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El feminismo de la independencia simbólica. La tribu de Frida en Barcelona

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MARÍA-MILAGROS RIVERA GARRETAS

El feminismo de la independencia simbólica. La tribu de Frida en Barcelona

La tribu de Frida celebró un encuentro en Barcelona el 26/02/16. Estuve hasta las 9 de la noche y mi experiencia fue de placer y sorpresa. Sabía que asistirían muchas mujeres pero no sabía que iba a saborear la sorpresa y el placer de su independencia simbólica. Quiero decir que pasé por la experiencia de un feminismo vivo y cambiado, no referido ni al patriarcado ni a la reivindicación ni a la igualdad o desigualdad con los hombres sino referido a la propia genealogía femenina, a la relación intensa con otras y al placer de la búsqueda y la experimentación de la unión interior y con el mundo. El volcarse desde sí al mundo salva del narcisismo y hace de lo personal, político.

El alma del encuentro y de la tribu, Carmen G. de la Cueva, y las otras cuatro participantes en la mesa consiguieron casi todas hablar como mujeres. Sin tomar posturas preconcebidas, opinaron partiendo de sí sobre la pregunta de quiénes habían sido y eran sus escritorias favoritas y las que más habían influido e inspirado su escritura. Para una mujer, otra escritora es fuente de inspiración porque sabemos que la originalidad está en el origen, no en la huida del origen por miedo al plagio. Así, el tiempo corrió sin sentir siquiera que corría.

Hablar como mujeres no es nada clasificable y, por eso, lo es todo. Basta con reconocer autoridad a la propia experiencia, a lo que una siente, vive y sabe en su ser de mujer (como decía, más o menos, Cristina de Pizán) en vez de dejarse llevar por el juicio de otros. Y con medirla, la propia experiencia, con el vínculo privilegiado con otra.

Hablar como mujer una mujer es, hoy, una revolución simbólica: cambia de golpe el sentido de las cosas y restituye a las palabras la posibilidad de decir lo que quieren decir. La palabra se hace carne y es un verdadero placer.

Es verdad que al principio salió la tendencia a tematizar (a convertirlo todo en tema, separado de mí y manejable con la erudición), tendencia propia del conocimiento universitario. Pero la moderadora dejó hablar y recondujo hábilmente el pensamiento del pensamiento al pensamiento de la experiencia, el único que mantiene vivo el interés porque la vivencia de otra, si me sirve, se vuelve experiencia propia y, así, transforma y enriquece de mi realidad. Aprendo, como nos gusta decir a muchas mujeres.

Es verdad también que ocasionalmente salió la queja (los premios que no nos dan, lo que en clase nunca nos explicaron, los sitios en los que no estamos...) con su riesgo de colapso del hilo de ser que flotaba en el aire, pero el riesgo fue sorteado. Solo le faltó, quizás, el ser salvado, además de sorteado. Por ejemplo, recordando que el deseo femenino existe y existe también lo que Lia Cigarini llamó la política del deseo. De modo que las mujeres estamos donde queremos estar, no donde se dice que hay que estar, incluidos los podios, que mira que son ridículos. En la sala, el deseo femenino estaba pero no llegó al lenguaje. Al lenguaje llegó todavía la queja que, sorteada, se quedó en suspenso. Y del suspenso saldrá la meditación personal de la que nace la creación. http://latribudefrida.com/

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