La traducción es un puente: hacia otros libros, hacia otras culturas

Entrevista con Katarzyna Górska / Fuente: Ana González

Filóloga, traductora literaria y especialista en el mercado del audiolibro, Katarzyna Górska se ha consolidado como una figura clave en la difusión de la literatura polaca en el ámbito hispanohablante. Nacida en Poznań y residente en Barcelona desde 2009, su trayectoria combina rigor académico, sensibilidad literaria y una mirada lúcida sobre los cambios del ecosistema editorial contemporáneo.

Licenciada en Filología y Derecho por la Universidad Adam Mickiewicz de Poznań, cursó el Máster en Traducción Literaria y Audiovisual en la Universitat Pompeu Fabra, donde obtuvo la Beca Talento del IDEC. También ha estudiado lengua y literaturas españolas en la UNED y mantiene como proyecto un doctorado en Traductología. Desde 2015 trabaja profesionalmente como traductora entre polaco, español y catalán, con más de treinta títulos publicados de literatura infantil, juvenil y adulta. Colabora con editoriales de Polonia, Cataluña y el resto de España, así como con el Institut Ramon Llull.

Pero para Górska, la traducción no es solo una profesión: es una práctica cultural y, en cierto modo, política.

El idioma como vocación

¿Qué te motivó a adentrarte en el ámbito de los libros y la traducción literaria?

“Bueno, siempre leía mucho, me gustaban mucho los idiomas. Entonces, ahora en el día a día manejo cuatro, o sea, polaco, catalán, español e inglés, pero en algún momento también llegué a hablar alemán, croata. Entonces me parecía que la traducción literaria era la mejor manera de combinar esos dos ámbitos.”

Frente a la interpretación simultánea, que describe como “un trabajo extremadamente exigente y estresante”, la traducción escrita le ofrece algo esencial: tiempo. Tiempo para pensar, para dudar, para dejar reposar el texto. “A veces un juego de palabras se resiste. Entonces lo dejo. Me voy, hago otra cosa. Y, de repente, la solución aparece en el momento más inesperado.”

Ese margen de reflexión marca la diferencia. Traducir no es solo trasladar palabras: es escuchar, interpretar matices, reconstruir un tono.

Traducir sin traicionar

Uno de los debates clásicos en torno a la traducción es el de la fidelidad. ¿Se pierde algo esencial al cambiar de lengua? Para Górska, la alternativa sería aceptar la incomunicación: “Si todo fuera intraducible, solo podríamos leer en nuestra propia lengua.”

Toda traducción implica pérdida, admite. Pero también implica ganancia. El traductor es, quizá, el lector más atento que existe. Tras varias relecturas minuciosas, los detalles emergen con una intensidad que a veces ni el propio autor percibe. La traducción no diluye necesariamente el texto: puede iluminarlo desde otro ángulo.

Eso no significa intervenir creativamente. “Si alguien quiere reescribir libros, que escriba los suyos”, afirma con claridad. El traductor no debe imponer su gusto personal ni su visión estética. Su tarea consiste en tender el puente con la mayor honestidad posible.

Una identidad en varias lenguas

Vivir en Cataluña ha moldeado su relación con el castellano y el catalán, pero también con su propia identidad. Durante años sintió que no era exactamente la misma persona en cada lengua. Como si el humor o la ironía quedaran atrapados en la lengua materna.

“Es frustrante pensar: ‘Si me oyeras en mi idioma, verías cómo soy realmente’.” Con el tiempo, esa barrera se diluye. Hoy afirma sentirse la misma persona en polaco y en castellano. Aspira a poder decir lo mismo, plenamente, en catalán.

La identidad lingüística no es fija; se construye en tránsito.

Entrevista con Katarzyna Górska / Fuente: Ana González

Autores, memoria y actualidad

En los cursos que imparte en la librería La Central de Barcelona, Górska acerca al público hispanohablante a autores polacos de los siglos XX y XXI, como Ryszard Kapuściński, Czesław Miłosz, Stanisław Lem u Olga Tokarczuk. Su objetivo no es solo presentar obras, sino contextualizarlas y tender puentes entre tradiciones literarias.

Hay, sin embargo, un libro que le gustaría traducir especialmente: una novela de la escritora polaca del siglo XIX Eliza Orzeszkowa, nominada al Premio Nobel en 1905. En ella ya se defendía la necesidad de que las mujeres contaran con independencia económica y formación propia para no depender del padre o del marido. “Me sorprende que hace 150 años se escribiera sobre temas que siguen siendo tan actuales y que esa obra aún no esté traducida al español ni al catalán.”

La traducción, en este sentido, también es una forma de justicia cultural.

Palabras, poder y verdad

El vínculo entre lenguaje y poder es otro de los ejes que atraviesan su reflexión. Górska cree profundamente en la capacidad performativa de las palabras: no solo describen la realidad, también la crean.

¿Crees que un traductor puede —o debe— dejar una huella personal en un texto?

“Yo supongo que no. Yo pienso que si alguien quiere reescribir libros, pues que se ponga a escribir sus propios libros. Y yo no puedo imponer mi criterio o mi gusto al resto de lectores. El libro te puede gustar o no, pero es obra de otra persona y tú estás aquí para llevar ese libro a otros lectores de otro ámbito lingüístico.”

Cita a Ryszard Kapuściński y su libro Los cínicos no sirven para este oficio para subrayar la responsabilidad ética del periodismo. La objetividad absoluta no existe, toda mirada es parcial, pero sí debe existir el intento honesto de aproximarse a la verdad.

En un contexto saturado de desinformación y discursos virales, el trabajo periodístico se vuelve más necesario que nunca. “Quiero confiar en que alguien ha hecho el fact-checking por mí”, afirma. La confianza en los mediadores culturales (periodistas, traductores, editores) es un elemento frágil, pero indispensable.

Traducir en tiempos de inteligencia artificial

La irrupción de la inteligencia artificial plantea nuevas preguntas. Górska observa el fenómeno con cautela y esperanza a la vez. “Es una herramienta. No es inteligencia, es un modelo lingüístico.”

La IA ya puede generar textos, traducir libros o producir audiolibros con voces sintéticas. Puede crear productos que se parecen a libros. La cuestión es qué tipo de experiencia cultural queremos consumir. ¿Buscamos eficiencia o buscamos mirada?

Está convencida de que el trabajo cambiará. Pero también de que la dimensión humana, la interpretación, la sensibilidad, la responsabilidad ética seguirán siendo necesarias. No solo en la traducción, sino también en el periodismo, la fotografía o cualquier práctica creativa.

Un puente que no se ve

Para Katarzyna Górska, la traducción es un puente invisible. Permite que un lector acceda a una historia escrita en otra lengua, en otro contexto, en otra tradición. Permite que una cultura dialogue con otra.

Sin traducción, el mundo literario sería un archipiélago de islas incomunicadas. Con ella, se convierte en red.

Y quizá esa sea su verdadera definición: no un traslado de palabras, sino una arquitectura de conexiones.

Angle