EL CRIMEN PERFECTO

Ningún crimen puede ser perfecto porque (dícese) el mal no puede –o no debe– triunfar. Una obstinada resistencia hace pensar que no puede ser, que el mal no existe, que la existencia lo desmiente, que todo lo que es necesariamente es bueno en razón de su íntima naturaleza y condición. Y, por una típica vuelta de tuerca, se piensa que si algo es, entonces es bueno que sea.

Qué bueno que existas, qué bueno haberte conocido, ha valido la pena, etc…

(¿El mal no existe? ¿El mal no puede triunfar? Yago no lo piensa así.)

Vaya, hoy nos hemos levantado metafísicos.

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