundo.

Asistimos pues, leyendo las cartas de Estefania a su madre, a un hacer orden simbólico en su esencia primordial: se pone en relación con Hipòlita a través de la lengua que ella le enseñó, compartiendo su vida para ir construyendo así el mundo. A pesar de la distancia física, la relación madre-hija es constante, las cartas se suceden con una separación de dos o tres días, de una semana... Estefania escribe a su madre siempre que puede, con el relato de lo que hace, de lo que piensa, de lo que siente, lo que Muraro define como el círculo completo de la mediación, el cuerpo y la palabra.

La potencia materna y el reconocimiento de la madre

Y así, en esto como en todo el resto querría yo saber seguir las huellas de quien me ha criado, especialmente para dar este descanso a vuestra señoría, ya que otro servicio no le puedo ofrecer.

Estefania reconoce con estas palabras la genealogía materna, y que necesita los atributos de la potencia y la obra de la madre que la ha traído al mundo y se declara continuadora de su obra.

El papel de Hipòlita como madre, trasciende la maternidad biológica cuando es reconocida por Estefania, en una de sus cartas, como madre de Beatriu Margarit i de Requesens, hija de la hermanastra de Hipòlita, Joana Mateua de Requesens i de Montcada, ya fallecida. En este caso, la condición de hija viene dada por la palabra y la obediencia a la madre:

Me alegro de que haya hablado vuestra señoría a solas con sor Requesens y que tenga la esperanza de volverle a hablar de nuevo, y también que ella esté tan puesta en obedecer a vuestra señoría en todas las cosas que, haciéndolo así, no puede errar y no es duda sino que con esto la obliga a tenerla por propia hija y en esta cuenta la tendremos todos.

Hipòlita tiene autoridad, esta autoridad no es sólo reconocida por su hija. Su yerno, Luis de Zúñiga, también la acepta cuando la reconoce como madre. No podemos en este caso considerar que "el simbolismo del nacimiento [es] un reconocimiento de la obra materna, pero va unido a la nula autoridad social de las mujeres de carne y hueso, ... se trata más bien de una forma de desnudar a la madre de sus prerrogativas", porque la obra de la madre y la relación con la hija nos demuestran que, si bien en general puede haber sido así, siempre que han podido, las madres han hecho uso de su autoridad, han convertido la maternidad en una práctica de la libertad femenina.

Según L. Muraro, forma parte del orden simbólico de la madre la figura del continuum materno, que a través de las madres antecesoras nos remite, desde dentro, a los principios de la vida; esta estructura hace de puente entre naturaleza y cultura. De este modo, encontramos los orígenes de la diferencia sexual: la criatura del sexo femenino se sitúa en el punto central y a la vez concluyente del continuum materno, que se reabre cada vez que una hija se convierte en madre.

Llegar a ser madre es simbólicamente relevante, define la relación de una mujer con su madre porque tiene como trasfondo su relación originaria. Estefania tuvo siete hijos y cuatro hijas, lo que sin duda significó una parte importante de su vida que comparte con su madre, en sus cartas comenta con ella sus embarazos, le explica cómo los lleva, si se encuentra bien o mal, si engorda, los síntomas que hacen prever si será hijo o hija. Incluso compara sus embarazos con los que tuvo su madre: En cuanto a mi embarazo, va mejorando, ya como mucho mejor que solía y no tengo el estómago removido, ni ningún otro problema, alabado sea Dios. Y así es como vuestra señoría dice, que los que ella ha querido tomar han sido mejor criados, que cuento con vengarme con azotes y que vuestra señoría los consentirá como hace con los de Lluïsico. Cuando prevé que tendrá una hija no le pesa, a diferencia de lo que le pasa a una mujer conocida suya, aunque tuviera tres... mejor que no tener ninguna.

Como las mujeres nobles y acomodadas no amamantaban sus hijos e hijas, una preocupación era la búsqueda y selección de la nodriza, lo que Estefania consulta con su madre, le comenta las cualidades que quiere que tengan y, cuando ya se ha decidido, le explica cómo es, cómo se comporta y la dedicación que tiene hacia la criatura.

El seguimiento del trabajo de la nodriza es cuidadoso y constante. Podemos pensar ahora qué relación tiene la figura de la nodriza y de las otras mujeres que tienen cuidado de las criaturas, en la substitución de la madre biológica, en “quien por ella” transmiten el simbólico, la manera de vivir el mundo. Aquí la mediación femenina, la simbiosis entre la madre biológica y la que la substituye toma importancia, ya que significa poner en relación lo que en estas mujeres permanece de la “fijación” primordial con la matriz de la vida, alguna cosa que funciona como un vínculo en la sucesión de las substituciones de cada madre que, después de ser hija, se convierte en madre.

Cuando va llegando el momento de dar a luz, Estefania expresa continuadamente el deseo de que su madre esté presente en los partos, cosa que no puede suceder porque Hipòlita no puede asistir por motivo de sus ocupaciones, aunque le explica cómo ha ido el parto y cómo es la hija o el hijo, los describe físicamente, cómo se encuentran, cómo comen e incluso cómo visten.

Es tal la importancia que la maternidad tiene para Estefania, que también explica en las cartas los embarazos y los partos de las mujeres con quienes se relaciona. Queda manifiesto que la maternidad no es un asunto individual, sino que interviene de modo importante en las relaciones femeninas, en este compartir la obra creadora del mundo.

