Aquí están los textos de esta sección

Textos políticos

Cine fórum. Significando miradas

VISIÓN. Vida de Hildegarda de Bingen, de Margarethe vont Trotta

Texto en formato PDF

MARÍA-MILAGROS RIVERA GARRETAS

VISIÓN. Vida de Hildegarda de Bingen, de Margarethe vont Trotta

Visión. Vida de Hildegarda de Bingen, Margarethe von Trotta, 2009

MARÍA-MILAGROS RIVERA GARRETAS

La realizadora alemana Margarethe von Trotta nació en Berlín el 21 de febrero de 1942, en plena Segunda guerra mundial. Estrenó la película Visión. Vida de Hildegarda de Bingen, en 2009, cuando tenía 67 años. Antes había sido madre, actriz y guionista. Su primer largometraje es de 1977, después de separarse de su primer marido; se titula El segundo despertar de Christa Klages. A este le siguieron otros muchos, como Las hermanas alemanas (1981), que es el que a mí más me impresionó en su día, o Locura de mujer (1982). Desde siempre ha sido una realizadora favorita del feminismo, quizá por lo mucho y bien que ha expresado la amistad entre mujeres.

A finales de 1994, si no recuerdo mal, la invitamos a un ciclo de cine que las de Duoda organizamos en el Palau Macaya, y en una entrevista que le hicieron entonces Carmen Gil, Margarita Guerrero y Teresa Sanz (publicada en el número 8 de la revista DUODA), ella dijo refiriéndose a su película Locura de mujer:
“¿Os acordáis de la secuencia en que las dos están hablando y riéndose en el sofá y el marido de Ruth las observa molesto? [...] Pues es precisamente ese tipo de amistad entre mujeres la que no se quiere aceptar. Esa es, por extraño que parezca, la peligrosa, inquietante. Resulta mucho más cómodo, mejor, clasificarla como relación lésbica. ¿Creéis que si yo hubiera querido hacer una película sobre el lesbianismo habría sido tan poco directa? Lo que no se acepta es el salto cualitativo que da la mujer al reconocerse y explicitarse en una auténtica amistad. Cuando las mujeres se relacionan y se divierten sin hablar de niños, de las cosas de la casa (maridos, comidas, pañales, compras...) es cuando la amistad resulta una auténtica amenaza y cuando los hombres se sienten excluidos y se vuelven agresivos.”

