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Agnès de Peranda. Introducción y edición crítica. Ordenanzas atribuidas a Agnès de Peranda sobre los capellanes y sacerdotes beneficiados de la iglesia del monasterio de Sant Antoni de Barcelona, 1260.
Al ciudado deNúria Jornet Benito.

Agnès de Peranda.
Introducción y edición crítica. Ordenanzas atribuidas a Agnès de Peranda sobre los capellanes y sacerdotes beneficiados de la iglesia del monasterio de Sant Antoni de Barcelona, 1260.

Al ciudado de Núria Jornet Benito.

Introducción


Introducción

Las Ordenanzas y constituciones que en el año 1260 redactó la abadesa de Sant Antoni de Barcelona sobre la celebración de los oficios divinos que deben realizar los sacerdotes de la iglesia del monasterio, se encuentran copiadas en los primerios folios de un libro de actas capitulares de cronología posterior, el primero que la comunidad empezó a escribir y a sistematizar a partir de la reorganización del archivo monástico en la década del 1590 y de la intervención del archivero Sebastià Roger. 1

Se trata de dos folios en letra gótica que recuerdan la gótica bastarda, 2, escritos con la voluntad de conferir al documento unos elementos formales que le otorgan solemnidad y una voluntad caligráfica: inicial al principi de documento, calderones de los diferentes fragmentos en tinta roja. Sin embargo, el hecho que se trate de una copia inserida al principio de un manual o libro de actas ha hecho de que se introduzcan en el texto correcciones con rallados e interlineados que serían poco frecuentes en la forma original del documento.

En realidad el texto de las ordenanzas se acompaña de otras dos hechas con posterioridad por otra abadesa del monasterio, Alamanda de Vilanova ( 1333 - 1351 ), en el año 1350 , que completan el comportamiento, la manera de hacer y el perfil del grupo de hombres, capellanes y beneficiados de la iglesia del monasterio, que asisten a la cura espiritual de las hermanas.

Aunque no consta explícitamente el nombre de Agnès, tanto la fecha del documento, 1260 , durante su gobierno, como la tradición comunitaria, la situan como autora de estas ordenanzas (vease Estudio biográfico de Agnès de Peranda).


La gobernanza del monasterio: las relaciones con el grupo de beneficiados

Las ordenanzas de Agnès regulan la función de los capellanes y beneficiados de la iglesia del monasterio. La comunidad monástica necesitó, desde un principio, el servicio de presbíteros para la celebración de los oficios divinos. Aunque la relación entre las dos ramas franciscanas, la masculina y la femenina, implicaba la misión de la cura espiritual por parte de la primera, parece ser que esta se concretó más bien en la administración de los sacramentos de la confesión, y especialmente en la prática de la prédica, que era justamente la misión principal de la orden. Si pensamos que estamos en los momentos iniciales de la historia franciscana, que tendrá aún que debatir aspectos esenciales de su tradición, como la radicalidad de la pobreza de san Francisco, los aspectos de la cura monialium 3 o en el hecho que muchos de los framenores no habían sido ordenados presbíteros, podemos pensar que la necesidad que tuvo la comunidad femenina de dotarse del oficio de hebdomadario o capellán y fomentar la práctica de la institución de las capellanías o beneficios eclesiásticos.

Las reglas de la orden de Santa Clara (tanto la de Innocencio IV, del 1247 , como la posterior de Urbano IV, del 1263 ) describen al capellán adscrito al monasterio como una persona de buena fama y vida honesta, no muy joven, de edad madura y conveniente. Según la normativa tendrá que comprometerse a permanecer de manera estable en el lugar, haciendo votos de pobreza y castidad; prometiendo obediencia a la abadesa, aunque en última instancia, pueden estar también sujetos a la corrección y vigilancia del cardenal protector y/o del visitador. Como integrante de la familia monástica está obligado a seguir los mismos ayunos que las monjas, aunque la abadesa puede dispensarlo si así lo cree conveniente al ser incompatible con el ejercicio de su trabajo diario. Su perfil se parece mucho al de los donados o conversos que pueden convivir también en el monasterio, compartiendo una similar dependencia con la abadesa, unas prácticas de ayuno y una vestimenta parecida.

Este capellán adscrito al monasterio y el grupo más o menos extenso de presbíteros beneficiados, son las personas que se encargaban de la cura espiritual de las hermanas, básicamente la celebración de la misa y otros oficios divinos. Los frailes de la orden acudirían de manera más puntual, como confesores, predicadores y visitadores apostólicos de la comunidad, o presidiendo algún oficio solemne en las festividades del monasterio o en el sepelio de las monjas. Algunos de estos beneficiados pueden estar en una relación de confianza con la abadesa y el convento, al ser nombrados procuradores generales o ecónomos del monasterio. Armengol de Solà es un ejemplo de ello.

La existencia de este grupo de capellanes beneficiados en la iglesia del monasterio que se encargan de la asistencia espiritual de las hermanas -ayudados puntualmente por los frailes del convento de Barcelona, que las asisten en las misas solemnes, confesiones, prédicas y exequias de las difuntas- hizo que la abadesa redactase unas ordenanzas destinadas a regular la manera de celebrar los oficios divinos.

Las ordenanzas regulan hasta el detalle la actuación de los beneficiados, marcando por ejemplo aspectos rituales o formales, como el hecho de que no entren en la iglesia ni celebren los oficios sin sobrepelliz, como símbolo de reverencia, o que cada beneficiado tenga que arreglar y ornar su altar. También se detalla la manera de celebrar las misas, estableciendo una diferencia entre la misa conventual y la misa privada -que habrá dispuesto algún testador o testadora entre los legados piadosos al monasterio. En este caso, se establece que cada uno de los beneficiados canten misa conventual en el altar mayor, dedicado a san Antonio, advocación del monasterio, durante una semana (sean pues hebdomadarios), y que se sucedan en esta función. Si hubiera obligación por parte de otro beneficiado de celebrar misa privada en este altar, que así se haga. Otra de las funciones de los beneficiados es la de entonar un responso tres días a la semana, entre Quaresma y Adviento, en el cementerio del convento, y si se tiene que enterrar a alguien en el monasterio que reciba su cuerpo con los honores necesarios en la primera puerta del convento. En las fiestas dobles y domingos tendrán que decir vísperas y uno de ellos, el que la abadesa designe, cante el Evangelio y la Epístola del día. Se hace referencia finalmente a que los beneficiados no pueden pasar la noche fuera de Barcelona sin permiso de la abadesa.

El texto se inicia con la necesaria obediencia y reverencia que le deben los beneficiados a la abadesa y se cierra con una referencia al juramento que harán en sus manos, así como a la posibilidad de ser castigados por ella en el caso de que no se cumpla con el juramento ni se observen dichas ordenanzas. El monasterio hermano de Santa María de Pedralbes, nos proporciona un documento que contiene una fórmula de obediencia que debían los presbíteros beneficiados a la abadesa, que muy probabablemente no se escaparía demasiado de lo que se seguiría en nuestro monasterio:

“E vós iurats per Deu e per aquests sants IIII Evangelis, que en aquest monastir farets lo servey del vostre benefici e d’aquesta esgleya segons que per la senyora reyna és stat ordonat, e que procurets segons vostre poder, lo profit e la honor del monastir, e que tot dan d’aquell esquivarets, e que obeyrets a tots manaments meus e de les succehidores a mi en la abbadia leguts e honests, e que a mi així com a senyora e patrona del monastir e a les mies succehidores deguda reverència farets”. 4

Siguiendo las ordenanzas de la reina Elisenda para la comunidad de Pedralbes, si estos beneficiados no cumplían con lo estipulado y jurado se les podía privar de la ración correspondiente de pan, vino y "companatge", los días que la abadesa y el convento consideren convenientes, y si el presbítero en cuestión no desistía de su rebeldía, se le podía sustituir en el cargo. Ordenanzas que continúan, sin duda, la tradición y el modelo que inaugura la abadesa de sant Antoni.

A través de los documentos donde se aplica, en la práctica, el texto y espíritu de estas ordenanzas, podemos suponer un acto muy parecido al que se describe en Pedralbes; esto es, un ritual que integraba prestación de homenaje "en les mans i en la boca", y investidura, en este caso de un beneficio eclesiástico. Por ejemplo, en la toma de posesión del beneficio de Sant Bernat a favor de Jaume Riera en el año 1313 , suscrito ante notario y en presencia de testimonios, se prevé efectivamente un juramento de fidelidad del beneficiado a Ermengol de Solà, que lo recibe en nombre de la abadesa: “(...) dictus Jacobus de Riaria, tenendo manus suas infra manus dicti Ermengaudi sobrescrito osculo consueto, promisit de consensu Francisci Romei” (albacea de Bernat Cantulli, que había instituido la capellanía) “dicto Ermengaudo pro dicta domina abbatissa stipulanti obedientia et reverentiam debitam observare (...)”. 5 Seguidamente se procede a la enumeración de los deberes del beneficiado -que nos recuerda la letra de las ordenanzas de Agnès— y a la investidura y posesión del beneficio ecelsiástico, con la presencia en este caso, como objeto simbólico, de un misal. Son testigos del acto los albaceas de Bernat Cantulli, que instituyó el beneficio y sobre el que ejercen un derecho de patronato.

Jacques le Goff 6 ha estudiado las fases y gestos presentes en los rituales de vasallaje, muy cercanos al acto de posesión del beneficio de Sant Bernat de la iglesia del monasterio. Es interesante ver que, después que la abadesa, y en su nombre el clérigo-procurador del monasterio, admita al beneficiado, éste hace el gesto simbólico de la immixtio manuum , esto es, el beneficiado, a la manera de los vasallos en los rituales de vasallaje y homenaje feudal, coloca sus manos entre las del señor, que las cierra en señal de protección. A continuación, en una segunda fase o gesto, se declara fidelidad al señor, en este caso la promesa de obediencia y reverencia, quedando selllado con el beso, el osculum, que en los juramentos feudales implicaba un beso mutuo en la boca como señal de reciprocidad. Le Goff describe seguidamente la respuesta del señor que aceptaba el vasallo como "hombre propio" y lo investía con un objeto simbólico.