El cuerpo y la mediación

En palabras de Luisa Muraro el mundo nace con el círculo completo de la mediación, es un círculo de cuerpo y palabra que hace que las mujeres sean protagonistas de lo que algunas historiadoras han llamado las “prácticas de creación y recreación de la vida y la convivencia humana” que son aquellas que hacen posible venir al mundo y mantener la vida, transmitiendo y haciendo al mismo tiempo el orden simbólico de la madre.

Forman parte de estas prácticas los embarazos, los partos y la lactancia, primordiales para iniciar la vida, y las necesarias para mantenerla: el cuidado de los cuerpos que se traduce en el cuidado de las criaturas, de las personas enfermas y la preparación de los alimentos, entre otras.

La salud es una de les preocupaciones constantes de Estefania. Se preocupa de cómo se encuentran todas las personas que la rodean: la emperatriz, el emperador, el príncipe, su hijo, el marido, la tía, el cuñado, las mujeres con quienes convive y que la sirven. Si tiene que tener cuidado personalmente de los enfermos y de las enfermas, se ocupa de ellos, incluso de prepararles caldos “a nuestra manera”, el proceso de elaboración de los cuales le explica con detalle a su madre.

Las enfermedades y el estado de las personas enfermas, son objeto de un seguimiento diario que va relatando. Cuando necesita algún medicamento le pide a la madre: un ungüento, unos polvos, que la misma condesa prepara; la hija le pide que le envíe la receta.

Pero por quien más se preocupa es por su madre: le recomienda que no haga abstinencia por adviento y por cuaresma porque le sientan mal las comidas propias de estas épocas. Cuando Hipòlita enferma, Estefania sufre, le pide que la tenga al corriente de cómo evoluciona y hasta que no ha pasado un tiempo en que los síntomas han remitido no deja de preocuparse.

El cuidado del cuerpo, también en la salud, es otro de los aspectos cotidianos que madre e hija comparten, como cuando Estefania pide a Hipòlita repetidamente que le envíe unos polvos para los dientes de la emperatriz, o unos perfumes para las damas de la corte. Comparten la obtención y la elaboración de los alimentos, como cuando Hipòlita envía a la hija productos elaborados -por ejemplo, mermeladas, confituras o mazapanes- y otros para obtenerlos posteriormente, como planteles de viña y de limoneros. Estefania también detalla en varias ocasiones los productos que envía a su madre, tales como frutas, quesos y carnes en conserva.

La expresión de los sentimientos

El amor a la madre hace orden simbólico, y Estefania quiere a su madre: sus palabras lo expresan cada vez que escribe a Hipòlita. Continuadamente expresa su deseo de encuentro madre-hija, es consciente de que su madre siente por ella lo mismo: sin juramento creeré que malgasta vuestra señoría tiempo pensando en mi persona y discurso, y así ha acertado en lo que hasta aquí hemos hecho. La comunicación entre ambas sobrepasa las palabras y la distancia.

Madre e hija han hecho el pacto de contarse siempre la verdad sobre las cosas que comparten a través de las cartas, especialmente sobre la salud. Esta confianza mutua se ve reflejada en varias ocasiones: Y así es como vuestra señoría dice que si no nos escribiéramos la verdad nunca nos aseguraríamos, y por esto suplico a vuestra señoría lo haga tal como lo dice, que yo haré lo mismo. Así, Estefania siempre explica cómo se encuentran la familia y las otras personas con las que convive, como cuando en una de sus cartas escribe que su hijo Lluís tiene la viruela y su hija Catalina ha muerto: ...pero no me ha faltado una congoja tras otra, cuando viene buena no viene sola, y así debe ser mejor, puesto que nuestro Señor ha sido servido de colocar en su santa gloria, seis semanas después de nacer, a mi hijita, la cual murió el martes, día de San Mateo, a las ocho horas de la mañana, de espasmo, que no le ha durado mucho sino una hora y media, que a las seis y media le empezó, y en este tiempo le cogió tres veces, las cuales le bastaron para acabar con ella. Todo pasó en mis brazos, que muerta la llevé en ellos, aunque antes hizo un bostecito. Estefania intenta consolarse y ofrecer consuelo a su madre después de esta muerte, le pide que vigile su salud, ya que la necesita para superar la soledad que siente porque su hija la ha dejado.

A través de sus palabras, Estefania nos ha transmitido lo que Luisa Muraro explica así:

"Creo que ahora ha quedado eliminado el obstáculo que nos cerraba el camino. La antigua relación con la madre nos da un punto de vista duradero y verdadero sobre lo real, verdadero no en términos de la verdad-correspondencia, sino de la verdad metafísica (o lógica), que no separa ser y pensamiento, y que se alimenta del interés recíproco entre el ser y el lenguaje. Aprendemos a hablar de la madre y esta afirmación define quién es la madre/qué es lenguaje”.

Indicaciones didácticas

Las cartas de Estefania de Requesens son una fuente primaria, escrita en primera persona, desde el partir de sí, que permiten analizar múltiples aspectos de la vida individual y colectiva de su época. En cada una de sus cartas podemos estudiar la historia explicada desde el punto de vista de una mujer protagonista: la genealogía materna, los saberes y haceres de las mujeres, las formas de relación en la sociedad femenina, los sentimientos... todo aquello que está en el orden simbólico de la madre.

Imágenes
San Bernardo venerando a la Virgen con el Niño y Santa Ana, h. 1515

San Bernardo venerando a la Virgen con el Niño y Santa Ana, h. 1515

Portada del libro de Luisa Muraro, El orden simbólico de la madre

Portada del libro de Luisa Muraro, El orden simbólico de la madre

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