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BUDA EXPLOTÓ POR VERGÜENZA

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ELIZABETH URIBE PINILLOS

BUDA EXPLOTÓ POR VERGÜENZA

Títol original: Buda az sharm foru rikht, de Hana Makmalbaf

Quiero agradecer a Maria José Clement invitarme a tomar la palabra para presentaros en el marco de esta actividad que ella coordina con tanto amor y cuidado para Duoda.
Empezaré planteando lo que más me agrada: las imágenes y el relato de quien más o menos tenían tan sólo diecisiete o dieciocho años cuando inicia el camino de realizar esta película. Ella, Hana Makmalbaf hace parte de una familia de guionistas y directores de cine que han tenido que migrar y convertirse, según ella misma, en nómades, para seguir con su deseo y amor para realizar cine como ellas y ellos quieren.
Quiero resaltar que la guionista de la película es su madre y Hana pone en escena a niñas y niños a quienes les orientación les plantea jugar; es así como dejándoles ser quienes son: filma. Luego pone en la pantalla un deseo: el de una niña Baktay quien, a través de la relación con su amigo, tan pequeño como ella, la motiva a aprender a leer, una cosa a sus ojos mágica, escuchar historias y tras hacer suyo el deseo pone en juego todo su ser, su cuerpo, atravesado cada instante y cada segundo del film franco-iraní, filmado en Afganistán de la potencia de él, del deseo.
Para alcanzar, lograr, conseguir su deseo, aprender el alfabeto materno que está en las cuevas donde ella y su madre viven, Baktay de tan sólo 6 años, va perfilando de manera exploratoria cómo bordear y llegar hasta él. Dirían los coachs y las psicólogas y los psicólogos busca los medios para hacerlo realidad. Las mujeres dirán va tras él. Para hacerlo necesita: lápices que no consigue y entonces se lleva el lápiz labial de su madre, un cuaderno y un lugar donde quepa ella con su deseo, espacio en la escuela.
Entonces ha de buscar y conseguir el cuaderno. Lo hará con el intercambio de palabras, las sugerencias, así vende huevos que irá perdiendo en el camino. Después buscará el lugar sin que antes no le acontezcan, como en la vida misma de cada una y cada uno de nosotras/os situaciones parecidas esencialmente similares: atascos, desvíos que, en su caso, son solo eso. Se encontrará con la crueldad de la vida de los niños viven en Afganistán que quieren jugar con ella a la guerra y matarla. Ella en cambio tiene claro que quiere vivir. Después buscará de escapar y dejarnos tras de esta travesía metáforas para nuestras vidas, nuestros deseos cómo ella. Es su cuerpo, se mueve, resiste el embate y sale adelante. Ahí recorrerá en busca del espacio y del lugar para ella.
Irá a las madrazas en busca del saber, será rechazada, expulsada incluso perseguida. Nada hace mella en ella, eso sí llora, se asusta, se cae pero se vuelve a levantar. Impresiona la fuerza de ese, su deseo: el saber. ¿Cuántas de nosotras hemos mantenido la fuerza de ese deseo, de los nuestros? A mí Baknay me reconfirma y me muestra todo lo que de mí había olvidado y que estaban en mí clamando la ocasión para salir y ponerse en juego: la entereza, la persistencia, la tenacidad, la tozudez, el coraje!!!!
Bordeará andurriales, ríos, lodos y continuará su búsqueda. Entrará a la escuela y ahí se las tendrá que ver no solo con las profesoras sino también con las niñas… ella incólume, abrirá poco a poco, como el agua su espacio con fluidez, reiteración, obstinación. Lo hará con simpatía, abrirá su espacio. De algunos lugares en las aulas la expulsarán pero ella oronda seguirá…hasta que bien apretadita, se acomodará y no se dejará echar. Armará la suya. Pintará en los rostros de las niñas con el lápiz de labios de su madre, que juego simbólico, qué provocación. Armará desorden…todo lo inaudito, lo libre, lo imprevisto así lo hace. Y encontrará por supuesto la resistencia de las rigideces de una docente o incluso habría vivido el momento de pasar inadvertida cuando la mujer ni se enteraba de qué hacía ella y las otras niñas…la profe estaba ensimismada buscando cómo enseñar sin quienes quieren aprender jugando.
Con ella reiremos, se nos quitará el aliento, nos avergonzaremos de ser cómplices a veces por acción, a veces por omisión de cosas que nos acontecen a nuestro alrededor…
Nos tocará el alma y sobre todo nos conectará con su menudo cuerpo en el que nos posaremos de nuevo en el nuestro cuando teníamos su edad…y aprendíamos a leer!!!!
Cuando jugábamos, correteábamos por las calles y andurriales de las ciudades de nuestros lugares de origen, lo que ella vive nos recordará nuestros juegos, nuestros contextos, en algunos de ellos cargados de violencia verbal, física. Nos traerá a algunas a la memoria por cuanto hemos luchado y cuánto hemos atesorado y recibido como legado de otras mujeres…Los obstáculos, los caminos y travesías que hemos tenido que realizar y sobre todo los logros alcanzados!!!!