La historia y trayectoria posterior de la comunidad recogerá una parte de este simbolismo, la commendatio in manibus, ya que será presente en el ritual de consagración de las novicias, tal como describe Sebastià Roger a finales del siglo XVI, y como prevé también el formulario de oblación de los novicios según la Regla de San Benito (família, la benedictina, a la que pasarán nuestras clarisas en la década del 1510 y donde siguen en la actualidad). El ritual que describe el archivero pasa por esta gestualidad: las monjas y escolanas prestan obediencia a la abadesa con un beso en las manos —“fent l’abadessa y la monja una creu ab los dits polses y la monja besa la creu dient; Jo, preste a V.S. canònica obediència y manual reverència”—.


La gobernanza del monasterio: una abadesa del siglo XIII.

Detrás del texto de las Ordenanzas se nos dibuja la imagen de una abadesa de una comunidad de la orden de Santa Clara del siglo XIII. Sabemos de la autoridad y el prestigio de Agnès que la hizo ser destinataria de donaciones y legados que aumentaron el patrimonio y la riqueza comunitarias y otorgaron al monasterio un lugar clave en la topografía espiritual de la ciudad. Conocemos también la aureola de santidad que tuvo en vida para su comunidad y para los fieles, y el proceso de devoción y santificación de que fue objeto a su muerte, cuando su cuerpo se convirtió en centro de veneración y culto en virtud de su capacidad taumatúrgica (Véase Estudio biográfico de Agnès de Peranda). A lo largo de su abadiato se asentaron las bases jurídicas, patrimoniales y comunitarias del monasterio, ubicado cerca de la Ribera de Barcelona, en una área de crecimiento urbano y fuerte dinamismo urbano, proceso en el que participó activamente la comunidad de clarisas.

En este perfil, la figura de Agnès podríamos incluirla también en lo que la historiadora Anna Benvenutti Papi 7 ha llamado las “santas abadesas damianitas del siglo XIII”, algunas de ellas contemporáneas de la propia Santa Clara, con quien nuestra Agnès retoma, por ejemplo, un gesto mimético y simbólico al querer renunciar al abadiato, y con quien, según la leyenda fundacional, mantiene unos vínculos de parentesco (sobrina de la santa).

Las atribuciones de Agnès, en tanto abadesa clarisa del siglo XIII, son en general bastante amplias; es la autoridad máxima de la comunidad, solo supeditada en algunas ocasiones por otros cargos eclesiásticos como el cardenal protector, en su función de gobernador, defensor y corregidor de la orden, y el visitador, en su función de supervisar que la vida del convento se adeque a la letra y espíritu de la Regla, al menos una vez al año; y, claro está, los ministros de la orden, en especial el provincial y más adelante el custodio y el guardián del convento de Barcelona. Su elección corre a cargo del capítulo del monasterio (formado por las monjas profesas) pero debe ser confirmada por alguna de las autoridades eclesiásicas de las que depende: por el cardenal protector, según dice la Regla de Urbano IV, por el ministro provincial de los framenores de Aragón, en los dos casos que conocemos para el monasterio de Sant Antoni de Barcelona 8. Le deben obediencia tanto las monjas del convento como los donados o conversos del monasterio, como también los religiosos beneficiados de la iglesia monástica. Las novicias finalmente hacen profesión religiosa en manos de la abadesa y ante todo el convento.

Como muestra la Regla, la abadesa debe cuidar que se cumplan los preceptos que este corpus normativo marca a la comunidad de mujeres, especialmente en los temas de la clausura, hábito monástico o alimentación, determinando también posibles dispensas o relajaciones en su seguimiento. Debe mandar conforme a la regla, prohibir o castigar 9 según esta. Le atañe también otorgar los cargos y oficios del monasterio, tanto los de carácter interno que realizan las propias monjas, como los externos, por ejemplo el de procurador; si bien se menciona la necesidad de que obtenga el consentimiento de toda la comunidad reunida en capítulo, o de una mayoría. La abadesa tiene que convocar una vez a la semana como mínimo el capítulo, que tiene una función básicamente consultiva -exceptuando la admisión de postulantes- para la elección de cargos y oficios, la aprobación de documentos expedidos y sellados por toda la comunidad, o para decidir negocios importantes que haya de emprender el convento. Es también el lugar donde la abadesa da cuenta de su gestión, cada tres meses, si bien la Regla admite que este trámite se realice ante cuatro hermanas elegidas especialmente por la comunidad; y, a otro nivel, es el espacio donde se tratan las cuestiones que afectan la vida de la comunidad y los asuntos más relacionados con la Regla y su cumplimiento. En este sentido, las hermanas, en este espacio, deben acusarse públicamente de sus faltas y a continuación la abadesa les impone la penitencia pertinente; en el caso de que la ofensa se haya dirigido hacia otra compañera, la ofensora deberá pedirle perdón de rodillas en presencia de las demás.

En relación al beneficio eclesiástico, conocemos a través de los datos que reseña el archivero Roger en su manual de cargos y oficios de la comunidad, que la abadesa podía retener el derecho de patronato y de colación sobre los beneficios instituidos en la iglesia monástica; y, en virtud de ello, podía escoger y nombrar a su titular 10. Sin embargo, si avanzamos en la cronología, se afirma el control y el poder de intervención del obispo de Barcelona sobre este ámbito de la gobernabilidad del monasterio. Sería un ejemplo la larga controversia que enfrentó la comunidad de clarisas y el obispado a la hora de nombrar Bernat Oliver como beneficiado del beneficio de Sant Jaume, y que derivó incluso en una intervención papal. O paradigmática es también la anotación que registra la curia episcopal a principos del siglo XV cuando desde el obispado se da licencia a los beneficiados “Sancti Damiani, hodie Sancta Clara, ad constituendum procuratorem pro defendere iuribus beneficium contra abbatissam11, una muestra de los nuevos tiempos en que se ejerce un fuerte control sobre los beneficios eclesiásticos y se va limando progresivamente la autoridad y capacidad de autonomía de las abadesas medievales.

La tendencia general se dirige pues a limitar la autoridad del cargo de abadesa y a cortar sus atribuciones; como también se da una mayor injerencia externa (sobre todo en la figura de las autoridades franciscanas, ya sea el ministro provincial, el visitador o el custodio) en los asuntos internos de la comunidad. Otro ejemplo lo tendríamos en la capacidad inicial que habrían tenido las abadesas para recibir postulantes y novicias, sin limitaciones o coacciones, excepto por parte de la curia romana 12; una atribución que sería progresivamente limitada tanto en los decretos de visitas ejercidas por las autoridades franciscanas como, especialmente después, en los momentos de reforma que afectaron los monasterios femeninos. 13

En la Europa del siglo XIII el texto de las Ordenanzas define pues un momento concreto, marcado por el poder y la autoridad de las grandes abadesas, que administran en un sentido amplio el monasterio y el convento, el territorio, mujeres y hombres. Es el momento de las abadesas de Sant Pere de les Puel.les, en la misma ciudad de Barcelona, que tenían la facultad de nombrar cargos, otorgar beneficios, realizar las visitas e imponer penas y castigos; 14 de las abadesas de Vallbona, que contaban con un significativo poder civil y jurisdiccional, con la capacidad de nombrar los batlles de sus dominios;15 hasta el ejemplo emblemático de las abadesas de Las Huelgas, que ejercían el señorío jurisdiccional sobre un extenso territorio.

La bendición o imposición de las manos a sus hermanas o recibir la profesión religiosa de los frailes del Hospital del Rey, que debían obediencia y submisión a la abadesa de Las Huelgas; el homenaje con besament de mans que la abadesa de Conversano (Italia) recibía de sus súbditos, sentada en un baldaquino, con mitra, báculo y estola; muy parecido a las que recibían las de Fontevrault; el poder de excomunión de muchas; o, de nuevo y en un ejemplo cercano, la estola diaconal que llevaban las abadesas benedictinas del monasterio de las Puel·les de Barcelona y que, siguiendo el uso que hacían las del orden de Santa Bàrbara de Colònia, “daba potestad de leer el Evangelio” 16... son acciones y prácticas que conviven en el momento de Agnès y el de las abadesas del siglo XIII.

Justamente en torno a las abadesas de Las Huelgas, pero aludiendo a otros ejemplos del momento, la teóloga Maria José Arana indaga, en esta genealogia femenina de algunas abadesas medievales, en su capacidad y acción en aspectos sacramentales significativos. En este sentido, menciona la crítica y reprobación papal que Innocencio III dirigió a la abadesa de Las Huelgas en el año 1210 , y por extensión, a una serie de abadesas de las diócesis de Palencia y Burgos, recriminando que “bendijeran las monjas de la comunidad, escuchasen confesión de sus pecados y, leyendo el Evangelio, presumiesen de predicarlo públicamente”. 17 La teóloga connecta estas atribuciones de las abadesas medievales, progresivamente recriminadas y prohibidas sobre todo por las instancias eclesiásticas pero también civiles, con las de las diaconesas de la Iglesia primitiva 18, en una vinculación que daría un aspecto de la governanza y de la autoridad signficativo de nuestras abadesas trecentistas y, con ellas, Agnès, al moverse en ámbitos no estrictamente materiales de la vida comunitaria y entrando en el terreno de la gestión de la espiritualidad.