Pues precisamente en la película Visión. Vida de Hildegarda de Bingen, Margarethe von Trotta vuelve sobre estos asuntos enormes: qué es la amistad y qué es el amor para una mujer; qué es lo que le da a una mujer existencia simbólica, o sea, existencia íntegra, sentido, y qué es lo que se la quita o le impide tenerla; por ejemplo, en sus palabras en la misma entrevista, refiriéndose a sí misma durante la convivencia con su primer marido, que era un intelectual, dice: “tenía que dejar aquella prisión, porque allí, de alguna manera, yo no sabía quién era yo, lo que podía hacer sola... Si tú tienes un talento tienes el deber de desarrollarlo, de darle libertad.”
El personaje que recrea maravillosamente para hacerlo, para decir lo que son, en la vida de una mujer, la amistad, el amor y la existencia simbólica, es Hildegarda de Bingen, monja, profeta, médica, botanista, compositora de música, visionaria, mística, predicadora, poeta, política, abadesa, fundadora, maestra y escritora, nacida en Bermersheim (Renania) en 1098, la última de diez hermanas y hermanos, que moriría en su fundación de Rupertsberg en 1179, a los ochenta y un años de edad.
Hildegarda pasó toda su vida principalmente entre mujeres. A los ocho años (1106) entró a vivir como alumna en la celda de una espiritual muy ascética (como podréis ver bastante al principio de la película), que se llamaba Jutta von Spannheim, celda construida cerca o en el muro (varían las opiniones) del monasterio de Disibodenberg. Entre 1112 y 1115, la celda se transformó en un pequeño monasterio benedictino femenino, que quedó vinculado al contiguo de monjes al modo de los monasterios dúplices o dobles de la Europa altomedieval, como veréis también en la película. En ese contexto, Hildegarda hizo profesión de monja, una forma de vida, por cierto, la de virginidad en una comunidad femenina de vírgenes (sin excluir a las viudas y a las que dejaban la convivencia con su marido), que había sido inventada tiempo atrás por una mujer, santa Macrina la Joven, en el siglo IV. Cuando Jutta von Spannheim murió en 1136, Hildegarda, que llevaba treinta años con ella, pasó a dirigir la comunidad al ser elegida abadesa por sus compañeras.
Este tipo de vida, que Macrina la Joven llamó consacratio Dei, o sea, consagración de Dios, no de un hombre, un tipo de vida que hoy a algunas les sigue gustando, a muchas ya no, tenía el atractivo de facilitar la búsqueda de existencia simbólica a las mujeres que quisieran vivir entre sus semejantas, una experiencia, por lo demás, no raras veces difícil o dificilísima. A la existencia simbólica, Hildegarda la llamó Dios, sin excluir que llamara así a otras cosas. A veces cuesta entender que una mujer pueda alcanzar existencia simbólica en el seno de una organización misógina como es (o eso se dice, yo no la conozco bien) la Iglesia católica. Lo interesante aquí es que Margarethe von Trotta no vio en ello ningún obstáculo. En una entrevista de 2009 a la revista digital Filmaker magazine, ella dijo: “Me siento siempre atraída por una mujer que tiene que luchar por su vida propia y por su propia realidad, que tiene que salir de una situación de encarcelamiento, para ser libre. Este es quizás el tema principal de todas mis películas.” En su comunidad monástica femenina, Hildegarda salió de una situación de encarcelamiento y alcanzó la independencia simbólica.
En los monasterios pasaban, y seguirán pasando ahora, muchas cosas. En Disibodenberg se presentó, hacia 1140, una chica aristocrática que se llamaba Ricarda von Stade, hija de la marquesa del mismo nombre (que en latín se decía Richardis, en masculino Richardus), una chica muy culta, que admiraba a Hildegarda y quería quedarse a vivir en su comunidad. Ricarda (o Richardis, pues su nombre se ha traducido a veces así) entabló enseguida una relación muy estrecha con Hildegarda y, según esta dice en uno de los fragmentos autobiográficos de su Vita, fue la mediación necesaria que la llevó a confiar en sus visiones (visiones que había tenido desde niña) y a ponerlas o mandarlas poner por escrito, a partir de 1141, en su primer libro profético, el Scivias, que quiere decir Sci vias, Conoce los caminos. ¿Qué caminos? Los caminos de tu salvación personal, los que llevan a la coincidencia entre ti y ti, a la unión interior y su felicidad, o sea, te llevan adonde quieres ir. Margarethe von Trotta recrea maravillosamente esta historia en la película que vamos a ver, y lo hace en los términos que he dicho antes al comentar Locura de mujer, cuando ella hablaba de “el salto cualitativo que da la mujer al reconocerse y explicitarse en una auténtica amistad.” Por su parte, Hildegarda, cuando era ya muy mayor, describió así esta parte de su relación con Ricarda von Stade: “cuando escribí el libro Scivias, tuve en amor pleno a una joven noble, hija de la marquesa que acabo de mencionar, como Pablo a Timoteo. Ella se había vinculado a mí en amorosa amistad en todos los sentidos, y mostró compasión por mis enfermedades, hasta que terminé ese libro.”
Hacia 1151, sin embargo, le fue ofrecido a Ricarda el cargo de abadesa en el monasterio de Bassum (la actual Birsim, cerca de Bremen). Hildegarda, desesperada, movió el cielo y la tierra para evitar la separación pero, al año siguiente, Ricarda se marchó a Bassum. Hildegarda describió así su sufrimiento en una carta a la propia Ricarda: “Ahora otra vez digo: ¡Ay de mí, madre! ¡Ay de mí, hija! ¿Por qué me has abandonado, como una huérfana? Amé la nobleza de tus costumbres y la sabiduría y la castidad y tu alma y toda tu vida, tanto que muchos dijeron ¿qué haces?”
Poco más tarde, en medio de un sufrimiento insoportable que le hizo pasarse los días llorando –según relata su hermano en una carta a Hildegarda–, Ricarda murió; era el 4 de noviembre de 1152. Sigue diciendo Hildegarda, ya de mayor, recapitulando: “Pero entonces, a causa de lo distinguido de su linaje, se inclinó por un puesto de más renombre y quiso ser nombrada madre de una iglesia espléndida. Buscó esto no por amor de Dios sino por el honor de este mundo. Cuando me dejó, yéndose a otra región lejos de nosotras, perdió muy pronto la vida presente y la fama de su nombramiento.”
En 1150, Hildegarda, movida por una visión, decidió separarse del todo de la comunidad de monjes y trasladar su comunidad de vírgenes a otro lugar, situado a unos 30 kms de distancia de Disibodenberg, un lugar inhóspito llamado Rupertsberg, frente a Bingen, siempre en Renania, no lejos de Maguncia. Ahí empezó a edificar un monasterio nuevo. Fue un cambio importantísimo en su camino hacia la independencia simbólica. Los monjes de Disibodenberg se opusieron, pero ella superó todos los obstáculos, al contrario de lo que le pasó con Ricarda von Stade por esos mismos años.
En Rupertsberg, Hildegarda alcanzó la plenitud existencial. La alcanzó como abadesa, como predicadora, como política, como maestra, como escritora, como visionaria, como médica, como música, como profeta y, también, como enferma, durante los cerca de treinta años que vivió ahí y viajó por Europa desde ahí. Poco después de que ella muriera el 17 de septiembre de 1179, entre 1180 y 1190, el monje Theodorico von Echternach compuso su Vita, conservando lo ya escrito por otro monje, Gottfried, el cual había sido el segundo secretario de Hildegarda (1174-1176), secretarios a los que ella dictaba sus obras. En la película se nota que Margarethe von Trotta conoce directa o indirectamente las partes autobiográficas de este texto, todas ellas preciosas.

