Juan Manuel Reyes Massiel

PÚBLICO

Un libro muy malo y muy viejo tiene la ligereza de afirmar que Dios existe, sin embargo no se queda ahí, pues sostiene además que el hombre fue hecho a su imagen y semejanza, y para rematar, dice que Dios es amor, afirmación ésta que se contradice con la segunda, pues si ello fuera cierto, hasta los perros serían más divinos que los hombres.

LA MADRE, LA CHINGADA, EL SER

Para cualquier extranjero en México resultará por lo menos paradójico el universo lingüístico que gira en torno a la madre y al chingar. México está lleno de madre, se dice:

“está de poca madre”, “me vale madre”, “chinga tu madre”, “está de a madres”, “qué poca madre”, “esto no tiene madre”, “no tienes madre”, “se partió la madre”, “ya valió madres”, “se lo madreó”, “me madreaste”, “le di unos madrazos”, “echar desmadre”, “lo desmadraste”, etc.

Paralelamente, decimos:

“está bien chingón”, “me vale pura chingada”, “está chingón”, “se lo cargó la chingada”, “son chingaderas”, “esta es una chingadera”, “se chingó”, “se lo chingaron”, “está de la chingada”, “le puse unos chingadazos”, “le puse una chinga”, “es un chingaquedito”, “es un chingón"," una chingonería”, etc.

Si México está lleno de madre, está lleno de la chingada. La madre es el universo social, la matriz lingüística del chingar, la chingada misma. Pues la chingada es en principio la madre, la chingada por antonomasia, venimos de la madre y venimos por tanto de la chingada, y en la medida en que es una omnipresencia, queremos también volver a ella, se trata de una paradoja: venimos de la chingada, y vamos a la chingada, lo que es lo peor, pero también lo mejor: de la madre y el chingar proceden también las expresiones de alabanza más altas: “esto no tiene madre”, “es una chingonería”, “es un chingón”; es la mater abnegabilis, universo al que tienden a reconfortarse los brazos del imaginario, la madre es la chingada y justo por serlo es también lo más chingón, la dualidad, la búsqueda imperfecta y angustiosa. Por eso la madre es también lo más sagrado, lo intocable, innombrable, se puede matar si te mandan seriamente a chingar a tu madre, y de ahí también que tengamos en México la mayor procesión del mundo hacia la madre, la madre de México, la virgen, la Guadalupana, por ella se redime la chingada, por ella la madre deja de chingarse.

Lo había dicho Paz, “para el mexicano la vida se reduce a chingar lo más posible y a no dejarse chingar”, es decir, “a madrear a los demás y a no dejarse madrear”: el universo del imaginario mexicano madrea, chinga, pero su madrear es también la posibilidad de incluirse en él como artífice del chingar, del madrear, y pasar entonces al universo de los chingones, de la chingonería.

Del Ser se pueden predicar muchas cosas, pero sobre todo que chinga, que está de la chingada, y que hay que ser sobre todo muy chingones y no dejarse chingar, y que todo lo demás te valga madre.

Es la hipótesis de la angustia, del velo de la dualidad sobre la vida.

OBSTINACIÓN

La obstinación en un escritor, como en la humanidad en general, es inversamente proporcional a su poder de fascinación. Se comprende entonces que los filósofos sean, tanto en el trato humano como en su escritura, la especie más obstinada.

RESTANDO

El amor es la única ecuación entre dos elementos cuya suma produce una resta.

SOBRE LA VERDAD Y EL PERRO DE LAS TORTAS INFINITAS

Hay una paradoja del gusto en el ejercicio y la búsqueda de la verdad: cuanto éste más se diluye, se extrapola en su contradicción: el absoluto –pues el gusto es esencialmente el ejercicio de una individualidad–. Sin embargo, es una característica de la verdad su definitoria absolutez; por lo que su búsqueda aparece como una deformación de la voluntad particular que emprende dicha búsqueda; pues se dirige precisamente hacia un objetivo que representa esencialmente la antítesis de la individualidad y por tanto del gusto, de manera que es también una contradicción de la búsqueda, que es también únicamente particular. De modo que la verdad como objetivo en la búsqueda de una voluntad particular aparecería como ensoñación y huida; es un gusto debilitado cuyo espectro o diafragma se ha abierto hasta el punto de la velación de toda posible imagen real, y de todo símbolo capaz de aprehender lo real azaroso: como una luminosidad que tendemos a ver como clarividente y tan poderosa, que atribuimos su evanescencia a nuestra incapacidad visual, científica y psicológica; cuando realmente la verdad abrigaría únicamente el estéril ejercicio de una espiritualidad abúlica.

“Quedarse como el perro de las dos tortas”, dicho mexicano parangonable a la alegoría del asno de Buridán: el perro indeciso se queda sin ninguna.

LA ESFINGE ENFERMA

Es seguro que, como a Edipo, en el principio de los tiempos una esfinge fue asignada a cada especie con la tarea de entregarle su acertijo vital; entonces las especies, con distintas tribulaciones y cumpliendo así con su única tarea, resolvieron al cabo su cuestión radical, y habitaron la tierra sin hacer más preguntas, pues la verdad era la presencia de su enigma. Pero, a diferencia de las demás, la que correspondió al hombre resultó un tanto lerda en la dicción del acertijo, por lo que ésta nunca acabó de entregarlo cabalmente, de modo que cada vez que el hombre vuelve a demandarlo, la esfinge se reduce a repetir, tan sólo con diferentes modulaciones, la misma sucesión incomprensible de sonidos, y el hombre vuelve a instaurar comisiones para interpretar aquellas frases heridas por la lengua torpe de la esfinge. Desde entonces poseemos historia, que es la sucesión de las distintas interpretaciones a un siempre nebuloso y mal dictado acertijo, y la consiguiente reivindicación de una eterna pregunta: ¿qué es lo que debemos resolver?, ¿cuál es en realidad nuestro acertijo vital?