Poner orden, crear orden

Las prácticas y espacios de la espiritualidad y, muy especialmente, el contexto más institucionalizado y estable del monasterio o convento, permitió a las mujeres momentos y ocasiones para escribir, expresar y decirse. La toma de la palabra y de la escritura se desarrolló en diferentes registros, no exclusivamente bajo el referente místico-espiritual (la palabra femenina relatando una experiencia propia espiritual y de comunicación con la divinidad) o literario (con el amplio abanico de lo que Montserrat Cabré ha llamado “géneros conventuales” que incluye la poesía, los actos sacramentales o el teatro, los libros de memorias y crónicas, los libros de recetas, etc. 19

El espacio comunitario del monasterio y del convento acogió y propició también otras prácticas de escritura femenina más cercanas a la cotidianidad y al estar en relación, viviendo en comunidad, y, en el caso de la abadesa o priora, gobernando. Una escritura que, siguiendo las palabras de Diana Sartori para describir la escritura de Teresa de Jesús, “es capaz de crear y mediar vida social femenina” 20. Escrituras y documentos (ordenanzas, constituciones, reglas...) que se generan en relación —en las “comunidades sorales” que para la teóloga Mary Daly pueden convertise en una posible vía de verdad y libertad—, y que ayudan a vertebrar un espacio y un momento, hacen mundo y crean un orden. Son palabras que mantienen un vínculo con la experiencia, y con la necesidad concreta; dirigidas a la comunidad, a sus semblantes; y, por tanto, como Diana Sartori extrae del prólogo de las Moradas de Teresa, circunscritas en un lugar, en un contexto de comunicación, y de una Santa Teresa mediadora y “madre”, como era así llamada por sus monjas, que funda un orden reformado, y con él, un nuevo orden de la realidad. O bien son palabras, como las de las Ordenanzas de Agnès, que gestionan aspectos de la vida comunitaria, y, en concreto, la relación con los hombres que se ocupan, de hecho, de una parte de la gestión espiritual del monasterio; crean mundo y hacen orden, inventando prácticas de gobierno, de relación, administrando la gestión material y espiritual de la comunidad. La filósofa Annarosa Buttarelli ha puesto justamente émfasis en las reglas monásticas y conventuales porque pueden convertise en “lugar de interés grandioso para quien tenga pasión por la política, en el sentido que pueden ser consideradas verdaderas y propias constituciones que ordenan la convivencia. Constituyen un mundo y ponen en orden un mundo a venir en el que se cree, se compromete y se quiere dejar testimonio”. 21

Como Teresa de Jesús, Agnès de Peranda, fue también fundadora, creadora de nuevos espacios comunitarios vinculados a la trascendencia. Como ella también, en su momento, fue un inicio que la llevó a la búsqueda de una religiosidad propia, en este caso en la espiritualidad mendicante, convirtiéndose en la primera abadesa del monasterio de Sant Antoni de Barcelona, primero de la família clarisa en tierras catalanas. 22

Biografia de Agnès de Peranda

Agnès de Peranda, a quien se le atribuye la autoría de las Ordenanzas, fue la primera abadesa del monasterio de Sant Antoni de Barcelona (també conocido en la documentación con el nombre de Santa Clara o Sant Daniel), la primera comunidad de la orden de Santa Clara fundada en la década del 1230 en la ciudad de Barcelona, y por tanto, el primer cenobio de la familia clarisa en tierras catalanas. Si en la estructuración de este espacio religioso femenino participaron un grupo de mujeres de rasgos beguinales y penitentes (las sorores penitentum de los primeros documentos), la autoridad y el prestigio recayeron en dos nombres propios, protagonistas de la leyenda fundacional 23: sor Agnès o Agnès de Peranda y sor Clara de Janua o de Porta.

Según este relato, puesto por escrito en el siglo XVI pero con raíces en la tradición oral comunitaria, Agnès, con Clara de Janua o de Porta, familiares de Clara de Asís, habrían sido enviadas a fundar a la Península, llegando a la costa de Barcelona de manera sobrenatural, en una barquita sin remos ni velas. La leyenda nos da los datos de parentesco entre las dos mujeres y entre ellas y Clara de Asís: Agnès sería sobrina de la santa italiana, y Clara, mucho más joven, sobrina de Agnès. Posteriormente, los capuchinos de Sarriá, impulsores directos del proceso de canonización de Agnès y Clara en la década del 1910 , concretarían aún más esta filiación al afirmar que Agnès era hija de Peranda o Penenda, hermana de Santa Clara, y de Martín Corano. 24

Según el epitafio sepulcral, una tabla de mármol blanco realizada muy posiblemente a finales del siglo XIII por sus características paleográficas, Agnès gobernó el cenobio durante cerca de cuarenta y siete años:

Hic est sepulta Sancta Virgo Agnès qui huius monasterii per XLVII annos et amplius prima abbatissa existens tanto in morte et post gloriose coruscavit miraculis quanto dum viveret sanctitate vite et claritate fame prefulsit. Obiit anno Domini MCCLXXXI XV Kalendas octobris feria IV”. 25

En la documentación archivística sin embargo su nombre no aparece hasta 1245 , en un privilegio del obispo de Barcelona, Pere de Centelles 26. Sabemos también que en el año 1258 Agnès quiso renunciar al cargo de abadesa y que el por entonces Papa, Alejandro IV (parece ser que requerido por la comunidad monástica), dirigió a Agnès unas palabras en las que la exhorta a no renunciar al cargo de abadesa, mientras elogia sus virtudes:

“(...) con tanta complacencia te estimulan aquellas cosa a través de las cuales se adquieren las de la patria celestial y se origina la salvación de las almas, en tanto que diligentemente te vemos abocada a las obra de la caridad. Según nos han manifestado en una sensata exposición nuestras amadas hijas en Cristo del convento del monasterio, tú, con el auxilio de la divina gracia siempre has estado diligente en la promoción de los negocios del mismo monasterio, tanto en la parte espiritual como en la temporal; pero ahora, guiada por otro espíritu, contra la voluntad del propio convento, te obstinas fuertemente a renunciar al cargo de tu administración y al de abadesa.”

“Queriendo pues nosotros que con este cargo seas agradable a la presencia del Rey eterno, atentamente te rogamos, amonestamos y exhortamos a tu muy piadosa persona, a través de letras apostólicas a ti dirigidas, mandándote insistentemente en virtud de tu obediencia que por reverencia a la sede apostólica y a nos, continúes adelante conservando y administrando en próspero estado dicho monasterio hasta el presente (...).” 27

Estamos ciertamente ante un documento que destaca especialmente por el tono, de respeto y consideración hacia la abadesa, por la consciencia del papel de Agnès en la historia y promoción del monasterio, tanto en lo temporal como en lo espiritual. Las pretendidas conexiones con Santa Clara son evidentes, ya que se sabe que la santa italiana quiso renunciar también a su cargo en San Damián (Legenda de Santa Clara). El vínculo con ella se explicita en el gesto de Agnès, que si no familiar (tal como relata la leyenda), sí que se percibe como discípula de Santa Clara e imita su trayectoria vital y espiritual.

A lo largo de su gobierno se establecieron las bases jurídicas, comunitarias y patrimoniales de este monasterio, situado muy cerca de la Ribera de Barcelona, en un área de crecimiento urbano y fuerte dinamismo comercial del que la misma comunidad participó. Conocemos la autoridad y el prestigio de Agnès, que la hizo destinataria de donaciones y legados, acrecentando el patrimonio de la comunidad y situando de manera clara el monasterio en la topografía espiritual de la ciudad y de su época. Así mismo, sabemos de la aureola de santidad que tuvo en vida por parte de la comunidad de hermanas y por los fieles, y el proceso de devoción y santificación del que fue objeto a su muerte, cuando si cuerpo se convirtió en centro de veneración y culto gracias a su capacidad taumatúrgica, junto a su compañera de viaje y coprotagonista del relato fundacional, Clara. Las dos mujeres fueron objeto de un proceso de beatificación, en un primer momento a finales del siglo XVII y más tarde en la primera década del XX, que sin embargo no llegó a su final.

Los rasgos principales de la vida de Agnès nos son conocidos gracias a la obra del padre Antoni Vicent Domènec, y en especial, por el relato de corte autobiográfico escrito por la religiosa (priora y después abadesa), Dorotea Sarrovira, en 1632 . Las dos fuentes aportan el perfil básico de la leyenda y de la vida de ambas mujeres, que se repetirán sin demasiadas variantes en la cronística de la orden y en los martirologios franciscanos, y en la memoria de la comunidad. 28

En torno a la figura carismática de Agnès se desarrolló un significativo proceso de devoción y santificación. La percepción de su santidad, que nacía de la capacidad taumatúrgica y sobrenatural de su figura, como también de su autoridad y fama, la vemos en las palabras escogidas para redactar su epitafio, y en una larga cadena histórica de gestos y prácticas de reconocimiento de su autoridad carismática, tanto en el interior de la comunidad como fuera, en la piedad popular.

La conciencia genealógica, de considerar Agnès como madre y fundadora, aparece de manera recurrente a lo largo de la historia de la comunidad. Así, en un Diurnal de la primera mitad del siglo XIV, escrito para el convento, se puede leer la siguiente anotación: “Anno Domini MCCLXX. Obiit venerabilis et sanctissima domina soror Agnès, abbatissa prime istius monasterii et Mater nostra”. 29 Su presencia se hace permanente en los objetos cotidianos que llevan su signo, custodiados por el grupo y registrados en la documentación pacientemente: “els coixins”, “les gonelles”, “el mantell blau vell de sancta Agnès ”, son algunos de los términos que se repiten en la serie de inventarios de sacristía a lo largo de los siglos XIV, XV y XVI. 30 Su memoria es recordada también en la serie de crónicas o memorias que conserva, si bien de manera intermitente, el archivo monástico. Por ejemplo, en una primera crónica, Llibre de coses dignes de memòria del monestir de Santa Clara de Barcelona (1599) que inició el archivero Sebastià Roger, escribano encargado entre 1598 y 1599 de la organización del archivo, se lee: “la primera abadessa se diu Agnès i està en fama de haver fet miracles”.