Margarethe von Trotta es una realizadora muy querida en el feminismo. Sin embargo, cuando salió Visión, ella hizo declaraciones potentes en contra del feminismo, como ocurre con grandes artistas (no todas) desde, al menos, el siglo XX. La Filmaker magazine que he citado, recogía el siguiente diálogo con un o una periodista:
- (P) “La idea de sororidad y los vínculos entre mujeres son, también, importantes, al menos en las primeras películas.
- (R) No es mi punto de vista como feminista, sabe usted, no tiene nada que ver con el feminismo. Tal vez lo parezca desde fuera, pero no es una opción ideológica. Para mí, es una opción existencial.”

En una entrevista publicada en el diario “El Periódico” en 2010, salió otro diálogo parecido:
- (P) “¿Se considera una artista feminista?
- (R) Así se me suele definir, y lo odio. Creo que esta etiqueta me ha encasillado a nivel político y creativo, porque ha ensombrecido y restringido la complejidad de mis historias.”

He dicho antes que, a la opción existencial, Hildegarda la llamaba Dios. Por ejemplo, en la carta a Ricarda von Stade que he citado, escrita cuando esta ya se había marchado a Bassum de abadesa. Escribe Hildegarda:
“Escúchame, hija, a mí tu madre en espíritu diciéndote: Asciende mi dolor. El dolor destruye la gran confianza y consuelo que tuve en un ser humano. En adelante diré: ‘Es bueno confiar en el Señor, mejor que confiar en príncipes y princesas’. Esto es: el ser humano debe dirigir su mirada a lo alto, a lo vivo, sin sombra alguna del amor y débil confianza que el humor aéreo de la tierra tiene por breve tiempo. El ser humano que ve así pone en Dios la vista como el águila en el sol. Y por eso no prestará atención a persona elevada, que falta como flor que cae. Esto lo transgredí por amor de un ser humano noble. Ahora te digo: cada vez que así pequé, Dios me mostró el pecado o en angustias o en dolores, y así también ahora se ha hecho contigo, como tú misma sabes. Ahora otra vez digo: ¡Ay de mí, madre! ¡Ay de mí, hija! ¿Por qué me has abandonado, como una huérfana? Amé la nobleza de tus costumbres y la sabiduría y la castidad y tu alma y toda tu vida, tanto que muchos dijeron ¿qué haces? Lloren ahora conmigo todos y todas las que tienen un dolor semejante a mi dolor, quienes tuvieron en el amor de Dios tal caridad en el corazón y en su mente por un ser humano, como yo he tenido en ti, que en un momento les es robado, como también tú me has sido arrancada. Pero que ‘te preceda el ángel’ de Dios, y el Hijo de Dios te proteja, y su madre te guarde. Quiero que te acuerdes de tu mísera madre Hildegarda, por que no te falte felicidad.”

Dejo en el aire la cuestión entre el feminismo (el honor de este mundo según Hildegarda, la opción ideológica según Margarethe von Trotta) y Dios (el amor, según Hildegarda, pienso que la opción existencial, según Margarethe von Trotta), para depués de haber visto la película. Espero que la disfrutéis.

Universidad de Barcelona
Arriba ^