Lejos de remitir a un estado indeseable o pasivo, el fracaso que propone Jack Halberstam representa un proceso, un verbo, una manera de vivir y de resistir a la estricta hegemonía que marca el éxito. Para definir el fracaso, defiende el autor, es necesario comprender el éxito, alineado con el discurso heterocentrado, occidental, (re)productivo y capitalista. Así, el fracaso supone no sólo una ruptura con dicho discurso, sino también una amenaza para su reproducción.
En el marco del giro afectivo (affective turn), Sara Ahmed sostiene que las emociones no son estados psicológicos o patológicos sino prácticas culturales con implicaciones políticas que determinan formas de alianza social y que tienen el poder afectivo de expulsar o marginar determinados cuerpos del espacio público. Parte de la distinción freudiana entre duelo y melancolía, por la que el duelo es siempre saludable pues consiste en ‘deja ir’ o ‘soltar’ lo perdido.
Iain M. Banks ha desarrollado en un conjunto de diez novelas la idea de la Cultura, una civilización parecida a la de Ecumen imaginada por Ursula K. Le Guin en su afán de afiliar mundos a su proyecto utópico, pero mucho más lúdica en lo que se refiere a los cuerpos, humanos o no.
El caso de Katniss Everdeen es, como mínimo, extraño ya que, aunque la mayoría de críticos y de lectores la consideran una gran heroína, de hecho la narración en primera persona que ofrece Suzanne Collins en su melancólica trilogía no es en absoluto una celebración del personaje.