LA ESFINGE ENFERMA

Es seguro que, como a Edipo, en el principio de los tiempos una esfinge fue asignada a cada especie con la tarea de entregarle su acertijo vital; entonces las especies, con distintas tribulaciones y cumpliendo así con su única tarea, resolvieron al cabo su cuestión radical, y habitaron la tierra sin hacer más preguntas, pues la verdad era la presencia de su enigma. Pero, a diferencia de las demás, la que correspondió al hombre resultó un tanto lerda en la dicción del acertijo, por lo que ésta nunca acabó de entregarlo cabalmente, de modo que cada vez que el hombre vuelve a demandarlo, la esfinge se reduce a repetir, tan sólo con diferentes modulaciones, la misma sucesión incomprensible de sonidos, y el hombre vuelve a instaurar comisiones para interpretar aquellas frases heridas por la lengua torpe de la esfinge. Desde entonces poseemos historia, que es la sucesión de las distintas interpretaciones a un siempre nebuloso y mal dictado acertijo, y la consiguiente reivindicación de una eterna pregunta: ¿qué es lo que debemos resolver?, ¿cuál es en realidad nuestro acertijo vital?

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