Baktay, la madre de Hana y Hana nos obsequian el coraje, la frescura de la inocencia, de la infancia, de la juventud sobre todo en el cuerpo y en la mente. De ellas no nos podemos alejar, de ellas que nos retrotraen a nuestros originales cuerpos y deseos junto al amor al saber, a la lectura, a la escritura y la visualización de un cine como éste.
Quiero agradecer de nuevo a Marisé y a través de ella a Duoda, al grupo de simbólico, a la Universidad de Eloïse, la Universidad donde la mediación femenina está presente batallando por respirar, por continuar perseverante, tozuda, firme, suave en su presencia que comparece y nos hace comparecer manteniendo la fuerza de nuestros deseos y el vínculo con nuestro origen y con la lengua materna del orden simbólico femenino, del orden simbólico de la madre en este mundo post-patriarcal.
Esta película es la alegoría a la obra femenina de civilización cotidiana al hacer que la vida “sea civil y humana la convivencia” incluso en lugares y territorios donde el conflicto ha devenido armado. Las mujeres con sus prácticas de creación y recreación de la vida humana mantienen, cuidan y sostienen vidas humanas, relaciones, seres humanos pequeños, adultos, mayores, cuidan, sostienen y mantienen animales, plantas y cosas.
Es así como entre una de las muchas frases de la peli Baktay dice: “No me han enseñado nada, he aprendido sola”. O la que su amigo le dice frente al acoso en el juego de los chicos que su amigo le sugiere “Baktay, muérete, si no te mueres, no serás libre”. “No quiero jugar a apedrear”. Y ella contesta: “No me gusta jugar a la guerra”.
La película se filmó en Bamián, Afganistan, durante varias estaciones y cuando la inició, la directora tendría entre 17 o 18 años. La elección de Nikbakht Noruz, muestra los efectos de la violencia en los niños y en particular en las niñas y el costo para ellas de perseverar en sus deseos. No obsta, recordar aquí lo sufrido por la joven pakistaní recientemente amenazada de muerte por lo mismo: luchar por la educación para las mujeres. Aquí es interesante el contraste entre los juegos de estos niños y los juegos de los niños estaodinenses, la violencia para estos últimos la ven en la pantalla, otros niños, la padecen, la sufren. .
Aunque esté grabado en vídeo, los planos son de enorme belleza. La directora hace un gran trabajo y las actuaciones de todos los niños y niñas son plenamente realistas, quizá porque les ha dejado comportarse como son ellos mismos. La elección de la niña protagonista, Nikbakht Noruz, es perfecta. Basta con ver su cara o con escucharla hablar para temer por ella y sentirse en auténtica tensión por lo que le pudiese pasar. Dan ganas de entrar en la pantalla y sacarla de allí como sea.
Lo que la película concita en nosotras en estos días de volver a reivindicar la despenalización del aborto, los temas de salud, la decisión de nosotras sobre nuestros cuerpos y su obra. Para ello es bueno que observemos con atención la libertad con que esta criatura recuerda a los nuestros, lo libres y creativas que seguimos siendo y que habremos de recuperar. Me digo a mí misma, a la niña que hay en mí: cuando sea mayor quiero ser como Baktay y como Meisi.
El guion de la madre de la directora, Marzieh Makhmalbaf, puede ser lo que aporte este inteligente paralelismo. Da la sensación de que no se trataba de un guion de hierro, sino de mucho material rodado al que se le dio forma en montaje. Esto se percibe en que algunos detalles quedan sin resolver y en que se encuentran entre el material de prensa fotografías de escenas que no tienen lugar y para recordarnos como dice algún comentarista “Aprender a vivir también duele”.
El título de la película lo sugiere su padre. Dicha destrucción también aparece al principio y al final de la película. Pero el origen del título está en una frase de mi padre, Mohsen Makhmalbaf, cuyo sentido y significado para él y nos quiere transmitir es que hasta una estatua puede avergonzarse de presenciar tanta violencia y tragedias sufridas por personas inocentes, y explotar por ello.
Desconocedora de los pasos que uno debe seguir para matricularse como alumna/o, va visitando todas las escuelas que va encontrando por el camino, pero es rechazada.
Cuando terminó la primera parte del rodaje, durante los trabajos de edición dice la directora me pareció que los personajes estaban de algún modo incompletos en un reportaje del tomo partes para ilustrar esta presentación y que ahora en el texto más formal amplío. Así que acudí a mi madre, la guionista, y comenzamos a trabajar de nuevo en el argumento. De hecho, la historia de un día que vemos en la película fue rodada a lo largo de tres estaciones diferentes: primavera, verano y otoño.