Pero sin duda, como decíamos, es el relato de Dorotea Sarrovira el que nos aporta más datos sobre la trayectoria vital y la santidad de Agnès. Dorotea en este sentido, nos cuenta que:

santa Agnès, mare nostra y fundadora del present monestir, era dona de gran perfecció y de molta penitència y abstinència, que molts dies dejunava a pa y aigua y moltes persones acudian a afavorir-la ab caritat y s’empleavan a servir-la a la iglesia y al monestir sols perquè las acomanés a Déu per confiar ab sos treballs, ab sas oracions y bon exercicis per ser persona de gran perfecció y caritat, y en particular lo rey en Jaume li feu moltas caritats y en lo any 1246 (...) diure que han fet molts miracles en vida y després de mortes, y puch fer-ne testimoni és ver, que en lo escriure han estades molt descuidades, que jo ha coranta anys que tinch lo hàbit y ne he vist molts y tinch memòria de ans que prengués lo hàbit del de haberles vistes y de asó puch fer-ne.”

“(..) Tenim un full d’una llibreta de las que usaban los procuradors en aquell temps que diu: quarto idus martii 1271 . Aquest és lo censal de la parròchia d’Alviniaba, lo cual compra lo monestir de sent Antoni de Guillem d’Espiells y na Saurina sa muller, estant abadessa sor Agnès qui hodie fulget per multis miraculis ”.

De hecho, la memoria y las palabras de Dorotea se usaron en el proceso de beatificación que se inició en la curia de Barcelona en 1912 , cuyos primeros pasos y trámites documentales se custodian en la actualidad en el Archivo Diocesano de Barcelona. 31

El prestigio y la autoridad carismática de Agnès, y de su compañera en la leyenda fundacional, se confirma también en la trayectoria de otra mulier sancta, Maria de Cervelló, que compartieron espacio y tiempo en la Barcelona del siglo XIII. Según las Vidas medievales de Maria, esta iba a menudo con su madre a visitar a Agnès y Clara para “hablar de cosas de Dios, escuchar sus conejos y observar sus virtudes”. 32

Muy pronto la comunidad monástica estableció un vínculo especial con las dos mujeres, a través de sus reliquias, y estableciendo un ritual de translación y devoción de sus cuerpos santos. Un primer ritual, en 1460 , durante el gobierno de Elionor de Rajadell ( 1459 - 1463 ), situó los dos cuerpos desde el huerto al interior de la iglesia monástica, en la capilla de Sant Joan. Un segundo traslado de los cuerpos, en 1601 , se debió al hecho de que su ubicación en la iglesia dificultaba la devoción privada por parte de la comunidad de monjas; la nueva ubicación habría que permitir por tanto el culto público –como parece ser que existió desde finales del XV- y la oración y atención por parte del convento, sin que ello influyera en la clausura. Un tercer movimiento coincidió en 1725 , con el traslado de toda la comunidad a las dependencias del Palacio real de Barcelona con motivo de las pérdidas y destrucciones con la Guerra de Sucesión en la ciudad, y de manera trágica en la zona donde se ubicaba desde su origen el monasterio, cerca del mar y pegado a la muralla del Mar.

Cuidadosamente custodiadas, las reliquias santas eran públicamente expuestas en días señalados, en especial el día de Santa Clara, en que era costumbre que se abrieran los sepulcros para poder pasar un algodón sobre los cuerpos. Una costumbre inmemorial, según el padre Vinyolas 33, y que se documenta también en las crónicas del monasterio con la visita solemne de las autoridades de la ciudad, los consellers, o de la familia real. 34. Parece ser que se hacía también un acto importante el día 17 de setiembre , día en que se conmemoraba la muerte de Agnès, y se hacían novenas en el monasterio; así lo relata Dorotea:

“lo any 1628 comensaren a fer festa y a mostrar los cossos sants lo diumenge après del dia que mori santa Agnès, que fou a 17 de setembre , y fou festa de santa Edita, religiosa de l’orde de sant Benet. Predicà lo pare Marc Anton de la companyia de Jesús y digué moltes alabansas de dites santas y desde aquest dia cada any se fa molta festa y també vénen los consellers y molts devots a veure-las y a oir la prédica y l’ofici”.

La acción y los gestos de estas mujeres, Agnès y Clara, en el mundo, sus virtudes, y especialmente su capacidad para mediar con la divinidad y sus dones proféticos y sanadores, fueron percibidos al momento por su contemporáneos, para entrar con el tiempo en ese registro, poliédrico en las formas y en los/las protagonistas, de la santidad, que a menudo se escapa y desborda el marco de la canonización oficial.

Les reliquias y la memoria de Agnès, como madre fundadora, ha ido acompañando el trayecto histórico, comunitario y espiritual, del grupo de mujeres del actual monasterio de Sant Benet de Montserrat —herederas de las antiguas clarisas de Barcelona. Las caixes de les santes han recorrido las diferentes sedes monásticas y han acompañado también otras cajas igualmente significativas para la memoria femenina de la comunidad: las del archivo, registro de la memoria escrita.

La Historia viviente

En uno de los proyectos de investigación del centro de investigación de mujeres Duoda, La política de lo simbólico en la historia y en la historia del arte... 35 decimos que uno de nuestros deseos es descubrir y analizar contextos relacionales femeninos que han propiciado y propician la creación de lenguaje útil para expresar con fidelidad la experiencia humana femenina. Subrayamos también que hacer política de lo simbólico es, para una historiadora, significarse: significarse leyendo libremente los signos que ha dejado a lo largo del tiempo (y añadiría en los espacios concretos, insistiendo en esta coordenada muy significativa para la historia de las mujeres y para captar la experiencia femenina) la potencia humana femenina, y llevando estos signos al lenguaje que requiere el presente, mi presente.

En este cruce de deseos compartidos, me sitúo, desde hace ya un tiempo, en los contextos de vivencia de la espiritualidad, en un espacio comunitario femenino. Las prácticas y los espacios de la espiritualidad, y de manera especial el contexto más institucionalizado y estable del monasterio o convento, permitieron a las mujeres momentos y ocasiones para escribir, expresarse y decirse. La toma de la palabra se dio en diferentes registros, no exclusivamente bajo el referente místico-espiritual (la palabra femenina relatando su propia experiencia espiritual y de comunicación con Dios, con la trascendencia) o literario. El espacio comunitario del monasterio o convento acogió y propició también otras prácticas de escritura femenina más próximas a la cotidianidad y al estar en relación, viviendo en comunidad o, en el caso de la abadesa o de la priora, gobernando (Véase Introducción).

Si esta preferencia por los espacios de la espiritualidad comunitaria la vinculo con mi faceta de archivera y mi interés por los aspectos relacionados con la gestión de la memoria, está claro que el espacio del archivo monástico me reserva y me puede reservar momentos de descubrimientos significativos que permiten conectar, finalmente, lo que en un primer momento de mi trayecto como investigadora, había quedado escindido en exceso: la historia de la espiritualidad femenina y la topografía monástica, por un lado; la construcción y la gestión de la memoria conventual y comunitaria, por otro.

El azar quiso que hace ya unos años, una investigación sobre los monasterios medievales en Barcelona me guiara en la pista de una comunidad del presente, la de Sant Benet de Montserrat, herederas de una primera comunidad de monjas clarisas fundada en la década de 1230 , y situada en su origen en el actual Parc de la Ciutadella de Barcelona. El azar quiso también que fuera en el Archivo Diocesano de Barcelona donde anotara, gracias a la archivera, el correo electrónico de la comunidad, y donde años más tarde asistiera de manera solemne, previa autorización papal, a la apertura y lectura (cortando el lacre) del proceso de canonización iniciado en la curia de Barcelona, entre 1911 - 1912 , de Agnès y Clara, fundadoras de este primer espacio comunitario de espiritualidad clarisa.

El azar, de nuevo—posiblemente la hermana Coloma diría la providencia— hizo que aquel primer mail enviado donde pedía permiso para investigar en el fondo de archivo (desconociendo hasta entonces si en realidad se había conservado alguno) fuera bien acogido y se iniciara, en un recordado año 2001 , una relación con la comunidad de hermanas que, sin duda alguna, han aportado y aportan, se inscriben yo casi diría, a nivel de co-autoría, al relato de su historia, y de también de la mía. Porque de la relación nació la posibilidad, primera, de unir lo que en primera persona me esforzaba en combinar (medievalista, archivera); y, en segundo lugar, me permitía entrar en una dinámica de vivencia con la comunidad que me aportaba una imagen nueva, diferente, de las hermanas y de la religión. Dice Luisa Muraro en El dios de las mujeres que Dios, que la palabra “Dios” le sirvió y le sirve para salirse de todo lo ya pensado o establecido (“decir el sentido libre de la diferencia de ser mujer, no hacerla reductible a una construcció social”), ), para desencadenar, iniciar, con la fragilidad de los inicios. 36. Para mí, se trataba también de recuperar de mi pasado religioso (estudiando, además, en un colegio de monjas en la niñez), “una herencia que no estorbaba” —siguiendo con las palabras de Muraro.

