Daniel Sabat

HERMANOS (II)

Permíteme, Elisenda, matizar y radicalizar tu reflexión con dos apuntes.

La historia de Caín y Abel es una historia de hermanos, y no de individuos distintos entre sí, entre los que tú incluirías, como ejemplo paradigmático, el caso de los hermanos. Si se tratara de dos individuos distintos sin más la historia no presentaría ningún problema o éste vendría bastante mitigado: dos amigos pueden dejar de serlo. Dos hermanos, no (a menos que uno termine con el otro).

No es una historia que ilustra la diferencia fundamental entre dos hermanos. Ahí se te escapa el matiz shakesperiano y bíblico del asunto. La historia nos habla del salto de una diferencia no asumida a la acción directa. Tú describes o reflexionas en torno a la causa pero el relato, que da la causa por supuesta, se centra en el efecto. Caín suprime a su hermano. El asesinato simboliza aquí de forma extrema el impulso, entre siniestro y abismal, por el que un individuo decide actuar realmente en perjuicio de su hermano.

EL ROCE (IV)

Son precisas dos aclaraciones. En la pasión de Cristo no hay resignación. Si Cristo fuera un mero resignado no sería Dios ni tendría poder redentor alguno. Las plantas y las piedras se resignan mucho también. Cristo actúa, está cumpliendo una misión, y esa misión le viene dada por Dios Padre. Por otra parte el cristianismo tiene poco que ver con el estoicismo. El estoico, lo mismo que el sujeto schopenhauriano, aguanta, se resigna, lo encaja todo porque sabe que, en el fondo, todo es vanidad y finitud. El cristiano, en cambio, sin apartar nunca de sí la idea de una humanidad caída, encuentra motivos de sobras, en Dios mismo y en sus criaturas, para superar la maldad y la mezquindad habituales de su entorno

Tampoco creo que existan los santos sin Dios, es decir, individuos que creen haber llegado o creen poder llegar a las virtudes supremas por sí mismos. Sin Gracia, para mí, no hay santidad, ni siquiera su posibilidad. Por cierto, hay un relato buenísimo de Flannery O´Connor sobre esto que se titula Los lisiados entrarán primero. Desde un punto de vista cristiano un santo sin Dios o bien es la viva imagen del diablo o bien es un pobre diablo, dependiendo, entre otras cosas, del reconocimiento que obtenga entre los demás. Con ello, por supuesto, no pretendo afirmar que tan sólo algunos creyentes puedan alcanzar la beatitud. Sería muy injusto. Digo únicamente que aquello por lo que nos vemos impulsados a tratar mejor al prójimo posee una dimensión incontrolable que trasciende a nuestras acciones. Y aquí es por donde entra Dios en nuestras vidas.

EL ROCE (II)

El roce en cuestión es el de un sujeto consigo mismo y no con los demás. Es la actitud típica del desesperado. Huye de su propia persona, de su fundamental carencia y se refugia en los demás, en sus vicios y desórdenes, ampliándolos y desfigurándolos. Cree actuar por un afán de perfección moral y termina siendo más mezquino que todos los mezquinos juntos. Lo trágico de este personaje es la fatalidad a la que se ve abocado. Los motivos para renegar y maldecir al prójimo no cesan, no pueden cesar, de la misma manera que el fuego no puede dejar de quemar, además de alumbrar o calentar. Por otro lado el aislamiento al que se somete hace aún más insufrible cualquier contacto, real o imaginario, con los otros.

Se podría escribir un nubarrón caracterizando al tipo contrario, es decir, un individuo que, ante la mezquindad ajena y cotidiana, no puede dejar de esbozar una sonrisa compasiva y encontrar alicientes para ser una persona más generosa y justa. Esto, aunque parezca extraño, está relacionado con la santidad. Y ya que estamos con Dostoievsky, quizá el personaje más cercano a este segundo tipo sea el stárets Zosima de Los hermanos Karamazov.