En parte durante la creación del guion y en parte durante el rodaje. En cuanto comenzó la filmación, vi y aprendí cosas nuevas sobre el tema que quería tratar. Presté especial atención a los niños que jugaban a nuestro alrededor y decidí incorporar algunos de sus juegos y parte de esta nueva información a mi historia. Por ejemplo, conocí a un hombre que fue comunista durante la invasión rusa, pasó a ser un Mullah durante el periodo talibán, y ahora trabajaba con los americanos. Durante dos décadas había mantenido un estrecho contacto con quien quiera que estuviera en el poder. En la película, su papel lo interpreta el chico que "mata" sin parar, cada vez bajo un nombre diferente y representando a grupos distintos. Otro ejemplo es el niño que sigue estudiando el alfabeto independientemente de lo que le ocurra. Incluso continúa estudiándolo estando bajo tortura, aunque parece que nunca va a conseguir aprenderlo. ¡Un esfuerzo interminable sin signo alguno de progreso! Sin embargo, sus sobrecogedoras experiencias ocultan un profundo significado. A diferencia del otro hombre, él nunca ha estado en el poder o cerca de aquellos que lo están; al contrario, ha sido objeto de abusos y sometido por dicho poder. Esto es lo que ocurre en muchos países de todo el mundo. Hay personas que son sometidas a abusos, torturas o masacres constantes, pero que no se rinden ni obtienen ningún éxito.
El chico aprende que a veces en la vida es necesario morir para poder seguir adelante. No es una experiencia habitual. Lo último que le dice a la niña es: "Muere y te dejarán en paz" como ya lo he mencionado antes. La niña acepta morir en su juego para escapar del círculo vicioso de violencia en el que están atrapados.
¿Hay algún héroe en el largometraje? le pregunta a directora en las siguientes preguntas de un reportaje que transcribo a continuación: No hay ningún héroe en la película. Ni siquiera la niña, ya que no consigue su objetivo. Incluso acepta morir de forma temporal, explotar como la estatua de Buda, cuando así se lo exigen los niños hacia el final de la película. No tiene elección. Durante el largometraje, recorre una larga distancia pasando por distintas escuelas con el objetivo de aprender un chiste. Nadie le enseña el chiste que ella busca, pero aprende muchas otras cosas durante su recorrido. En mi opinión, no sólo no hay ningún héroe en esta película, sino que además describir e intentar simplificar los personajes que representan a personas extraídas de la vida real es muy difícil. Cada uno de los personajes representa diferentes capas de la vida. También depende del modo en que se analice la cinta. Por ejemplo, cuando los niños están "interpretando" en serio a sus padres en las batallas, las niñas también se dedican a actuar como sus madres; poniéndose maquillaje. Como vemos, todo esto ocurre en un país en el que la imaginación les permite fabricar armas con pequeños palos, invadir escuelas armados únicamente con un lápiz de labios, y bombardear una ciudad con un juguete tan sencillo como una cometa.
¿Cuándo comenzó a interesarse por el cine? Cuando tenía ocho años. Antes de eso, quería ser pintora y me hice amiga de una gran pintora iraní. Al ver su soledad durante los largos días de trabajo, me di cuenta de que me encantaba pintar pero no la soledad que ello implicaba. El cine era algo más dinámico. Cuando mi padre estaba trabajando, quedaba totalmente hechizada por las olas de energía que surgían en torno a sus películas. Me emocionaba sólo con escuchar "¡Sonido, cámara, acción!": estas tres sencillas palabras ejercían un extraño poder sobre mí. Por eso dejé la escuela primaria tras el segundo curso a la edad de ocho años, sólo unos meses después de que Samira abandonara la enseñanza secundaria. Continué estudiando en las clases de mi padre junto a ella, trabajé en proyectos cinematográficos familiares como fotógrafa, asistente de rodaje y de dirección y realicé documentales entre bastidores.
¿Qué opina de Samira? ¿En qué se diferencia de usted?: Yo la veo desde el exterior y a mí desde el interior. Pero es una pionera. No sólo para mí sino para muchos de sus compañeros. Y no sólo en Irán además. Ella ha aportado a las nuevas generaciones, y en especial a las mujeres, una gran confianza en sí mismas. Por un lado, está loca y hace sus películas con su locura. Y por eso es por lo que opina que el ex-presidente de Irán fracasó, porque no estaba lo suficientemente loco. Samira cree que los locos son los que hacen avanzar la historia y los cuerdos la controlan. Yo no estoy tan loca como ella, pero yo fui la primera en hacer películas cuando tenía ocho años. Mi largometraje se mostró en el Festival de Locarno. Samira empezó más tarde que yo. Pero estas comparaciones no sirven de nada. Quizá las dos algún día dejemos el cine y vivamos como los demás. Con el tiempo he llegado a la conclusión de que un realizador no es alguien que sabe cómo hacer películas, sino más bien alguien que no sabe cómo vivir como los demás.
Os invito entonces a ver Buda explotó por vergüenza. Espero entonces compartir con vosotras y vosotros vuestras impresiones al finalizar la proyección.
Gracias por estar hoy aquí y por continuar asistiendo y haciendo suyo este espacio.

Universitat de Barcelona
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