El descubrimiento y la escritura de la historia de esta comunidad monástica me ha llevado también a dar significación a una manera de estar en la historia o, mejor, en la memoria. Desde mi faceta de archivera, conocía que uno de los “lugares de memoria” ha sido y es el archivo, que se vincula estrechamente a la palabra escrita, al valor probatorio del documento, y detrás del cual se encuentra, de forma más o menos explícita, una voluntad de control y de gestión patrimonial, jurisdiccional, que se relacionada con el poder o con la institución productora que es al mismo tiempo garante y dominus del archivo. Pero la memoria no se agota en el archivo, en este ámbito del registro de la memoria y, más aún, si buscamos una memoria encarnada por mujeres o por comunidades de mujeres. Son también “lugares de memoria”, de una memoria más vinculada a la identidad y a una genealogía, las fiestas y las conmemoraciones, los monumentos y el arte, las leyendas y las crónicas. Y es en la creación y fundación de espacios dedicados a la espiritualidad, significativamente en el contexto monástico, donde la historiadora Ángela Muñoz percibe una de las vías más clara y potentes, con protagonismo propio, de acceso al recuerdo histórico. 37

Detrás de muchos de estos espacios encontramos una voluntad de relatar, de construir una memoria común. Y se consigue a través de textos escritos que a menudo delatan una memoria colectiva o una autoría femenina en relación, inserida en un primer momento en el registro de la oralidad, que propicia un entre-mujeres y un auditorio monástico que autoriza la voz y la palabra femeninas. Estas formas de lenguaje femenino inseridas en la oralidad pueden adquirir su “textualidad”; esto es, pasan al escrito. En este sentido, cada vez más estudios literarios muestran que muchas leyendas, textos antiguos y medievales y de otras tradiciones, son de autoría femenina, que toman su origen en las historias relatadas por mujeres y escuchadas en auditorios femeninos, como afirma la historiadora y bibliotecaria Tiziana Plebani.38

En mi investigación, tomaba cada vez más fuerza y significación el relato fundacional del monasterio de sant Antoni de Barcelona. 39 Un relato legendario que probablemente se crearía en el interior de la comunidad, pasando a la escritura una memoria oral, comunitaria, que se habría mantenido a lo largo del tiempo y que conecta el cenobio barcelonés con la voluntad fundadora de la santa italiana. De hecho, y si seguimos el esquema trazado por Plebani, la leyenda, surgida de la oralidad en el interior de la comunidad, entró después en el imaginario colectivo; lo demuestran las respuestas a los interrogatorios del proceso de canonización de las dos “santas”, donde se alude a la leyenda y especialmente, a la idea de fondo: que el monasterio fue fundado por dos mujeres venidas de Asís. Son textos que tocan muy a menudo el tejido genealógico de la comunidad, el deseo y la acción fundacional primera que estuvo en el origen del monasterio. Y son relatos revestidos muy a menudo también por una aureola legendaria: las dos familiares y discípulas de Santa Clara que, en una barquita sin remos y velas, atraviesan el mar desde Italia para llegar a Barcelona y fundar el primer monasterio de monjas clarisas en tierras catalanas —en un relato que sin muchas variantes se repite en otros puntos de una topografía de la espiritualidad clarisa, tanto en el área castellano-leonesa como andaluzas, y también en otras zonas de Europa.

En el caso concreto de esta leyenda fundacional, su perfil bebe del folklore mediterráneo, y más concretamente provenzal. Es en la zona de la Camarga donde encontramos fuertemente arraigada la leyenda llamada “de las tres Marías”, esto es, el relato que describe el periplo milagroso que llevó las compañeras de la Virgen en el episodio del Gólgota ( María Magdalena , María Salomé , María Jacobea) a dejar las tierras de Palestina para llegar a las tierras bajas de la Provenza francesa. La leyenda describe el viaje en una barca pequeña, sin remos ni velas, atravesando todo el Mediterráneo hasta llegar a las playas del pueblo de Saintes-Maries-de-la-Mer, que perpetúa explícitamente el relato en su nombre y donde aún hoy el pueblo gitano honora con una peregrinación a su “santa” patrona, Sara, la sirvienta negra, que también parece ser que estaba en la barca.

Como dice María-Milagros Rivera Garretas la leyenda, como el mito o la fábula, recoge una verdad histórica que otras formas de transmisión del saber o de la memoria histórica no son capaces de acoger. 40 En los relatos fundacionales, la leyenda puede preservar experiencia histórica femenina y construir memoria comunitaria, memoria femenina en la historia. En el caso de la comunidad barcelonesa, la leyenda fundacional recogería, primero en el registro de la oralidad comunitario, pero también en la memoria social gracias a la autoridad carismática de sus dos protagonistas, consideradas santas, el orden de sentido de la comunidad: esa verdad que las vincula a un origen materno, el de Clara de Asís y dos discípulas y familiares suyas. El relato legendario valora el deseo y la presencia femenina en la empresa fundacional del monasterio, ayuda a estructurar memoria histórica de la comunidad y crea comunidad a través de una genealogía femenina.

Entendí que no fue casual, entonces, que la antigua comunidad de clarisas institucionalizase su archivo, uno de los lugares de memoria—de la memoria escrita relacionada relacionado con la gestión de les relaciones sociales, económicas, con la gestión del poder— en su etapa como monasterio benedictino, ya a finales de siglo XVI (década del 1590 ). 41 Como tampoco lo fue que, poco después, en las primeras décadas del XVI, se pusiese por escrito lo que se transmitía hasta entonces por vía oral entre las generaciones de hermanas y que ya se había convertido en una tradición popular vinculada al culto de las santas fundadoras: la leyenda fundacional. En el eje de este relato fundacional que, como decía, quiere resguardar y transmitir pensamiento verdadero, tuvo un papel clave la priora Dorotea Sarrovira, hermana, curiosamente, de la que fue primera archivera de la comunidad, Caterina.

Genealogía del texto


Una genealogía textual: otras ordenanzas monásticas

Bajo el abadiato de Alamanda de Vilanova ( 1333 - 1351 ), se copió el texto de la Ordenanzas de Agnès y se añadieron otras, más breves, destinadas también al mismo ámbito de la gobernabilidad del convento y de la relación con los beneficiados que atienden y tiene cura de algunos de los aspectos de la relación de las hermanas con lo divino. Las ordenanzas de Alamanda se refieren concretamente al papel de los beneficiados en la celebración de las absoluciones con motivo del entierro de las hermanas en el cementerio monástico. La vigencia y vivencia de las ordenaciones que se dispusieron en el tiempo de Agnès se confirma pues en esta tradición textual; aunque ahora el acento de estas nuevas ordenanzas es sensiblemente diferente a las anteriores, al hacer entrar en la normativa la presencia del dinero, que media ahora también en la relación.

La fundación en la misma ciudad de Barcelona de otro monasterio hermano de la orden de Santa Clara, el de Pedralbes, introducirá en la escena una diversa autoría para un nuevo corpus de ordenanzas y reglamentaciones de la vida interna de una comunidad religiosas. Efectivamente, la fundación de Santa Maria de Pedralbes, en el año 1327 , por parte de la reina Elisenda de Montcada, implica la redacción de una serie de ordenanzas que acompañan la propia construcción y constitución de la nueva comunidad. Instalada en un palacio anexo al monasterio, la reina redactó cuatro ordenanzas para la comunidad. En las primeras, datadas en el mismo año 1327 , la reina estipulaba entre otras cuestiones las asignaciones monetarias que deberían recibir la abadesa y el resto de la comunidad (como asignación anual para vestir y otras necesidades); cantidades diversas para las hermanas que realizaban un cargo en el monasterio y tenían unos gastos (como la sacristana), y el pago a un grupo de personas externo al convento pero que prestan servicios, tanto materiales como espirituales (entre ellos, los presbíteros beneficiados) a la comunidad.

Es muy probable, en este sentido, que la letra y el espíritu de estas primeras ordenanzas de la reina Elisenda para Pedralbes, influenciasen en el monasterio de Sant Antoni, que, recordemos, añadió en 1350 , dos breves ordenanzas al texto de Agnès, que contenían la retribución a los beneficiados.

La reina Elisenda redactó, a lo largo de su vida, tres ordenanzas más, donde introduciría algunos cambios especialmente en el número de monjas y presbíteros, las asignaciones y las posesiones del monasterio. La segunda, fechada en 1334 , la más extensa de las cuatro que dictó la soberana, sigue incorporando a los presbíteros dedicados a los servicios litúrgicos de las hermanas. Elisenda establece ahora que estos miembros masculinos pueden ser diez (antes eran cuatro) y que están obligados a oficiar, además de la misa conventual que exigía la orden y las horas canónicas, los aniversarios por las almas del rey y de la reina, y de sus antepasados. Estipulaba también que cada uno de ellos, cada semana, debía decir misa en el altar mayor, con el canto del Evangelio y la lectura de la Epístola, mientras que el resto de capellanes se situarían en las capillas donde se habían instituido beneficios o capellanías. La tercera ordenanza, de 1341 , se redactó después de la aplicación en la comunidad (también en la de Sant Antoni) de las Constituciones de Benedicto XII; y, aún en el año 1345 , se hizo una nueva formulación.

Como afirma Anna Castellano en su estudio monográfico sobre Pedralbes, destaca de nuevo en este texto de Elisenda el tema de las relaciones entre mujeres y hombres, y concretamente las relaciones entre la abadesa, las hermanas y el resto de la comunidad masculina. Se trata de un documento muy rico en detalles que permite ver el funcionamiento y los aspectos de organización de la vida de un monasterio: se precisa el orden y la manera de decir las misas en el altar mayor, repartidas entre los frailes y los presbíteros, los dos grupos convenientemente vestidos (con vestidura diaconal y subdiaconal para oficiar el Evangelio y la Epístola); número de capellanes externos que pueden ser llamados en casos concretos, por necesidad del culto o servicios especiales…etc. En el trasfondo de las ordenanzas de Elisenda cabe ver así mismo el reflejo de la relación que la propia reina estableció con las autoridades franciscanas, el pulso que mantuvo a la hora de marcar definitivamente el perfil de esta nueva comunidad de “menoretes” en Barcelona. 42

Coetánea en el tiempo, otra soberana, Sança de Mallorca, reina de Nápoles, fue también origen de cuatro nuevas fundaciones monásticas en la ciudad de Nápoles, y, como Elisenda, incidió en aspectos de organización interna. Sança escribió para una primera comunidad de monjas clarisas, la del monasterio dedicado al Sagrado Corazón de Jesús, a la Sagrada Forma, más conocido con el nombre de Santa Clara, unas Ordenanzas 43 que dibujan el funcionamiento interno de la comunidad monástica femenina: sobre el número de hermanas y constitución paralela de una comunidad de frailes —en relación de 100 monjas y 20 frailes; sobre el ingreso al monasterio —requisitos de edad y de honorabilidad y al menos 1/5 parte de las hermanas provengan de la ciudad de Nápoles; sobre la categoría de conversas, llamadas en el texto servitrices, que deben tener menos de 18 años, con buena salud y preparadas para servir al monasterio, observantes de la clausura, y en número limitado —por 100 monjas o hermanas de coro, 16 conversas— y con una maestra propia que les enseñe su trabajo manual; sobre la instrucción de las novicias; sobre el victum et vestitum; sobre el ayuno, la enfermería, el comportamiento en el coro en relación al canto y a las lecturas litúrgicas; sobre el silencio.

