Resumen
El
presente artículo tiene como objetivo abordar una cuestión
de máxima actualidad, los efectos de la edad en el aprendizaje
de un idioma. Para ello, los datos empíricos recogidos por nuestro
equipo investigador de más de 1700 escolares y adultos se contrastan
con cuatro ideas de probado arraigo en nuestra sociedad, que no siempre
se ven corroboradas por nuestros datos.
Dos generalizaciones
parecen ampliamente aceptadas hoy en día en relación con
la adquisición de segundas lenguas (lenguas habladas en el entorno):
a) los niños mayores, adolescentes y adultos son más rápidos
y eficaces en los primeros estadios de aprendizaje que los niños
más jóvenes; b) en el medio natural, los niños
con un inicio más temprano tienen mayores posibilidades de llegar
a niveles más altos de dominio de la lengua. Ahora bien, en el
caso del aprendizaje de lenguas extranjeras, situación a la que
responden nuestros datos, la segunda generalización es difícilmente
constatable dada la relativa escasez (800 horas de instrucción
en la enseñanza reglada, con muy baja intensidad) y menor calidad
de la exposición a la lengua que se recibe.
El diseño
de nuestra investigación nos ha permitido abordar el tema de
las diferencias que se observan según la edad de inicio del aprendizaje,
entre los 2 y los 18 o más años. En este trabajo nos centramos
en el alumnado escolarizado en el marco de la E.G.B. y de la LOGSE y
que por tanto inició el aprendizaje a los 11 y a los 8 años
respectivamente. Hemos recogido datos de ambos después de 200
(Tiempo 1) y 416 (Tiempo 2) horas de clase y estamos procediendo a recoger
después de 726 horas (Tiempo 3). Para ello elaboramos y administramos
una variedad de pruebas en inglés, que cubren producción
y comprensión escrita y oral, tanto de tipo más académico
como comunicativo y en las lenguas maternas de los sujetos, español
y catalán, así como un cuestionario con información
biográfica y sociolingüística.
Las preguntas
que planteamos con sus correspondiente evidencia empírica son
las siguientes:
1.
"Para los niños pequeños aprender idiomas es como
un juego, que aprecian más que los mayores."
Nuestros datos evidencian que no es exactamente así. En
primer lugar, existe una actitud favorable hacia el aprendizaje del
inglés tanto en educación primaria como en secundaria
(con una oscilación de 70,5% entre los alumnos de 11 años
y 89% entre los de 14 años). En segundo lugar, la diferencia
que se aprecia entre los dos grupos radica en los motivos que arguyen
para dicha motivación: los más jóvenes, motivos
de carácter intrínseco, como el factor lúdico,
la metodología empleada y el profesor, mientras que los mayores,
motivos más extrínsecos, como el futuro profesional.
2.
"Los niños pequeños tienen más recursos para
el aprendizaje de lenguas."
De nuevo nuestros datos sugieren todo lo contrario. Los recursos
o estrategias de aprendizaje, entendidas como acciones o pasos adoptados,
aumentan con la edad. A mayor edad las estrategias presentan mayor variedad
y complejidad cognitivas. A menor edad se da mayor dependencia de otras
personas y recursos externos, por tanto menor autonomía en el
aprendizaje.
3.
"Los niños pequeños no hablan mucho pero entienden
mucho."
Nuestros datos sí parecen corroborar esta idea pero
tan sólo en cierta medida. Al analizar las diferencias según
la edad en cuanto al uso productivo de la lengua meta, en la tónica
de las anteriores preguntas, se confirma la lentitud comparativa de
los alumnos más jóvenes. El análisis de las habilidades
receptivas interpersonales, muestra también una ventaja de los
alumnos mayores. Sin embargo, en las habilidades receptivas pasivas
(de simple reconocimiento de palabras o frases) no se dan grandes diferencias.
Análisis estadísticos sugieren que en esta prueba, a diferencia
de las otras analizadas, el dominio de la/s L1 (reflejo de una capacidad
cognitiva que aumenta con la edad) no tiene una influencia significativa
en el aprendizaje
4.
"Cuanto antes se empieza, los resultados en lengua escrita son
mejores."
Finalmente, esta idea tampoco se ve confirmada del todo en
nuestra investigación. Por una parte apreciamos que ciertas estrategias
compensatorias sólo desaparecen en relación con la edad,
no con el número de horas. Por otra parte, con las mismas horas
de instrucción, los sujetos de mayor edad de inicio obtienen
mejores resultados. Con datos de sujetos de igual edad (12 años)
y diferente número de horas (200 y 416 pues iniciaron a los 11
y 8 años respectivamente), apreciamos que aquéllos que
se iniciaron antes sólo son mejores en el área de fluidez
en relación con el léxico.
En conclusión,
el ritmo superior de los aprendices mayores parece responder a un mayor
desarrollo cognitivo que les permite aprovechar mejor la instrucción
formal o explícita que se da en la escuela. Los aprendices menores
sin embargo, no hallan la cantidad y cualidad de exposición lingüística
típica de la adquisición natural que les permitiría
utilizar aprendizajes implícitos. El adelanto de la instrucción
en lengua extranjera que se anuncia en nuestro país no producirá
efectos positivos si no se acompaña de mayor intensidad de exposición
a la lengua, o la alternativa de utilizar la lengua extranjera en alguna
asignatura curricular.