Otras normas atañen al gobierno de la comunidad, formado por la abadesa, el guardián y las 6 discretas; y otras a aspectos de la administración económica —existencia de dos procuratores receptores ed expensores que tienen la obligación de dar cuenta trimestralmente, del dinero, que se guarda en una caja con tres cerraduras y se custodia en el dormitorio. Se asigna también a la comunidad un médico pagado por la Camera reginalis, con una habitación cerca del convento. Finalmente, hay una serie de prescripciones relativas a la elección del guardián y al capítulo, a la disciplina interna, y a los dos confesores de las monjas; a las obligaciones litúrgicas y a la misa con motivo de festividades diversas, a las liturgias funerarias con motivo de la muerte del Papa, del rey o de otros miembros de la familia real. 44

La acción de Sança no se acaba aquí sino que—como la reina Elisenda— fue adaptando y modificando los diferentes puntos y aspectos de sus ordenanzas entre los años 1324 y 1342 , fechas en las que la vemos implicarse también en la creación y fundación de otros espacios de atención a la espiritualidad en la misma ciudad de Nápoles.

Tanto en un caso como en el otro —Elisenda de Montcada, Sança de Mallorca— nos encontramos ahora con la acción directa de las reinas medievales en la acción monástica, que conlleva, entre otros aspectos, la intervención directa en la vida de la comunidad a través de este cuerpo de ordenanzas y constituciones. Elisenda vivió, como decíamos, en un palacio al lado del monasterio de Pedralbes; Sança, viuda, tomó el hábito de hermana clarisa en el monasterio de la Santa Cruz, fundado también pro ella, donde vivió hasta su muerte.

Imágenes

Grabado representando la llegada de las dos santas a la playa de Barcelona ( 1726 ). De la matriz xilográfica, conservada en el Archivo del Monasterio de Sant Benet de Montserrat.


Ordenanzas de la abadesa Agnès de Peranda ( 1260 ). Archivo del Monasterio de Sant Benet de Montserrat, Fons del Monestir de Santa Clara, Llibre d’actes capitulars, 1598 - 1824 , Manuals, núm. 741, fol. 2.


Lápida sepulcral d’Agnès de Peranda. Museu de Historia de la Ciudad de Barcelona, Núm. Inventario, 16279. Fotografía de Jordi Puig.


Sepulcro actual de las santas en la comunidad monástica de Sant Benet de Montserrat (claustro).


Plano de la muralla que rodeaba el monasterio en la ciudad de Barcelona. Archivo del Monasterio de Sant Benet de Montserrat, Fons del Monestir de Santa Clara, Plet sobre el terraplè de la muralla ( 1614 ), Manuals, núm. 468.


Cuadro representando la llegada de las dos santas (en poder de la comunidad de Santa Maria de Jerusalem de Barcelona en el año 1911 cuando sirvió como portadilla al libro del postulador fra Paolini, Beatificationis seu confirmationis cultus amb immemorabili praestiti Agneti Perandae, Clara Janua seu a Porta... Roma, 1911).


Canción del Padre Fray Alonso Truxillo, monge de Nuestra Señora de Montserrate. Con la imagen de las dos santas en el sepulcro (Archivo del Monasterio de Sant Benet de Montserrat, Fons del Monestir de Santa Clara, Notícies referents a les santes (finals del segle XIX)).


1 Ordinacions de l’abadessa Agnès de Peranda (1260). Arxiu del Monestir de Sant Benet de Montserrat, Fons del Monestir de Santa Clara, "Llibre d’actes capitulars", 1598-1824, Manuals, núm. 741, fols. 2-3.

2 Sensación de más dureza en los trazos generales de la letra y especialmente en los ángulos de la m, n, u; como también los remates en punta de las astas descendientes de la s, f y i larga, son algunas de las características de esta tipología.

3 Sobre las relaciones de la orden franciscana y los monasterios femeninos: H. Grundmann, Movimento religioso nel Medioevo. (Bologna: il Mulino, 1980), p. 221-239; 247-253. José García Oro, San Francisco de Asís en la España medieval. Santiago de Compostela: Liceo franciscano, CESIC, 1988; Ch. Gennaro, Chiara, Agnese e le prime consorelle: dalle pauperes dominae di s. Damiano alle clarisse, a Movimento religioso femminile nel secolo XIII. (Assisi: 11-13 oct. 1979). (Assisi: Società internazionale di studi francescani, 1979), p. 184-185.

4 Anna Castellano, Pedralbes a l’edat mitjana: història d’un monestir femení. Barcelona: Publicacions de l’Abadia de Montserrat, 1998, p. 178.

5 Arxiu del Monestir de Sant Benet de Montserrat, Fons del Monestir de Santa Clara, Col·lecció de pergamins, núm. 745.

6 Jacques le Goff, "Les gestes symboliques dans la vie sociale. Les gestes de la vassalité", a XXIII Settimane di Studio del Centro Italiano di Studi sull’Alto Medievo, Spoleto, 1976, p. 679-779.

7 Anna Benvenutti Papi, "La santedat en àmbits femenins: funcions i representacions entre l’edat mitjana i l’edat moderna", a Santes, monges i fetilleres. Espiritualitat femenina medieval. Dossier de: Revista d’Història Medieval, 2, 1991, p. 9-28.

8 1312, febrer, 11 . Viena. “Confirmació de l’abadessa Clara de Janua per part del ministre dels framenors a l’Aragó, fra Romeu Ortici”. Arxiu del Monestir de Sant Benet de Montserrat, Fons del Monestir de Santa Clara, Col·lecció de pergamins, núm. 740; 1326, setembre, 27 . “Confirmació de l’abadessa Sança de Conques per part del ministre dels framenors a l’Aragó, fra Ramon Bancals”. núm. 771.

9 A medida que avance el control sobre el monacato femenino, veremos que esta penalización se impondrá con mayor frecuencia des de fuera. Así por ejemplo, en las Constituciones de Benedicto XIII, impuestas tras la visita de fra Tomàs Olzina al monasterio en el año 1408 , se precisa que será el Papado el que determinará qué tipos de castigos se impondrán a quien se desvie de estos estatutos.

10 Arxiu del Monestir de Sant Benet de Montserrat, Fons del Monestir de Santa Clara, Llibre dels càrrechs i oficis del present monestir de Santa Clara (1598), Manuals, núm. 743.

11 Arxiu Diocesà de Barcelona, Reg. Grati., 1411-1412, fol. 143.

12 Privilegi d’Innocenci IV (1248, setembre, 5. Lió). Arxiu del Monestir de Sant Benet de Montserrat, Fons del Monestir de Santa Clara Col·lecció de pergamins, núm. 375. Sebastià Roger anota también este derecho y lo describe en estos términos: “l’abadessa no té obligació de rebre monges si el Papa no ho mana”. Llibre dels càrrechs i oficis del present monestir de Santa Clara (1598), Manuals, núm. 743, fol. 2.

13 En las Constituciones generales del padre Juan Merino (1639), válidas para toda la familia femenina franciscana, la elección de la abadesa es el resultado de una votación secreta de todas las monjas con más de 6 años de profesión; el ministro provincial, que preside la elección, tiene voto y derecho de arbitrio e imposición de una candidata en el caso de que hubiera divergencias entre las religiosas. Cf. J. Merino (O.F.M.), Constituciones generales para todas las religiosas sujetas a la obediencia franciscana en esta familia cismontana. De nuevo recopiladas de las antiguas y añadidas con acuerdo del Capitulo general celebrado en Roma a 11 de junio de 1639.

14 Para este monasterio, véase: Montserrat Cabré i Pairet, El monacal femení a la Barcelona de l’AEM: Sant pere de les Puel·les. Segle X-XI. Tesis de llicenciatura inèdita, Universitat de Barcelona, 1985. I Sant Pere de les Puel·les, un monestir de dones. Exposició. Museu d’Història de Catalunya (11 de desembre de 2008 a l’1 de març de 2009). Dossier de premsa.

15 Para este monasterio, véase: Josep Maria sans Travé, El monestir de Santa Maria de Vallbona: Historia, Monaquisme i Art. Lleida: Pagès Editors, 2010.

16 Cit. M. J. Arana. Y sigue que el uso del manipulo dava: “la potestad para leer la Epístola”.

17 Cit. M. J. Arana, "Las Abadesas y religiosas. El poder de jurisdicción y las insignias clericales", en Mujeres sacerdotes ¿Por qué no? Reflexiones históricas, teológicas y ecuménicas. Madrid: Publicaciones Claretianas, 1994.

18 “Así pues, a las que ahora llamamos Abadesas, antiguamente llamaban diaconisas, más como ministeriales que como madres”. Abelardo, P.P.L.178, Ep.VII. Cit. M. J. Arana.

19 Montserrat Cabré, "Estrategias de desautorización femenina en la Querella de las mujeres, siglo XV", en De leer a escribir I: la educación de las mujeres: ¿libertad o subordinación? Madrid: Al-Mudayna, 1996, pp. 77-97.

20 Diana Sartori, "Por qué Teresa", en Diótima, Traer al mundo el mundo. Objeto y objetividad a la luz de la diferencia sexual . Barcelona: Icaria, 1996, pp. 41-78.

21 Annarosa Buttarelli, Sovrane, Potere e Politica no sono la stessa cosa, Liguore, 2009, p. 129-130. La meva traducció.

22 Para este monasterio, véase: Núria Jornet Benito, El monestir de Sant Antoni de Barcelona. L’origen i l’assentament del primer monestir de clarisses a Catalunya. Barcelona: Publicacions de l’Abadia de Montserrat (Scripta et Documenta, 76), 2007.

23 He tratado el origen, perfil y funcionalidad de la leyenda fundacional del monasterio de sant Antoni de Barcelona en: "Memoria y genealogía femeninas: la leyenda fundacional del primer monasterio de clarisas de Catalunya", La historia de las mujeres: perspectivas actuales. XIII Coloquio Internacional de la Asociación Española de Estudios de Historia de las Mujeres (Barcelona, 19-21 octubre, 2006). Edició CD-Rom.

24 Según el editor y traductor al castellano de los textos claréanos, el padre Omaechevarría “no se ve lugar en la genealogía de santa Clara de Asís para dos supuestos hermanos de Clara, Bosone y Penenda”, Ignacio Omaechevarría, Escritos de Santa Clara y documentos complementarios. Madrid: BAC, 1993 (3ª ed.), p. 61.

25 Esta inscripción estuvo en paraje desconocido hasta que recientemente fue identificada en los depósitos del Museu d’Història de la Ciutat de Barcelona, Núm. d’Inventari, 16279. Véase: Anna Molina i Castellà, "La peça del Museu: Lauda sepulcral d’Agnès de Peranda", Butlletí informatiu del Museu d’Història de Barcelona. Any 4, núm. 16 (primer quadrimestre de 2009).

26 Arxiu del Monestir de Santa Benet de Montserrat, Fons del Monestir de Santa Clara, Col·lecció de pergamins, núm. 323.

27 Mi traducción y versión al castellano moderno. Arxiu del Monestir de Sant Benet de Montserrat, Fons del Monestir de Santa Clara, Col·lecció de pergamins, núm. 526.

28 Arxiu del Monestir de Sant Benet de Montserrat, Fons del Monestir de Santa Clara, Llibre de coses dignes de memòria del present monestir de santa Clara (1599-1757), Manuals, núm. 742; Notes del llibre intitulat coses dignes de memòria fins al primer de 1755 inclusive, Manuals, núm. 744.

29 Alexandre Olivar, Catàleg dels manuscrits de Montserrat, núm. 13.

30 Arxiu del Monestir de Sant Benet de Montserrat, Fons del Monestir de Santa Clara, Sèrie d’inventaris de sagristia (1389-1896).

31 Arxiu Diocesà de Barcelona, Beatificationis seu confirmationis cultus servis Dei Agneti de Perandae et Clarae de Janua. 1912. Processus Beatificationis. Canonitationis, núm. 37 bis. Un año antes, en 1911 , el postulador general de los framenores, el padre Paolini, publicaba una serie de datos exhaustivos que probaba la existencia de un culto inmemorial de las dos mujeres. Beatificationis seu confirmationis cultus ab immemorabili praestiti Agneti Perandae et Clarae a Janua seu a Porta, sanctae Clarae Assiensis consanguineis, conventus clarissarum Barchinonensis fundatricis et primis abbatissis beatis et sanctis nuncupatis. Articulos quos ad probandum cultum eisdem delatum curiae Barchinonensi praesentat P. Fr. M. Paolini, ordinis minorum postulatur generalis. Roma: Libraria Sancti Antonii, 124 Via Merulana, 1911.

32 Francisco Gazulla, Vida de Santa María de Cervellón, virgen comúnmente llamada del Socòs, primera religiosa de la celestial, real y militar orden de Nuestra Señora de la Merced, (Barcelona: Librería Hispano-Americana, 1909), p. 39.

33 Pablo Vinyolas y Torres. Santa Inés de Peranda de Asís y Santa Clara de Janua en Barcelona y su culto inmemorial. Barcelona: Vila, Aleu y Domingo Imp., 1930.

34 Arxiu del Monestir de Sant Benet de Montserrat, Fons del Monestir de Santa Clara, Llibre de coses dignes de memòria del present monestir de Santa Clara (1599-1757), Manuals, núm. 742.

35 La política de lo simbólico en la historia y en la historia del arte. Creadoras de lenguaje histórico en dos períodos de transición, los siglos XIV- XV y los siglos XIX-XX. HAR2011-28773-C02-01.

36 Muraro, El Dios de las mujeres. Madrid: horas y HORAS, 2006.

37 Ángela Muñoz, "El monacato femenino como espacio de cultura femenina. A propósito de la Inmaculada Concepción de María y la representación de la sexuación femenina", en M. Nash, M. J. De la Pascua, G. Espigado (eds.) Pautas históricas de sociabilidad femenina. Rituales y modelos de representación. Actas del V Coloquio internacional de la Asociación Española de Investigación Histórica de las Mujeres (Cádiz, 5-7 junio 1997). Cádiz, Universidad de Cádiz, Servicio de publicaciones, 1999, pp. 71-90.

38 Tiziana Plebani, Il genere dei libri. Storia e rappresentazioni della lettura al feminile e al maschile tra Medioevo e età Moderna, Milano, Franco Angeli, 2001.

39 He estudiado con más detalle este tema en: "Memoria y genealogía femeninas: la leyenda fundacional del primer monasterio de clarisas de Catalunya", en La historia de las mujeres: perspectivas actuales. XIII Coloquio Internacional de la Asociación Española de Estudios de Historia de las Mujeres (Barcelona, 19-21 octubre, 2006). Edició CD-Rom.

40 María-Milagros Rivera Garretas,"El monacato femenino (siglos VIII-XII)", en Els monestirs catalans a l’entorn de l’any mil. Catàleg de l’exposició, Barcelona: Museu d’Història de Catalunya, 1999, pp. 106-119.

41 He tractat aquest tema a: Memoria, historia y archivo en el monasterio de Sant Antoni i Santa Clara de Barcelona, Boletín de la ANABAD, 2008, núm. 4, oct-dic., pp. 297-305.

42 Anna Castellano, Pedralbes a l’edat mitjana: història d’un monestir femení. Barcelona: Publicacions de l’Abadia de Montserrat, 1998.

43 Instrumentum super constructione, dotationes et ordinatione (30 de gener de 1321), ratificado por Robert y confirmado por el papa Juan XXII con la bula Speciosus forma el 26 de febrero de 1321. (Wadding, vol. VI, pp. 631-646). Publicadas por Lucas Wadding (1931, vol. 6, pp. 561-575).

44 Sobre Sança de Mallorca, veáse: Núria Jornet Benito, "Sança de Mallorca, reina de Nàpols: la fundació monàstica en un projecte de consciència genealògica i espiritualitat franciscana”, Redes femeninas de promoción espiritual, Roma: Viella (en prensa).

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[ocultar] Núria Jornet Benito (Español)

Núria Jornet Benito

Doctora en Historia Medieval, Paleografía y Diplomática por la Universidad de Barcelona, con una tesis sobre la primera comunidad de clarisas en tierras catalanas (fundación y archivo) (El monestir de Sant Antoni de Barcelona: l’origen i l’assentament del primer monestir de clarisses a Catalunya. Barcelona: Publicacions de l’Abadia de Montserrat, 2007). Máster de Arxivística y Gestión de Documentos (Associació d’Arxivers de Catalunya i Universitat Autònoma de Barcelona), con un trabajo final sobre el notariado catalán (Catàleg dels protocols notarials de Vilanova i la Geltrú. Barcelona: Fundació Noguera, 2001). Docente de Paleografíaa y Diplomática y Archivos en la Faculdad de Biblioteconomía y Documentación de la Universidad de Barcelona. Directora de Duoda. Centro de Investigación de Mujeres (UB) desde diciembre de 2009.

Miembra del grupo de investigación consolidado “Biblioteca Virtual de investigacións Duoda” y del proyecto de investigación “Claustra. Atlas d’espiritualitat femenina”, que integra aspectos de organización del patrimonio documental de las comunidades religiosas femeninea de la época medieval y moderna en los reinos peninsulares, y de topografía e historia monásticas. Entre el año 2009 y 2010 coordiné, con la Dra. María-Milagros Rivera y la Dra. Mª Elisa Varela, el proyecto, encargo del Institut Català de les mujeres (ICD), Moments de la història de les mujeres a Catalunya (publicado en la web del ICD: (http://www20.gencat.cat/portal/site/icmujeres). En el año 2010 dirigí, con la Dra. Teresa Vinyoles, el proyecto de la Xarxa d’Universitats Joan Lluís Vives Diccionari biogràfic de mujeres, un total de 657 biografías de mujeres de diferentes ámbitos de conocimiento, áreas de actuación, cronologías, de las tierras de lengua catalana (Cataluña, País Valenciano, Ilas Baleares, Cataluña Norte y Sur de Francia): (http://www.dbd.cat/

Una de mis líneas de investigación es la gestión de la memoria a lo largo de la historia y su materialización en los archivos, como también los aspectos de lo que se podría denominar la sexuación de la memoria. Interesada por la configuración e historia de los archivos y depósitos de la memoria escrita en las comunidades monásticas, por la función y perfil de las archiveras dentro de la comunidad y, en general, por el papel del archivo en el marco de la memoria femenina.

En el ámbito de la historia de las mujeres, me intereso por la espiritualidad femenina en la época medieval, en especial por la primera topografía de la orden de Santa Clara en la Corona de Aragón. Interesada también por otros aspectos de la fundación y organitzación monásticas como el estudio de las ordenanzas, las constituciones y otros documentos de archivo de autoría y/o escritura femeninas. Finalmente, he investigado figuras y prácticas de mediación femenina en la época medieval.

Formo parte de la Comissió d’Arxius del Servei d’Arxius de la Federació de Monges Benedictines de Catalunya.

Publicaciones destacadas:

-“Inés de Peranda i Clara de Janua. Dues figures carismàtiques o la fundació del monestir de Sant Antoni de Barcelona”. Duoda. Revista d’estudis feministes, 22 (2001). pp. 41-57.

-Las sentencias espirituales atribuidas a María de Cervelló: el discurso femenino de la orden mercedaria”. Mujer y cultura escrita. Del mito al siglo XXI. Gijón: Trea, 2005, pp. 75-85.

-La Diferència de ser dona. [Recurso electrónico]. Recerca i ensenyament de la història = La Diferencia de ser mujer...= Die Differenz eine frau....Barcelona: Duoda. Centro de Investigación de mujeres, cop. 2004 (1 disc òptic, CD-ROM) i web: http://www.ub.edu/duoda/diferencia/index.html.

-“La relación con los recuerdos: la autoridad y el poder de la memoria”. En: Las relaciones en la historia de la Europa medieval. València: Tirant lo Blanc, 2006, pp. 18.-53.

-“Memoria y genealogía femeninas: la leyenda fundacional del primer monasterio de clarisas de Catalunya”, La historia de las mujeres: perspectivas actuales. XIII Coloquio Internacional de la Asociación Española de Estudios de Historia de las Mujeres (Barcelona, 19-21 octubre, 2006). Edició CD-Rom.

-“Memoria, historia y archivo en el monasterio de Sant Antoni i Santa Clara de Barcelona”, Boletín de la ANABAD, 2008, núm. 4, oct-dic., pp. 297-305.

-“Administrar desde la libertad” (con Mª Elisa Varela), en La universidad fértil. Barcelona: Octaedro, 2010.

-Els miralls de Clara d'Assís: el naixement de l'Orde de Santa Clara en terres catalanes”; L'escriptura femenina als monestirs medievals: Agnès de Peranda; “La pregària diària: el llibre d'hores”; “Biblioteques de mujeres: la biblioteca de la Reina Maria”; “Memòria femenina als monestirs medievals: les llegendes fundacionals”; “La reforma dels monestirs femenins en la construcció de l’estat modern (segle XV)”, En: Moments de la història de les dones a Catalunya.

-“Maria de Castella”; “Sança de Mallorca”; “Agnès de Peranda”; Caterina Sarrovirra, En: Diccionari biogràfic de dones.

-“Pràctiques i gestos de mediació femenina a la història medieval”, VI Seminari Internacional de Cultura Escrita Josepa Arnall i Juan: L'amor a l'Edat Mitjana. Textos i imatges (Girona, 10-11 desembre 2010).

-“La pregària diària femenina: els llibres d'hores catalans” (con Mª Elisa Varela Rodríguez), Le plaisir de l'Art au moyen âge. Mélanges offerts à Xavier Barral i Altet, Picard, París, 2012.

-“María de Cervelló”, En: Mujeres cristianas a lo largo de la historia. Burgos: Monte Carmelo (en premsa).

-Archivo y memoria en una comunidad monástica femenina, Escritura y sociedad (en premsa).

-“L'espiritualitat mendicant en femení en terres catalanes: el naixement de les primeres comunitats clarisses”, Jornades d’Història del monestir de les Avellanes (4-5 juliol, 2011) (The Journal of Medieval Monastic Studies, en premsa).

-“Sança de Mallorca, reina de Nàpols: la fundació monàstica en un projecte de consciència genealògica i espiritualitat franciscana”, Redes femeninas de promoción espiritual , Roma: Viella (en premsa).


[ocultar] Núria Jornet Benito (Catalán)

Núria Jornet Benito

Doctora en Història Medieval, Paleografia i Diplomàtica per la Universitat de Barcelona, amb una tesi sobre la primera comunitat de clarisses en terres catalanes (fundació i arxiu) ( El monestir de Sant Antoni de Barcelona: l’origen i l’assentament del primer monestir de clarisses a Catalunya. Barcelona: Publicacions de l’Abadia de Montserrat, 2007). Màster d’Arxivística i Gestió de Documents (Associació d’Arxivers de Catalunya i Universitat Autònoma de Barcelona), amb un treball final sobre el notariat català (Catàleg dels protocols notarials de Vilanova i la Geltrú. Barcelona: Fundació Noguera, 2001). Docent de Paleografia i Diplomàtica i Arxius a la Facultat de Biblioteconomia i Documentació de la Universitat de Barcelona. Directora de Duoda. Centro de Recerca de Dones (UB) des del desembre de 2009.

Membre del grup de investigació consolidat “Biblioteca Virtual d’Autores Duoda” i del projecte d’investigació “Claustra. Atlas d’espiritualitat femenina”, que integra aspectes d’organizació del patrimoni documental de les comunitats religioses femenines de l’època medieval i moderna als regnes peninsulars, i de topografia i història monàstiques. Entre l’any 2009 i 2010 vaig coordinar, amb la Dra. María-Milagros Rivera i la Dra. Mª Elisa Varela, el projecte, encàrrec de l’Institut Català de les Dones (ICD), Moments de la història de les dones a Catalunya (publicat a la web del ICD: (http://www20.gencat.cat/portal/site/icdones). L’any 2010 vaig dirigir, amb la Dra. Teresa Vinyoles, el projecte de la Xarxa d’Universitats Joan Lluís Vives Diccionari biogràfic de dones, un total de 657 biografies de dones de diferents àmbits de coneixement, àrees d’actuació, cronologies, de les terres de llengua catalana ( Catalunya, País Valencià, Illes Balears, Catalunya Nord i Sud de Francia): (http://www.dbd.cat/

Una de les meves línies d’investigació és la gestió de la memòria al llarg de la història i la seva materialització en els arxius, com també els aspectes del que podríem denominar la sexuació de la memòria. Interessada per la configuració i història dels arxius i dipòsits de la memòria escrita a les comunitats monàstiques, per la funció i perfil de les arxiveres dins de la comunitat i, en general, pel paper de l’arxiu en el marc de la memòria femenina.

En l’àmbit de la història de les dones, m’interesso per l’espiritualitat femenina en l`època medieval, en especial per la primera topografia de l’orde de Santa Clara a les terres de la Corona d’Aragó. Interessada també per d’altres aspectes de la fundació i organització monàstiques com ara l’estudi de les ordinacions, les constitucions i d’altres documents d’arxiu d’autoria i/o escriptura femenines. Finalment, he investigat figures i pràctiques de mediació femenina en l’època medieval.

Formo part de la Comissió d’Arxius del Servei d’Arxius de la Federació de Monges Benedictines de Catalunya.

Publicaciones destacades:

-“Inés de Peranda i Clara de Janua. Dues figures carismàtiques o la fundació del monestir de Sant Antoni de Barcelona”. Duoda. Revista d’estudis feministes, 22 (2001). pp. 41-57.

-Las sentencias espirituales atribuidas a María de Cervelló: el discurso femenino de la orden mercedaria”. Mujer y cultura escrita. Del mito al siglo XXI. Gijón: Trea, 2005, pp. 75-85.

-La Diferència de ser dona. [Recurs electrònico]. Recerca i ensenyament de la història = La Diferencia de ser mujer...= Die Differenz eine frau....Barcelona: Duoda. Centre de Recerca de Dones, cop. 2004 (1 disc òptic, CD-ROM) i web: http://www.ub.edu/duoda/diferencia/index.html.

-“La relación con los recuerdos: la autoridad y el poder de la memoria”. En: Las relaciones en la historia de la Europa medieval. València: Tirant lo Blanc, 2006, pp. 18.-53.

-“Memoria y genealogía femeninas: la leyenda fundacional del primer monasterio de clarisas de Catalunya”, La historia de las mujeres: perspectivas actuales. XIII Coloquio Internacional de la Asociación Española de Estudios de Historia de las Mujeres (Barcelona, 19-21 octubre, 2006). Edició CD-Rom.

-“Memoria, historia y archivo en el monasterio de Sant Antoni i Santa Clara de Barcelona”, Boletín de la ANABAD, 2008, núm. 4, oct-dic., pp. 297-305.

-“Administrar desde la libertad” (amb Mª Elisa Varela), en La universidad fértil. Barcelona: Octaedro, 2010.

-Els miralls de Clara d'Assís: el naixement de l'Orde de Santa Clara en terres catalanes”; L'escriptura femenina als monestirs medievals: Agnès de Peranda; “La pregària diària: el llibre d'hores”; “Biblioteques de dones: la biblioteca de la Reina Maria”; “Memòria femenina als monestirs medievals: les llegendes fundacionals”; “La reforma dels monestirs femenins en la construcció de l’estat modern (segle XV)”, En: Moments de la història de les dones a Catalunya.

-“Maria de Castella”; “Sança de Mallorca”; “Agnès de Peranda”; Caterina Sarrovirra, En: Diccionari biogràfic de dones.

-“Pràctiques i gestos de mediació femenina a la història medieval”, VI Seminari Internacional de Cultura Escrita Josepa Arnall i Juan: L'amor a l'Edat Mitjana. Textos i imatges (Girona, 10-11 desembre 2010).

-“La pregària diària femenina: els llibres d'hores catalans” (con Mª Elisa Varela Rodríguez), Le plaisir de l'Art au moyen âge. Mélanges offerts à Xavier Barral i Altet, Picard, París, 2012.

-“María de Cervelló”, En: Mujeres cristianas a lo largo de la historia. Burgos: Monte Carmelo (en premsa).

-Archivo y memoria en una comunidad monástica femenina, Escritura y sociedad (en premsa).

-“L'espiritualitat mendicant en femení en terres catalanes: el naixement de les primeres comunitats clarisses”, Jornades d’Història del monestir de les Avellanes (4-5 juliol, 2011) (The Journal of Medieval Monastic Studies, en premsa).

-“Sança de Mallorca, reina de Nàpols: la fundació monàstica en un projecte de consciència genealògica i espiritualitat franciscana”, Redes femeninas de promoción espiritual , Roma: Viella (en premsa).


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